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UNP No.59
Título : Identidad y diferencia: la medida del conflicto
Autor : Yino Castellanos
Sección: Entrevista
Fecha : Junio 20 de 2004

Joan María Esteban y Martha Reynal.
Fotografía Guillermo Flórez.

Identidad y diferencia: la medida del conflicto

El profesor Joan María Esteban, director del Instituto de Análisis Económico, de la Universidad de Barcelona, explica por qué es posible establecer una medida que indique el grado de polarización de las sociedades, y plantea algunas reflexiones sobre la aplicación de este nuevo indicador social.

Yino Castellanos*

UN Periódico: ¿Bajo qué criterios es posible medir el grado de polarización de la gente?

Joan María Esteban: Aunque no hemos ahondado en el tema de la psicología colectiva, partimos del hecho de que en la sociedad hay grupos. En nuestro modelo nos interesa procesar datos que nos permitan inferir cuál es el tamaño de los grupos, cuántos son y a qué distancia de afinidad o de rechazo se encuentran unos de otros. Ahora bien, los criterios pueden ser: distribución de la renta, diferencias religiosas, políticas, étnicas o el que usted quiera. Al evaluar los datos y aplicar la medida, los resultados nos arrojan el tamaño de los grupos, la cantidad y el lugar que ocupan en el espectro social que nos interese y, en consecuencia, siguiendo el modelo, el grado de polarización que existe entre ellos y la proclividad de alguno a desatar un conflicto.

UNP: Es un modelo puramente cuantitativo.

JME: En efecto, este es un modelo matemático que sigue un método econométrico. Sin embargo, lo elegante de esta abstracción es observar que, cuando se aplica, puede expresar situaciones de conflicto que otros índices en ocasiones no revelan eficazmente, como, por ejemplo, en el estudio que adelanté con los indicadores de los países del mediterráneo. Si usted toma el índice que mide la distribución de la riqueza en los últimos 40 años para los países más pobres frente a los más ricos, en esta región del mundo la variación ha sido casi nula. Esto apuntaría a que las cosas están bien, los países del sur son igualmente pobres y los ricos igualmente ricos, cuando todos sabemos que esta es una región altamente conflictiva. En cambio, el índice de polarización revela una situación que supera la media y refleja el elevado nivel de conflictividad, que de hecho ha aumentado en esta parte del mundo.

UNP: Lo que significa que indicadores como el índice de Gini , que mide el grado de desigualdad en la distribución del ingreso, son insuficientes para medir el potencial de conflictividad.

JME: Lo que hallamos es que los índices que miden la desigualdad no son los más apropiados para ilustrar el potencial de conflictividad en una sociedad, porque no captan el fenómeno de la formación de grupos sociales bien definidos, que juegan un papel fundamental en la polarización de las sociedades, como quiera que son los catalizadores de la distancia o la identidad que puedan generar los individuos entre sí. En general, los índices que miden la desigualdad registran más bien la dispersión de las personas.

UNP: ¿ Esto quiere decir que el motor de conflictividad no es la desigualdad, sino la polarización?

JME : No, en lo que deseo hacer énfasis es en que, independientemente de las causas de los conflictos, el índice de polarización mide más adecuadamente el potencial de choque, porque para pelear se necesitan dos, como mínimo. En esta medida, el índice es una herramienta de gran ayuda, porque establece a partir de unas premisas sencillas e intuitivas, computables en la medida general, el grado de identidad o de antagonismo entre grupos y, en consecuencia, de los individuos de la sociedad.

UNP: El papel que juegan los grupos para computar la medida de polarización es crucial. ¿Qué características presentan estos en el modelo?

JME : P artimos de la premisa de que los grupos ya están formados, y este es quizá el problema del modelo. De todas formas, estamos hablando de una abstracción. Quisimos entender por qué la gente se siente fuertemente identificada entre sí y cada vez se distancia más de aquel que percibe como su antagonista. Sin embargo, una vez formados los grupos, por las razones que usted quiera, lo interesante es poder hallar afirmaciones generales que de una manera sencilla nos indiquen cuál es la medida de polaridad entre ellos, de manera que puedan ser computadas, por ejemplo en la medida; una de las sentencias del modelo es que entre más homogéneas sean las agrupaciones en la sociedad y más heterogéneas entre sí, y menor sea su número, mayor es la probabilidad de generar conflictos violentos, porque la sociedad está muy polarizada. Es importante recalcar que este es un instrumento de análisis y de predicción conceptual para un mundo cada vez más complejo. Los conflictos son una constante de las sociedades humanas, y sus causas y consecuencias exigen renovar permanentemente los métodos de estudio para su comprensión.

UNP: Aunque hoy no parezca una prioridad de los gobiernos comprender los conflictos...

JME : Uno de los valores más importantes que se desprende de la utilización del modelo es la necesidad de enfocar de una manera distinta el análisis de los conflictos. Se debe estudiar la conflictividad social desde un enfoque más racional, menos politizado; entender, por ejemplo, la naturaleza estratégica de las partes en contienda, lo que cada una está dispuesta a perder, con qué medios puede ganar y qué es lo que desea; procesar estos datos y así contar con un panorama más científico, si se quiere, de los antagonismos. Lo más torpe, y me temo que ahora sucede muy a menudo, es suponer que los conflictos existen porque un grupo de gente mala, irracional, no tiene más pasatiempo en la vida que hacerle daño a la sociedad. Esta es una visión muy pobre.

La exclusión en la pobreza siempre agrava el desarrollo de los conflictos.

UNP: Pero siendo tan abstracto el modelo, qué tan sencilla es su aplicación.

JME : El trabajo empírico que ha adelantado la doctora Martha Reynal, asesora del Banco Mundial, ha permitido comprobar que el modelo funciona. En países donde hubo guerras civiles, el índice siempre marcó un altísimo nivel de polarización, con dos grupos claramente definidos, como en el caso guatemalteco. Además, este instrumento puede ser usado para complementar los análisis sobre situaciones potenciales de conflicto en sociedades en las que, por ejemplo, la distribución de la renta sea buena, pero en las que el desencuentro entre grupos religiosos sea motivo de tensiones y pueda desembocar en acciones violentas.

UNP: Se trata entonces de usar esta herramienta para identificar con mayor precisión las causas de los conflictos sociales.

JME : En cierta medida, porque en el modelo general de conflicto que usamos, basándonos en el uso de una técnica que en la literatura especializada se conoce como teoría de juegos, entendemos que tanto los individuos como los grupos tienden estratégicamente hacia una situación de equilibrio, que se define como el mantenimiento de las condiciones mínimas de conflicto, si con esto conservan al menos lo que ya tenían ganado. Al manipular las variables que se tienen en cuenta para procesar la información de los antagonistas y diseñar el modelo de conflicto, uno encuentra que los acuerdos a los que se puede llegar son perfectamente racionales, aunque esto no le interese saberlo a alguna de las partes. Es absurdo pensar, por cuestionables que sean moralmente los métodos que algunos de los grupos usan para alcanzar sus objetivos, que no actúan bajo un cálculo de sus acciones, con elementos racionales, que pueden ser computables en el modelo.

 UNP: Podría decir de manera intuitiva qué polariza más a las sociedades.

JME : En términos generales, yo diría que, por encima de las diferencias religiosas, étnicas o de otro tipo, la gente siempre busca su bienestar material; en esta medida, la polarización por causas económicas es muy frecuente, aunque se exprese de múltiples formas y no siempre genere conflictos violentos, pues hay países muy inequitativos en la distribución del ingreso que no presentan altos niveles de conflictividad.

UNP: ¿ Cuándo son posibles los acuerdos en el modelo?

JME : Nosotros hablamos de acuerdos viables, no necesariamente justos ni equitativos, porque estos valores son difíciles de medir. Hay que tener en cuenta la situación real de distribución del poder. Cuando se intenta llegar a un acuerdo, lo que se busca es evitar las consecuencias negativas del conflicto. De esta manera, se le ofrece a cada una de las partes al menos lo que puede obtener manteniendo la situación conflictiva. Como ya tenemos un modelo de conflicto, esto nos permite calcular qué va a obtener cada parte y, por lo tanto, qué es lo mínimo que ha de ofrecer una resolución viable.

Para medir el grado de polarización de una sociedad es indispensable conocer cuantitativamente los grupos que la conforman.

Casos de estudio

En el marco de la conferencia "Conflicto y polarización social", la Doctora Martha Reynal, asesora del Banco Mundial, expuso los resultados de la aplicación del modelo a conflictos concretos:

UN Periódico: En una hipotética cartografía de las causas de polarización en el mundo, ¿qué lugar ocupa América Latina?

Martha Reynal: En el continente, más que un problema de polarización, se percibe un fenómeno recurrente de exclusión por parte de los grupos políticos que detentan el poder. Dada la configuración étnicamente múltiple de la población, encontramos un cierto nivel de exclusión del sistema político, en el que los polos se dan por motivos de clase social y de raza.

UNP: Uno de los interrogantes que suscita la aplicación del modelo es la construcción de las variables y cómo estas pueden responder de la misma manera para realidades distintas.

MR: Nosotros nos hemos basado en indicadores mundiales, que tienen en cuenta variables estándar, como el nivel de inclusión en el gobierno. La llamada Full Democracy, donde nada está excluido, es aceptada universalmente como un modelo para medir el nivel de democracia en términos globales. Me encantaría conocer indicadores elaborados en otras latitudes y observar su fiabilidad.

UNP: Citando a un boliviano campesino, se podría pensar que el problema de América Latina no es de pobreza, sino de injusticia. ¿Cómo interpreta esta afirmación a la luz del modelo?

MR: Efectivamente, la injusticia puede llevar a la pobreza y esta siempre es un agravante de la situación. Un país pobre con exclusión social se encuentra más cerca de un conflicto grave que uno rico con el mismo índice, porque la gente vive peor la exclusión en la pobreza que en una situación manejable materialmente.

UNP: En América Latina hemos manejado la tesis de que la principal raíz de los conflictos sociales se halla en la exclusión propiciada por una pésima distribución de la riqueza, pero hay otros países más pobres y con una distribución similar del ingreso que no presentan alta conflictividad.

MR: Eso es cierto. Lo que sucede es que en ciertas regiones del mundo, como África, la pobreza es tanta, que bajo el criterio de renta la gente no se polariza porque se siente igual al vecino, lo que impide divisiones sociales. En cambio, para seguir con el caso de algunos países del continente negro, el problema es más étnico o religioso. El ejemplo nigeriano es muy diciente sobre este último aspecto.

Las opciones de fuerza para resolver los conflictos pasan muchas veces por el desconocimiento de la racionalidad del otro.

UNP: ¿ Es la democracia la fórmula para disminuir la polarización?

MR: La democracia no es suficiente. Es más, algunos países en transición hacia un sistema político plenamente democrático presentan elevados niveles de polarización, porque los gobiernos facilitan la expresión de los ciudadanos, con lo cual la gente reconoce el grupo al que pertenece. Sin embargo, es preferible siempre y bajo cualquier circunstancia a los autoritarismos, que aunque pueden en algún momento ser eficientes, porque facilitan el crecimiento y la estabilidad política, lo hacen a costa de la represión y el desarrollo integral de sus pueblos.

* Periodista Unimedios.