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UNP No.59
Título : Cien años de dos poetas fundamentales El paralelo de la vitalidad
Autor : Herfried Münkler
Sección: Internacional
Fecha : Junio 20 de 2004

Pablo Neruda, 1904-1973. Premio Nobel de Literatura de 1971, la voz sentida y creadora de América.

Cien años de dos poetas fundamentales
El paralelo de la vitalidad

Un paralelo entre dos grandes poetas latinoamericanos -Luis Vidales, de Colombia, y Pablo Neruda, de Chile- a los cien años de su natalicio. Ellos tuvieron una singular mirada del mundo y de la vida. Sus obras forjaron un compromiso de amor y de responsabilidad por América y por los seres humanos que la pueblan.

Luis Fernando García Núñez*

He renacido muchas veces, desde el fondo
de estrellas derrotadas, reconstruyendo el hilo]
de las eternidades que poblé con mis manos,
y ahora voy a morir, sin nada más, con tierra
sobre mi cuerpo, destinado a ser tierra.

Pablo Neruda, Canto general, XV, Yo soy , XXI, La muerte.

Ruidos de la época de las cavernas
que andan todavía en el mundo.
Ruidos.
Vosotros vagáis locos
buscando una salida
pero al igual que yo
no habéis podido encontrarla.

Luis Vidales.

Uno allá, en la hermosa Chile, en Parral; el otro aquí, en Calarcá, Quindío, en la vieja Hacienda Rioazul: los dos en 1904, hace exactamente 100 años. Sí, dos poetas fulgurantes, que rompen definitivamente con los vicios de una vieja lírica que encadenaba los versos y fundía las ideas alrededor de una métrica rígida, sin esencia, sin el misterio de la creación, de la seducción...

Dos poetas singulares y fecundos, renovadores, posados aquí en la tierra, dueños de su credo, de su pensamiento, de sus razones. Incorporados de voz y de vida a la cotidianidad, comprometidos como lo son todos aquellos que reconocen la fuerza y la vitalidad de la palabra, de la dignidad, del respeto. Neruda crea un mundo formidable, su Canto general es una lección de historia, Vidales crea un mundo "donde está la voz social, las costumbres urbanas".

Neruda, como dice José Juan Arrom, "siempre fuerte y original, cuya obra evoluciona desde un violento reguero de imágenes hasta el verso deliberadamente sencillo, ansioso de comunicar a los cuatro vientos su acendrado amor a la América nuestra y su airada repulsa de quienes nos la explotan, martirizan y envilecen". Vidales, según Félix Ramiro Lozada, crea "una obra moderna con una visión universal que asume los distintos conflictos del hombre en su lucha por subsistir, con una clara idea de renovación de la poesía donde él quiso enfrentar los asuntos tradicionales valiéndose de ideas, reflexiones y vivencias...".

La obra de Luis Vidales es significativa. El 26 de julio de 1926, Luis Tejada Cano, ante un grupo de personas en Bogotá, dice: "Yo presento hoy a Luis Vidales, y reclamo para él el título de poeta en el mejor y más noble sentido de la palabra". Y ahí está el testimonio del primer gran vanguardista colombiano, "el abominable hombre de Las Nieves", como le gritaban las beatas que vivían en ese tradicional barrio -Las Nieves-, de la capital. Tenemos, de este premio Lenin de la Paz, Suenan timbres (1926), el libro que incorpora la literatura colombiana en el siglo XX; La obreríada (1978) , Poemas del abominable hombre del barrio de Las Nieves (1980), Poesía inédita (1985), y El libro de los fantasmas (1986).

Sus ensayos, polémicos y profundos, son miradas precisas, contribuciones acertadas, visiones autorizadas para comprender el arte, la creación misma, desde otras dimensiones. Ahí están el Tratado de estética (1945), La insurrección desplomada (1948) y La circunstancia social en el arte (1973).

Luis Vidales, 1904-1986, del Grupo de Los Nuevos, el poeta colombiano, innovador y vanguardista, que le dio sentido y presencia a nuestra poesía.

De don Eliécer Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura de 1971, y premio Stalin de la Paz, debemos citar, ante todo, su Crepusculario, escrito a los 20 años, y un año después los Veinte poemas de amor y una canción desesperada . En 1933 aparece Residencia en la tierra y en 1937 España en el corazón. Pero es en 1950 que aparece su libro vital, el Canto general, concebido en principio como un homenaje a Chile, que luego "se extiende a toda América para transformarse en un canto de angustia y esperanza dirigido a todos los hombres libres del mundo".

Ahí están, en la memoria del mundo, sus Memorial de la Isla Negra, Confieso que he vivido, Para nacer he nacido, Los versos del capitán, Odas elementales, Las uvas y el viento, Extravagario, Cantos ceremoniales, Barcarola, entre otros.

Y vale la pena decir con Pablo Narral que "Sólo unos pocos poetas, los más grandes, diría, logran conservar la fuerza inicial del Silencio, que los originó. En ese Silencio primero conviven, en una suerte de batalla sagrada, las dudas, incertidumbres, falsos horizontes, certezas en escasísima proporción. Una idea de la belleza a la cual se suele ambicionar rozar. La memoria siempre tan avara y esquiva, el presente tan tenaz e indomable y el porvenir con su respiración tan lánguida. Pero la época que le tocó en suerte al poeta y los sueños que el poeta inventó o a los que les permitió, afortunadamente, invadirlo, juegan dentro del Silencio, una partida de reñidos resultados". Es la presencia de estos centenarios árboles de las ideas, de las figuras, de la creación, de la vida; estos profetas hoy convertidos en silencio, pero siempre activos, "próximos a todo presente".

* Profesor de Análisis de Coyuntura, universidades Nacional de Colombia y Externado de Colombia.