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En Bogotá existen 1.800 tipos de tejidos urbanos, a diferencia de ciudades como Barcelona, que tiene dos, lo que hace más compleja la relación entre el espacio público y el espacio privado.

UNP No. 73
Título : Espacio para público ambulante
Autor : Sandra Gómez Galindo
Sección: Entrevista
Fecha : Abril 10 de 2005

Espacio para público ambulante

A propósito del debate que en las últimas administraciones se ha generado en torno al lugar de los vendedores ambulantes en el espacio público, UN Periódico habló con el arquitecto Fernando Montenegro y la propuesta de solución contenida en su "Plan Maestro de Espacio Público de Bogotá", que de ser implementado por la administración, terminaría con el problema de forma definitiva.

Sandra Gómez Galindo
Unimedios

En las ciudades colombianas, lo mismo que en muchas otras del mundo, se observan formas de ocupación o apropiación del espacio público, algunas reguladas por normas y otras de hecho e ilegales, que benefician exclusivamente a ciertas empresas o individuos y de las cuales se derivan beneficios económicos, unas veces compartidos por el Estado y los particulares y, en varios casos, solamente por uno u otro.

Las ventas callejeras son el ejemplo que más se pone en discusión, sean ambulantes o estacionarias, de las cuales se subraya su ilegalidad, impacto sobre la congestión peatonal, aspecto antiestético y también el efecto sobre la competencia entre establecimientos comerciales.

UN Periódico: En Bogotá existen cerca de cien mil personas en la calle viviendo de la economía informal, ¿cuál es su justo lugar sin detrimento de la integridad del espacio público?

Fernando Montenegro: Partamos de precisar lo que significa el espacio público para una ciudad. Para mí es su ética, la manera como se comportan los ciudadanos en lo público. Además, creo que debe ser entendido como una condición de la ciudad, que tiene dificultades por su uso incorrecto, y no como un problema. El espacio público debe mirarse, por un lado, desde su conformación física y desde la noción de modernización de la ciudad y, por otro, desde la utilidad de ese espacio público como parte del desarrollo de la ciudad.

Los vendedores ambulantes no son en sí mismos un problema, son un elemento más dentro del espacio público, que tienen una condición fundamental dentro de la economía de Bogotá.

UNP: Entonces, ¿la economía informal no es una consecuencia del desempleo sino parte del desarrollo de una ciudad?

FM: Una aseveración perversa es que los vendedores ambulantes son un problema de la economía, o sea que el desempleo estimula la economía informal. Lo que nosotros encontramos es que los vendedores van creciendo en la medida en que la economía mejora, porque hay más gente que compra y más dinero circulante. Aunque en parte la gente se va a vender a la calle porque no tiene empleo, lo más cierto es que es una forma de vincularse al movimiento económico de una ciudad. La prueba está en que ellos venden productos como gaseosas, dulces, confecciones. El 95% de ese mercado proviene de la industria formal, y eso no es clandestino, no es pirata, no es terrible.

UN: ¿Cuáles son los procesos urbanísticos que propone el plan maestro frente al tema de los vendedores ambulantes?

FM: Tiene dos componentes básicos: a) actualizar y modernizar las zonas centrales, aumentando y equilibrando el espacio peatonal, lo mismo que la infraestructura de servicios públicos, así como la estructuración de un número de proyectos inmobiliarios; b) construir un conjunto de espacios análogo al sistema vial, que permita la ampliación de las áreas de ventas, la cantidad de vitrinas y la ocupación de los centros de manzana, en una espacialidad consecuente con las características morfológicas del centro de la ciudad y las demandas de las actividades que allí se generan en la actualidad.

UN: ¿Cómo se pueden visualizar organizadamente esas áreas de ventas?

FM: A través de cuatro modelos: "pasajes comerciales", que son corredores peatonales transversales de propiedad comunal, con actividades de ventas callejeras en su interior, estacionamientos y plazas de comida; "plazoletas comerciales adyacentes al espacio público", similares al anterior pero en espacios abiertos; "patios y espacios comerciales centros de manzana", en pasajes o portales, ya no transversales al interior de la manzana sino en el centro; y "plazas viales", dedicadas a ventas complementarias ubicadas en los separadores centrales de algunas vías.

UNP: Pero usted habla de una desigualdad entre la modernización del uso del ambulante espacio público y su condición urbana.

FM: Sí, los vendedores ambulantes se localizan donde hay más flujos de gente. Los vemos sobre todo en las zonas más antiguas de la ciudad: La Catedral, La Capuchina, Las Nieves, San Victorino, Santa Inés, el Restrepo, el 7 de Agosto, Chapinero, Las Ferias, y un copioso número de barrios residenciales que se volvieron zonas centrales y que es donde, comparativamente con otros lugares de la ciudad, hay menos proporción de espacio peatonal hay. Dado que fueron construidos para un tipo de actividad que ya no existe, hoy requieren de amplias zonas de circulación, encuentro e interacción para responder a las nuevas demandas, que por su dinámica actual se encuentran en contradicción con su condición urbana cerrada y concluida. Lo que está sucediendo es que las zonas centrales de la ciudad no se modernizaron, pero la demanda de ventas y de compras sí, y se volvió muy intensa.

El problema de los vendedores ambulantes no siempre es culpa de ellos. La ciudad no ha pedido modernizar el centro, lo cual influye en el desorden que existe. Además, la tendencia es imaginar zonas peatonales libres de comercio informal, que ni siquiera en los centros comerciaes privados se presenta, todo lo contrario, en ellos se aprovecha como un plus comercial.

UNP: Entonces, ¿cómo engranar de una manera "ética", como usted dice, esta economía informal al espacio público?

 

FM: El planteamiento es buscar más soluciones a los peatones y a las ventas callejeras como parte de la economía. No es cambiarlos de esquina, es construir inteligentemente elementos como los que la ciudad construyó cuando necesitó más espacio para vehículos o más transporte. Por esto, se propone crear una red análoga de espacio público donde las ventas callejeras funcionen, pero no en cualquier parte. Si alguien va comprar un dulce, lo compra por donde camina, esto quiere decir espacios de circulación como calles o pasajes, donde ellos se ubiquen y no estorben. La ciudad debe construir posibilidades para este tipo de comercio, pues modernización no significa acabar con las cosas esenciales.

UNP: Además del ordenamiento físico, ¿qué hacer con el abuso del espacio público?

FM: La noción del mendigo que alquila un metro cuadrado, no usufructúa un espacio físico, en realidad lo que alquila es una cantidad de contactos con personas que circulan por ese lugar; es decir, el aprovechamiento del espacio público para un logro económico.

La solución a eso que se llama "abusivo" es reglamentarlo.
Cuando el señor vende manzanas importadas de Chile, quienes se enriquecen son los chilenos que exportan manzanas y los distribuidores que mercadean ese producto. El vendedor ambulante es el que menos gana. En ese ordenamiento hay que armar un marco regulador que le permita a la ciudad disponer equitativamente del uso del espacio público.

Imaginar las zonas peatonales libres de comercio informal es como haber pretendido desaparecer los carros cuando las calles fueron insuficientes para su tránsito.
Foto: Guillermo Flórez.

Con Transmilenio, por ejemplo, se construyó un espacio público para que un sistema de transporte funcionara. Diseñemos, entonces, un sistema de ventas callejeras correcto para alquilárselo a los vendedores de la calle; es esencialmente lo mismo. Ambos operan en el espacio público, y si la ciudad paga por modernizar el transporte, también puede pagar por modernizar el comercio.

UNP: ¿Por qué el debate en torno a los vendedores tiene tantas resistencias?

FM: Primero que todo, la resistencia tiene su origen en un problema político. Yo siento que el manejo de Bogotá en las últimas alcaldías se ha vuelto más técnico, más dinámico, pero que en los distintos eventos de cada una ha sido incompleto.

Los procesos de modernización de Peñalosa no riñen con los pedagógicos de Antanas. Son complementarios. Garzón plantea una equidad en el manejo de la ciudad y eso no niega que la ciudad se siga modernizando. Las troncales que se construyeron con Mockus y Garzón son mucho mejores que las que se adelantaron con Peñalosa. Como técnico en el manejo de la ciudad, creo que en lugar de batir "a bolillo" a los vendedores callejeros, hay que incorporarlos a una economía formal, porque son parte del sistema económico de la ciudad. En la calle se venden más dulces Colombina que en el centro comercial; en los semáforos, más tarjetas de Comcel que en todas las tiendas de Bogotá. Es parte del mercado de la calle y de lo que nos hace más ricos.

UNP: ¿Cómo reciben la propuesta los empresarios y los sindicatos de vendedores informales?

FM: Los empresarios han empezado a comprender y a tener una mirada más lógica y más consciente. Para los vendedores sigue siendo problema de conquista de un lugar, y piensan en una solución inmediata. Por eso, el plan prevé ubicaciones temporales.

UNP: ¿En cuánto tiempo se podría disfrutar de una ciudad distinta?

FM: Ahora está en manos del Alcalde para que lo expida o no. Si se pone en marcha ahora mismo, en cinco años se podría solucionar el problema; la regularización y la modernización del comercio sería una maravilla para Bogotá, con un Centro recuperado, con un comercio más organizado, con más seguridad.

Si las ventas callejeras, sean éstas ambulantes o estacionarias, existen en mayor o menor grado en las ciudades, el propósito no debe ser erradicarlas del todo, lo que es un imposible social, económico y cultural, sino organizarlas y hacerlas manejables al armonizar su existencia con el ejercicio de derechos ciudadanos como la recreación, movilidad, información y cultura.

Una anécdota como reflexión. El tema de los vendedores ropavejeros de la Plaza España, afincados a lo largo de la calle 10, era la ocupación de espacio público más antigua de Bogotá. Hace dos años, un ahorro programado de mil pesos diarios -toda una fortuna para ellos- les permitió adquirir un lote y con el apoyo del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) y la Alcaldía, se convocó un concurso de arquitectura para hacer un centro comercial. Un domingo entregaron la Plaza y se trasladaron con la ayuda de dos bachilleres al lote mientras terminaban el centro comercial.

Gané el concurso y el centro comercial no es otra cosa que una calle, un espacio público diseñado para entronizarlos a la ciudad sin choques. Si usted va caminando en diagonal por el lugar, sin darse cuenta está por dentro del centro comercial. Es una estructura muy urbana que, entre otras cosas, debe estar por inaugurarse.