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UNP No. 87
Título : Paredes que ayudan a cumplir sueños
Autor : Yolima Suárez Quiroga
Sección: Ciudad
Fecha : Febrero 6 de 2006

Una sana convivencia y tener buenos promedios es el único requisito para que los estudiantes permanezcan dentro de la fundación.

Paredes que ayudan a cumplir sueños

Un ejemplo de cómo una empresa se ha tomado en serio el compromiso de ayudar otorgando vivienda a jóvenes universitarios para que puedan estudiar.

Yolima Suárez Quiroga
Asesora Dirección de Bienestar de la Universidad Na cional de Colombia.

Pedaleando en su bicicleta, Hugo Armando Olave va y vuelve todos los días a la Universidad Nacional , para asistir a sus clases de cuarto semestre de Medicina. Al ritmo de su marcha, durante 20 minutos promedio en cada recorrido, repasa sus proyectos de ser médico, viajar al exterior a especializarse en cardiología y llegar a ser profesor. Atrás quedan los recuerdos de su llegada a Bogotá. Con escasa ropa, pero con muchas ilusiones viajó en compañía de su padre, desde Mitú, Vaupés. Después de algunos días y de mucho preguntar y tocar puertas, una joven les dio referencias de la Fundación Hogar de los Abuelos. Desde entonces y por dos años, este ha sido su hogar.


Como Hugo, en la fundación hay 22 jóvenes universitarios, 14 de la Universidad Nacional, procedentes de todas las regiones del país que han llegado a la capital con deseos de convertirse en profesionales. Por referencias de otros estudiantes que ya han terminado su carrera o gracias a la intermediación de la Dirección de Bienestar Universitario, se han beneficiado con el alojamiento en uno de los apartamentos que una compañía constructora ha adquirido para dar vivienda a estudiantes de escasos recursos de fuera de la capital.

"Nuestro interés siempre ha sido el de apoyar a personas vulnerables, como niños desamparados, adolescentes o jóvenes universitarios, como en este caso", señala María Helena Benítez, directora del Hogar. "Mi padre, Jaime Benítez Tobón, quien era de provincia, tuvo que viajar a Manizales a estudiar, y estando allí sintió en carne propia lo que significa llegar a una ciudad desconocida y lo difícil que es afrontar la vida cuando no se cuenta con ningún apoyo. Esto lo llevó a pensar que si a estos muchachos, que hacen un esfuerzo tan grande por pasar a la Universidad, se les brinda al menos la posibilidad de tener un lugar digno donde vivir, ésta no sería más una excusa para dejar de estudiar".

Así, desde 1991 se conformó este programa para el cual se adquirieron tres apartamentos dentro de uno de los conjuntos residenciales construidos por la empresa familiar. Durante estos 13 años, han pasado por el hogar más de 150 jóvenes, quienes no solo han culminado con éxito sus carreras, sino que se han especializado o inclusive han viajado al exterior.

"Tuvimos varios estudiantes que actualmente se encuentran estudiando en Inglaterra, Estados Unidos, Venezuela, Brasil y Alemania". Tal es el caso de Javier Madroñero, proveniente de Pasto, quien tuvo el mejor puntaje del Icfes y fue uno de los ganadores de las Olimpiadas de Matemáticas y Física. Él permaneció cinco años en la Fundación, tiempo en el cual realizó su carrera y Maestría en Física en la Universidad Nacional. Posteriormente consiguió una beca para un doctorado en Física de Sistemas Complejos en el Instituto Max Planck (Alemania) y ahora acaba de iniciar su segundo posdoctorado en la Universidad Tecnológica de Munich.

Contar con una vivienda digna es el principal aliciente de estos jóvenes para esforzarse por llegar a ser profesionales.

Exigencia compartida

Actualmente, la situación del país y las mismas circunstancias que rodean a las familias colombianas, han hecho que al Hogar lleguen solicitudes de jóvenes con muchos deseos de superación, pero que presentan problemas de toda índole. Aunque la Fundación les provee apartamentos debidamente amoblados, con cama, cocina equipada, muebles de sala y comedor, computadores e impresoras, a cambio de un arriendo equivalente a una décima parte del salario mínimo legal, suma que se destina para el pago de los servicios públicos, lo cierto es que muchos de ellos llegan a no tener ni para desplazarse en bus, pagar sus fotocopias y libros, y en muchos casos ni para el sustento diario.

"Hemos tratado de conseguir apoyos con otras entidades, para que los empleen en oficios de empacadores, o en ventas durante los fines de semana; otros consiguen dictar clases en el conjunto residencial en las materias que son su fuerte, como matemáticas, inglés y química. Pero no es fácil por su ritmo de estudio, y por la exigencia de mantener sus promedios altos, realmente la principal condición para permanecer en el Hogar", aclara Benítez.

Convivencia que enriquece

Los jóvenes conviven en un ambiente de camaradería y respeto por el otro, más allá de las exigencias de las normas; algunas de estas son: conservar en buen estado los elementos con que cuenta el apartamento, compartir labores de aseo y limpieza general, mantener una conducta adecuada, y tratar con cortesía y respeto a los compañeros y demás personas que habitan el conjunto. "No pretendemos que no haya problemas. Por su procedencia y su misma edad sabemos que estos se presentan, pero siempre pensando en la posibilidad del diálogo y la tolerancia posibles", agrega María Helena, quien mantiene contacto permanente con los muchachos. "Queremos inculcarles que más que una firma que les provee un lugar de vivienda, somos una familia, que no nos pierdan el respeto como personas, porque les ponemos la cara y eso es lo que permite una verdadera retroalimentación".

Este compromiso social de una empresa y de todo un grupo de personas se traduce en bienestar para unos jóvenes y quizá en la única oportunidad para que ellos puedan estudiar. Una labor que supera el asistencialismo con que muchas veces se confunde el compromiso social empresarial y se traduce en corresponsabilidad. "Es muy común que la gente quiera ayudar ante una emergencia o fecha determinada, una catástrofe o en la Navidad; pero lo realmente importante es lo que se hace en el largo plazo, lo que arroja frutos, como en esta Fundación, donde además de ofrecernos la vivienda, contamos con el respaldo de alguien que nos escucha y se preocupa por nosotros como seres humanos", comenta Nubia Alonso, estudiante de décimo semestre de Contaduría.

Un compromiso social que deberían imitar más empresas y otros sectores de la sociedad, porque las necesidades de estos jóvenes, provenientes de Cartagena, Saravena, Leticia, Fresno, Sibundoy, Guajira y de casi todos los rincones del país, en materia de ropa, útiles, libros y comida, no dan espera.