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UNP No.70
Título : ¿Quién alimenta a los bogotanos?
Autor : Yino Castellanos
Sección: Ciudad
Fecha : Febrero 6 de 2005
¿Quién alimenta a los bogotanos?

Un estudio avalado por el Departamento de Geografía de la Universidad Nacional Colombia, precisa el complejo proceso de abasto alimentario de la capital colombiana. En éste se analizan las variables sociales y económicas que inciden en la configuración de la huella ecológica de Bogotá.

Al menos 6.500 comerciantes hacen parte de la central de abastos de Bogotá, el mayor mercado de productos campesinos para la capital.
Foto : Guillermo Flórez P.

Yino Castellanos, Unimedios

Cuando Bladimir Rodríguez tomó el camión que lo llevaría desde Bogotá hasta la costa norte del país, en un viaje de aventura, nunca imaginó que la observación atenta de las dinámicas de aprovisionamiento de alimentos en algunos centros de acopio de ciudades intermedias como Bucaramanga, le revelaría el tema para emprender su trabajo de grado: "De la huella ecológica al control territorial mediado por el abasto de alimentos de Bogotá (1970-2002)".

En este trabajo, Rodríguez, geógrafo de la Universidad Nacional, se sirve del concepto de huella ecológica, del registro de la entrada de alimentos a la central de acopio de Corabastos, del análisis de abundante información de documentos como las Hojas de balance de bienestar familiar (1998) y los anuarios estadísticos de los años 2001 y 2002 del Ministerio de Agricultura, y de la consulta de una copiosa bibliografía sobre temas como la economía campesina, para determinar de qué parte del país provienen los alimentos que ingresan a la capital, su clasificación, las relaciones sociales que facilitan su producción y el papel que cumple la noción geográfica de territorio en la dinámica de intercambios que sirven para alimentar la ciudad.

El apetito del Distrito, precisado en la tesis, llevó a sus 6.6 millones de habitantes a consumir 4.6 millones de toneladas de alimentos para el año 2002, fecha de corte del estudio. Para proveer estos recursos, fue necesario cultivar 4.5 millones de hectáreas de tierras, pastos arables, contando las zonas acuosas, ríos y mares. Esta área corresponde a dos veces el departamento de Cundinamarca, y es más grande que el territorio de países como Bélgica o Dinamarca.

Es necesario anotar que este territorio no ofrece solución de continuidad. El cálculo de su dimensión se estima a partir de la aplicación del indicador de huella ecológica alimentaria, que Rodríguez explica como "la superficie de tierra de donde la ciudad apropia recursos para su sostenimiento alimentario, es decir, el promedio de superficie que se requiere para producir el alimento que una persona consume anualmente, multiplicado por el número de habitantes de la ciudad".

Este es un instrumento conceptual, por tanto, como señala Rodríguez, "la huella ecológica arroja un área abstracta que no sabemos dónde se localiza, ni quiénes la trabajan. En el estudio se avanza en la indagación de estos elementos". De esta manera se puede explicar tanto el origen de los alimentos como la relación de la superficie cultivada con otros factores como la composición social de quiénes trabajan el área, y las dinámicas socioeconómicas que inciden en el control del territorio cul-tivado para el abasto capitalino.

Productos de la madre tierra

Hortalizas, tubérculos, legumbres, plátanos y frutas, son los principales productos, que cosechados en el ámbito de la economía campesina, conforman la dieta de los bogotanos. Los lácteos, las carnes y el arroz, en cambio, tienen menor participación en este mercado, pues apenas el 10% de estos alimentos fue producido por el campesinado, que dicho sea de paso, le aportó a la capital el 41% del total de los alimentos consumidos por sus habitantes. Al respecto, en Cundinamarca se localizó el 51% de las tierras que sirvieron para alimentar a los capitalinos, "vía Corabastos". Otros departamentos que contribuyeron con áreas de cultivo significativas para la ciudad fueron Boyacá con el 8,5%, Valle 8,3%, Tolima 5,6% y Meta con el 4,8%.

El estudio integra cálculos, tomados del "Plan maestro de abastecimiento de Bogotá", que confirman que para el año 2002 ingresaron a Bogotá 2.8 millones de toneladas de alimentos, de las cuáles 600 mil fueron redespachadas a otras regiones del país, quedando un disponible neto en la ciudad de 2.2 millones. Esto implica un déficit frente a las necesidades de consumo de la ciudad, que según los promedios citados estaría cercano a los 4.6 millones de toneladas de alimentos.

"El descuadre en las cifras, y la complejidad del fenómeno de seguridad alimentaria, revelan la urgencia de profundizar en este tipo de trabajos", argumenta Nhora León, directora de la investigación. La caracterización de los grupos campesinos que se relacionan directamente con la producción urbana, y su relación con el territorio, también aporta elementos para la comprensión de la problemática alimentaria de la ciudad.

Estructura de la economía campesina

Según el investigador Jaime Forero Álvarez, en su estudio La economía campesina colombiana, la estructura productiva del agro colombiano obedece a tres formas de producción: la empresa agropecuaria capitalista, el latifundio ganadero especulativo y la de tipo familiar o comunitaria; siendo ésta última la que prevalece en buena parte de la superficie cultivada que abastece la capital.

Esta producción campesina, Rodríguez la define en su trabajo en función de la estructuración de "una organización familiar, que toma decisiones de acuerdo con sus jerarquías, su disponibilidad de recursos y las restricciones del medio socioeconómico y ecosistémico, mediadas por las relaciones de parentesco, vecindario y liderazgo". Esta caracterización cobra importancia para entender las relaciones de producción que se instituyen en estos territorios "socialmente construidos", y que llevan al campesinado minifundista -en terrenos no mayores de 20 hectáreas- a producir en función de su nicho de mercado.

De esta manera, las relaciones de producción no monetarizadas y la incorporación de la mano de obra doméstica de mujeres y niños para sostener la producción, revelan la dinámica familiar que se da en respuesta a las exigencias del abasto capitalino. La economía campesina es importante tanto por la participación mayoritaria en el mercado de Corabastos, que manejó 1.5 millones de las 2.8 millones de toneladas de alimentos que ingresaron en 2002 a Bogotá, como por que dada su localización por todo el país, cerca de las grandes ciudades, abarata costos de transporte, procesamiento y almacenamiento, con el aporte de una producción continua en los climas asociados a las laderas andinas.

Sin embargo, en las últimas tres décadas, como arguye Rodríguez, "las políticas alimentarias se diluyen dentro de los programas de desarrollo agrario, con énfasis en la comercialización, dejando de lado las garantías sobre el acceso de los productos a la ciudad".

Este problema se suma al de los territorios de las cuatro franjas que marcan la huella alimentaria de la capital, estos mismos son afectados por el conflicto social de la tenencia de la tierra, "el cual ha configurado procesos de territorialización campesina a través del ciclo: colonización, conflicto, migración, colonización". Todo lo anterior revela, en este minucioso trabajo, el origen laberíntico de las viandas que se consumen diariamente.