FOTO

En cerca de 35 mil hectáreas arroceras del país se utilizan los biofertilizantes formulados en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional.

Foto: Cortesía IBUN

 

 

Biotecnología para la nutrición vegetal

Productos biológicos que tienen un gran potencial para solucionar problemas relacionados con la nutrición en los cultivos de arroz se están cocinando en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional. Bacterias y hongos son el insumo básico de nuevas tecnologías que les están quitando territorio a los químicos.

Equipo periodístico,
Unimedios

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, el arroz es el alimento más importante de los consumidores de bajos ingresos en todos los rincones de Colombia. Su cultivo ocupa cerca de 480 mil hectáreas del territorio nacional, genera 65 mil empleos directos y no menos de dos millones de personas derivan su ingreso de este cereal, presente en 20 de los 32 departamentos que tiene el país.

Es el tercer producto agrícola con mayor valor en la economía nacional, después del café y el banano, y soporta el mismo problema de la mayoría de siembras agrícolas: el uso intensivo de fertilizantes y plaguicidas para mantener altas producciones. Lo peor es que la eficiencia de dichos insumos químicos, especialmente la de los fertilizantes fosfóricos y nitrogenados, es muy baja, lo que mantiene latente el problema de nutrición en las plantas, mientras aumenta el riesgo de pérdida de productividad de los suelos y la contaminación del ambiente.

Se sabe, por ejemplo, que durante el ciclo del cultivo de arroz, por hectárea, se aplican cerca de 4 bultos de nitrógeno y otro tanto de fósforo y nutrientes “que bien podrían reducirse si se acude a los productos biológicos”, argumenta la ingeniera química Nubia Moreno, Coordinadora del Laboratorio de Fermentaciones del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional, IBUN, centro de investigación desde el que se han generado cuatro insumos agrícolas de origen biológico y se están gestando otros, que les están ganando la batalla a los químicos.

Tres son los nuevos biofertilizantes que, después de validarse en laboratorio y arrojar excelentes resultados en campo, tienen como ingrediente activo los microorganismos seleccionados. Su eficiencia incrementa el suministro de nitrógeno a las plantas y la solubilización de fósforo. Esto mejora la fertilidad del suelo y contribuye al crecimiento vegetal. El cuarto producto es un hongo efectivo contra Rhizoctonia solana, un hongo fitopatógeno que causa pérdidas importantes en siembras de arroz y papa.

Estos productos se encuentran registrados ante el ICA como Fosfosol, Dimargon, Dimazos y Trifesol. Fueron desarrollados por el IBUN y la Empresa Biocultivos S.A. También se firmó un convenio con el Inifat de Cuba. La Empresa está constituida principalmente por arroceros, que le sugirieron a los investigadores del IBUN desarrollar alternativas tecnológicas para solucionar la problemática de la nutrición, que no solo afecta la producción del cultivo, sino su bolsillo, pues con el uso de los bioinsumos se reduce el costo de producción en unos quinientos mil pesos por hectárea.

Los productos formulados han sido probados en más de 20.000 hectáreas de cultivos de arroz y algodón en el norte del Tolima y en los Llanos Orientales. Según Nubia Moreno, “en los ensayos de eficiencia se demostró que el uso de nuestros productos sobre el cultivo de arroz reduce en un 20% las dosis de nitrógeno y hasta en un 40% las de fósforo de fuentes químicas, con la consecuente disminución de costos”. Así se ha mejorado la rentabilidad de los cultivos: se pasó de 120 a 135 bultos de arroz por hectárea y de 2.971 a 3.450 kilogramos de algodón por hectárea. Un ahorro interesante para el agricultor.

Nuevas formulaciones

Gracias a la sociedad comercial con Biocultivos S.A., El IBUN logró el diseño y construcción de una planta piloto de producción semicomercial, que funciona en las instalaciones de la Universidad Nacional. El Instituto cuenta con registro productor y la empresa socia con registro de venta. Ello ha permitido un trabajo intenso y la obtención de nuevos productos, como el de Johanna Rojas Sierra, una bióloga con maestría en microbiología que hizo su tesis con la ingeniera Moreno. Preocupadas por el incremento del consumo de fertilizantes, que pasó de 80 a 280 kilogramos por hectárea en las dos últimas décadas, las investigadoras produjeron y formularon en laboratorio un biofertilizante que tiene amplias posibilidades de vida en almacenamiento. Rojas trabajó con dos bacterias: Una fijadora de nitrógeno del género Azotobacter sp, cuya función es tomar el nitrógeno (elemento esencial para la inflorescencia en el cultivo de arroz) de la atmósfera y transformarlo en una forma amoniacal, de manera que la planta pueda tomarlo sin ningún inconveniente. La otra, una solubilizadora de fosfato del género Pseudomonas sp, liberadora de ácidos orgánicos que vuelven soluble el fósforo (clave en la formación de raíces), para que la planta lo pueda absorber. Ambos organismos se obtuvieron de suelos agrícolas arroceros de los departamentos de Tolima y Casanare. Estas cepas nativas se seleccionaron por su potencialidad como promotoras del crecimiento vegetal, bajo condiciones semicontroladas in vitro e invernadero.

Ensayos en matraz para evaluar las relaciones entre las fuentes de carbono y nitrógeno, así como diferentes concentraciones que permitieran un mejor desarrollo del microorganismo, favorecieron la selección del medio de cultivo. El siguiente paso fue un proceso de fermentación en el que se creó un ambiente óptimo (medición y control de temperatura, agitación, pH y suministro de oxígeno) para permitir el crecimiento de las bacterias. Dos años largos de ensayos condujeron a la formulación de un producto líquido, efectivo y fácil de aplicar. Con una ventaja extra: las bacterias que involucra tienen más posibilidades de vida en almacenamiento.

El trabajo de Rojas pasó del laboratorio a la experimentación en campo. 57 parcelas de 50 metros cuadrados en Venadillo, Tolima, probaron los nuevos biofertilizantes, bajo la asesoría del Departamento Técnico de la empresa Biocultivos S.A., encargada de aplicar los productos en el cultivo.

“A los treinta días, después de que emergieron las plantas, más o menos cuando tenían 20 centímetros de altura, se hizo la primera aplicación al suelo, por aspersión”. Rojas recuerda la experiencia: seguimientos a los 10, 30, 45 y 60 días de aplicado el formulado arrojaron datos importantes en cuanto a la mayor formación de macollas (varios tallos de la misma planta) y mayores rendimientos en bultos por hectárea.

Buen síntoma para un biofertilizante que está en proceso de validación, pues aunque faltan muchos ensayos por realizar en campo, una vez más se revela la potencialidad que tiene el desarrollo de productos a partir de microorganismos. “La experiencia indica que debemos retornar a los cultivos totalmente limpios, sin químicos. Más aún con los intercambios comerciales que se avecinan y que exigen una agricultura sana”, asegura Rojas. Y concluye: “los microorganismos están allí y, aunque antes no se les prestaba atención, es claro que son parte de la solución a muchos problemas de la producción agrícola en el país”.

Visitar

Visitar

Videoespecial

 

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

PBX.: (1) 316 5000 ext. 18108 - 18106 Fax: (1) 316 5232 • Correo electrónico: un_periodico@unal.edu.co
Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 N° 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN
PBX: 3165000
webmaster@unal.edu.co

Aviso Legal - Copyright