Las pruebas nucleares de Kim Jong-il ponen a Asia en el centro de la problemática mundial.

Foto: AFP

 

Arsenales nucleares estatales
a comienzos del 2000

País

Número de cabezas Firmante TNP

EE.UU.

10.400

Rusia

8.240

China

410

Francia

340

Reino Unido

200

Israel

100

India

30

No

Pakistán

30

No

Corea Norte

1 a 3

No

Tomado de La Vanguardia Dossier, No. 16, julio-septiembre, 2005.

 

Amenaza cumplida: Corea del Norte

El mundo, pero en especial Occidente, con Estados Unidos y la ONU a la cabeza, se pregunta qué hacer con este nuevo panorama que se presenta en Asia.

Carlos Alberto Patiño Villa
Profesor Facultad de Artes, Universidad Nacional

Corea del Norte ha cumplido con éxito su amenaza de realizar pruebas nucleares, enmarcadas en el proceso de culminar su programa de desarrollo militar atómico, dotado con misiles de corto a largo alcance. Este hecho tiene por lo menos cuatro niveles de repercusión inmediata:

Primero: se consolida una carrera armamentística, con un clara revaloración de las armas nucleares. Ello legitima dos viejos principios asociados a este tipo de armamento, que son la invulnerabilidad militar y la autonomía política, enterrando con ello el Tratado de No Proliferación de armas nucleares. Sobre este principio países como Irán podrán encontrar que es mejor estar armado con tecnología nuclear que llegar a acuerdos con la comunidad internacional, representada por un organismo lento y burocrático, como es la ONU.

Segundo: para muchos países medianos que pueden hacer esfuerzos científicos y un gasto militar adecuado, la opción de la tecnología nuclear pasa al primer plano, bajo la promesa de una soberanía internacional ilimitada o, cuando menos, incuestionada. Este es el caso de Argentina, Argelia y Sudáfrica, que ven en las tecnologías nucleares una opción viable y deseable. En el mismo camino se encuentra Brasil, que hace dos décadas abandonó voluntariamente sus programa atómicos, ahora reconsiderados por algunos miembros del complejo industrial-militar, aunque es necesario aclarar que la cancillería de Brasil ha rechazado con “vehemencia” las pruebas norcoreanas y exhortó a que éste reingrese inmediatamente al Tratado de No proliferación.

Tercero: las pruebas de Corea del Norte, y la invulnerabilidad conseguida de facto, ratifican algunos programas nucleares, como los de India, Pakistán y China, y legitiman las aspiraciones a que Corea del Sur inicie de fondo su programa nuclear, más allá del apoyo que recibe de los Estados Unidos. Esto conduce a una concentración de las tensiones militares y nucleares en Asia, de nuevo centro de la humanidad en el siglo XXI, como lo fue en la antigüedad, y muestra el escenario de las principales disputas geopolíticas de hoy. Adicionalmente hace que los Estados Unidos se convierta en una potencia extraña en este contexto y que sus intereses se conviertan en difusos. De hecho, algunos congresistas norteamericanos piensan que la responsabilidad de desarmar a Corea del Norte es principalmente de China y Rusia.

Cuarto: las pruebas norcoreanas abren de nuevo una vieja disputa asiática que involucra de manera directa algunas de las principales potencias de la región. Es una agresión directa contra Japón, en medio de una disputa cargada de recuerdos coloniales, guerras civiles, recuerdos de la Segunda Guerra Mundial y de una guerra fría llena de tensión y de bloqueos internacionales. Es una agresión directa contra Corea del Sur y los planes de reunificación, pero sobre todo contra las estrategias de discusión diplomática. Además, el asunto norcoreano pone a prueba el liderazgo diplomático ruso y su capacidad de disuasión militar internacional.

Pero, más allá de estos escenarios, queda planteado un dilema estratégico: ¿se castiga con fuerza militar o se imponen sanciones drásticas a Corea del Norte, de forma tal que desestimule la vía de armamentos nucleares como un camino seguro para la invulnerabilidad internacional? O, por el contrario, ¿el sistema internacional deberá aceptar los hechos y permitir que Corea del Norte sea una potencia nuclear incontestada y con posibilidades de expandir sus políticas y modelos? El dilema no es fácilmente solucionable porque si se opta por el castigo militar, el problema es quién o quiénes lo realizan, si lo hacen países individuales, coaliciones o si se realiza en el marco institucional de las Naciones Unidas. A la vez queda el problema moral de las víctimas civiles que se puedan desprender del asunto y sobre el aspecto político ambiental de las consecuencias de tener áreas de radiación permanente, con exclusión de la vida humana y animal, poco se ha calculado, pero, sobre todo, no se sabe quién asumiría semejante responsabilidad político-militar.

De otra parte, la perspectiva de las sanciones económicas al régimen de Pyongyang son vistas como claramente ineficaces, toda vez que las sanciones económicas parecen fortalecer más a los gobernantes castigados, mientras sumergen en duros y graves sufrimientos a las sociedades y las economías sujetas de dichas sanciones, como ha quedado claro en el caso mismo de Corea del Norte, en el de Cuba y en el de Iraq, que permitió adicionalmente el surgimiento de un proceso de corrupción desde la ONU, en el programa de “petróleo por alimentos”.

Sin embargo, una contracara surge de estos acontecimientos, y es la que aporta la decisión de la ONU con respecto a que su próximo secretario general sea el surcoreano Ban Ki-Moon, que actualmente se desempeña como Ministro de Exteriores de su país, y que debería asumir la conducción de la Secretaría General del organismo el 1 de enero del 2007. Este hecho aporta una apuesta fundamental por las vías de la negociación diplomática, y abre caminos a una situación nueva y peligrosa internacionalmente. Empero el acto de Corea del Norte, que se caracteriza por una provocación y una decisión de riesgo a la vez, ya produjo un cambio sustancial en la seguridad internacional, que no es reversible, y que revive con fuerza las posibilidades de una confrontación nuclear, tan vigente hoy como en los momentos más candentes de

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