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UNP No. 87
Título : El gobierno de Ricardo Lagos y su continuidad
Autor : Hugo Fazio Rigazzi
Sección: Internacional
Fecha : Febrero 6 de 2006

 

El gobierno de Ricardo Lagos y su continuidad

A pesar de estar ponderada como una de las economías más sólidas de América Latina, el último de los tres mandatos de la Concertación en Chile -el de Ricardo Lagos-, es el que presenta los indicadores más deficientes. Con todo y eso su sucesora, Michelle Bachelet, prometió seguir el mismo camino.

Hugo Fazio Rigazzi
Director Centro de Estudios de Desarrollo (Cenda), Santiago de Chile

Entre las tres administraciones de la Concertación, al momento de asumir la presidencia Ricardo Lagos en el año 2000, la suya se planteaba como la más progresista. Sin embargo, se produjo una acentuación en la aplicación del modelo económico, impulsando los procesos de apertura económica y comercial, renunciando a un proyecto nacional, incrementando los niveles de desregulación y concentración. De los tres gobiernos concertacionistas fue el más tradicionalista en buscar materializar las ideas del Consenso de Washington. Suscribió, sin poner mayores condiciones, el TLC con Estados Unidos, introduciendo amarres en la imposición del modelo y alejándose unilateralmente, en los hechos, de la región.

La identificación con el modelo neoliberal fue tan profunda que Lagos designó en la presidencia del Banco Central a uno de los exponentes chilenos más ortodoxos de ese pensamiento, Vittorio Corbo, generando una mayoría de derecha en la composición de su directorio hasta cerca del final de su mandato. Corbo se encuentra nominado como presidente del Banco hasta 2008, la mitad del próximo periodo presidencial. La gravedad de este paso se nota cuando se tiene en cuenta que las decisiones macroeconómicas fundamentales se entregan a los bancos centrales, quienes en el marco ideológico dominante ponen su atención prioritariamente en la inflación, dejando en un plano secundario los temas de empleo y crecimiento.

Imagen de la huelga de la Empresa Nacional del Carbón en una de las minas más grandes de Chile, que debió sortear Lagos tras el despido masivo de trabajadores.

Estos criterios han llevado a expandir la idea de que en el país se logró un amplio consenso en temas económico-sociales y que existiría una especie de "verdad" única, que es imposible de darse en un terreno en que los intereses de capas sociales diferentes son contrapuestos. El gobierno de Lagos, a pesar de su militancia socialista, continuó sin poner en el tapete de la discusión los intereses y contradicciones políticas o sociales, que cualquier sociedad capitalista presenta.

Esta política de consensos no produjo el crecimiento esperado. Entre los años 2000 y 2005 el nivel de incremento promedio del periodo llegó a una tasa anual de 4,4%, claramente inferior a los dos gobiernos de la Concertación anteriores: 7,8% promedio durante el gobierno de Aylwin y 5,5% en el de Frei. Desde luego, influyó negativamente el cuadro deprimido de la economía mundial a comienzos de la presente década, pero, posteriormente, en 2004 a nivel global se tuvo un crecimiento elevado, para descender un poco en 2005.

Comparativamente, el crecimiento mundial en promedio, durante el gobierno de Lagos, fue superior al de los anteriores gobiernos de la Concertación. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en su periodo el crecimiento global fue de 3,9%, mientras que en la administración Frei fue de 3,7% y en la de Aylwin , 2,4%. Los términos de intercambio fueron superiores en 14,5% al promedio de las anteriores tres décadas (1975-2005), en estas circunstancias la progresión de Frei fue de 2,2%, y en el mandato de Aylwin sufrió una caída del 7%. "No puedes hacer equivalente -comentó el ministro Eyzaguirre, al hacer una comparación de las cifras de los tres gobiernos- la medición de una carrera con viento a favor y otra con viento en contra". Tanto el nivel de crecimiento de la economía mundial como la evolución de los términos de intercambio indican, sin embargo, que los vientos evolucionaron en condiciones más favorables y que no se supo aprovecharlos. Las condiciones internacionales hacían posible un incremento en la actividad económica superior.

"En las estadísticas de los tres gobiernos de la Concertación -escribió el economista Enrique Goldfarb, columnista de Estrategia- aquel que ha demostrado peor desempeño es el de Ricardo Lagos. Sin embargo -agregó-, Lagos hizo todo lo que supuestamente demandó la 'sana doctrina'. Se abocó a un superávit estructural, dio plena independencia al Banco Central y dejó al mercado operar libremente ante las olas de despidos de empresas en fase de reestructuración. De presunto enemigo de las grandes empresas, se transformó poco menos que en su líder". La "sana doctrina" es la que surge de la aplicación del modelo. Por ello mismo, las estadísticas económico-sociales son particularmente desfavorables. La misma situación, de bajo crecimiento mundial, se produjo en los inicios de los años noventa.

Michelle Bachelet recibió de manos de Ricardo Lagos, el solio presidencial y las herramientas para continuar el modelo económico.

Los menores niveles en este indicador, con relación a periodos económicos anteriores, es una constante en el modelo económico neoliberal.

¿Por qué no puede crecer más la economía chilena con una situación de términos de intercambio extraordinariamente favorable? La respuesta conduce a visualizar de manera crítica las políticas macroeconómicas seguidas. Se privilegió una visión estrecha de "equilibrios macroeconómicos", reducidos en lo fundamental al logro de tasas de inflación bajas y un manejo fiscal que disminuye el uso de los mecanismos de gasto público; se propició la apertura comercial y el movimiento de capitales, así como entender al mercado en el rol de asignador prioritario de recursos, lo cual visto desde otra perspectiva, significa reducir el papel de los Estados.

Del empleo y otros índices

Durante su administración, Ricardo Lagos tuvo como ministro de Hacienda a Nicolás Eyzaguirre Guzmán, siendo así el personaje con más años en ese cargo en la historia de Chile, al que llegó después de desempeñar la función de representante del país en el FMI. Este paso entre funciones ministeriales claves en el país y la participación en el Fondo no es una casualidad. El FMI siempre presiona para que los ministros de Hacienda latinoamericanos sean personeros de su confianza. Con el gobierno Lagos consiguió plenamente su objetivo.

Durante el sexenio, la tasa de desocupación -incluso tomando como base las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE)- permaneció elevada, registrando un promedio anual de 8,8%. El periodo finalizó con un nivel de desempleados superior en 1,7 puntos porcentuales al año previo a la recesión de 1998. Fueron las tasas de desempleo más altas alcanzadas durante los tres gobiernos de la Concertación. En los periodos de Aylwin y Frei promedió 7,3%. En ello fue determinante la reducción del empleo en el sector transable de la economía, o sea los bienes que pueden comercializarse internacionalmente, a pesar de la expansión experimentada por las exportaciones. El empleo en este sector es similar al existente a finales de los años ochenta, en otras palabras, al finalizar los años de dictadura.

El ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre Guzmán (derecha) ha sido el personaje que más ha durado en ese cargo en la historia de Chile y, en consecuencia, actor de primera línea en el comportamiento económico de su país.

Las empresas exportadoras son poco intensivas en el uso de mano de obra, mientras que las empresas abastecedoras del mercado interno enfrentan la competencia en condiciones desventajosas con productos importados, por la política de reducción arancelaria y de "libertad" cambiaria seguida. De otra parte, las exportaciones se encuentran fuertemente concentradas en pocas empresas y solo en determinados rubros. Las pequeñas y medianas empresas, a pesar de constituir, en el año 2005, el 64% de las unidades exportadoras, solo representaron un 9,2% de las ventas efectuadas. Por su parte, la variabilidad cambiaria constituyó un freno para incrementar las exportaciones de bienes con mayor valor agregado.

Una característica de ese sexenio fue la alta volatilidad del tipo de cambio entregado totalmente a los flujos de divisas proveniente tanto del movimiento comercial como de capitales. En el año 2000, el dólar en el promedio anual fue de $539,49, registrando su nivel más bajo en marzo ($504,38). La paridad más elevada en el periodo se produjo en 2003, cuando se dio un promedio anual de $691,40, con un nivel mensual en febrero de ese año de $745,21, el más alto en el periodo analizado. En 2004 y 2005, vinculado al boom exportador, la moneda nacional se revaluó. Durante el gobierno Lagos se intensificó la reestructuración de la configuración productiva. El empleo en el sector transable descendió.

La cuarta parte de los empleos creados en el último año de gobierno, fueron del sector público, en un alto porcentaje en programas de emergencia, y unos 110.000 se generaron en el sector de servicios personales y comerciales, que es extraordinariamente heterogéneo y con altos niveles de precariedad.

La prolongación del modelo

La reducción de los aranceles y la alta volatilidad cambiaria produjo, en particular, el reemplazo de la producción destinada al mercado interno por importaciones. Los aranceles que se encontraban en un nivel promedio de 15%, al terminar el periodo de la dictadura, continuaron descendiendo, para llegar a 7,3% en 1999 y a cerca de 2% en 2005, al disminuir unilateralmente la tasa general y suscribirse una multitud de acuerdos de "libre comercio". En 1999, el arancel promedio efectivo era de 7,5%.

La apertura al libre movimiento de capitales no se tradujo en modificaciones sensibles en el nivel de reservas internacionales. En el periodo del gobierno Lagos, la fluctuación estuvo entre los US $14.400 millones registrados el año 2001 a los US $16.016 millones de 2004. El escaso movimiento de capitales de corto plazo hacia los países latinoamericanos, luego de la crisis en el sudeste asiático, condujo a que no se produjese un fuerte incremento de ellos, como tampoco salidas pronunciadas de recursos financieros.

Ricardo Lagos finalizó su mandato con un grado de apoyo a su gestión extraordinariamente elevado, según las encuestas de opinión pública. En ello influyó el reconocimiento a su capacidad como gobernante; su apoyo dentro de las fuerzas integrantes de la Concertación, que según las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005 constituyen la mitad del universo electoral, así como que sectores muy amplios de derecha se sienten totalmente representados por las políticas aplicadas durante su gobierno.

El "consenso" respecto del modelo económico se expresó plenamente en los debates previos a la segunda vuelta electoral que finalmente condujo al triunfo de la candidata de la Concertación, Michelle Bachelet. Los economistas de ambos bandos se esmeraron por encontrar diferencias, pero "al final" se remitían, como constató El Mercuriopacidad de liderazgo, calidad de los equipos, gobernabili, a la "cadad que ofrecen las coaliciones y otras características por el estilo. ¿Cambiar el modelo? ¿Abandonar políticas neoliberales? ¡Nada de eso pasa en Chile!".

Esa fue la visión igualmente de los "analistas" de Wall Street, a los cuales recurren los grandes medios de comunicación. "El mercado -destacó, por ejemplo, el economista de BCP Securities, Walter Molano- no ve grandes diferencias entre los candidatos. Ambos están siguiendo el mismo modelo económico -agregó-, la diferencia son detalles mínimos". "Nos parece -dijo a su turno, antes del 15 de enero Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs para América Latina- que hay un grado de consenso muy elevado. La economía local posee reglas claras, por lo que si gana uno u otro candidato no implicará un quiebre en las políticas, sino más bien una continuidad".

Luego del triunfo de Michelle Bachelet, el continuismo de la política económica fue expresado claramente por la propia presidenta electa en su discurso, al conocerse el resultado de la segunda vuelta electoral. "Tres décadas de altibajos económicos -manifestó-, construiremos una economía vibrante, que muchos quieren imitar. Los chilenos estamos orgullosos de lo que hemos logrado y ¡vamos a seguir este camino!".

En otras palabras, se expresó el amplio consenso construido durante la administración Lagos y que se sigue proyectando a futuro.