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UNP No.60
Título : La fugacidad conquistada
Autor : Yino Castellanos
Sección: Perfil
Fecha : Julio 11 de 2004

La fugacidad conquistada

El poeta mexicano José Emilio Pacheco visitó por tercera vez Bogotá, y anunció que será la última. Invitado por el Departamento de Literatura de la Universidad Nacional, conversó con los estudiantes sobre el tiempo y el arte de la escritura. Luego, continuó su viaje hacia Santiago de Chile, en donde el próximo 12 de julio recibirá el premio de poesía Pablo Neruda.

Yino Castellanos*

Quienes conocen a José Emilio Pacheco (Ciudad de México,1939) saben que es un hombre de palabra. Desde la aparición de Los elementos de la noche en 1963, el mundo literario latinoamericano supo del nacimiento de una voz singular, de difícil clasificación para los críticos. Surgió así un problema para quienes realizan su trabajo en el laboratorio de las letras, buscando rupturas y semejanzas .

Entre el bullicio de las múltiples tendencias que se recrean en la Ciudad de México, el itinerario intelectual de Pacheco lo llevó por caminos y temas. El tiempo que pasa, los misterios de la muerte y la inacabable biografía del amor, insinuados por sus paisanos y antecesores Octavio Paz y Jaime Sabines.

Lo transitorio, lo efímero, los rastros que el tiempo deja para no desconocerse frente a los espejos dispuestos por la historia, constituyen en la obra de José Emilio Pacheco, reflejos naturales de la "hermosa edecana, la muerte", según sus propias palabras. "Es como mirar el retrato de familia, todos envejecen menos la abuela."

Y ese desencanto que parece desprenderse de la poesía del autor de Tarde ó temprano (1980), se refiere quizás a la contenida angustia del instante final que se acerca, y que es confrontada con la risa, el desenfado y la gran agudeza crítica, que ha expuesto en ensayos como El derecho a la lectura (1984), en su narrativa, el libro de cuentos La sangre de medusa (1990), y las novelas Morirás lejos (1967) y Batallas en el desierto (1981), en la que se basó el director Alberto Isaac para filmar Mariana, Mariana.

Otro tema que no podía pasar desapercibido para Pacheco era su ciudad natal, "que insiste en su pecado original, y cada día se llena de adefesios". Fue esa misma ciudad la que engendró el guión de El Castillo de la pureza , película dirigida por Arturo Ripstein.

Y es que ninguna de las labores propias del quehacer literario le ha sido ajena a este prolífico autor. También son reconocidas las traducciones que ha hecho de escritores, norteamericanos, como Tenesse Williams, Un tranvía llamado deseo y T. S. Eliot, Cuatro Cuartetos.

Ecos de una historia compartida para hablar de la validez universal de la palabra, de su refugio en el temperamento de hombres como Pacheco, quienes cultivan lo más profundo de nuestra humanidad, esta que aún persiste, ante los embates una y otra vez denunciados del poder y sus secuaces, porque la misión de la poesía es "enamorarse del mundo, a pesar de la historia", en palabras del Nobel antillano Derek Walcot.

Estudio del crítico norteamericano Ronald J. Friss, José Emilio Pacheco y los Poetas de las Sombras.

De su tono personal, dijo Darío Jaramillo Agudelo: "Poesía de la historia cotidiana que el poeta nombra con lucidez y con el desconcierto de quien es igual a todos". Igual o equivalente, porque una de las preocupaciones capitales de Pacheco, es el otro; "No leemos a otros, nos leemos en ellos". Además el poeta sospecha de la excesiva importancia del autor, ya que para él, "poesía es el lugar de encuentro con la experiencia ajena, y el lector construye con su experiencia la mitad del poema."

Lectura de mujeres y hombres de todas las épocas detenidas en un instante, y que vertida en el molde del lenguaje, le permite al poeta mexicano, ya sea en su forma versificada o en prosa, recuperar los tonos y problemas que alentaban a los clásicos griegos y a los poetas bizantinos. Diálogo de un contemporáneo con los antiguos, registrado en forma de epigramas, esos modelos de concisión y velocidad, que relatan brevemente las desventuras de los enamorados y la picardía del deseo femenino en la forma de nombres como Melisa y Stella. Todos en la pluma del mexicano revelan el humor que atenúa la tragedia de existir: A esta edad lo sensato no es buscarse un amante sino un sepulcro.

 Verso de Pablo Silensiario, que reescrito por Pacheco refleja la desazón de la vejez, que el poeta no teme por sí misma, sino por sus consecuencias, entre otras la nostalgia, que el escritor mexicano asume sin aspavientos y sin amarguras patéticas. Lo suyo es una lírica sobria y una poesía naturalista, pues en últimas como refería aquel hombre azteca; "Sólo venimos a soñar."

"Lo permanente en la poesía de Pacheco es la fugacidad de los hombres y las cosas", afirma el poeta colombiano Juan Manuel Roca. Cabría agregar que ante el incesante cambio que ya preocupaba a Heráclito, la fugacidad ha sido conquistada como un valor, "con cierta sorna de sí y de lo demás", concluye Roca.

Por esta razón, cuando compartió con los asistentes al taller, "Encuentro con escritores jóvenes, lectura y producción de Haykus y textos breves", que dictó en la Universidad Nacional, reveló su gusto por esta tradicional forma poética japonesa que se caracteriza por su extrema brevedad y contundencia.,y aproximó a la gente a la belleza de ese arte literario. Así, el ganador del premio "José Asunción Silva", con El silencio de la luna, recordó que "estamos asediados por el padre tiempo, de tal manera, que el siglo 21, para mí no ha iniciado, es hora de dejarle paso a los jóvenes."

Sin embargo, parece un hecho cumplido que la fuerza poética de José Emilio Pacheco no se extinguirá pronto. Lo confirmaba aquella "Melisa" contemporánea que desde lejos pensaba en el último verso de la lectura en la Casa de Poesía Silva de Bogotá: "Estamos a la intemperie. Somos los dueños del vacío."

* Periodista Unimedios