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UNP No. 87
Título : Elecciones 2006: novedad e incertidumbre
Autor : Alejo Vargas Velásquez
Sección: Política
Fecha : Febrero 6 de 2006

A pesar de los pronósticos de las encuestas, este debate electoral, más que cualquiera, solo se definirá en las urnas.

Elecciones 2006: novedad e incertidumbre

Dar pronósticos electorales para el doble debate que se avecina es arriesgado por la puesta en práctica de las nuevas reglas del juego, pero hay hechos innegables que subyacen a esa coyuntura. Análisis.

Alejo Vargas Velásquez
Profesor Titular de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia.

Las elecciones en una democracia, teóricamente, son el momento en el cual los ciudadanos son convocados, previo debate acerca de las opciones puestas a su consideración, a que decidan a quiénes escogen para que los representen en el Congreso -la idea es que estos represente la diversidad política de la sociedad-, y en un régimen político presidencialista a que definan quién va a conducirlos en su condición de Presidente. Por ello tienen la mayor significación, más allá de que es un hecho real que para una franja importante de ciudadanos, la política es algo que poco o nada los convoca.

El doble debate electoral, parlamentario y presidencial, copará el escenario político del primer semestre y el inicio del nuevo gobierno, el segundo. Pero, no se trata de unas elecciones más, las de Congreso y presidente del presente año estarán caracterizadas por la novedad de las reglas del juego y en esa medida la dificultad de hacer pronósticos de resultados, que en general toman como base las reglas del juego anteriores.

En las elecciones de Congreso, tendremos por primera vez las reglas derivadas de la reforma política de 2003, cuyos aspectos más relevantes son: lista única por partido político en cada circunscripción electoral, umbral que define qué listas entran a la distribución de curules, cifra repartidora que remplaza el anterior mecanismo de cociente y residuo y obligatoriedad de funcionamiento en bancadas para los congresistas electos, lo cual significa forzar a las negociaciones y funcionamiento por bancadas y reducir de manera fundamental el transfuguismo político que ha caracterizado el comportamiento de congresistas individuales en los últimos tiempos. Todos estos cambios implican propiciar procesos de compactación partidista, en la intención de fortalecer los partidos políticos; pero a decir verdad en muchos casos lo que se ha dado en el actual debate electoral son coaliciones electorales pragmáticas, una especie de "matrimonios por conveniencia" y realmente no procesos unitarios.

La lista única por partido político en cada circunscripción electoral será una de las principales novedades para las elecciones de Congreso

Algunos pronósticos

A pesar de lo difícil de hacer predicciones para una elección con reglas nuevas, podrían aventurarse algunos resultados. Todo indicaría que individualmente la fuerza política más votada seguirá siendo el Partido Liberal, pero con un producto alrededor de 25% de la votación total, seguido de las listas de Cambio Radical y del Partido Conservador con cifras cercanas al 20% cada una, y luego se situaría el Partido de la U con una votación ligeramente inferior al 20%. Uno de los grandes interrogantes es el Polo Democrático Alternativo, por cuanto los más optimistas hablaban de cifras cercanas al 15%, y los más pesimitas, que no superarán el 8%; es probable que el resultado de esta agrupación política esté alrededor del 10%, en lo cual influirá la imposibilidad de ampliar su alianza política con sectores más ubicados en el centro del espectro político.

El otro interrogante será el resultado electoral de otros movimientos uribistas como Colombia Democrática, la alianza Equipo Colombia-Alas y partidos como Mira, así como las listas que "apadrinarán" Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, buscando transferir a las listas parte de su prestigio político personal.

Lo anterior, le daría en principio, un control del Congreso a las fuerzas partidarias de la reelección del Presidente, pero la apuesta de las fuerzas opositoras -Partido Liberal y Polo Democrático Alternativo- es justamente lograr un resultado que altere esta posibilidad o que eventualmente haga menos desequilibrada la relación entre estos bloques, y en esto podrían contribuir las consultas internas que ambas fuerzas adelantarán para definir su candidato presidencial.

No todo está decidido

Las elecciones presidenciales, por su parte, estarán marcadas por el ensayo por primera vez de la figura de la reelección y la realidad en la cual los candidatos aspirantes se enfrenten a un Presidente-candidato con una gran cantidad de recursos de poder a su disposición y con una Ley de Garantías que en todo caso no logra modificar este desequilibrio. Es decir, tendremos en esta elección y en lo sucesivo un escenario en el cual ya no hay propiamente un Presidente que actúa, en su condición de jefe de Estado y de Gobierno -característica central del régimen presidencialista-, como garante de la transparencia y equidad del proceso electoral, sino que él será uno más en el proceso de competencia electoral, pero que cuenta con un desequilibrio a su favor evidente. Tendremos en lo sucesivo en la competencia presidencial, una igualdad formal acompañada con un desequilibrio real entre el Presidente-candidato y los demás aspirantes.

En principio, el desafío fundamental que tendrá el presidente Uribe es ganar en la primera vuelta presidencial, como en su primera elección y en apariencia los distintos sondeos de opinión lo pronosticarían -algunos consideran que justo éste es uno de los mecanismos con los cuales se manipula la opinión en su favor-, por cuanto si requiriera pasar a la segunda vuelta, ese sólo hecho significaría una derrota simbólica y además existe el riesgo real, en ese escenario, que las distintas fuerzas antirreeleccionistas se unan y eventualmente pudieran propinarle una derrota al Presidente-candidato.

Otros dos factores de incertidumbre que acompañarán los debates electorales de 2006 son, de una parte, el nivel de participación electoral de los colombianos -tradicionalmente la abstención ha rondado el 50% y ha sido un poco más alta para las de Congreso que para las de presidente- y la legitimidad que de allí se deriva para las autoridades electas; y de otra, la incidencia que sin duda buscarán tener los actores armados ilegales en los dos debates electorales y que no solo buscarán alterar la expresión libre de los votantes, sino incidir de manera sustantiva en los mismos -con mayores posibilidades en los ámbitos rurales y regionales y con menos probabilidades en los grandes centros urbanos-.

Adicionalmente, es probable que los actores guerrilleros incrementen su operatividad militar durante este periodo, para lograr, según ellos, incidir en la opinión y sin duda, para tratar de mostrar su presencia en la escena política nacional; pero no parecen reales algunas predicciones un poco catastrofistas que hablan de grandes ofensivas militares.

Todo indica que ni en las elecciones congresionales ni en las presidenciales, los resultados estén decididos de antemano. La gran ausente hasta el momento de todo el debate electoral, es justamente la controversia de las propuestas.