Nedstat Basic - Free web site statistics .

UNP No.60
Título : Las granjas de Chapinero
Autor : Diana Manrique Horta*
Sección: Ciudad
Fecha : Julio 11 de 2004

Las granjas de Chapinero

En las goteras de Bogotá, algunos vecinos se han visto sorprendidos por un paisaje rural que les fue propio y que ahora renuevan con hábitos sostenibles de producción agrícola y pecuaria. Gallinas felices, papas limpias y árboles adolescentes crecen naturalmente al borde del asfalto.

Diana Manrique Horta*

La localidad de Chapinero aporta el 2.9% de la producción papera que va a las plazas de mercado de Bogotá.
Foto: Diana Manrique

Chapinero no es solo uno de los centros de comercio y residencia más tradicionales de la capital colombiana, también es campo. Detrás del Cerro de Monserrate, en la vereda Verjón Bajo, se encuentra la parte rural de la Localidad 2 de Bogotá, donde las calles de asfalto, a medida que suben, son reemplazadas por surcos de papa, arveja, hierbas aromáticas, tubérculos andinos y galpones de aves.

Dos veces por semana, desde hace cuatro meses, un grupo de estudiantes y egresados de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional se remonta a 3.000 metros de altura con el propósito de mejorar las prácticas agrícolas y pecuarias de los cerca de 400 campesinos que ocupan el lugar que, aunque les ha sido heredado generación tras generación, es considerado desde 1977 Reserva Forestal Protectora.

"Ellos se encuentran en una zona de páramo donde nacen fuentes hídricas para Bogotá y sus municipios aledaños, como el río Teusacá, amenazada por la tala de árboles para extender la ganadería y por el uso excesivo de químicos para cultivar", señala Adriana Rodríguez, coordinadora general de campo del proyecto Desarrollo Sostenible Zona Rural de la Localidad de Chapinero, liderado por el Centro de Investigación y Extensión Rural (Cier) de la Facultad.

Aunque la situación no es tan crítica como en otros sectores de los Cerros Orientales, sí requiere un cambio en la forma de relacionarse con este ecosistema estratégico, a lo largo de las 2.549 hectáreas que componen el 70% de la cara rural de Chapinero. Manejo integrado de cultivos, cría de gallinas sin estrés y revegetalización con especies forestales nativas componen el trípode sobre el que se sustenta la propuesta.

Jugar a ahorrar

Pese a su resistencia inicial, don Elías, papicultor de pura cepa, ha sido uno de los más convencidos de la iniciativa mostrada por el Cier. En sus tierras actualmente existe una parcela demostrativa de las nuevas prácticas de manejo del suelo, consistentes en el uso racional de químicos, la labranza de conservación y el uso de semillas de calidad.

Mientras son insuficientes cuatro meses para evaluar la sanidad de la papa en prueba, lo cierto es que "la gota" hacía rato había empezado a hacer estragos en las parcelas vecinas, donde, ladera arriba, hombres fumigando indiscriminadamente la montaña intentan, con métodos nocivos, atajar el efecto contundente del virus, a costa del equilibrio ambiental del páramo. En este pedazo de tierra, en cambio, los campesinos observan cómo estas formas sostenibles de producción son efectivas.

Una percepción validada por un diagnóstico agropecuario realizado en las cinco localidades con zona rural de Bogotá, publicado por el Departamento Administrativo del Medio Ambiente, en 2003, que destaca cómo el uso informal de pesticidas resulta alarmante en la medida en que las enfermedades han cobrado resistencia a los productos químicos.

Para preparar la tierra, don Elías y sus compañeros esta vez redujeron a la mitad la utilización de maquinaria pesada (de seis pasaron a tres veces) y todavía con cierta desconfianza regresaron a formas más conservacionistas de hacer los surcos y las eras, que prometían un suelo menos pulverizado para recibir la semilla certificada. En este proceso, menos drástico pero más seguro, economizaron $60.000, que fueron utilizados en la materia prima que hoy alcanza unos 30 centímetros de altura.

"También nos interesa mostrar a los agricultores cómo jugar con sus rubros en beneficio de sus cultivos", anota la joven egresada de la Universidad Nacional, Adriana Rodríguez.

Para doña María, "uno tiene que cuidar los animales, tanto como si fueran personas", por eso, además de alimentarlas, las acaricia, les soba la cabeza y hasta les habla.
Foto: Diana Manrique

Gallinas sin estrés

La cría de gallinas es uno de los productos de doble propósito, es decir, vender y consumir. Disuadirlos de la idea de introducir bovinos ha sido una de las labores más difíciles, por lo que eventualmente representaría para sus bolsillos. Tecnificar el aprovechamiento de especies menores es el pilar pecuario de este proyecto conservacionista.

En este proceso ha sido clave doña María, una mujer de 70 años que consciente sus gallinas como si fueran las hijas. A diferencia de lo que ha hecho toda su vida -darles el alimento, mantenerlas encerradas con luz permanente y sin comederos limpios-, esta vez le está apostando a un galpón tecnificado, donde las gallinas encuentran parte de su alimento y están resguardadas del frío agudo en una cabaña de madera recubierta con costales de polietileno.

Las 24 "niñas" que conforman el galpón demostrativo, además, pastorean dos veces en el día, buscando espontáneamente la otra parte de su dieta, que no les es suministrada. "De paso se quiere distensionarlas, pues el encierro las estresa", aclara Nancy Montoya, quien maneja el componente pecuario del proyecto. Experimento que por estos días demostrará a las mujeres de Verjón Bajo los primeros beneficios: huevos limpios, provenientes de gallinas felices.

Así se llama el método de levante utilizado por expertos del Centro Agropecuario Marengo, de la Universidad Nacional, que viene siendo implementado con éxito en fincas de Cundinamarca. Una forma de producción que tendrá su propio modelo en las alturas de los cerros tutelares de Bogotá, y que representará mejores ingresos, al tiempo que da solución a los problemas de seguridad alimentaria de la comunidad.

Nativas sin competencia

Desmitificar la idea de que ser campesino es sinónimo de mantener la naturaleza ha demandado el mayor ejercicio de toma de conciencia. En un planteamiento de toma y dame con los recursos naturales, el Cier intenta hacerles entender que así como las alternativas de producción limpias se traducen en bienestar económico para las familias, la retribución estaría en el cuidado de esta reserva forestal protectora. Sin ese trueque, el agotamiento sería el más seguro futuro.

En este caso, Maritza Duque, estudiante de la Facultad de Agronomía, ha debido enfrentarse a las prevenciones en el tema ambiental. Para ello, desarrolla un modelo en el cual la uva camarona, el chusque, el aliso y el gaque, especies nativas, puedan deshacer la erosión y prevenir la escasez de agua, que el pino, el eucalipto y el retamo espinoso, especies foráneas, han venido dejando sobre las laderas.

Simplemente, al revegetalizar para dar cobertura al suelo, acabar con la competencia entre las especies forestales y facilitar la conservación, se espera -sin el formalismo de los discursos ambientalistas- que los campesinos, más que las instituciones, sean los abanderados de su porvenir.

"Durante años se pensó que el rótulo de Reserva Forestal Protectora impedía la convergencia de los saberes campesino, académico y administrativo, por lo que esta comunidad permaneció invisible a las inversiones de la ciudad", afirma María Victoria Martínez, delegada de la vereda a los Encuentros Ciudadanos.

Al tenor de esa situación, la comunidad ha decidido asentar su proyecto colectivo sobre esos tres pilares, que la pueden llevar a construir un proyecto de desarrollo sostenible, más allá del asfalto, en la cumbre de la urbe. Y a Chapinero, a tener la primera zona rural de la metrópoli.

* Periodista Unimedios.