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Las series televisivas de la década de los 90 constituyeron un ejemplo de la realidad del momento. Por esta razón, algunas fueron censuradas.

Unimedios

 

 

Series de TV, una ficción
con mucha realidad

Magda Páez Torres,
Unimedios

Los colombianos de la década de los 90 vivieron la realidad por partida doble. La televisión, a través de series de ficción, representaba escenas de aquellos hechos que marcaron la época. Atentados ordenados por Pablo Escobar, cambios políticos contemplados en la Constitución del 1991 y problemáticas sociales fueron tema de programas como los Victorinos, la Alternativa del Escorpión y El Fiscal. La censura marcó algunas de estas producciones.
Una aproximación a esa construcción de realidades de la televisión fue la que realizó, a través de varias series de los años noventa, la investigadora del Instituto de Estudios en Comunicación de la UN (Ieco), Beatriz Quiñones, bajo la dirección del profesor Armand Mattelart de la Universidad de Paris 8.
Su objetivo era analizar cómo los guionistas observan la violencia, desde el croquis de su percepción imaginaria, y de qué forma los colombianos la perciben.
“Lo que más me gustó de las series de los noventa es que eran productos complejos, elaborados, comprometidos políticamente y con una ventaja adicional: exitosos. Eso me permitió sospechar que no necesariamente los colombianos éramos incapaces de producir cosas interesantes”, expresó Quiñones.

El proceso metodológico

Para acercarse a su objeto de estudio, la investigadora apeló a un mapa conceptual (o croquis, como prefiere llamarlo), con el fin de abordar la violencia colombiana desde la noción de imaginario social, es decir, el modo de visualización que se propone y sus formas de operar.
La autora hizo el análisis desde tres dimensiones de la violencia cotidiana: violencia oscura, que por lo general no se ve; violencia degradada, la que atiende al matiz y rompe las fronteras entre uno y otro; y violencia muda, aquella que silencia, por la evaluación del riesgo.
Desde el punto de vista metodológico, la investigación pone a prueba un diseño que combina diferentes estrategias de observación y análisis y el uso paralelo y simultáneo de varios instrumentos: material mediático, bibliografía, referencias académicas y teóricas.

Tres etapas de la televisión
de los 90

La investigación se centró principalmente en el estudio de tres series representativas. Esto se logró mediante la observación sistemática de la Revista “Elenco” (una publicación de esa época que le permitió entender las series desde la productora, el lector y el crítico), que permitió segmentar la década, periodizarla y delinear un modelo para describirla. Las series elegidas fueron: Cuando quiero llorar no lloro, La alternativa del escorpión y El Fiscal. Ello constituyó el cuerpo del trabajo.
La primera etapa estudiada fue desde 1989 hasta 1992. Según la profesora Quiñones, estas series se caracterizaron por tener un lenguaje directo “casi panfletario”. Por esta razón, algunas fueron recortadas y otras, sacadas del aire.
En el caso de Los Victorinos, tres muchachos de diferentes clases (alta, media y baja), se evidenciaba que el problema no era la pobreza, sino la desigualdad.
“Por ejemplo, en Amar y Vivir se mostraba la explosión de un carro bomba, al mismo tiempo que Pablo Escobar estaba haciendo explotar los centros comerciales. Por esa razón tuvieron que recortarla”, dijo la investigadora, quien agregó que ahí es cuando “la serie logra confundir la realidad y la representación”.
De acuerdo con la investigación, esta primera etapa permitió entender que una acción provoca una reacción “¿Si la televisión fuera tan banal, entonces por qué hay necesidad de censurar las series, como sucedió en este período?”, señaló Quiñones.
La otra etapa comprendió de 1992 a 1996, con series más apegadas a la vida cotidiana de la gente. Además, como lo expresó la investigadora, enmarcadas en la Constitución de 1991 y en los derechos que ésta intenta proteger.
“En Géminis, la protagonista encontraba en la cama a su compañero, no con una mujer, sino con alguien del mismo sexo. Con ello se muestra como posible que un hombre se puede enamorar de otro hombre”, señaló la autora del estudio y añadió que, entonces, el espectador empieza a cuestionarse sobre la posibilidad de ver las cosas desde otra perspectiva.

Ya en la última etapa, de 1997 a 1999, la investigación describe la época como un híbrido entre el sistema anterior y el nuevo (privatización de la televisión). Además, lo define como un período de conciliación, en el que las propuestas no son sólo del autor, sino de todo un equipo.
“Los guionistas mantienen la idea de mostrar la realidad, pero tienen, de alguna manera, que conceder muchas cosas, prueba de ello es El Fiscal. Los productos siguen siendo críticos frente a la realidad del país, pero suavizan más el lenguaje”, sostuvo Quiñones.
Para llegar a todo este proceso se trabajaron dos corpus anexos, que enfatizan las dimensiones subjetivas de la violencia: la revisión del acontecimiento de los noventa, mirado desde las portadas de la revista Semana, y la lectura simultánea de las interpretaciones sobre la violencia política (publicadas a lo largo de la década) que dan cuenta de los actores, las estrategias y los discursos del conflicto armado colombiano.

Los aportes
del trabajo

Según la autora de este trabajo, después de adelantada la documentación, quedó demostrado que el escritor para televisión no es una persona aislada, sino un ciudadano que está inmerso en la vida real y que “bebe de todo eso”. “Los guionistas de las series de ficción eran ciudadanos que tenían un arma poderosísima en sus manos: las palabras”, aseguró Beatriz Quiñones.
Para ella, fue muy interesante ver cómo el establecimiento reacciona cuando hay grupos de ciudadanos que intentan pensar distinto. Un ejemplo de ello, fueron las censuras de algunas series, a principios de los 90.
Los medios, añadió, están construyendo la realidad de manera descontextualizada, dispersa, fragmentada e irresponsable socialmente, a falta de la ausencia de grupos de presión que exijan que la calidad de la información sea mayor.
La investigadora concluyó expresando que los colombianos son –parafraseando al escritor israelí David Grossman -, “prisioneros del conflicto”, cada vez más parecidos al ratón de Kafka: “estamos día a día más asustados, porque sentimos al depredador encima y en esa medida nuestro nivel de comprensión de la realidad se estrecha y somos cada vez más incapaces de reaccionar”.
Sin embargo, para Quiñones, la investigación deja en evidencia que el televidente no es un ser pasivo, sino que tiene la capacidad de cuestionar y de ver productos bien trabajados como algunas series de la década estudiada. Por tal razón, cree que, a pesar del contexto, el espectador puede reflexionar y reaccionar, porque tiene con qué hacerlo. Eso sí, aclaró, que se necesita ser cada vez más hábiles, más finos y más sofisticados para intentar comunicar lo que se quiere.

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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

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