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UNP No. 74
Título : Paz en Colombia: ¿imperdonable perdón?
Autor : Zoraida Rueda
Sección: Nación
Fecha : Mayo 1 de 2005

Una matriz construida a partir de documentos oficiales, declaraciones de mediadores, la iglesia y sindicalistas, sirvió al profesor Fabián Sanabria para tomar el pulso de las credibilidades frente a la desmovilización paramilitar.

Paz en Colombia: ¿imperdonable perdón?

Tomando la distancia que se requiere para el análisis del proceso de negociación con los paramilitares, conceptualmente, el antropólogo Fabián Sanabria hizo un retiro literal y académico, que le permitió concluir que en lugar de tener una administración política del perdón, éste se les ofrece como prenda de impunidad.

Zoraida Rueda
Directora de Unimedios

Fabián Sanabria, actual director del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia llegó recientemente de París luego de haber pasado tres meses como profesor invitado de la Cátedra de Estudios Colombianos "Antonio Nariño" en la Universidad de París III, Sorbonne Nouvelle.

Allí dictó un seminario doctoral sobre el perdón, en el cual esbozó algunas consideraciones sociológicas a propósito de la credibilidad que internacionalmente puede tener la "Desmovilización paramilitar en Colombia". Con la participación de estudiantes de varios países (franceses, argelinos, brasileros, norteamericanos, y uno que otro colombiano), este doctor en Sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París realizó también un documental sobre la manera como se ve, desde el otro lado del mar, ese proceso que llamó Dar la muerte o el imperdonable perdón colombiano. El seminario se desarrolló a partir de una matriz informativa que desde hace dos años construyó para ilustrar ampliamente a los estudiantes del Instituto de Altos Estudios de América Latina, sobre la más controvertida negociación de paz que hasta el momento se ha desarrollado en Colombia.

UN ¿Cuáles son las nociones de perdón que existen y cuál es la que usted propone?

Fabián Sanabria: El perdón es una realidad social que parte del campo religioso; es fundamentalmente una administración de lo sagrado, y para las religiones del libro (Judaísmo, Cristianismo e Islam) nace de un mito que todos conocemos: el sacrificio de Isaac. De ese relato mítico que se encuentra en Génesis, la filosofía occidental ha realizado su propia exégesis: primero Sören Kierkegard, después Emanuel Lévinas, y finalmente Jacques Derrida. Y es de este último filósofo de donde surge la proposición: "El único perdón posible consiste en perdonar lo imperdonable", porque después de que el ángel detuvo a Abraham para que no sacrificara al "niño de la promesa", el Padre de muchas generaciones realizó un sacrificio silencioso para "perdonar a Dios", es decir, a quien supuestamente da todo perdón: cosa imperdonable. Por eso para el perdón se necesita silencio, pero no es un silencio cómplice, sino de plena conciencia del horror de lo ocurrido, de la tragedia griega que pasa, porque cualquier palabra sobra: ahí está el corolario del "si yo perdono lo que es perdonable, ¿qué sentido tiene el perdón como dispositivo ético?".

UNP: Entonces, ¿este mito es un referente?

FS: Efectivamente. No obstante, ese referente nos puede servir para inyectarle ética a la política.

UNP: ¿En qué sentido?

FS: En todas las formas religiosas, en todos los gobiernos, en todas las sociedades, siempre ha habido administradores de lo sagrado. Ellos han sido los gobernantes o los sacerdotes, y administran el poder y el creer. Ejercen lo que los jesuitas llaman una "economía de la salvación"; es decir, al administrar el perdón hacen una economía de ese "don sagrado" que solo lo pueden impartir los consagrados. Así los jefes de Estado, los sacerdotes, los chamanes, los curanderos, los curas, los obispos, etc., pueden perdonar a nombre de. Mas todo proceso de perdón, es pura economía. El problema, y ahí viene mi hipótesis, es que en Colombia ni siquiera hemos tenido economía política del perdón, sino pura contabilidad: aquí hemos confundido la economía con la contabilidad en el sentido de que se ha colado un modelo confesional (ya superado en la tradición cristiana), en donde en el último momento yo puedo perder todo o ganar todo, salvarme o condenarme. Es decir, si un segundo antes de morir "reniego de Dios", me voy a los profundos infiernos, así haya sido un santo en vida; pero si después de haber sido la persona más cruel de todo el mundo, en el último instante pido "perdón", me salvo. Eso es confundir la economía con la contabilidad, y es una contabilidad que abre compuertas a la impunidad.

UNP: ¿Ese es un punto que se filtró de lo católico (barroco español), a lo político en nuestra República?

FS: Sí, y en el proceso con los paramilitares eso ocupa mis reflexiones actuales. Encontramos que como la guerrilla no quiso "aceptar la mano tendida del gobierno Pastrana", entonces había que perseguirla para debilitarla y, débil, "vendría supuestamente a pedir perdón". Pero en el proceso con los "paras" es terrible, porque ellos nunca han sido perseguidos fuertemente, sino que están en posición de fuerza. Ellos mismos lo han dicho recientemente: "A nosotros no se nos está combatiendo; si nos han de mandar a la cárcel, volvemos a la guerra, y si nos van a poner a pagar un montón de penas y no nos dejan la posibilidad de estar en la sociedad civil y formar partidos políticos, adiós proceso". Los "paras" nunca empezaron el proceso pidiendo perdón, fue el gobierno, este gobierno, el que se los ofreció. Qué extraño: ¿Por qué dar lo que no se tiene, al que no lo quiere?

Según el antropólogo, la desmovilización relámpago, como la planteada con la entrega de armas, y otras acciones con matiz show, no van a acabar con el paramilitarismo.

UNP: Surgen entonces muchas objeciones...

FS: Sí, y hay cinco fundamentales. La primera tiene que ver con la desmovilización relámpago de 4.000 personajes: ¿hasta qué punto la sociedad colombiana acepta pagar el proceso de paz, desplazando a sus desplazados, y hasta qué punto le conviene económicamente a estos grupos lo poco que se les da, si se compara con cuánto ganan en lo ilícito? Segundo: ¿es creíble el espectáculo mediático de la "entrega de armas" si se observan las enormes dificultades de los procesos de reinserción? Tercero: ¿culminará el control de los paramilitares en las regiones y llenarán las Fuerzas Armadas los espacios que dejen "vacíos" las Auc? Cuarto: ¿es suficiente el proyecto de ley de "Justicia y paz" que se aprueba en el Congreso para garantizar la paz en Colombia? Quinto: ¿se podrá extraditar a los paramilitares si se les comprueban vínculos con el narcotráfico, o juzgar por la Corte Penal Internacional debido a sus crímenes contra la humanidad?

UNP: ¿Cuáles son las propuestas de solución?, porque entre cada objeción y cada crítica debe haber alguna salida.

FS: Primero hay que rescatar a los niños y jóvenes que se metieron en la guerra porque no tenían otra alternativa; debe dárseles educación y empleo. Segundo: es necesario coordinar las acciones locales y nacionales para una mejor desmovilización, con resultados que no repitan la historia del grupo Cacique Nutibara.

Tercero: se debe controlar el manejo de los paramilitares en las ciudades, nombrando gobernadores y alcaldes independientes, con mayor presencia del Estado. Cuarto: es irresponsable predicar que sin impunidad es imposible la paz en Colombia. Quinto: hay que extraditar a los narcotraficantes solicitados por otros países, al igual que entregar a los criminales que sean requeridos por una corte penal internacional.

UNP: Para el caso de los paramilitares, ¿eso equivaldría a un periodo de reflexión antes de perdonarlos o concederles un "estatus político"?

FS: El perdón requiere un "cara a cara", la presencia de las víctimas. Uno no puede pedir perdón con cuatro piedras en la mano, y eso es lo que ocurre en este proceso; yo digo que nació abortado y está mal hecho.

UNP: Para entrar al escenario mediático, ¿cómo se ha construido este proceso, cuáles han sido los actores, qué papel han desempeñado y quién ha sido el director?

FS: Se trata de un reality show que ya avanza y que demanda mucho. Evidentemente esto no se va a acabar, puede fracasar, y entonces se acabará el rating. Eso puede ocurrirle al presidente Uribe, y es probable que le ocurra si no mejora el programa y el guión. Lo que me parece tragicómico es la política colombiana: se mueve entre una administración feudal -tipo finca-, una administración de modernización dura -a lo César Gaviria-, y una administración posmoderna -a lo reality show-.

UNP: Pero pareciera que el proceso de paz aún tiene credibilidad.

FS: Sí, pero es una credibilidad que sube y baja dependiendo de la jugada que nos muestran en el próximo capítulo. Yo creo que andan desesperados diciendo "espere la próxima entrega", porque si no logran mantener esa tensión, típicamente artificial, todo fracasa. Con el proceso de paz le puede pasar al Presidente lo que le pasó con el referendo, a pesar de la supuesta audiencia que lo avalaba, fracasó; puede ocurrir que la gente simplemente cambie de canal y se vuelva indiferente, y eso ni siquiera será titular de primera página en los periódicos.

UNP: En su investigación se encuentran algunas representaciones que ha puesto a circular este Presidente en los medios. ¿Cuáles son?

FS: Si uno mira "verdad, justicia y reparación", es el cuello de botella del proceso. Recordemos las declaraciones del representante Benedetti ante los medios señalando: "No puede haber paz sin impunidad". Aquí pareciera que paz e impunidad tienen la misma afinidad electiva, los asimilan como equivalentes.

UNP: ¿Qué significa paz en esta lectura?, ¿qué representación de paz circula en los medios a partir de este proceso?

Si la sociedad colombiana está dispuesta a ayudar a los paramilitares, por la paz, ¿también lo está con los casi 2 millones de desplazados que hay en Colombia?

FS: La paz significa seguridad pública, no seguridad privada. El problema es que el modelo de seguridad democrática es un modelo privado. La paz tiene un contenido de tranquilidad, porque usted debería tener calidad de vida, empleo, salud y poder salir libremente a la calle sin que lo asesinen o lo secuestren.

UNP: Pero, ¿la paz tiene un contenido interior originalmente?

FS: Claro, pero no en un país donde el modelo a seguir es de carácter privado. Me aterra pensar en la manera cómo vive un celador en una caseta inhumana, obligado a hacer chanchullo con los que parquean irregularmente, para ganarse otro sueldo mínimo, que de otra manera no le pagan teniendo en cuenta que está arriesgando su vida. Ese es el modelo de seguridad que tenemos, cuando no debería haber hombres armados por fuera del Estado. Pero necesitamos el tipo "armado hasta los dientes", que infunda miedo, con un perro que puede morder. Ese es nuestro modelo, pura seguridad privada.

UNP: Las corresponsabilidades son altas, ¿qué papel, por ejemplo, desempeñan los medios en esta construcción de paz?

FS: Son cómplices cuando la paz se trata de manera light, cuando, para que el proceso llame la atención y venda, ponen a una niña de notas secretas para que haga el cubrimiento de Santa Fe de Ralito. Esto no es serio.

UNP: Bueno, la otra cosa es que se está pensando nuevamente en valores religiosos, morales...

FS: Ojalá, porque hoy abundan los valores religiosos y morales de nolugar, valores religiosos de imágenes que puede uno encontrar en Calvin Klein. Es una religiosidad y un sistema de creencias mediatizado. Hoy las creencias están basadas en el proverbio: "una imagen vale más que mil palabras".

UNP: Pero además, ¿cómo es el tema de los significados? Es importante saber cómo se logra que la gente decodifique lo que se quiere significar con el tema paz, seguridad, ¿cómo se ha logrado esto?

FS: Hay una cosa que me gustaría decir a los lectores: aprendan a sospechar de lo evidente, porque lo evidente no es tan evidente; uno no puede "almorzarse el sentido común" ni arrancarse del sentido común, tiene que sumergirse a fondo en él, ver todos sus haces, enveses, caras, cruces, sellos. Todo. Y cuando uno ve todas las facetas de cómo se construye el sentido común, si bien se sigue llevando. por lo menos se toma distancia de él: esa es la posibilidad que deberían ofrecer los medios, mostrar todas esas facetas. De golpe mostrar cómo se maquilla el Comisionado de Paz antes de salir al show en Santa Fe de Ralito; si alguien mostrara eso, definitivamente todo se caería. Si alguien mostrara el detrás de cámaras del reallity, y no solamente hablo del show del proceso de paz, sino el detrás de cámaras de cualquier reallity show, la audiencia se cae.

UNP: ¿Cómo se puede lograr que se deslegitime el proceso de paz con la guerrilla que no pidió perdón, y sí que se impulse ante los medios y ante la sociedad el proceso de paz con los paramilitares que tampoco piden perdón?

FS: Es la misma cosa, lo que me temo es que no se revise lo recorrido; el núcleo de esto es la ley de justicia y paz que no valdría solo para los paramilitares, valdría para cualquier grupo armado que requiera perdón y que pida perdón. Si eso no se hace en serio, el fracaso del proceso de paz con la guerrilla del presidente Pastrana será el fracaso del presidente Uribe, y le costará su reelección.

UNP: ¿A quién tendrían que pedirle perdón los paramilitares? Por ejemplo, el desaparecido Castaño en una entrevista por televisión pidió perdón a Dios.

FS: El problema es que ahí Dios es una abstracción; se requería una necesaria confesión de a quiénes mató, y a cuántos y en qué condiciones. Eso fue lo que ocurrió en África, entre otras cosas, tanto que a una mujer alguien le dijo: "Yo le maté a su marido, entonces, ¿usted me perdona?", y ella respondió: "Yo no lo puedo perdonar, el único que lo podría perdonar sería mi marido y él está muerto", luego el único perdón posible es perdonar lo imperdonable. pero hubo confesión y ahí estaba Desmond Tuto que era un mediador y administró todas esas comisiones. En Colombia estamos a años luz de que se cuente con las víctimas, eso es una terrible irresponsabilidad; por eso, lo primero a perdonar es este imperdonable perdón.

UNP: ¿Y eso es concluyente?

FS: Sí, lo primero que los colombianos debemos perdonar -censurándolo en las urnas- es este proceso de paz, porque busca legitimarse algo que a todas luces es ilegítimo. Por eso hablo del "imperdonable perdón" que, dicho de otro modo, es reconocer las contradicciones que implica "Dar la muerte" en Colombia.