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UNP No. 87
Título : Las opciones de Evo Morales
Autor : Giovanni E. Reyes
Sección: Análisis
Fecha : Febrero 6 de 2006

 

Las opciones de Evo Morales

A primera vista, la llegada a la presidencia de un mandatario de origen indígena parece corresponder al espíritu de la nación boliviana. No obstante esa esperanza política cobrará contenido real si logra sentar los cimientos de un proyecto a largo plazo que mantenga distancia con lo que el autor llama "la izquierda borbónica".

Giovanni E. Reyes
Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacio nal de Colombia.

La elección de Evo Morales es toda una esperanza. Los indígenas bolivianos han tenido que soportar más de 500 años para poder llegar a la presidencia de su propio país, condenados como han estado, a una historia de despojos e injusticias, han sido extranjeros en su propia patria. No se trata de que ahora las cosas vayan a cambiar intempestivamente.

En un periodo presidencial no se pueden resolver laberintos casi milenarios, pero la esperanza se abre paso en un país donde las crisis permanentes han sepultado las posibilidades de nuevos días. Evo Morales tiene ahora la posibilidad de crear cimientos, de enderezar rumbos, de fortalecer procesos en favor de abrir oportunidades especialmente para los sectores más vulnerables y empobrecidos.

El factor clave como en todo gobierno, es la administración de los recursos, el aprovechamiento de las oportunidades y el manejo de los riesgos que enfrenta un país. Lo fundamental será cómo administre Morales sus opciones. Las mismas se ubican en un espectro que va desde la posición de la izquierda anacrónica, borbónica; hasta la izquierda moderna, la que es heredera de las milenarias luchas de los pueblos por la justicia social, pero que no desprecia la eficiencia. La que reconoce la competitividad y se inserta en el desafiante nuevo escenario de la globalización actual.

Es de recordar que el colapso del "socialismo real", al estilo soviético, tuvo entre sus causas, además de otros factores, la baja productividad, insuficiencia de trabajo innovador y el enfrentamiento armamentista desde occidente. Existen componentes que un país no puede controlar, pero en los que sí es determinante la voluntad propia; estos constituyen la plataforma desde donde se puede transformar lo que es potencial en real. Con ello se da contenido al desarrollo de oportunidades y se abren posibilidades de mejora en la vida de los grupos sociales.

Matices en la "ola" izquierdista

Los medios de prensa hacen eco de la "marea izquierdista" que se presenta en Latinoamérica. Las sociedades están optando por nuevos actores políticos. Razones para ello existen. Es evidente que los pueblos han ido perdiendo la paciencia. Las nuevas democracias del continente surgieron a principios de los años ochenta, zarpando de los puertos casi destruidos que dejaba tras de sí la ola de regímenes militares, tan sangrientos y represivos como ineptos en la administración de la cosa pública.

La gente de a pie no vio que se le abrieran oportunidades, salvo para los sectores que en la escalera de lo político llegaron a tener nuevas posiciones de ascenso social y abultadas cuentas dolarizadas en bancos extranjeros. De allí que la población opte más por castigar a los políticos que olfatea como tradicionales, que a exigir credenciales administrativas a los nuevos dirigentes. En muchos casos se impone la mezcla de voto castigo con voto útil, más que el discernimiento de los nuevos administradores.

Sin embargo, hay matices. Una cosa es el provocador discurso de Chávez en Venezuela, y otro el caso de Lula en Brasil, un trabajador mecánico cuyo primer título fue el de ser presidente de su país. Allí está también la cautela de Tavaré Vásquez, presidente uruguayo, y las posiciones de quien será la primera presidenta chilena, Michelle Bachelet.

Con la mayoría de población indígena, Bolivia se dispone a probar un gobierno que combine las necesidades de sus habitantes con una política de eficiencia productiva.

Aún con las excepciones, en Venezuela existen grupos de "izquierda" anacrónica, borbónica. Pueden mantenerse debido al petróleo; algo que si usted tiene, se lo arrebatan en el mercado, y que contrasta si lo que se vende es café, banano o azúcar.

A los precios actuales del petróleo internacional, el gobierno chavista tiene de ingreso bruto 4.7 millones de dólares por hora, 24 horas al día, 365 días al año. Es obvio que una inundación de dólares, aguanta para que la ineptitud se haga gobierno. No es raro que los petroestados deban mantener corrupción recurrente. Aún cuando en ese medio se trate de atender a los grupos pobres que fueron marginados durante 40 años. En ese tiempo, los desheredados de la Venezuela saudí, en general, se limitaron a ver cómo transitaban los dólares frente a sus ojos, a veces en el mercado suntuario del "jet set nativo" venezolano y, en muchos casos, en la cuantiosa fuga de capitales al extranjero.

Este último punto es muy importante. Considerando la cantidad de dólares que han salido de los mercados latinoamericanos para engrosar las cuentas de los bancos externos, y teniendo presente la deuda externa latinoamericana que para 2006 ronda los 730.000 millones de dólares, es posible ver cómo muchos de los principales acreedores de esa deuda están dentro de la región. Aun que el asunto de la deuda externa no salte a los titulares de la gran prensa internacional, el costo es grave para los latinoamericanos. No es "problema" porque la región "se porta bien". La evidencia emerge cuando surgen las moratorias, y se ven afectados los acreedores.

Lo que se demanda en las sociedades latinoamericanas es crecimiento económico que se traduzca en ampliación de oportunidades en el empleo, de mayor capacitación y educación, y que al menos detenga, si es que no revierte, el desastroso uso de nuestros sistemas y recursos naturales. Se demanda un crecimiento económico que no solo sea bueno para la macroeconomía, sino que desemboque en mejora de calidad de vida para las personas.

Evo Morales tiene ante sí un reto histórico, una demanda de colosales dimensiones, tanto por las necesidades milenarias de su propio pueblo, como por las expectativas que generó su recién terminada campaña política. Optar por posiciones de la izquierda anacrónica, con toda la demagogia y la dependencia que se puede crear de factores no controlables, es destruir esta oportunidad esperanzadora para Bolivia.

La vía es generar posiciones progresistas, eficaces, donde la eficiencia productiva, se acompañe de la justicia social que crea mejores oportunidades, la que amplía las capacidades de las gentes. Es la vía de la "izquierda moderna". Es la opción de la equidad que se concreta en el trato justo de las diferencias. Puede que de esta manera los logros no sean tan espectaculares, pero se establecen consistentemente, los cimientos de un proyecto a largo plazo. Eso distingue a los estadistas de los demagogos de siempre, que en nombre de ideales hambrean a los pueblos; que en favor de la "soberanía" amasan fortunas, a la sombra de la impunidad y la injusticia.