AFP

 

 

Sexo, droga y…
Reggaeton

La amplia aceptación del reggaeton, pese a su evidente apología a un modelo convencional de masculinidad, en el contexto colombiano presenta varias dimensiones que son importantes para entender un fenómeno que de alguna manera perpetúa la estética instalada por el narcotráfico entre los años setenta y noventa.

Sandra Gómez,
Unimedios

Hacia el año 1989, una nueva manifestación cultural se apoderó de las calles de Puerto Rico, una música con un ritmo pegajoso que invitaba a los jóvenes a bailar con movimientos sensuales al ritmo de bajos electrónicos y letras cargadas de crudeza, pobreza, violencia y sexo.

A esta música, llevada de manera clandestina a los barrios deprimidos por desconocidos compositores, se le llamó reggaeton.

Este nuevo subgénero, censurado en varios países por su alto contenido sexual y violento, lleva instalado en Colombia cerca de una década, superando la rutina de las perecederas tendencias musicales de fin de año, que cada diciembre nacen y mueren, lo que lo convierte en un fenómeno cultural.

La estética del reggaeton

En la estética de las letras de las canciones, los videos y los propios artistas del reggaeton, subyace, como anota la antropóloga Myriam Jimeno, la reafirmación de un modelo absolutamente tradicional de masculinidad, basado en la autoafirmación a través de la fuerza, el poder económico y una posición hacia la mujer como otro objeto más de ostentación. El mismo machismo que muestra una imagen femenina, no solo conforme con su rol de objeto de placer, sino que además es ella quien toma la iniciativa para ser reconocida en esta condición.

“En el reggaeton no existe el mundo del trabajo, aunque se destaque un desbordado consumismo, lo que incorpora un discurso sobre el dinero fácil”, observa el sociólogo de la UN Jorge Rincón.

La aceptación generalizada de esta estética, con su evidente apología al sexo, a la violencia y al machismo, en el contexto colombiano presenta varias dimensiones: una asociada a la subcultura del narcotráfico, otra, al fenómeno comercial y una más, a la diferencia de apreciación y adaptación de acuerdo a los niveles socioeconómicos.

Apología a la estética del “traqueto”

Cuando el reggaeton arribó a nuestro país en el año 2000, la subcultura del narcotráfico ya llevaba más de dos décadas imperando a lo largo de todo el territorio nacional, razón por la que, dejando de lado lo estrictamente musical, el reggaeton no representaba nada nuevo, por el contrario, reflejaba una realidad conocida.

Desde los comienzos del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos, en los años 70, surgió un personaje que se convirtió en el símbolo de la nueva clase emergente antioqueña: el “traqueto”. Proveniente de los barrios pobres excluidos durante décadas por la clase tradicional, este personaje sería el encargado no solo de abrir el mercado en Norteamérica, sino de importar e imponer una nueva escala de valores y gustos, sobre todo en la población juvenil de los sectores populares a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Aunque la amplia acogida del reggaeton en Colombia no ha sido asociada a la extendida subcultura del narcotráfico, sí existen muchas afinidades que ayudan a explicar, en gran medida, el alto grado de identificación entre ellas.

Algunas de las características de esta nueva clase fueron recogidas por Mario Arango Jaramillo en su libro Impacto del narcotráfico en Antioquia, entre las que se destacan: la notoriedad, representada en la ostentación de sus propiedades y en su actitud desafiante, y el machismo, con el que canaliza su virilidad y agresividad en la búsqueda del éxito económico y en la agresión social y física, condiciones propias de una actividad altamente riesgosa.

Otra característica es el cambio de actitud frente a la mujer. La infidelidad ocasional del prostíbulo dio paso a otro tipo de promiscuidad con varias mujeres y a una nueva forma de prostitución, la que alcanzó un alto grado de sofisticación con el surgimiento de un sinnúmero de academias de modelaje, muchas de las cuales sirven como fachada al mercado de la trata de personas, descrito muy bien en Las prepago, del periodista Alfredo Serrano.

Finalmente, no es de extrañar las coincidencias que presenta la estética de la ropa en el reggaeton, y su marcada influencia del movimiento Hip Hop norteamericano, con la subcultura del narcotráfico, teniendo en cuenta los sectores y grupos sociales con los que tiene relación el “traqueto” en busca de su mercado.

Pero la violencia que se vincula al reggaeton no solo se encuentra en la estética de su música o sus videos, pues las historias son protagonizadas en la realidad por ellos mismos. Los medios han registrado varios casos de cantantes reconocidos de este género involucrados en casos de violencia, porte de armas, afinidad con la mafia y relación directa con el narcotráfico.

El poder del mercado

Otro aspecto que ha influido en la aceptación generalizada de este fenómeno en la sociedad colombiana es el que tiene que ver con los intereses comerciales de la industria discográfica. Pero esta invasión, en este caso del reggaeton, no sería posible si las compañías discográficas no contaran con el apoyo de los grandes medios de comunicación, que lejos de contribuir con la construcción de una sociedad crítica y reflexiva, se ponen al servicio de estos intereses particulares.

Así, se satura por todos los canales a la sociedad con productos que imponen patrones de consumo y refuerzan pautas de comportamiento, convirtiéndola en una masa manipulable y previsible.

Percepciones
de los jóvenes

En una sociedad tan variopinta como Colombia, con marcadas diferencias sociales, económicas y culturales, las motivaciones y las expectativas que cumple el gusto por esta música son divergentes debido a las mismas.

Si bien el gusto por esta música no incide directamente en comportamientos violentos o de incorporación de lo peor del modelo tradicional de masculinidad, para algunos sectores, especialmente los más deprimidos, que por influjo, por ejemplo de la subcultura del narcotráfico, poseen un sistema de valores desquebrajado, este aspecto se convierte en un refuerzo más para validar esta descomposición social.

De otro lado, los espacios institucionales y tradicionales para la construcción de los valores y socialización como la familia, la escuela o la iglesia se han deteriorado tanto que han sido reemplazados por otros escenarios más salvajes: la calle, el parque la cárcel, la televisión, el Internet, con lo cual los paradigmas sociales se transforman notable y negativamente.

Así, por ejemplo, entre los segmentos que más consumen el reggaeton, se ubican las jóvenes entre 14 y 18 años de edad, quienes encuentran como válidas y susceptibles de imitar las actitudes y apariencia de las mujeres que protagonizan los videos y las letras de las canciones, convirtiéndose inconscientemente en voceras de un discurso que denigra su género.

Creencias y asociaciones emocionales

La música en general les permite a los sujetos crear vínculos emocionales entre ellos. Los jóvenes son particularmente sensibles a este medio, pues les ofrece un lenguaje cercano para relacionarse, por lo que la tendencia de las nuevas composiciones de reggaeton es incluir los nuevos códigos universales como los de las sociedades virtuales juveniles: Facebook, chat, blogs, entre otros.

Sin embargo, sigue siendo predominante el lenguaje complicado y difícil de entender. Con un sondeo hecho entre los jóvenes que escuchan el reggaeton, se comprobó que, en Bogotá, solo un 10% reconoce algunas de las palabras y expresiones usadas por el género.

De las percepciones que los jóvenes tienen sobre el reggaeton, se infiere un panorama desolador: el de una juventud desorientada, carente de valores colectivos y por lo tanto incapaz de defender y consolidar una identidad propia; una juventud caracterizada más bien por la pasividad, en el mejor de los casos.

Más allá de evidenciar el tipo de influencia de un fenómeno comercial musical en la juventud colombiana, estas reflexiones dejan planteada una serie de interrogantes que apuntan a unas problemáticas mayores: ¿Qué tipo de oferta cultural encuentran los jóvenes pertenecientes a las clases más vulnerables? ¿Qué papel está jugando lo público en la construcción de valores colectivos en la juventud colombiana? ¿Cuál es el modelo hegemónico de sociedad y cuáles sus alternativas? ¿Cuál es el papel del Estado frente a los procesos de aculturación propios de una sociedad de mercado? ¿Cuál es la responsabilidad de la juventud presente en la construcción de una sociedad de mercado?

Este artículo presenta algunos de los resultados de la investigación Influencia del reggaeton en la construcción del sujeto social colombiano, realizada por la autora entre el 2006 y el 2008 para optar al título de comunicadora social y periodista.

Visitar

Visitar

Videoespecial

 

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

PBX.: (1) 316 5000 ext. 18108 - 18106 Fax: (1) 316 5232 • Correo electrónico: un_periodico@unal.edu.co
Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 N° 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN
PBX: 3165000
webmaster@unal.edu.co

Aviso Legal - Copyright