La primera reunión fue en julio pasado, en Bogotá.

Foto: Archivo / Unimedios

 

 

Frontera Colombo-Ecuatoriana:
de línea de combate a zona de desarrollo e integración

Con el fin de conocer la complejidad de la realidad fronteriza, de contrastarla con la mirada nacional o binacional que predomina y de reforzar las dinámicas fronterizas de articulación positiva, el 11 y 12 de septiembre sesiona la segunda reunión del programa “Colombia-Ecuador: por un pronto y sólido reencuentro”.

Socorro Ramírez,
IEPRI, Universidad Nacional de Colombia

Pese a haber sido convertida en pieza central del conflicto colombiano, en donde proporcionalmente se concentran los mayores indicadores de su agudización –combates, minas antipersona, cultivos de uso ilícito, afectación a comunidades indígenas, etc–, la frontera colombo-ecuatoriana cuenta con ámbitos que muestran un positivo dinamismo regional y transfronterizo.

Recorrer, en particular, el ámbito andino es ponerse en contacto con visiones muy dinámicas y procesos muy renovadores, puestos en marcha desde diversos sectores, entre ellos, la gobernación de Nariño, los municipios fronterizos, en particular Ipiales, y desde la alcaldía de Pasto, entre otros, con programas como Fronteras amables. Estos procesos involucran a organismos estatales, cámaras de comercio y universidades articulados en redes de muy diversa naturaleza y a entidades como la Agencia de Desarrollo Local.

La necesidad de contrarrestar la perturbación que el conflicto ha introducido en la vida regional y en la tradicional convivencia entre el departamento de Nariño, en Colombia, y la provincia del Carchi, en Ecuador, ha generado un esfuerzo de recuperación de las raíces comunes para hacerles frente a los retos del presente. Eso sucedió el último año y medio con los ocho eventos fronterizos que condujeron a la elaboración del plan de desarrollo fronterizo, que incluye aspectos económicos, culturales, educativos, sociales, de salud, infraestructura e inclusive de seguridad. El plan ha establecido metas, responsabilidades, cronogramas compartidos y hasta una coordinación binacional.

Su arranque se ha visto perturbado, sin embargo, por las dificultades de la relación binacional, derivadas de los problemas de seguridad. Éstos han venido incrementán dose al ritmo de los efectos del conflicto en Ecuador y de las políticas desarrolladas por el gobierno colombiano para hacerle frente, así como al compás del aumento de las interacciones de sectores ecuatorianos con asuntos que nutren la confrontación y del peso del tema del conflicto en la agenda electoral ecuatoriana.

Esa interferencia produce varios desfases. Ante todo, genera un desencuentro entre un plan de desarrollo transfronterizo y unas políticas que se formulan a cada lado, pensando sólo en las urgencias nacionales, sin tomar en cuenta la convivencia y los lazos fronterizos. Suscita, también, tensión entre las políticas de seguridad y las de desarrollo agenciadas por los centros políticos de ambos países o por sectores fronterizos.

Al Ecuador lo afectan los traspasos de la línea fronteriza por grupos irregulares o por el ejército en operativos de respuesta y persecución, los desplazamientos de colombianos y las fumigaciones en terrenos cercanos a la ‘raya’ limítrofe. Del lado colombiano se ve con preocupación la suspensión de venta de combustible, los cierres cada noche del puente internacional de Rumichaca, argumentando problemas de seguridad y, en ocasiones, cierres diurnos, por presiones de los transportistas locales, que se sienten afectados con el mayor desarrollo relativo de sus homólogos del otro lado de la frontera.

En ambos lados, los pobladores denuncian los controles y el maltrato en retenes. Las autoridades se quejan de la imagen que transmiten los medios de comunicación capitalinos o del interior de cada país y que muestran las zonas fronterizas sólo como escenario bélico. Autoridades y habitantes se quejan de que los poderes centrales miran con temor la hermandad y convivencia que se vive en la vida cotidiana de la frontera y, por tanto, no toman en cuenta esa realidad fronteriza en el diseño de políticas de vecindad, seguridad o desarrollo.

Pese a esos malestares, entidades organizadas de ambos lados piden a los gobiernos centrales asumir como una fortaleza y no como un problema la estrecha articulación entre poblaciones que se parecen más entre sí que con sus respectivas capitales. Exigen participación de los actores fronterizos en la toma de decisiones de asuntos que les competen y en el diseño de cualquier política nacional o binacional que tenga que ver con la frontera o que la afecte.

Tal contradicción entre lo local, lo nacional y lo binacional resulta contraproducente para hacerles frente no sólo a los problemas de seguridad, sino para reforzar el necesario desarrollo transfronterizo. Éste es esencial para evitar que por su lamentable situación las poblaciones se terminen articulando a los cultivos de coca o al blanqueo de dineros ilícitos; a los contrabandos de insumos químicos, combustibles, armas, municiones y explosivos; a la oferta de servicios o apoyo logístico a las grupos irregulares. Ante estos asuntos transnacionales las miradas nacionales y las respuestas militares no sólo son limitadas, sino que a veces resultan contraproducentes. Terminan por reforzar las fronteras como línea de conflicto en lugar de fortificarlas como zonas de desarrollo e integración.

Con el fin de conocer la complejidad de esa realidad fronteriza, de contrastarla con la mirada nacional o binacional que predomina y de reforzar las dinámicas fronterizas de articulación positiva, el 11 y 12 de septiembre sesiona la segunda reunión del programa “Colombia- Ecuador: por un pronto y sólido reencuentro”. En el programa, originalmente impulsado por el IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia –con el apoyo del Convenio Andrés Bello, Fescol y la Agencia Presidencial de Acción Social–, participan académicos de siete universidades de Bogotá –Nacional, Rosario, Andes, Externado, Javeriana, Central y la Sabana– y siete de Ecuador –la Central, Flacso, la Andina Simón Bolívar, la San Francisco y la Católica, de Quito, la Católica de Guayaquil y la de Guayaquil– organizados en un comité binacional.

La reunión de Pasto es también convocada por Unimedios, que prepara un documental y una videograbación sobre la frontera; por las Cátedras de Integración Andrés Bello y por un comité fronterizo del que hacen parte las gobernaciones de el Carchi y Nariño, la alcaldía de Pasto, la Agencia de Desarrollo Local, el Fondo Mixto de Cultura, la Universidad de Nariño, la Esap, Acopi, las cámaras de comercio de Pasto, Ipiales y Tumaco, el sindicato de maestros de Nariño, la Pastoral social fronteriza y la campaña contra las minas antipersona.

Es de esperar que este esfuerzo binacional contribuya a que los actores de la frontera sean escuchados no sólo con respecto a la problemática cotidiana que están viviendo, sino también con relación al alcance de las políticas nacionales o binacionales que se están diseñando sin tomar en consideración la fuerte e histórica interacción fronteriza. Es de esperar también que refuerce lo que muestran estudios hechos en esa frontera en el sentido que hay más capacidad de defensa y de seguridad ante la violencia cuando existen fuertes lazos fronterizos entre las autoridades y entre las redes de entidades públicas y privadas. Y que hay más fortaleza cuando los actores locales han logrado partir de su espontánea interacción cotidiana y convertirla en una mirada conjunta de su presente y en unas metas comunes para su futuro. Es decir, hay más fortaleza si se pone en marcha un plan de desarrollo transfronterizo, como el que ya han formulado Nariño y el Carchi, y que es necesario apoyar.

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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

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