Nedstat Basic - Free web site statistics .

UNP No.59
Título : TLC, ¿negociación sin debate?
Autor : Fabio Fandiño Pinilla
Sección: Economía
Fecha : Junio 20 de 2004

Más que importar y exportar el TLC con Estados Unidos implicará cambios en las estructuras sociales del país.
Fotografías Archivo.

TLC, ¿negociación sin debate?

La dimensión de las negociaciones con Estados Unidos iniciadas en Cartagena y continuadas esta semana en Atlanta plantea para Colombia una pregunta inaplazable: ¿Está la sociedad civil al corriente de lo que connota el TLC?

Fabio Fandiño Pinilla*

Multinacionales de California que ganan eventuales licitaciones de la Gobernación de Santander para la adquisición de computadores y bancos de Nueva York que captan en Bogotá dinero de ahorradores colombianos para su depósito en las casas matrices de Manhathan son solo algunos inquietantes ejemplos de lo que nos espera. Pero hay más. Universidades de Arizona que otorgan a estudiantes en Cali títulos no reconocidos en Estados Unidos, o la probable restricción que se cierne sobre la comercialización de bienes nacionales no patentados, una situación que manda al corredor de la muerte a un 43% de las medianas y pequeñas empresas colombianas que copian sus productos de modelos extranjeros.

Los demás escenarios, tan disímiles como inéditos, confirman la magnitud de los cambios que podría sufrir Colombia a partir de la vigencia del Tratado de Libre Comercio, cuya negociación con Estados Unidos comenzó oficialmente el pasado 18 de mayo en Cartagena, en medio de marchas de protesta que anuncian el peso de una controversia aún mayor.

Otras lecturas más optimistas sobre lo que puede ser el impacto del TLC en el aparato productivo nacional, como la de Juan José Echavarría, codirector del Banco de la República, vislumbran un aumento inevitable de las exportaciones colombianas, incluso por encima de las importaciones, dando lugar a un obligado crecimiento de la economía, una hipótesis que alimenta con el balance decenal del Nafta suscrito por México, y que, por cierto, ignora el peso de la devaluación de 1995 en el incremento de las cifras de exportación a Estados Unidos.

La negociación, sin embargo, es mucho más que lo anterior e implica desterrar la creencia de que TLC es sinónimo de exportar e importar. Por ahora, detractores y partidarios del libre comercio con Estados Unidos coinciden en que la iniciada en Cartagena será la discusión bilateral más trascendental acometida por Colombia en asuntos de soberanía nacional. Comparable a la negociación de los tratados Herrán-Hay y Urrutia-Thomson, que en el umbral del siglo XX sellaron la cuestión panameña en favor del coloso del norte.

El debate apenas comienza en medio de la precaria información económica, que la Universidad Nacional de Colombia ha querido subsanar con eventos como el seminario "Colombia y los procesos de integración comercial", realizado 2 y 3 de junio por la Vicerrectoría Académica y la Coordinación Nacional de Extensión, al que asistieron partidarios y detractores de cada uno de los once temas claves que hacen parte de la extensa agenda de negociación del TLC.

A manera de introducción, y mientras avanza la negociación, UN Periódico abre sus páginas al polarizado debate interno implícito en cada uno de los temas de la agenda bilateral, cuatro de los cuales serán analizados en esta entrega: son ellos Propiedad Intelectual, Mercados Financieros, Agricultura y Educación Superior.

 

El temor por los efectos del TLC ha motivado marchas en las principales ciudades del país.

Propiedad intelectual

"Sin ciencia ni tecnología ningún TLC le servirá a Colombia".

Una sexta parte de los 307 temas que integran la agenda del Tratado de Libre Comercio aluden a este asunto, uno de los más desconocidos por la mayoría de consumidores y productores, lo que da una idea del interés estadounidense en el asunto. En total, 46 tópicos del borrador de tratado remiten a problemas bilaterales relacionados con patentes, registro de marcas, derechos de autor, secretos empresariales y certificados de obtenciones vegetales.

Riesgos: La desventaja para Colombia en este aspecto de la negociación es protuberante. El 38% de las empresas colombianas no tienen registradas sus marcas ante las autoridades nacionales y un 90% carece de estos registros en el extranjero, condición sin la cual sus exportaciones prácticamente no tienen futuro.

Los datos son todavía más desalentadores en el caso de las pequeñas y medianas empresas. Un 26% de ellas admite que su producción se basa en la copia de modelos nacionales, un 36% plagia modelos extranjeros y un 26% aplica reingeniería, es decir desarman productos foráneos que luego ensamblan bajo nuevas presentaciones. En síntesis, el 88% de la producción industrial a cargo de estas pequeñas y medianas empresas (Pymes) estará en problemas, tanto para exportar como para operar en el mercado doméstico. Una desventaja adicional tiene que ver con la ausencia de la posición con la cual Colombia deberá negociar los temas de propiedad intelectual relacionados con señales satelitales y depósito de microorganismos.

Opciones: Para los expertos asistentes al seminario organizado por la Universidad Nacional, si las "agresivas" propuestas norteamericanas en materia de propiedad intelectual resultan inevitables, estas deben ser aprovechadas por Colombia para "canjearlas por preferencias comerciales y por una posición de soberanía en materia de biodiversidad".

Servicios financieros

"El tratado de libre comercio ayudará a dar estabilidad al sistema financiero colombiano".

Considerado por algunos como un "tema fácil" de la negociación -dado que se trata de uno de los sectores más abiertos de la economía-, sus implicaciones sobre el conjunto de los indicadores macroeconómicos son más que evidentes. Pese a ello, esa aparente zanja que divide a los negociadores estadounidenses y colombianos es, en realidad, un abismo.

Riesgos: La brecha derivada de la asimetría entre los sistemas financieros de ambos países plantea para Colombia un abanico de riesgos que van desde el debilitamiento en el control de los flujos monetarios locales hasta el surgimiento de una competencia inequitativa para la banca nacional, pasando por un contagio más fácil de las crisis internacionales que se puedan producir en el mercado de capitales. Hay, no obstante, otros peligros, aún más preocupantes. Estados Unidos quiere, por ejemplo, que sus bancos en Colombia operen con el respaldo del capital de sus casas matrices. Se trata de una posición contraria al deseo de las autoridades nacionales, partidarias de que las entidades financieras que se constituyen con capitales extranjeros mantengan una inversión local importante, y estable, dentro de nuestro país. No es un asunto menor, pues alude a escoger entre una propuesta, la norteamericana, que privilegia la captación de depósitos -y colocación de créditos- por parte de sus bancos, con una inversión mínima, para su traslado a sus sedes centrales, y otra, la colombiana, dirigida a que el ahorro nacional se mantenga en el país irrigando la economía local. En síntesis, un pulso entre un esquema que convierte el ahorro en un bien exportable y otro centrado en la búsqueda de una inversión directa que dinamice el sistema financiero e incentive la competencia entre los bancos, induciendo el ahorro y facilitando la reducción del costo de dinero.

Opciones: La reducción de la distancia que separa a los negociadores se ve favorecida por una serie de componentes que son vistos por el Gobierno como aspectos positivos de este encuentro bilateral del libre mercado de capitales. La delegación colombiana ve con buenos ojos la mayor diversidad de servicios y productos bancarios que puede ofrecer el TLC, unida a un mayor nivel de competencia y eficiencia en el servicio, para lo que se prevé incluso una probable transferencia de tecnología. En este aspecto del TLC, y según la promesa oficial -rubricada en el seminario en mención-, Colombia negociará sobre la base de lo que ha sido ortodoxia en su política financiera: la protección de los ahorradores en un esquema financiero inevitablemente más abierto que el actual, lo que supone conciliar tal escenario con su manifiesto deseo de mantener a rajatabla el control sobre las políticas cambiarias y monetarias, lo que en palabras de la negociadora Mónica Cheng equivale a que el país asuma que "liberalizar el sistema no significa que se libere el control en el flujo de capitales".

Pese a que el parte en la primera reunión entre los negociadores colombianos y estadounidense del TLC fue calificado como positivo y sin contratiempos, con el transcurrir de los días éstas los temas del agro y la propiedad intelectual han venido calentando la discusión.

Educación superior

La apertura en Colombia de universidades estadounidenses, afectadas por el descenso sostenido de sus matrículas ante las trabas migratorias impuestas a estudiantes extranjeros tras los atentados del 11 de septiembre, emerge como un escenario casi seguro del capítulo de servicios transfronterizos TLC relativo al tema de la educación, un sector incluido en el rubro de los servicios (comercio, administración, justicia, etc.) que sumados representan dos terceras partes del PIB en la mayoría de los países.

Riesgos: La negociación para Colombia en este punto connota grandes dificultades. Una de ellas, en palabras del viceministro de Educación, Óscar Botero, remite al "serio problema migratorio" que supone la rigidez imperante en la concesión de visas para estudiantes y profesores extranjeros, restricciones de las que se ha quejado incluso la prestigiosa Universidad de Harvard, a través del presidente de su consejo directivo, Lawrence Summers.

Más preocupante resulta la posibilidad de que Estados Unidos se abstenga de homologar títulos otorgados en el exterior por sus propias universidades, lo que pondría la educación prestada por instituciones extranjeras en la categoría de inversión directa, similar a la de sectores como el hotelero, donde la prestación del servicio se convierte en un objetivo en sí, desprovisto del interés colombiano por que este capítulo del TLC sea parte sustancial de la transferencia de tecnología y conocimiento necesaria para apalancar una estrategia de desarrollo.

Opciones: Una mesa de trabajo conjunta, abierta por la Cancillería colombiana y por la Embajada de Estados Unidos en nuestro país para tratar el tema de las visas ofrece solo una idea acerca de la magnitud del reto asumido por el equipo negociador para darle a este punto un resultado presentable. En cuanto al carácter más asimétrico de la relación bilateral con Estados Unidos, estos justifican su política recordando a sus contrapartes que es un tratado de libre comercio y no de libre circulación de personas.

De momento, la respuesta del equipo negociador colombiano ha sido la de que nuestro país garantizará que las universidades foráneas se ajusten a las exigencias de calidad concebidas en la ley, un objetivo apenas lógico que choca con otras realidades. Una de ellas, la creciente oferta de programas a través de internet, cuyo control se erige como imposible y ante lo cual existe la promesa colombiana de confeccionar una lista de carreras y universidades virtuales que puedan ser reconocidas a través de una especie de certificación anual.

Agricultura

Calificado por partidarios y adversarios del libre mercado como el tema de negociación donde las asimetrías son más protuberantes, la liberalización comercial de la agricultura plantea la posición más soberanista dentro del equipo negociador del Gobierno que, en cabeza del ministro de Agricultura, Carlos Gustavo Cano, ha planteado tres objetivos bajo las cuales nuestro país debe negociar con Estados Unidos: libre acceso a mercados, eliminación de los subsidios a las exportaciones y supresión de las ayudas internas a los agricultores. En síntesis, ni más ni menos, el desmonte del modelo bajo el cual Estados Unidos ha ejercido como potencia alimentaria y vital proveedora de productos como fríjol, algodón, cereales y leguminosas con destino a economías emergentes.

Riesgos: Es, sin duda, el tema más espinoso de la negociación del TLC. Exonerado en 1993 del tratado comercial suscrito por Colombia con México dentro del G-3, el intercambio agropecuario con este país ha tenido un pobre desempeño, lo que ha valido a economistas como Juan José Echavarría para culpar de ello a su ausencia en el proceso negociador llevado a cabo con el Gobierno mexicano. Pese a tal argumento, encaminado a motivar la anuencia del sector en la negociación iniciada con Estados Unidos, el mayor peligro que se cierne en el terreno agropecuario es la simple vigencia de un tratado bilateral que no incluye el desmonte de ayudas internas a los agricultores norteamericanas, pero que, en cambio, consagra lo peor del comercio asimétrico: barreras no arancelarias -fitosanitarias, ambientales, etc.-, patentes sobre agroquímicos y subvenciones estatales y federales a sectores de producción sucedáneos de renglones agrícolas en los que Estados Unidos es deficitario.

Opciones: A diferencia de otros temas del TLC, la respuesta de Colombia, que ha provocado más de una fricción dentro del Gobierno, sigue apoyada en lo que puedan alcanzar los países pobres en el seno de la Organización Mundial del Comercio para el logro de un comercio justo. El pesimismo respecto a que esta instancia multilateral pueda conseguir el desmonte de las odiadas ayudas es elocuente, ante lo cual las fórmulas de Colombia apuntan a paños tibios: cláusulas automáticas de salvaguarda, derechos anti dumping , derechos compensatorios e incluso aranceles específicos y contingentes arancelarios, además de la conversión del Aptdea -antigua Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (Atpa)- en preferencias arancelarias permanentes, no sometidas al examen periódico, como forma de garantizar el acceso de parte estratégica de nuestra producción agropecuaria a los mercados norteamericanos.

* Periodista Unimedios.