Nedstat Basic - Free web site statistics .

UNP No. 87
Título : " América no solo ha virado a la izquierda sino al populismo"
Autor : Danilo Moreno Hernández
Sección: Entrevista
Fecha : Febrero 6 de 2006
La democracia en América Latina ha sido uno de las principales preocupaciones de Jon Lee Anderson como ciudadano y uno de sus temas predilectos en el ejercicio del periodismo.
" América no solo ha virado a la izquierda sino al populismo"

Jon Lee Anderson se ha convertido en uno de los cronistas más importantes para Occidente. Dentro de sus perfilados se encuentran Augusto Pinochet, el presidente Charles Taylor de Liberia, el rey Juan Carlos de España, Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Hugo Chávez, entre otros. Escritor permanente de la revista The New Yorker, ha elaborado una de las biografías más sólidas sobre Ernesto Guevara : El Che. En su libro más reciente, La caída de Bagdad, cuenta el drama de la guerra en Irak. A finales del año pasado, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano organizó un taller con el reportero norteamericano, y en alguno de los espacios, concedió esta entrevista para UN Periódico.


Danilo Moreno Hernández
Profesor Instituto de Estudios en Comunicación (Ieco) de la Universidad Nacional de Colombia

UN Periódico:
¿Cómo ve el avance de la democracia en América Latina?

Jon Lee Anderson: Los años cincuenta y sesenta se pudieron catalogar como el momento de un despertar, de una nueva generación que rompería los esquemas con los que América Latina vivió desde el final de La Colonia. Ese brote revolucionario generó dinámicas, que a su vez produjeron una suerte de dictaduras militares, producto, incluso, de la Guerra Fría. Posteriormente , si bien vino la "era de la democracia", más bien se dio una especie de fraude. La mayoría de los protagonistas de la guerra fueron amnistiados y los crímenes cometidos por las dictaduras terminaron en la impunidad. Eso fue como un envenenamiento de las sociedades.

Además, la idea de una sociedad civil fuerte no se dio, en gran medida por la corrupción de los gobiernos. Muchos de éstos echaron a perder el significado del término democracia, por la penalidad -e impunidad- de su actuación en el poder.

UNP: En la actualidad se habla del viraje de América Latina hacia la izquierda. ¿Cuál es su opinión de este proceso?

JLA: Diría que no solo hacia la izquierda, también hacia el populismo, que ha sido un fenómeno de América Latina, ante la falta de una sociedad cívica y de partidos políticos verdaderamente democráticos. La gente en general tiende a apoyar líderes carismáticos, que prometen un futuro radicalmente mejor, que les pintan un mundo en blanco y negro o que asignan culpas a determinados enemigos y virtudes a supuestos aliados. En un momento de crisis económicas como la actual y de grandes dificultades sociales, es fácil entender este fenómeno: la vuelta a la izquierda.

Lo interesante es que en realidad son propuestas que sacan un poquito de lo que fue la izquierda de la antigüedad, pero intenta nuevos caminos. Y en ese contexto, aparece una vez más la sombra del imperio, de Estados Unidos como un país bélico, intervensionista, que produce una relación incómoda para América Latina; el imaginario del imperio toma otra vez fuerza. Entonces, algunos asumen contraposiciones, porque aparentemente hay un mal que lo explica todo. Así, las políticas de izquierda y los movimientos antiglobalización, emergen como un antídoto, aunque no están muy bien formalizados.

UNP: En ese contexto, ¿cómo ve a Colombia?

JLA: Es un país muy difícil de definir. Se distingue por tener todos los males y todas las virtudes de América Latina en grande. Tiene los dos extremos y en dotes exageradas. Desde la guerrilla, el narcotráfico, la corrupción, la impunidad, la miseria, la riqueza. De alguna manera es como la máxima síntesis de Latinoamérica. Pero lo que tiene Colombia, que la salva de una desgracia mayor, es una idiosincrasia muy fuerte. Los colombianos tienen un gran arraigo por su tierra, un gran orgullo de sus tradiciones; están marcados por un fuerte colombianismo, y eso es una virtud antes que un defecto.

Ahora, los problemas son muy grandes, la guerra que se libra hace más de 50 años "chupa" su economía, daña la psiquis de la gente, tiene efectos dañinos, colaterales. Es obvió deducir de dónde vino la violencia, y cuando una población es propensa a utilizarla (aunque no sea por razones políticas, sino por cualquier cosa, como lamentablemente ha llegado a ser en Colombia), se convierte en un país muy complejo.

A diferencia de otros lugares, donde la gente tiende a irse, en Colombia se siente el arraigo. No quiere decir que no haya colombianos que no se marchen. Pero muchos se quedan, aún teniendo la posibilidad de irse. Eso al final ayuda a mantener el equilibrio. Algunos analistas políticos dicen que a pesar de todo, es una democracia robusta. No sé si democracia es exactamente la palabra, pero sí hay una sociedad cívica.

UNP: Usted reitera la impunidad, ¿esa puede explicar parte de lo que pasa?

JLA: Es importante mirar la historia de Colombia, los años 40, época en que estalló la guerra. Fue una situación en la que los partidos legítimos se convirtieron en bandos que se asesinaban entre sí. Eso dejó huellas que se han quedado en mayor o menor grado. El mismo hecho de que esos dirigentes políticos, por muchos años se dieran el lujo de matarse y a la vez matar a gente inocente y después hicieran pactos y se dieran turnos en el Gobierno como si fueran habas, enrarece cualquier ambiente. Es decir, nadie les dio una "cachetada" por lo que habían hecho. Ese contexto de impunidad, ayudó a envenenar la sociedad colombiana.

UNP: Usted ha escrito uno de los documentos más juiciosos sobre el Che Guevara, a lo que dedicó seis años de trabajo. ¿Para usted quién este personaje?

JLA: El Che habita un lugar extraño, indefinido para muchos. Pasa que su cara, su imagen, significa algo ya para la historia. Si te pones una camiseta con la cara del Che, estás tratando de decir que no estás conforme con el statu quo. En una cumbre del G8, la imagen del Che se convierte en ese escudo que utilizan los grupos antiglobalización o cualquier grupo que quiera expresar su oposición al poder establecido. Sin embargo, a veces lo interpretan mal, porque mucha gente ve lo que quiere ver en la imagen del Che y la utiliza.

El Che representa la posibilidad, también, apocalíptica del hombre, porque su visión era esa; es decir, él pensaba que el mundo ya estaba en una especie de guerra eterna. Fue apocalíptico, pero también vivió épocas apocalípticas, los años sesenta fueron difíciles: una década en la que la nube atómica estaba encima de todos y eso hizo que la gente pensara en soluciones drásticas. Pero el Che desprovisto un poco de su lenguaje más apocalíptico sirve, hasta cierto punto, como una especie de comodín; para algunos es un Robin Hood, para otros, un icono desprovisto de significado, es esto y lo otro.

UNP: Usted cubrió de cerca la invasión de Estados Unidos a Irak, producto de lo cual publicó su libro: La caída de Bagdad. ¿Qué lecciones deja este episodio?

JLA: Yo creo que Bush, una vez que deje el poder, si no antes, va a ser confinado a una especie de repudio. Interpretando todo lo que está pasando en Irak es como un reflejo de lo que podría ocurrir aquí. Teorías de conspiración surgen en muchos casos de una semilla de verdad, pero, también de rumores y todo eso es dañino. Uno de los peores legados que esto nos va a dejar Irak es que la relación siempre va a ser muy confusa y estereotipada, mucho más polarizada. Es decir, esto de sentirse antialgo -antiamericanismo, anti-esto, anti-lo otro-, no es bueno. Pero son posiciones muy comunes hoy y eso quiere decir que vivimos en un mundo en donde unos mentalmente están diciendo que los otros son matables. Si dices que eres anti, ¿qué quiere decir en el fondo? Esas son las posiciones que no conducen a nada.