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UNP No.70
Título : Perspectivas económicas para 2005
Autor : Jorge Iván González
Sección: Economía
Fecha : Febrero 6 de 2005

Perspectivas económicas para 2005


Las tendencias positivas que se han presentado en los últimos meses están siendo contrarrestadas por las medidas que el Gobierno y la Junta Directiva del Banco de la República están tomando en cuatro frentes: monetario, cambiario, mercado interno y fiscal. De no cambiar esta situación, no se lograrán las mejoras en la calidad de vida de la población.

En los dos últimos años el bajo proceso de recuperación no ha generado empleo, lo que conduciría a la disminución continua de la calidad de vida.

Jorge Iván González*

En la primera mitad de los años noventa, la apertura y la revaluación del peso crearon condiciones que favorecieron la consolidación de una burbuja de naturaleza especulativa, que reventó en 1998 con la caída del ingreso per cápita y aún en 2004 continuó en estado crítico1. El debilitamiento de la economía se manifiesta en la incidencia de la pobreza, sobre todo cuando se la mira por el lado de los ingresos.

Actualmente, 28'971.779 colombianos, es decir, las dos terceras partes de la población total del país, son pobres. Entre 1997 y 2003 este número aumentó 6.7 millones, así el porcentaje se incrementó del 56% al 66%. La actividad económica continúa en una etapa crítica, sin que todavía haya signos de que la recuperación sea sostenible. El leve crecimiento que se observó en los últimos dos años en algunos sectores económicos (minería, petróleo y construcción) es muy frágil.

En dicho periodo, por ejemplo, la producción petrolera cayó y el ritmo de exploración de nuevos pozos se redujo; aun así, la crisis no se ha manifestado con claridad porque la menor producción fue compensada con mayores precios.

Respecto a la construcción, hay indicios que muestran un debilitamiento de la demanda; el bajo proceso de recuperación que se ha presentado en los dos últimos años no ha generado empleo, en parte, esto es razón de que las probabilidades de mejorar la calidad de vida disminuyan continuamente.

Yerros de la política económica

La primera equivocación se observa en la política monetaria. Las metas de inflación que el Banco de la República ha propuesto para 2005 (5%) y 2006 (rango de 3% a 5%) muestran que la obsesión por reducir este fenómeno sigue siendo la prioridad de la política monetaria. Los miembros de la Junta Directiva no han tenido presente que la Corte Constitucional declaró inexequible el artículo 2º de la Ley 31 de 1992, que obligaba a reducir la inflación cada año.

Si el Banco insiste en estos propósitos, puede frenar la política expansiva que aplicó durante los dos últimos años y que facilitó el crecimiento (mayor cantidad de dinero en circulación y menores tasas de interés). Con el fin de cumplir con la meta de inflación, el Banco ya inició la aplicación de medidas restrictivas que pueden echar al traste la recuperación. Al respecto, se origina la pregunta de si en lugar de reducir la inflación, ¿no sería más conveniente crear condiciones propicias para que disminuya el desempleo y aumente la demanda? Es preferible un punto adicional de inflación que uno más de desempleo.

La segunda equivocación, que al parecer no se corregirá en 2005, tiene que ver con el manejo de la tasa de cambio. En los últimos 18 meses se ha acentuado considerablemente la revaluación del peso. El mayor flujo de dólares se explica por el crecimiento de las remesas de los colombianos que viven en el exterior, por los mayores precios de los bienes básicos y por el narcotráfico; en consecuencia, el dólar bajó 400 pesos, equivalente a una revaluación nominal del 14%. Este proceso acelerado estimula las importaciones; y cuando el mercado se llena de bienes extranjeros, para la industria nacional es muy difícil competir.

En los últimos 15 años, la política cam-biaria se ha caracterizado por un sesgo del Banco de la República a favor de la revaluación del peso y en contra de la devaluación. Como la primera favorece la lucha contra la inflación, el Banco tiende a tomar una posición pasiva, pero cuando esta otra se presenta se toman medidas extremas, y la autoridad monetaria encuentra múltiples instrumentos de acción. A finales de la década del 90, para frenar la devaluación del peso, el Banco subió las tasas de interés casi hasta el 100%. Y ahora, en medio de la revaluación, no reduce las tasas de interés con la agresividad que debería hacerlo.

Frente a la revaluación sí hay alternativas: la primera es la reducción de la tasa de interés para evitar la especulación y la entrada de dólares "golondrina"; la segunda consiste en utilizar el exceso de reservas para prepagar la deuda externa; y por último, si la revaluación continúa, se debe buscar mecanismos institucionales para frenar la entrada de capitales de corto plazo.

La tercera equivocación ha sido confiar demasiado en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, desconociendo la importancia del mercado interno. Para la administración actual, el TLC se ha convertido en una especie de tabla de salvación; pero si junto a éste no hay una reactivación del mercado doméstico no pa-sará de ser una entelequia. Al absolutizar el TLC se olvida que la demanda interna es la principal fuente de crecimiento de la economía. El desprecio que han tenido los gobiernos por la demanda interna desconoce una realidad contundente: el 79% del crecimiento tiene sus orígenes en el mercado nacional. Después de una década de apertura, la actividad económica sigue amarrada al mercado interno; las medidas que se han tomado con el fin de favorecer la apertura exportadora no han sido exitosas. Hay que tener en cuenta que la búsqueda de una mayor competitividad internacional debe estar acompañada de un fortalecimiento del mercado interno.

La cuarta equivocación está relacionada con el manejo fiscal. En sus diagnósticos, el Banco de la República insiste en que el déficit fiscal es la principal amenaza de la economía. Este principio no es cierto en la presente situación en la que se trata de salir de la recesión y que tiene elevadas tasas de desempleo. El mejor ajuste fiscal es el crecimiento; mientras no se desactive la bomba de la deuda, la situación fiscal con-tinuará siendo muy problemática. Además de prepagar la deuda externa con los excesos de reservas, debería replantearse todo el manejo de la deuda interna.

El crecimiento será sostenible si se corrigen estas cuatro equivocaciones; para lograrlo se necesitará reducir la concentración de la propiedad y del capital, de tal manera que el crecimiento y el desarrollo contribuyan al bienestar de la mayoría. En Colombia se ha olvidado que la inclusión favorece la gobernabilidad.

1Dos estudios recientes del CID ofrecen un diagnóstico detallado: Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID), 2003. Bien-estar y macroeconomía. Informe de coyuntura, Universidad Nacional, CGR, Bogotá.--------, 2004. Bien-estar: macroeconomía y pobreza. Informe de coyuntura, Universidad Nacional, CGR, Bogotá. Los trabajos están disponibles en la página web: www.cid.unal.edu.co
* Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia, director del CID, Facultad de Ciencias Económicas.