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Este suceso se produjo por la acción de un meteorito que golpeó la Tierra.

Foto: Cortesia grupo de investigación

 

 

Colombiano vinculado a investigación en la Antártica

Se “derrite” la verdad sobre el nacimiento de Australia

 

María Claudia Rojas R.,
Unimedios

Una capa de hielo de más de 1.600 metros de espesor, cerca de la Antártica, congeló por siglos las evidencias de una catástrofe que extinguió casi por completo la vida en la Tierra y creó las condiciones ambientales para la hegemonía de los dinosaurios.

Pero escondidos en las profundidades polares, un chichón de gran tamaño en el manto terrestre y un cráter de 480 km de diámetro “derritieron” 250 millones de años del enigma que explica el origen de Australia: un devastador meteorito fracturó el supercontinente de Gondwana y dio comienzo a la conformación actual de los continentes.

El histórico hallazgo, reportado hace menos de dos meses por un grupo de científicos de la Universidad de Ohio, incluye otro hecho plausible para nuestro país: un colombiano, Orlando Hernández, investigador y docente del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional, participó en el descubrimiento.  

Conducido por Ralph von Frese, profesor de Ciencias Geológicas de Ohio State University, el equipo humano conformado por expertos de Rusia, Corea, Colombia y del Centro Godard de Exploración del Espacio de la Nasa interpretó datos satelitales relacionados con las fluctuaciones de la gravedad presentes debajo de la capa de hielo, que cruzaron con imágenes aerotransportadas de radar de la topografía terrestre en el mismo lugar. El resultado de esa exploración geofísica, de más de tres años, demostró que tanto la depresión como la protuberancia en la región de Wilkes Lands –al Este de Antártica y Sur de Australia– se corresponden y tienen un mismo agente de formación: el impacto de meteorito.

UN Periódico contactó en Ohio a Orlando Hernández, que con su aporte y vinculación a este proyecto de impacto mundial ya entra a las ligas mayores del conocimiento científico. Al menos así lo confirma la divulgación de esta noticia en la sección de carteleras de la asamblea conjunta de la Unión Geofísica Americana, en Baltimore (Maryland), en medios masivos como Nature, CBS, BBC y el especial sobre el tema que prepara el canal National Geographic. Esto fue lo que nos dijo:

UN Periódico: ¿De qué se trata el rastro geofísico que encontraron y que hace suponer la formación del continente australiano?
Orlando Hernández: La detección de anomalías gravimétricas, obtenidas a partir de datos del satélite de la Nasa Gravity Recovery and Climate Experiment (Grace), que orbita a 400 km de altura, nos permitió inferir la forma y respuesta del impacto ocasionado por un meteorito en la superficie de la Tierra hace 250 millones de años. Este impacto pudo iniciar o contribuir con el rompimiento del continente de Gondwana y la separación de la Antártica y Australia. Posteriormente, estos continentes se han movilizado hasta sus ubicaciones actuales mediante la dinámica de la tectónica de placas del planeta.

UNP: ¿Qué relación guarda este descubrimiento con el cráter encontrado bajo la capa polar?
OH: Gracias a las observaciones satelitales detectamos una gran concentración circular de masa, con un diámetro de 320 km, que coincide con una depresión circular en el terreno por debajo de la capa de hielo. La depresión, por su forma y tamaño, la asociamos con un cráter, cuya mayor parte se encuentra en el Este de la Antártica y la otra en el Sur de Australia. Pero complementaria a esa cavidad localizamos una concentración de masa o “mascon”, labrada en la corteza terrestre y relativamente más cerca de la superficie. Su formación ha sido interpretada como la respuesta del manto de la Tierra, cuyo material tiende a ascender hacia la corteza como consecuencia del impacto del meteorito. Este tipo de relación entre cráter y mascon para explicar lo sucedido en el sector de Wilke Lands en Antártica se ha estudiado con información gravimétrica y la forma del terreno, análoga al estudio de los cráteres de la Luna y Marte.

UNP: ¿Hace cuánto tiempo ocurrió el impacto del meteorito y qué tamaño tenía?
OH: Se estima que el impacto ocurrió hace 250 millones de años. Esta edad la determinamos a partir de la datación de muestras de grafito tomadas del cráter de rocas del Pérmico-Triásico en Australia y fragmentos de condritos en rocas del final del Pérmico en el Oeste de la Antártica.

El tamaño de la anomalía gravimétrica del mascon corresponde a una forma circular con 320 km de diámetro y el cráter tiene 480 km, con un área equivalente al 60% del territorio colombiano. A partir de estas dimensiones se estima que el meteorito tenía un diámetro de 30 km. Por su tamaño, se presume que provenía de la zona de asteroides. Cuando impactó, el tiempo geológico de la Tierra tenía otra distribución geográfica y, por lo tanto, la Antártica estaba desprovista de cobertura polar.

UNP: Aquí no ha habido un trabajo de campo convencional, ¿cómo es que se dio, entonces, la localización y comprobación del hallazgo?
OH: El hallazgo se da como respuesta a un creciente interés de la Nasa por estudiar las estructuras geológicas del planeta y la dinámica terrestre. El área de Wilke Lands hoy está completamente cubierta por una capa de hielo de más de 1.600 metros de espesor, lo que limita el trabajo en campo. Por eso, sin viajar al sitio de estudio, la información de dicha área la obtuvimos mediante la aplicación de métodos indirectos de observación, que incluyen mediciones de gravimetría y magnetometría satelital. En términos médicos, más cercanos y comprensibles, esto funciona como cuando se diagnostica una infección mediante radiografías o pruebas de laboratorio, sin abrir el órgano. El grupo de trabajo está dedicado al procesamiento e interpretación de la información compilada por la Nasa. Los resultados obtenidos en esta fase satelital nos llevarán a realizar una fase más detallada de geofísica aerotransportada, que utiliza aviones y helicópteros para estudiar la costa Este de la Antártica en busca de materiales que permitan comprobar nuestra hipótesis.

UNP: ¿Qué podemos decir de la vida en la Tierra cuando ocurrió el choque meteórico?
OH: Evidencias de vida en el planeta se tienen desde mucho antes de la ocurrencia de la extinción de vida en el Pérmico-Triásico, en el Precámbrico (más antiguo que 540 millones de años). Al final del Pérmico, cuando se separa la Antártica de Australia, había un auge de especies marinas y continentales con gran variedad de peces e invertebrados. Con la extinción de otras especies de reptiles, con características similares a los mamíferos, se despejó el camino para el inicio de la era de los dinosaurios y las grandes plantas (gimnospermas).  

UNP: Y, entonces, ¿puede decirse que el impacto produjo la extinción de esas formas de vida?
OH: La edad propuesta del evento meteórico es de 250 millones de años. Esto corresponde a la transición entre el periodo Pérmico y el Cámbrico, que fue cuando se presentó la mayor extinción masiva del planeta. Se sugiere que más de 90% de las especies marinas y 70% de las terrestres desaparecieron. Como causa de ello hemos planteado que el impacto del meteorito produjo una onda de choque que viajó por dentro de la Tierra y activó el sistema volcánico general, en especial el de la región de Liberia, en Rusia, al otro extremo de donde ocurrió el choque. Esta actividad volcánica cambió la composición de las aguas de los mares en un lapso de tiempo muy rápido, por lo que la mayoría de los seres vivos no logró adaptarse.

UNP: ¿Cómo era la Antártica antes del impacto y qué cambió?
OH: La Antártica era parte de un continente mayor, Gondwana. El impacto pudo haber iniciado fracturas en la corteza terrestre que luego originaron la separación de Antártica y Australia. Las evidencias de lo que pudo ocurrir localmente están ocultas por las gruesas capas polares. Pensar en realizar una perforación para ubicar muestras directas implica un presupuesto prohibitivo, debido a las condiciones extremas del área. En los próximos años se iniciarán labores de exploración directa mediante la colección de muestras en los fondos marinos aledaños a la costa, en vecindades del cráter.

UNP: Hagamos el ejercicio de cotejo entre el meteorito que acabó con los dinosaurios y éste, que casi acaba con la vida en la Tierra.
OH: El tamaño del cráter de Wilke Lands es más de dos veces y media mayor que el de Chicxulu, en México, que se relaciona con los dinosaurios. El primero pudo haber ocurrido hace 250 millones de años, y es mucho más antiguo que el impacto de Chicxulu, ocurrido hace 65 millones de años. Para la determinación de la edad se han conectado secuencias de eventos, pero nuestro trabajo, netamente basado en datos geofísicos, no nos permite aun tener muestras directas de roca para realizar dataciones. La extinción masiva de especies, al final del Pérmico, despejó el camino para que los dinosaurios dominaran la tierra hasta su extinción, a finales del Cretácico.

UNP: ¿Por qué tienden a desaparecer las huellas de esos eventos celestes y por qué es tan difícil ubicarlos?
OH: Lo que nos muestra el evento de la Antártica es que al igual que la Luna y otros planetas del Sistema Solar a lo largo del tiempo geológico hemos sido impactados por meteoritos. En la Luna y Marte existen evidencias de impactos aun mayores que el de la Antártica, pero sus cráteres han sido preservados, pues estos cuerpos no cuentan con tectónica de placas activas y los procesos erosivos son insignificantes o inexistentes. En la Tierra, gran parte de los cráteres de meteoritos han desaparecido justamente por la dinámica de estos dos fenómenos. Sin embargo, estimamos que existen otros cráteres ocultos y los estaremos buscando en misiones futuras. Nuestros métodos de exploración están en capacidad de ubicar los más grandes, pero con los avances en la resolución de la geofísica de satélites que tendrán órbitas más próximas a la superpie terrestre (cercanas a los 200 km. de altura) podremos ubicar cráteres con menores dimensiones.

UNP: Usted trabaja en su tesis doctoral en otro tema, ¿cuál es el objetivo de esa investigación?
OH: Estoy realizando un análisis tectónico del noroeste de Suramérica, incluyendo la parte continental y la totalidad de áreas marinas de Colombia, a partir de la interpretación de datos de geofísica satelital, aerotransportada y terrestre. Utilizo las mismas tecnologías empleadas en la Antártica y las usadas por la Nasa para explorar la Luna, Marte y Mercurio. Las combinó con estudios aerotransportados más detallados. Esa investigación permitirá obtener el espesor de la corteza en nuestro país con aplicación en amenaza sísmica, para seleccionar estructuras regionales con buen potencial para la ubicación de recursos minerales y la delimitación de cuencas para la exploración de hidrocarburos.

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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

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