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UNP No.59
Título : Desplazados en Estado de coma
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo
Sección: Jurídico
Fecha : Junio 20 de 2004

En 10% de los ciudadanos colombianos se calcula la cifra de los desplazados.
Fotografía Guillermo Flórez.

Desplazados en Estado de coma

Existe asistencia profesional para exigir el cumplimiento de los derechos fundamentales de los desplazados y para acompañar sus traumas y duelos no elaborados, gracias a un grupo interdisciplinario de la Universidad Nacional que los atiende integralmente.

Paula Andrea Grisales Naranjo*

 Tres centímetros separan del piso resbaloso los talones de Eloisa, quien sobre sus tacones negros es capaz de llegar incólume hasta la asociación Mujeres del Futuro, tras poner a prueba sus dotes de equilibrista y sus habilidades de patinadora sobre barro, sustrato predominante en las empinadas calles de la comuna Alfonso López de los cerros surorientales, en la localidad de Usme, Bogotá.

Ella, fiscal de la asociación, va en compañía de Alexander Reyes, estudiante de la Universidad Nacional, quien desde hace cuatro meses cambió el descanso de los sábados por prestar asesoría a 12 emprendedoras mujeres desplazadas por la violencia. Él y otros 12 compañeros de Trabajo Social, 110 de Derecho y tres de Psicología, hacen parte del programa "Atención a población víctima del desplazamiento forzado", creado hace un año, con el que la Universidad, en convenio con la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), contribuye al respeto, protección y garantía de los derechos fundamentales, a la recuperación del tejido social y al fortalecimiento de la organización de esta población.

Ese sábado la razón del encuentro fue acordar los horarios de trabajo y los costos de funcionamiento de una lavandería que Mujeres del Futuro está en miras de poner en marcha. Cuatro lavadoras y muchos deseos de trabajar son los materiales iniciales con los que cuentan. "El trabajo de los estudiantes nos ayuda a pensar de otra forma, después de dejar el campo para llegar a la ciudad, que es tan difícil de sobrellevar. Uno llega muy traumatizado y triste y la psicóloga, por ejemplo, le enseña a seguir sobreviviendo", es lo que cuenta Cecilia, la presidenta de la asociación.

La totalidad de los desplazados en el país se calcula en el 10% de los ciudadanos colombianos; de ellos, el 12,5% llega a Bogotá. Un segmento de ese porcentaje es asistido por este grupo de 128 estudiantes y tres docentes de la Universidad Nacional. Además de Usme, van a otras tres localidades: Patio Bonito, en Kennedy; Sierra Morena, en Ciudad Bolívar, y Altos de Cazucá, en Soacha.

Las protagonistas

Yo Mujer, Asociación Mujeres del Río (Asrío) y Mujeres del Futuro son entidades donde el género, más que el hecho de ser desplazadas, es el aspecto distintivo. Ellas se han organizado en busca de mejorar sus condiciones de vida, sobre todo la de sus hijos. En algunos de sus proyectos los estudiantes las han apoyado desde las distintas disciplinas.

Al ver que muchas llegan sin tener en dónde quedarse con sus familias, Teresa y Diva, presidenta y vicepresidenta de Yo Mujer, arrendaron una casa en Sierra Morena. "Aquí permanecen hasta tres meses mientras consiguen trabajo", pero la situación está crítica, porque para pagar el arriendo y las facturas se defienden solas, vendiendo tamales y refrigerios. En este momento el hogar de paso lo habitan ocho familias. "Uno de los principales inconvenientes es el relacionado con la convivencia, pues en un espacio tan pequeño, donde se pierde la intimidad y se comparte con familias de distintas regiones y costumbres, surgen conflictos", asegura Judith Martínez, de Trabajo Social.

Por su parte, las mujeres de Asrío construyeron un edificio en Patio Bonito, donde tienen una guardería y comedores, y venden a bajos precios meriendas y almuerzos. Alrededor de la comida se materializa un trabajo de atención psicosocial, un acompañamiento a las familias desplazadas en el que se las orienta sobre cómo se vive en Bogotá, en la resolución de sus problemas cotidianos y en cuáles son las instituciones a las que deben acudir.

"Fuera de nosotros, los únicos que se aparecen por allá son los 'chepitos' y los políticos, cuando hacen campaña", dice Karem Díaz, estudiante de Trabajo Social. Durante su práctica en una escuela en Altos de Cazucá, los niños, que en las dinámicas recreativas suelen recordar sombríos "machetes eléctricos", manifiestan miedo cuando alguien alza la voz, y dibujan personas que yacen frías y tiesas. "Ver que vuelven a hablar o a reír es la mayor recompensa", dice ella.

Los niños tienen más herramientas emocionales que los adultos para superar las secuelas del desplazamiento.

Monstruo tra-mitológico

Aunque la Red de Solidaridad Social desde hace un año para acá dice cumplir con la atención humanitaria "inmediatamente o máximo tres días después de dar la declaración como desplazado", según Camilo Matiz, jefe de la Oficina de Comunicaciones de esta entidad, el testimonio de los afectados es totalmente contrario. Para ellos, pareciera que los procedimientos están hechos para que desistan en el camino y se resignen a no obtener respuestas a sus derechos. Las colas, los costos del transporte, el no conocer la ciudad, la demora en las respuestas, ignorar las leyes y el lenguaje jurídico y, en algunos casos, el hecho de ser analfabetas, son algunos de los obstáculos. Después de conocer estas razones, Matiz reconoció que la Red "en algún momento había tardado hasta un año en entregar la atención", una contradicción que se explica porque "la lógica administrativa no es coherente con la lógica de emergencia, y eso hace que se dificulte y complique la atención", manifiesta el abogado Gabriel Riaño, coordinador del programa que adelanta la Universidad Nacional.

Pero no se puede desconocer que en el último semestre la mayoría de los 400 casos tramitados por los 110 estudiantes del consultorio jurídico I tienen que ver con la no inclusión en el Sistema Único Registro (SUR) del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada (Snaipd) de la Red de Solidaridad Social. Sus esfuerzos están enfocados a ayudarles a interponer un recurso legal, a sustentarlo y adjuntar pruebas, pues, de lo contrario, no son reconocidos jurídicamente como desplazados y, por lo tanto, no son tenidos en cuenta por los programas de estabilización socioeconómica.

Pero este no es el único desencuentro entre la Red y los desplazados, donde el factor psicológico los vuelve a poner en escenarios encontrados. La Red no los reconoce jurídicamente cuando el hecho que provocó la huída no es verdadero, la causa del desplazamiento no ha sido la violencia y llevan más de un año en esa condición. No obstante, en muchos casos, las "inconsistencias" por las que son inhabilitados tienen raíces emocionales. El problema es el miedo a declarar; "ellos temen por su vida si cuentan los detalles", aclara Gabriel. "Muchos llegan a Bogotá sin saber explicar qué les pasó", agrega Karem, y a veces no pueden narrar con coherencia temporal su historia, en ocasiones no saben cuál fue el grupo armado que los desplazó y la permanente desconfianza que manifiestan los funcionarios públicos con preguntas como "¿pero eso sí fue verdad?", los pone más nerviosos, al punto que se equivocan en sus declaraciones.

En consecuencia, los estudiantes de Trabajo Social y Psicología tratan de que organicen en la mente su propia historia, la acepten y la asuman, mientras los de Derecho los asesoran en el uso de las herramientas jurídicas.

Don Juan no sólo perdió su casa y su tierra, sino sus piernas. A pesar de ello, emprende un proyecto productivo con soya en la ciudad.

Los invisibles

Aunque Francisco Santos, vicepresidente de la República, aseguró que ha habido "importantes avances y logros en temas capitales como la reducción de todos los índices de violencia y del desplazamiento forzado" ( El Tiempo , 5-27-04), y que gracias a la seguridad democrática este último se ha reducido en un 52%, Gabriel Riaño considera que la atención, asistencia y protección de quienes se encuentran desplazados, e incluso reconocidos como tales, está pendiente en muchos casos y, en otros, no es lo suficientemente satisfactoria. Además, ha habido un desestímulo en la demanda de atención por las difíciles condiciones de acceso al Snaipd, la falta de una política de solución duradera y, en muchas ocasiones, el rechazo y señalamiento social, por lo que "la población ha preferido invisibilizarse".

Resulta preocupante el aumento de personas víctimas del desplazamiento que se hallan en las cárceles, involucradas en procesos penales por conductas como hurto, consumo y tráfico de estupefacientes, "lo que pareciera suceder por falta de reales soluciones al desplazamiento".

Y aunque los estudiantes tienen claro que no van a remediar la situación, reúnen esfuerzos para mitigar las dificultades de esta población, que a su vez se encuentran ante dos posibilidades: o activan un mecanismo de resignación o, como las mujeres de las asociaciones, se organizan para exigir sus derechos.

* Periodista Unimedios.