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UNP No.59
Título : Eln: ¿Negociación con una guerrilla derrotada?
Autor : Mario Aguilera
Sección: Coyuntura
Fecha : Junio 20 de 2004

En el Congreso de la República, Francisco Galán habló sobre las condiciones de la negociación de paz con el ELN.

Eln: ¿Negociación con una guerrilla derrotada?

El éxito de las negociaciones del Gobierno con el Ejército de Liberación Nacional una vez más dependerá de un actitud despojada de cualquier arrogancia, que no subestime el poder no solo militar, sino social e incluso político, de ese grupo insurgente. Sobre este bastidor deberá dibujarse el proceso, según la reflexión del historiador Mario Aguilera.

Mario Aguilera*

 Con la mediación de México se ha iniciado el acercamiento entre el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y el gobierno nacional, para establecer un diálogo de paz. El anuncio de los acercamientos ha despertado en algunos gran optimismo, debido a dos factores. El primero proviene del Gobierno del presidente Álvaro Uribe, que necesita mostrar ante la comunidad internacional que no está negociando exclusivamente con el paramilitarismo e impactar a la opinión pública, al cumplirse dos años de su mandato, con una presunta desmovilización del Eln. El segundo factor que hace pensar en la inminencia de la negociación y sobre el que reposa gran parte de la expectativa de diálogo es la presunta debilidad militar de dicha organización insurgente.

El entramado político

Es claro que tanto el Gobierno del presidente Uribe como el Eln necesitan del acercamiento y de un eventual diálogo de paz. El primero porque ha entrado en el camino de la reelección y necesita mostrar resultados en sus estrategias de guerra y de paz. Porque además busca disminuir la incomodidad de tener una sola mesa de negociaciones con un actor armado comprometido de manera entrañable con el narcotráfico, en la que se presiona ostensiblemente por la impunidad para múltiples crímenes y para sus vínculos con el narcotráfico.

La organización guerrillera, por su parte, le apunta a recuperar apoyos internacionales y a restablecer los vínculos con los llamados países amigos que han colaborado en anteriores acercamientos de paz. El Eln persiste también en su metodología de integrar a la sociedad civil en el proceso de paz, lo cual se expresa en la propuesta de desarrollar un diálogo nacional partiendo de lo local y lo regional, y teniendo como documento introductorio la llamada Agenda Nacional Alternativa, que contempla, entre otros temas, la solución política al conflicto armado, la alternatividad penal, la crisis social, la crisis humanitaria, la aplicación de políticas neoliberales y la soberanía nacional. Como se ve, la cuestión militar es solo un componente del paquete de temáticas. Por eso, al crear expectativas de una negociación rápida sobre el supuesto de una debilidad militar, se parte de una perspectiva demasiado miope para emprender una negociación prometedora.

Que este grupo insurgente intente de nuevo un diálogo de paz con una metodología que reclama la participación de distintos sectores políticos y sociales del país no es ninguna novedad, ni parece obedecer exactamente a una insostenible crisis militar y organizativa, y mucho menos a inexistentes fracturas internas. Su nueva propuesta de paz es el último eslabón de otras que no han tenido todo el eco que debieron tener o no han sido consideradas como una prioridad, debido, en gran medida, a que es una guerrilla eclipsada por el poderío militar alcanzado por las Farc.

El tema de la paz del Eln no solo es una constante en el discurso de esta organización guerrillera desde comienzos de la década del noventa, es también expresión de su importante proceso de desplazamiento de la guerra a la política, generado a partir de la adopción de la llamada estrategia de "poder popular", que planteaba una interrelación de la guerrilla con las comunidades campesinas sin que existiera de por medio un aparato o una organización partidista creada para tal fin.

Ese viraje estratégico que lo llevó a pretender expandirse territorialmente sobre la base de configurar apoyos sociales, así como su resistencia a obtener recursos provenientes del narcotráfico, explican en buena parte su estancamiento militar, su mentalidad guerrillera y su limitado poder ofensivo. En el fondo, no se trata realmente de un retroceso, sino de la definición de nuevas modalidades de expansión que van más allá de lo militar y que los pondría en mejores condiciones para una eventual negociación política.

Debilidad relativa

La esperanza de negociación con el Eln no puede girar sobre la base de una mejor disposición a negociar como consecuencia de una dramática reducción de su capacidad militar. Si bien el grupo guerrillero se halla de alguna manera disminuido a causa de la actividad del paramilitarismo en sus zonas de influencia y por la acción estatal en el desmantelamiento de algunas de sus redes urbanas, los golpes no alcanzan a ser contundentes ni han provocado la desarticulación de sus mandos y estructuras político-militares, al punto que los obligue a negociar a cualquier precio. Se debilitaron territorialmente (pierden corredores estratégicos, reducción de los espacios de retaguardia, etc.), pero, sin embargo, es posible que hayan ganado combatientes provenientes de los atropellos paramilitares, en el momento de mayor intensidad del ataque de estos sobre sus zonas de más influjo (1998-2000).

De otro lado, hay también que considerar que el decaimiento militar no se ha manifestado en todos sus métodos de guerra, pues las mismas cifras oficiales muestran un sobresaliente, aunque irregular, activismo militar, tanto en el sabotaje como en el contacto armado, entre 1999 y 2002. De otro lado, cuenta también que conserven algunas de sus "zonas de repliegue" o que hayan salido de estas mimetizándose en las llamadas "zonas de influencia". Asimismo, es importante subrayar que el declive de sus ingresos proveniente de la extorsión a las compañías petroleras es posible que lo hayan superado. Primero, a través de la apelación al secuestro, lo cual ha hecho que figure dentro de la estadística, por lo menos en algunos de los años de su presunta "fase crítica", como el actor armado que más secuestra en Colombia. Pero es muy probable también que algunas de sus estructuras militares, agobiadas por sus limitaciones económicas, hayan abandonando el precepto interno de no involucrarse con el narcotráfico y estén apelando a dicho recurso, lo cual tendría graves efectos en la evolución del actual conflicto.

Perspectivas

El Gobierno se encontrará con una guerrilla relativamente golpeada, pero con mucha identidad en sus filas, con una significativa cohesión en sus líneas de mando y dispuesta al diálogo, siempre y cuando existan mecanismos de participación social. Por esto, si el Gobierno está convencido de que se trata de una guerrilla derrotada que necesita con urgencia de una negociación y que por ello puede imponer sus propias condiciones, lo más previsible es que se llegue prontamente a un estancamiento de las conversaciones.

Si se generan las condiciones para profundizar el acercamiento, lo más factible es que en esta ocasión se llegue a un acuerdo humanitario, que vaya más allá de lo suscrito en Maguncia, tema sobre el cual esta guerrilla ha hecho propuestas desde 1995 y ha mantenido cierta sensibilidad, pese a la tragedia de Machuca y a su proclividad hacia el secuestro. Con respecto al cese al fuego bilateral, es posible que de nuevo se plantee como requisito la financiación de esa fuerza guerrillera por el Estado.

El Eln ha iniciado un proceso de acercamiento, pero aún no ha puesto sobre la mesa todas las cartas con las cuales ha jugado en los últimos diez años.

* Investigador del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la Universidad Nacional.