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La deforestación, la explotación inadecuada, el uso de pesticidas y la competencia con especies introducidas ponen en riesgo la supervivencia de estos polinizadores.
Foto: juan Manuel Rosso

Redención de las abejas nativas

En Colombia se empieza a explorar el potencial que las abejas tienen en la regeneración de los bosques y el mantenimiento de la seguridad alimentaria. Un estudio revela 78 especies de abejas en el Valle del Cauca y da cuenta de su excelente papel como polinizadoras.

Equipo periodístico
Unimedios

Abejas que en vez de volar con respecto a la ubicación del sol, igual que las demás, lo hacen de noche. Sin aguijón, como la angelita; inquieta, como la enredacabellos; de colores verdes metalizados, como las abejas de las orquídeas, o diminutas, como las abejas del sudor, que no miden más de dos milímetros, son algunas de las que integran esta diversidad de insectos nativos en el norte del Valle del Cauca.

Sobre sus formas, colores y tamaños se registra el inventario de 78 especies que el zootecnista de la Universidad Nacional Juan Manuel Rosso encontró en la vereda Bellavista, del municipio El Dovio –más o menos a 1.800 metros de altura–, con la ayuda de Jairo Carmona y Johana García, jóvenes de la comunidad, cuando adelantaba un diagnóstico para el aprovechamiento y manejo integrado de abejas en agroecosistemas andinos.

El inventario contribuye al estudio de la apifauna colombiana, estimada en cerca de mil especies, de las que se conoce a ciencia cierta sólo 5%. Lo más interesante fue la observación que, sobre estos insectos y su apoyo en el mantenimiento de la biodiversidad, hicieron Rosso y los integrantes de la comunidad de El Dovio. Las abejas melíferas son el animal doméstico más estudiado, pero sobre aspectos como su morfología, hábitos de nidificación, comportamiento y utilización de las especies silvestres aún queda mucho por descubrir.

Actualmente no existe la costumbre de criar abejas como lo hicieron nuestros indígenas. Los mayas, por ejemplo, tenían grandes colmenares. Incluían en sus códices figuras alusivas a la meliponicultura (cría y manejo de abejas sin aguijón). Tal tradición se fue dejando con la llegada de las abejas europeas y africanizadas y el paradigma empezó a ser la producción de abejas melíferas con tecnología avanzada, lo que desplazó el gusto por las nativas, incluso en las costumbres de los campesinos.

El hallazgo del profesor Rosso es que “además de producir miel, las abejas son responsables de la polinización de gran cantidad de plantas. Contribuyen a la regeneración y continuidad de los bosques nativos y al mantenimiento de la seguridad alimentaria de las poblaciones humanas”. Dato importante, si se tiene en cuenta que un tercio de lo que comemos depende de la polinización por abejas y otros animales.

La gente de El Dovio se relacionaba con las abejas Apis mellifera para extraerles miel; con las que no tienen aguijón, para usar esta sustancia en medicina tradicional, como cura para pterigios y otras enfermedades. A las demás no las conocían o las confundían con cucarrones o moscas. Que los habitantes conocieran la diversidad de estos animales y sus relaciones con las plantas del agroecosistema fue uno de los logros del estudio.

En once sistemas culturales de siete fincas, en las que había cultivos de granadilla, lulo, café bajo sombrío, fresa, huertas de pancoger, praderas, cultivos forrajeros, relictos de bosque y áreas con mayor influencia humana, como jardines y taludes de las carreteras, se capturaron 1.390 individuos, pertenecientes a 78 especies y morfoespecies de las familias Apidae, Megachilidae, Halictidae y Colletidae.

Las abejas fueron observadas en sus labores de aprovechamiento de recursos alimenticios, acopio de materiales para nidificación y dentro de árboles de 64 especies. “La idea era ubicar el animal, pero también la flor que visitaba, para analizar su comportamiento y el recurso que tomaba de ella”, explica Rosso. La planta de granadilla ofrece néctar; la de lulo, polen, y las orquídeas, una fragancia que utilizan los machos del grupo Euglossini para atraer a las hembras. Todos estos recursos son ofrecidos por las flores para que las abejas tomen el polen y lo transporten a otras plantas, en lo que se conoce como polinización. Sin embargo, estas relaciones no son siempre recíprocas. Algo particular ocurre con algunos cultivos, como la granadilla.

Toma y se va

Cuando el cultivo de granadilla está en floración ofrece una gran cantidad de néctar para sus visitantes: Xylocopa spp., Eulaema spp., Centris sp., Epicharis sp., Apis mellifera y Trigona amalthea. Las cuatro primeras tienen el tamaño adecuado (entre 3 y 4 centímetros) para tener contacto con las anteras de flor y transportar eficientemente el polen. Esto produce una relación equitativa. Las otras dos, A. mellifera y T. amalthea, aprovechan el recurso, pero no le devuelven el “favor” a la planta. El tamaño de la primera (más de un centímetro), hace que el transporte de polen no sea eficiente. Ella toma el néctar y se va. Pero el número de individuos que visitan el mismo cultivo se convierte en factor de competencia para los verdaderos polinizadores.

La otras especie, T. almalthea, simplemente muerde los botones florales, probablemente buscando el polen o para utilizar fragmentos de flor en la construcción de nidos. Ese comportamiento puntual, al que generalmente los agricultores responden con aplicación de veneno, impide ver su papel como polinizadora de otras plantas, como las palmas. Además, “cuando se fumiga no sólo se elimina lo que se considera “plaga”, sino también a otras especies de polinizadores. Por ello es importante conocer con más detalle el papel de cada insecto en este ciclo vital”.

¿Qué pasa con las poblaciones de abejas polinizadoras cuando los cultivos no están en floración? De acuerdo con Rosso, “aquí es importante tener una visión integral del agroecosistema para poder manejarlo a favor de los insectos”.

Por ejemplo, la clasificación de las plantas visitadas por las abejas muestra que el 30% corresponde a “malezas” que aparentemente no representan beneficios en las fincas, pero que son necesarias para el sostenimiento de las poblaciones de abejas que polinizan plantas importantes para el hombre. Además, hay en otros sistemas, como los bosques, los rastrojos y los alrededores de las casas, que son recursos alternativos tanto de alimentación como de nidificación para las abejas. Es necesario conocer todo esto y aprender a manejarlo en favor de la diversidad.

Del manejo integrado de los sistemas culturales depende un cultivo bien polinizado que, a su vez, redunda en frutos con mejor llenado, composición y calidad de los azúcares, y simetría. Tema que resulta oportuno debido a que en el mundo existe crisis de polinización y los países empiezan a buscar alternativas para asegurar este servicio, que se basa en poblaciones de abejas silvestres y domésticas.

Herederos de conocimiento

Comprender la relación entre las abejas y las plantas en agrosistemas andinos del Valle del Cauca, desde el punto de vista científico, no hubiese tenido sentido sin la participación del saber popular. Por eso el estudio contó con la vinculación de dos jóvenes coinvestigadores del grupo “Herederos del Planeta”, que desde hace varios años trabaja en temas relacionados con el medio ambiente.

Para la sensibilización de niños y jóvenes se partió de pinturas e historietas protagonizadas por abejas y se concluyó con la elaboración de un teatrino, para representar obras de títeres, en las que diferentes especies contaban su función en los ecosistemas. Algunos jóvenes tallaron abejorros en el corazón de un “arboloco”, un árbol de la región.

Los adultos aprendieron sobre biología y comportamiento de las abejas, que se aplica al aprovechamiento de las abejas en sus fincas, en prácticas de meliponicultura y otras actividades. Todos abrieron los ojos frente a un recurso de gran importancia para el mantenimiento de la biodiversidad y productividad que, seguramente, sabrán aprovechar.