El conflicto en el Líbano, dicen los autores, no más que otro peldaño en esta guerra que ya parece no tener salidas. Las propuestas de la ONU no cuajan en un medio que de entrada las desconoce porque le son ajenas.

Foto: AFP Notimex

 

 

La paz en el Medio Oriente:
entre el unilateralismo y el Islam Radical

El conflicto en el Líbano, dicen los autores, no más que otro peldaño en esta guerra que ya parece no tener salidas. Las propuestas de la ONU no cuajan en un medio que de entrada las desconoce porque le son ajenas.

Marcos Peckel,
Jaime Rosental,
Facultad de Finazas, Gobierno
y Relaciones Internacionales,
Universidad Externado de Colombia

Las perspectivas de paz en el Medio Oriente naufragan entre el unilateralismo israelí y el avance del islamismo radical. La confrontación entre Israel y Hizbulá ya produjo un dramático giro en lo primero, al paso que pone en evidencia una vez más la importancia de actores no-estatales en la definición de los temas centrales de la agenda internacional.

Kadima, el recientemente formado partido de gobierno de Ehud Olmert ganó las últimas elecciones parlamentarias con una plataforma política de centro-derecha, que pretendía continuar la estrategia propuesta por Ariel Sharon para resolver, al menos temporalmente, el conflicto con los palestinos: retirada unilateral de Gaza y buena parte de Cisjordania y construcción de la llamada “Valla de Seguridad”. Sharon abandonaba así dos pilares tradicionales de la estrategia diplomática y militar israelí: el principio de “tierra por paz” y el de “retirada sólo a través de negociaciones”.

Ya el gobierno de Ehud Barak había sentado un precedente en mayo del 2000 con la retirada unilateral de Israel del sur de Líbano, tal como lo exigió la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de la ONU. Este hecho fue celebrado por Hizbulá como una victoria de la resistencia armada, justo en los días que precedieron el inicio de las negociaciones de paz de Camp David en julio del 2000 entre Israel y los palestinos.

Shlomo Ben-Ami, entonces Ministro de Relaciones Exteriores, que mantenía una cercana relación con Yasser Arafat, comenta que al enterarse éste último de la decisión israelí, entró en cólera, por cuanto Hizbulá estaba demostrando que la resistencia armada contra Israel finalmente triunfaba. Así, ¿cómo explicar a los palestinos la necesidad de negociar y hacer concesiones?

Hamas también celebró la retirada unilateral israelí de la franja de Gaza a finales del 2005, como una victoria de la resistencia armada.

En ambos casos, las decisiones unilaterales tomadas por gobiernos israelíes tanto del Likud como del laborismo, históricamente opuestos, permitieron el fortalecimiento de Hizbulá en el Líbano y de Hamas, en Gaza, movimientos que convirtieron dichos territorios en bastiones para continuar la lucha armada contra Israel.

En Enero del 2006, apenas unos meses después de la retirada de Israel de Gaza, Hamas triunfó claramente en las elecciones al Consejo Legislativo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Repentinamente, la dirigencia de Hamas se enfrenta al desafío de gobernar un territorio que los Acuerdos de Oslo, rechazados por esta organización, asignaron para la conformación de la ANP.

El objetivo de Hamas, conforme a su Carta Fundacional, es la liberación de la totalidad del territorio de la Palestina histórica, que incluye todo el territorio del actual Estado de Israel, y establecer en este un estado islámico. Pretender que Hamas modere sus posiciones históricas es desconocer la almendra ideológica del Islam radical: una corriente predominantemente sunita, que desarrolla los postulados básicos de Hassan el-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana en Egipto en 1928.

Es en Irán donde más influencia alcanza entre los clérigos shiitas, cautivados en especial por los escritos de Sayid Qutb y su crítica fulminante a la forma de vida y valores materiales desarrollados por las modernas sociedades occidentales, que constituyen una clara amenaza contra la fe musulmana.

Común a todos los movimientos islamistas es su ataque y rechazo a la modernidad y todo lo que ella representa, tanto desde el punto de vista político, como cultural y principalmente religioso. La revolución iraní, que en su momento aglutinó bajo una misma carpa al Ayatola Khomeini y a la izquierda del TUDE, terminó liquidando a éste último, consolidando así el triunfo de las fuerzas islámicas opuestas tanto a los valores occidentales como al ateísmo marxista.

El Objetivo de exportar la revolución islámica llevó a Irán a crear en 1982 el Hizbulá, como un movimiento aglutinante de la población shiita libanesa, representada hasta ese momento por otro movimiento, AMAL, laico y de carácter izquierdista, liderado por Nabi Berri. Hoy, el Hizbulá, además de ser un actor interno en la compleja política libanesa, es un apéndice de Irán en su conflicto contra Israel y los Estados Unidos.

Algo similar ocurre entre la población palestina de Gaza y Cisjordania. El fracaso de la OLP donde tradicionalmente han dominado las tendencias laicas, nacionalistas y marxistas, ha causado que las empobrecidas masas palestinas encuentren alivio en la red de asistencia social de Hamas, así como en las mezquitas encuentran un alimento a su esperanza y a su fe.

En tanto que es una ideología que rechaza la modernidad, el Islam radical encuentra en la derecha extrema y el fascismo una fuente inagotable de concepciones políticas que nutren sus posturas ideológicas. Dentro de estas categorías, la que más fácil penetró el Islam radical es el antisemitismo. Las teorías conspiracionistas estilo Los protocolos de los sabios de Sion son tomadas tal cual tanto por iraníes, como por palestinos, egipcios y otros a través de la vasta geografía árabe e islámica. La carta fundacional de Hamas se refiere a Los protocolos como una verdad histórica, y su lenguaje es en algunos apartes un ataque frontal y directo contra los judíos.

Teológicamente, la lucha contra Israel y los judíos encuentra su razón de ser en la narración coránica de la misma lucha que libró el profeta Mahoma contra los judíos de Medina, por allá en el año 630, que precedió su victoria sobre los infieles y el inicio de la expansión de la nueva fe por el resto de la península, y de ahí hacia el levante, el magreb y por oriente hasta la India.

Así las cosas, asistimos en Medio Oriente a la transformación de un conflicto que en sus inicios enfrentó a palestinos e israelíes por un territorio a un conflicto de carácter religioso, planteado por el Islam radical, en el contexto de un conflicto regional entre Irán e Israel, y un conflicto global entre el Islam radical, liderado por Irán, y Occidente, liderado por Estados Unidos.

Lo característico de este nuevo tipo de confrontación es que los actores son organizaciones no-estatales, como Hizbulá, Hamas, Al-qaeda, que no pretenden reivindicaciones nacionalistas, pues el nacionalismo y el concepto de Estado-Nación son ajenos al Islam radical.

Frente a este nuevo escenario, el actual gobierno israelí declaró que abandona su política de retiradas unilaterales ante los resultados negativos que estas han tenido para su seguridad, al ser utilizados los territorios evacuados como plataforma para ataques al estado judío por parte tanto de Hamas como Hizbulá.

Se genera, pues, una situación de un estado de Israel sin estrategia de paz y un Islam radical sin intención de conseguirla.

A los ojos de la comunidad internacional la única alternativa debería ser, como lo dice el punto 18 de la reciente Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que la paz en la región solo es posible a través de la implementación de la ya casi cuarentona Resolución 242 del Consejo de Seguridad del ONU, que implica un retorno al principio de “tierra por paz”, lo cual exige el reconocimiento del derecho de Israel a existir dentro de fronteras seguras y reconocidas, cosa que Irán y las organizaciones islamistas radicales están lejos de aceptar.

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