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UNP No.59
Título : Obesidad: epidemia del nuevo milenio
Autor : Guido Lastra
Sección: Salud
Fecha : Junio 20 de 2004

"Mujer desvistiéndose" (1990) Acuarela de Fernando Botero.

Obesidad: epidemia del nuevo milenio

La obesidad es una de las enfermedades metabólicas más antiguas de la humanidad y solo hasta hace poco se ha develado el cortejo funerario que la acompaña. Se busca afanosamente una solución a esta epidemia relacionada con el desbalance calórico producto de la sobrealimentación y la vida sedentaria, con repercusiones culturales, socioeconómicas y psicológicas.

Guido Lastra *

En la actualidad existe una verdadera epidemia de obesidad en el mundo. Esta ha permitido desarrollar toda una industria dirigida al adelgazamiento, sin duda muy lucrativa para quienes la dirigen. Además, existe una proliferación no controlada de instituciones y "profesionales", como esteticistas, cosmetólogos y entrenadores, sin los requerimientos mínimos para garantizar resultados confiables o siquiera seguridad. Estos factores han conducido a la aparición de múltiples tratamientos no convencionales dirigidos a perder peso a través de dietas, fármacos y sustancias naturistas, con la promesa de lograr reducciones de peso a todas luces antifisiológicas e irreales.

Existe una serie de hormonas encargadas de regular el hambre o la saciedad y, por ende, el depósito de grasa, producto de un sistema evolutivo que posiblemente se desarrolló en épocas remotas cuando obtener comida, esto es, energía, era muy difícil y el organismo debía aprovisionarse con buenos depósitos para resistir las épocas de hambre; por eso la persona obesa estaba mejor capacitada para sobrevivir. Así se desarrollaron mecanismos redundantes para almacenar energía contra otros, muy pocos, para disminuirla; de modo que parecería que fatalmente tendemos hacia la obesidad. También es entendible que, teniendo que gastar obligatoriamente energía para mantener la vida, ya que todas nuestras acciones voluntarias e involuntarias requieren de ella, el tener reservas energéticas parece una opción imprescindible.

El aporte energético está dado por la ingesta de alimentos, cuyo gasto es la suma de varios componentes: el metabolismo basal o energía gastada para mantener las funciones vitales, temperatura, función cardíaca, respiratoria, digestiva, etc., en que el organismo utiliza entre 50% y 70% del gasto energético; el efecto térmico de los alimentos, dado por su procesamiento, digestión, absorción y depósito, en el que se invierte cerca de un 10% del gasto; el componente final está representado por la actividad y el ejercicio físicos, que, a diferencia de los anteriores, puede ser modificado voluntariamente, yendo desde 20% a 50% en individuos normales, hasta 80% en atletas entrenados.

Este enfoque podría ser modificado por factores hereditarios, así como el tamaño de la masa grasa corporal; sin embargo, el sedentarismo y la sobreingesta energética parecen ser los principales culpables de la epidemia del nuevo milenio: la obesidad.

Armas de doble filo

Algunos procedimientos, como la liposucción y la lipoescultura, aunque aceptados en el ámbito médico, solo dan soluciones temporales. Quien no modifique su estilo de vida luego de estos procedimientos está condenado a engordar nuevamente.

De otro lado, personal médico no especializado y no médico ofrece manejos con medicamentos como hormonas tiroideas, diuréticos y anorexiantes, en no pocas ocasiones juntos, que indiscutiblemente reducen el peso. Sin embargo, su costo resulta muy alto: las hormonas tiroideas en dosis altas pueden producir osteoporosis y arritmias cardíacas. Los diuréticos producen pérdida de agua, mas no de grasa, por lo que no son una solución al problema, e inducen desequilibrios de electrolitos, que además pueden hacer irregular el ritmo cardíaco. Los medicamentos anorexiantes, capaces de suprimir el hambre, tienen indicaciones específicas, de manera que deben ser manejados solo por personas específicamente entrenadas en esta área, y no están exentos de efectos secundarios, como taquicardia, hipertensión e intolerancia digestiva. Además, su uso y efectos nocivos no han sido evaluados a largo plazo.

Otro grupo de estrategias para adelgazar está conformado por todo tipo de dietas, desde aquellas con eficacia comprobada, hasta las "extremas", que solo producen resultados a muy corto plazo, con el riesgo de cauzar desequilibrios en el metabolismo. Por lo general, no tienen eficacia a mediano plazo, y los pacientes ganan en algunas semanas o meses todo lo perdido, o más.

En la actualidad, las investigaciones sobre la obesidad y sus consecuencias se dirigen, en el campo experimental, a conocer mejor todos los actores que intervienen, desde las complejas interrelaciones entre las hormonas hasta los factores hereditarios. Uno de los retos investigativos consiste, por ejemplo, en descubrir la diferenciación de los adipocitos, su funcionamiento, la modificación de algunas señales hormonales o de sus receptores, para llegar en mediano plazo a producir sustancias que controlen el apetito y/o el gasto calórico, claro está, sin producir efectos deletéreos. A largo plazo, por modificaciones genéticas con ayuda de la biología molecular, posiblemente se ideará una estrategia definitiva.

Los tratamientos

Abordemos ahora una mirada puntual sobre los tratamientos, divididos en tres tipos. Para comenzar, están los no farmacológicos, que incluyen dietas restringidas en calorías, aumento de la actividad física y cambios del comportamiento; este es uno de los más efectivos y saludables. El segundo es el tratamiento quirúrgico, basado en la disminución de la capacidad gástrica, como el Bypass gástrico en Y de Roux, que ha mostrado una disminución entre 58% y 49 % del exceso de peso en lapsos de 5 a 14 años; pero va acompañado de deficiencias de hierro, calcio, tiamina, vitaminas A, C y B 12. Está en desarrollo un marcapaso que se inserta en el estómago y puede ser manipulado desde el exterior para inducir sensación de saciedad.

El último es el tratamiento farmacológico. Hay dos drogas aprobadas por la Federación Americana para el Control de las Drogas y Alimentos (FDA) para su uso prolongado, que incluyen la Sibutramina, cuyos efectos adversos más comunes incluyen constipación, sequedad de la boca, insomnio, aumento de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial. Otra es el Orlistat, un inhibidor de la lipasa gastrointestinal que bloquea en un 30% las grasas ingeridas. Como efectos adversos, puede reducir la absorción de las vitaminas liposolubles (A, D, E, K).

Otros compuestos utilizados no poseen estudios a largo plazo, pero, en general, tienen la desventaja del costo, la persistencia de la persona en su uso, efectos secundarios y, si la disminución del peso ha sido inconsciente, sin modificación del comportamiento, la reganancia del peso es segura.

Mientras llega la droga mágica que suprima el apetito sin producir efectos nocivos, debe entenderse que la obesidad es una enfermedad crónica del sistema del control energético, que se asocia con otras que resultan en peligro inminente de muerte, y que, por lo tanto, debe ser tratada también en forma crónica, en lo cual participan las modificaciones del estilo de vida. Esto incluye una forma diferente de comer, aumento de la actividad física y, en casos necesarios, fármacos o aproximaciones quirúrgicas. Lo que parece claro es que sin programas de educación la epidemia de la obesidad seguirá extendiéndose, comprometiendo cada vez más tanto a la población adulta como a la juvenil.

* Docente del Departamento de Medicina Interna, Unidad de Endocrinología, Universidad Nacional de Colombia.