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UNP No. 87
Título : Human Security: opción diplomática para el siglo XXI
Autor : Carlos Alberto Patiño Villa*
Sección: Sociedad
Fecha : Febrero 6 de 2006

Más de 800.000 personas mueren anualmente, víctimas de distintas formas de violencia y confrontación bélica.

Human Security: opción diplomática para el siglo XXI

El planteamiento de una nueva forma de relación con los estados ha llevado a Canadá a probar una diplomacia consecuente con los conflictos que dominan el mundo contemporáneo, omitiendo en todo momento el uso de la fuerza.

Carlos Alberto Patiño Villa*
Profesor Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia.

Desde el inicio de la década del noventa, el mundo ha estado marcado por una fuerte reaparición de conflictos armados en una geografía expansiva, que en ocasiones ha parecido incontrolable. Los estudios de seguimiento a los conflictos armados, que abarcan conjuntos de datos desde final de la Segunda Guerra Mundial, como los emprendidos por el politólogo Peter Wallensteen, muestran que existe un quiebre entre los conflictos de la Guerra Fría y los del siglo XXI. Estos últimos van más allá del fantasma de la guerra interestatal, y se sitúan dentro del rango de los conflictos intraestatales, con un elemento: se desenvuelven dentro del complejo mundo de las diferencias étnicas, arrastrando a la vez aspectos de diferenciación cultural, convirtiéndose así en motivo de explosión violenta en la integración de muchas sociedades.

Paralelamente han reaparecido, en el ámbito de las relaciones internacionales, otras dimensiones altamente peligrosas para un mundo carente de contención: de un lado está la proliferación de armas de destrucción masiva, en especial las de tecnología nuclear, y luego las químicas, biológicas y convencionales; de otra parte, no ha sido menos complejo la aparición de un mundo multipolar, en donde los poderes occidentales tradicionales se ven restringidos a sus campos de acción institucional, que cuando han intentado construir un orden internacional con la fuerza, como en Irak, el fracaso aparece como consecuencia ineludible. Fracasos, a su vez marcados por asuntos -a menudo descuidados por diplomáticos, políticos y analistas-, como la cultura y la religión.

Otro de los elementos en el contexto de una creciente inseguridad internacional es el surgimiento de una geografía porosa de los estados, o dicho de otra manera, la aparición, en diferentes regiones del mundo, de estados incapaces de controlar las economías ilícitas y sus consecuencias de desinstitucionalización y fragmentación de los sistemas económicos y jurídicos. Es necesario, también, mencionar el papel del terrorismo como fenómeno transnacional; el desequilibrio persistente en el comercio internacional, agravada por la desigual difusión de las nuevas tendencias tecnológicas, científicas e industriales.

Este panorama conduce a una gran preocupación por la seguridad mundial, que se justifica en las más de 800.000 personas que anualmente pierden la vida, sumados diferentes conflictos, víctimas de distintas formas de violencia y confrontación bélica, y las más de 2.800 millones que se ven afectadas por la pobreza, pandemias como el sida, analfabetismo; la inoperancia de instituciones en proteger a los ciudadanos desarmados, y la aparición de regiones ingobernadas e ingobernables, en donde se han establecido formas de poder local no estatal, bajo la figura de "señores de la guerra".

Aciertos y tensiones

Ante este panorama, Canadá, una potencia de rango mediano, con un largo historial de éxitos diplomáticos e internacionales, ha impulsado, desde su Foreign Affairs, un programa denominado "Human Security", que utiliza tanto en sus políticas institucionales a nivel internacional, en especial en sus relaciones con la ONU, la OEA y el G8, como en sus iniciativas diplomáticas particulares, entre las que se cuenta el "Human Security Network", compuesto por una docena de países con acuerdos firmados y programas para promover los objetivos y las estrategias de la seguridad humana.

Human Security se enmarca en las denominadas iniciativas de soft power, cuya pretensión es promover una diplomacia de acuerdos entre Estados y sociedades, por fuera de las opciones y las condiciones de la diplomacia convencional normalmente dirigidas por el uso de la fuerza como elemento determinante. Pero la seguridad humana en este caso va más allá de la defensa de los derechos humanos o de la instauración de la Corte Penal Internacio nal. La diferencia radica en que mientras la diplomacia convencional sitúa en el centro de los asuntos de seguridad al Estado y la diplomacia institucional supraestatal se dirige a la defensa de convenciones como el DIH, la seguridad humana crea un concepto global de acción diplomática, preocupado por la vida de las comunidades humanas, puntualizando en no dejar aspectos sueltos ni desplazar responsabilidades.

La propuesta de la seguridad humana ha permitido establecer una agenda para la acción preventiva, que abarca, como mínimo, cuatro puntos: protección de los civiles que se convierten en objetivos de conflictos armados; apoyo a las operaciones de paz internacional, en especial cuando se trata de restablecer el orden democrático, instituciones estables y economías libres, caracterizadas por el comercio justo; la solución de conflictos, con mecanismos y mediaciones preventivas; y el establecimiento de mecanismos de seguridad pública, orientados al combate del terrorismo y el crimen internacional.

En algunas acciones sobre la seguridad humana, Canadá ha intervenido a favor de la protección legal y física de poblaciones civiles en Sierra Leona, creando condiciones de entrenamiento y educación de las fuerzas policiales de este país, atravesado por uno de los más graves procesos de desintegración del África de la Posguerra Fría. Otros programas con diferentes énfasis, pero enmarcados dentro de la seguridad humana, han sido promovidos en Afganistán y Rwanda, por medio del Canadem, un grupo de expertos canadienses desplegados en lugares y poblaciones que requieren protección y ayuda urgente. Además, el Human Security de Canadá se ha involucrado a fondo en sacar adelante la iniciativa sobre control de armamentos de corto alcance en el sur de Asia.

A pesar de esta iniciativa de Canadá, que fortalece una posición diplomática diferente a la de Estados Unidos , y que busca mecanismos internacionales de acuerdo por encima de las opciones de fuerza, para la profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Oxford, Jennifer Welsh, la seguridad humana se sitúa dentro de una tensión en la que por una parte es evidente el declive militar canadiense y sus fracasos en intentos de intervención en los últimos años -como en Sudán, donde perdió la iniciativa ante Gran Bretaña debido a la inmovilidad del ejército para grandes operaciones exteriores-, y, por otra, el asunto de conservar un planteamiento diplomático que le permita tomar un liderazgo internacional serio, pero que no lo lleve a una disputa con su principal socio estratégico, Estados Unidos, a donde van a parar más del 80% de sus exportaciones, y con quien, desde el 11 de septiembre de 2001, debe colaborar para disminuir las presiones del difícil cuidado fronterizo.

Este artículo se elaboró con la colaboración de Nicolás Maya Medina, estudiante de Economía de la Universidad de los Andes.