Aspecto de la antigua Bogotá.

Foto: Archivo

 

 

El misterioso ruido escuchado en Santafé de Bogotá:una posible explicación de origen astronómico

La médica y científica colombiana Nubia Muñoz fue candidata este año a los premios Príncipe de Asturias. Durante su paso por Colombia, pues aunque es caleña lleva más de 30 años viviendo en Francia, UN Periódico la entrevistó.

José Gregorio Portilla B.,
Profesor Asociado, Observatorio Astronómico Nacional Facultad de Ciencias, sede Bogotá

Una de las crónicas más enigmáticas que se relatan de la Santafé de Bogotá colonial es aquella que refiere a un extraño ruido, de duración e intensidad desproporcionada, que escucharon los habitantes de la sabana el 9 de marzo de 1687 en horas de la noche. De acuerdo con los cronistas de la época (los padres jesuitas Juan Ribero1 y Joseph Cassani2, que, sin embargo, no fueron testigos del evento), el ruido tuvo una intensidad y duración tal que originó una situación de pánico colectivo en los habitantes de toda la ciudad. Sin conocer su causa u origen, muchos habitantes salieron desnudos o en ropas ligeras y corrieron sin dirección. Otros no encontraron más recurso que forzar las entradas a las iglesias y encomendarse a los santos de su devoción. Creían genuinamente en el arribo del Juicio Final. Según los cronistas, el fenómeno generó tan profunda impresión en los testigos del evento que modificó notablemente las costumbres de los habitantes. Creó la efemérides, vigente por muchos años, de descubrir en las iglesias cada 9 de marzo el Santo Sacramento. Y se adhirió al idioma con el paso de los siglos y forjó la expresión “tiempo del ruido”, para referirse a una edad sumergida en las profundidades del tiempo3.

El hecho notorio es que nadie ha ofrecido una explicación satisfactoria sobre la verdadera causa del fenómeno. El misterio se acentúa principalmente por los escasos detalles que ofrecen los cronistas sobre las características del ruido. El suceso comenzó a percibirse cerca de las 10 p.m. Era lo suficientemente intenso como para asemejarse al que generan las descargas de artillería. Su duración, siguiendo a los cronistas, es particularmente notable: 15 minutos (Ribero) y hasta de media hora4 (Cassani). Por ausencia de registro se deduce que no causó movimiento sísmico, incendio, inundación, deslizamiento de tierra, tormenta, ni produjo heridos ni muertos. Un detalle interesante: durante su duración se percibió un fuerte olor a azufre.

En la noche del evento se llegó a pensar en varias causas. Entre ellas, la intervención de figuras diabólicas que anunciaban el fin de los tiempos. Otros, con los pies más en el piso, asumieron que el ruido era originado por la metralla de un ejército invasor5. Esto motivó una corta expedición del Presidente6 hacia las afueras de la ciudad en donde, según algunos, fue más intenso el ruido. Poco después se creyó que el ruido era una manifestación del interior de la tierra que tuvo relación con el terrible terremoto que azotó el Virreinato del Perú en octubre de ese mismo año. Siglos después el eminente geofísico Jesús E. Ramírez7 atribuyó, sin ofrecer más detalles, el ruido a un “fenómeno atmosférico”. Y Armando Espinosa8 sostiene que la causa fue una creciente del río Fucha.

En el último número de la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales9 Freddy Moreno, especialista en astronomía, y yo propusimos que el evento bien puede explicarse suponiendo que el causante fue un meteoroide (pequeño asteroide) que ingresó a la atmósfera terrestre y que, a causa de la resistencia que antepone la atmósfera, generó intensas ondas de choque. Al final se desintegró con varios estruendos de gran intensidad.

Sustentamos esta explicación basados en varios aspectos. Primero, los avances en observación astronómica indican que la población de objetos, como pequeños asteroides y cometas, que pueden eventualmente colisionar con la Tierra es bastante numerosa. El número estimado de objetos con tamaños entre 1 y 10 metros (un tamaño apropiado para generar un evento de características semejante al relatado aquí) en órbita cercana a la Tierra es calculado en poco más de mil millones. La entrada de material extraterrestre no es un fenómeno ocasional: ocurre todo el tiempo. Cada año se reportan caídas de meteoritos o explosiones de pequeños objetos en las capas altas de la atmósfera. Estimaciones recientes establecen que la Tierra gana diariamente cerca de 500 toneladas de este tipo de material, la mayoría con tamaños microscópicos. Hoy sabemos que en promedio se presentan al año entre 10 y 40 explosiones de asteroides pequeños con energías equivalentes a la de una pequeña bomba atómica. Un ejemplo reciente viene al caso: el 1 de noviembre del presente año, la entrada de un meteoroide sobre el sur del departamento de Huila produjo una explosión que alarmó a los habitantes de varias poblaciones de ese departamento. Entre ellas, Hobo, Algeciras, Campoalegre y Palermo10.

También sabemos que las manifestaciones usuales de la entrada de un meteorito vienen acompañadas por fuertes estampidos sónicos –en algunas ocasiones tan fuertes como para mover el terreno–, fenómenos luminosos, lluvia de rocas (meteoritos propiamente dichos) y, en algunos casos, aunque no siempre, se han reportado olores intensos, que los testigos comentan siempre como de tipo “azufrado”.

Aunque la hipótesis del meteoroide haciendo explosión sobre Santafé puede explicar ciertas características comentadas por los cronistas, hay que admitir que, como cualquier hipótesis que se ha ofrecido, es discutible. Parece extraño que nadie haya observado el fenómeno luminoso asociado a la entrada ni las explosiones. Nadie reportó tampoco la aparición de meteoritos en el suelo. Y lo que es peor: hasta donde sabemos, ninguna entrada de meteoroides puede generar explosiones que se extiendan tanto como 0,25 a 0,5 horas.

Frente a esto se puede argumentar lo siguiente: se han reportado casos de entradas de meteoroides en los que el fenómeno sonoro es percibido, pero no el fenómeno luminoso asociado. Las estadísticas muestran que, de un 85% de las caídas de meteoritos en las que se escuchan explosiónes, sólo en un 55% se observa el fenómeno luminoso11. También son numerosos los casos en que el meteoroide se consume completamente en la atmósfera, sin que alcancen a llegar meteoritos al suelo.

El tiempo de duración htmlque los cronistas reportan como duración del ruido podría explicarse si tenemos en cuenta que proviene de testigos que entraron en pánico colectivo. Los especialistas en percepción han demostrado que los relatos de testigos bajo una fuerte carga emocional no son dignos de confianza por su tendencia a exagerar los relatos e incluso a agregar episodios que no ocurrieron en realidad12. Sabemos ahora que los recuerdos no quedan congelados estáticamente en las mentes de las personas: se van reconstruyendo conforme pasa el tiempo13.

Se debe tener presente, además, que tanto Ribero (que sí estuvo en Santafé varias décadas después) como Cassani no fueron testigos del evento y que escribieron sus crónicas basados presumiblemente en relatos de testigos (o de crónicas de las que no tenemos conocimiento) unos cuarenta o cincuenta años después de acaecido el fenómeno. Esto puede indicarnos que hay que tomar con algo de prudencia los relatos que describen el fenómeno y pensar que no sería extraño que la dificultad que se ha tenido para explicarlo haya sido el afán de dar cuenta de las características del relato, pues fue asumido como una fiel descripción de lo que ocurrió. Jaime Borja14 va más allá: sugiere que los cronistas tomaron un hecho relativamente insignificante para recrear una historia de la llegada del Apocalipsis. Su intención básica era “moralizar a los incautos santafereños” de aquel entonces. Esto quedó convertido con el paso del tiempo en mito y leyenda colonial. Lo más probable es que lo que sucedió esté en un punto intermedio. Y la hipótesis de la entrada de un pequeño asteroide, que ocasionó sobre los cielos sabaneros un gran estruendo (como el que asustó a los habitantes de las poblaciones del Huila), bien podría explicar ese extraño evento que hace parte del folclor de la Santafé colonial.

(Footnotes)

1 Ribero, J., 1736, Historia de las misiones de los Llanos de Casanare y los Ríos Orinoco y Meta. Imprenta de M. Silvestre y Cía., Bogotá, 1883. Reeditado por la Bibl. Presidencia Col., vol. XXIII, Bogotá, p. 558, 1956.

2 Cassani, J., 1741, Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada, Madrid.

3 Varios escritores han hecho referencias del fenómeno. García Márquez, por ejemplo, hace referencias de él en Cien años de soledad y El otoño del patriarca.

4 El dato que da Ribero es más confiable. Esto se deduce de las fechas de publicación. Una atenta lectura de ambos textos permite revelar, al levantar los matices literarios, que la crónica de Cassani es idéntica a la de Ribero.

5 Idea un tanto razonable, pues el pirata Morgan había atacado a Cartagena de Indias tan sólo dos años antes.

6 Don Gil de Cabrera y Dávalos estaba recién posesionado como persona al frente de la Presidencia del Nuevo Reino de Granada.

7 Ramírez, J. E., 1975, Historia de los terremotos en Colombia. 2da. edición., IGAC, 250 p., Bogotá.

8 Espinosa, A., 1994, El ruido de Santafé, 9 de marzo de 1687, y sus posibles causas. Revista Academia Colombiana de la Ciencia, Vol. 19, No. 73, p. 293

9 Moreno, F., Portilla J. G., 2006, Hipótesis astronómica al misterioso “ruido” escuchado en Santafé de Bogotá el domingo 9 de marzo de 1687. Revista Academia Colombiana de la Ciencia, Vol. 30, No. 116, p. 321

10 Diario del Huila, 4 de noviembre del 2006; 5 de noviembre del 2006.

11 Sears, D. W., 1978, The nature and origin of meteorites. Adam Hilger, Bristol.

12 Weingardt, K. et al., 1994, “Reports of suggested memories: Do people truly believe them?”. En: Adult Eyewitness Testimony: Current Trends and Developments, Cambridge University Press, Cambridge.

13 Loftus, E., Ketcham, K., 1991, Witness for the Defense: The Accused, the Eyewitness and the Expert Who Puts Memory on Trial. St. Martin’s Press, New York.

14 http://www.colombialink.com/01_INDEX/index_historia/03_la_colonia/
0020_fin_mundo_colonia.html

Visitar

Visitar

Videoespecial

 

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

PBX.: (1) 316 5000 ext. 18108 - 18106 Fax: (1) 316 5232 • Correo electrónico: un_periodico@unal.edu.co
Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 N° 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN
PBX: 3165000
webmaster@unal.edu.co

Aviso Legal - Copyright