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El profesor Edward Wilson se sintió como pez en el agua durante su visita a Mariquita, Tolima. Fue una manera de estar más cerca de José Celestino Mutis, de quien escribe un libro.

Foto: Cortesía Fernando Fernández

 

 

 

Tras los pasos de Mutis... y de las hormigas de Mutis

El profesor Fernando Fernández, del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, acompañó al científico estadounidense Edward Wilson en su recorrido por Mariquita, Tolima, y fue testigo de primera mano de la admiración que Wilson profesa por José Celestino Mutis, el hombre de la Expedición Botánica.

Fernando Fernández
Profesor Asociado Instituto de Ciencias Naturales Universidad Nacional de Colombia ffernandezca@unal.edu.co

José Celestino Mutis (Cádiz, España, 1732 – Santa Fe de Bogotá, 1808) es una figura conocida en Colombia, España y otros países hispanoparlantes. Como gestor de la Expedición Botánica (1783), Mutis inició una “revolución” científica en el Nuevo Mundo, revolución cuyos alcances no apreciamos del todo aún. Fuera del mundo hispanoparlante se conoce muy poco o nada de esta notable figura. La situación puede cambiar notablemente cuando otro naturalista ilustre, el Dr. Edward O. Wilson, profesor emérito de la Universidad de Harvard, publique su próximo libro, dedicado a Mutis.

Wilson es uno de los científicos más destacados en el mundo de hoy, y su campo de acción e influencia es tan amplio que es difícil bosquejar un perfil en pocas palabras. Desde niño su amor por la naturaleza lo condujo a una de sus mayores pasiones, la entomología (estudio de los insectos), con especial atención a unos diminutos y laboriosos representantes de este grupo: las hormigas. Desde fines de los años 40 y hasta ahora ha producido una vasta cantidad de publicaciones y libros sobre estos fascinantes artrópodos, en aspectos como taxonomía, biogeografía, comportamiento y evolución.

 

Premios

Sus hallazgos y propuestas han enriquecido de forma abrumadora el mundo de la myrmecología (estudio de las hormigas), de la entomología y de la ciencia en general. Por su tratamiento enciclopédico sobre las hormigas, Wilson (y Bert Hölldobler) recibió el Premio Pulitzer por su libro The Ants, publicado en 1990.

Son muchos los otros campos de la ciencia en que Wilson ha incursionado y ha dejado su huella, algunas veces controversialmente, como la biogeografía de islas, evolución de castas en insectos sociales, la sociobiología o la difusión de la palabra “biodiversidad”. La mayoría de sus numerosos libros (unos 20) son bestsellers que atraen al público especializado y general, gracias a su conocimiento en el tema y capacidad de escribir en forma cautivante.

En apenas unos pocos meses, la atención del profesor Wilson se dirigió hacia nuestro ilustre compatriota Mutis (y decimos aquí “compatriota” siguiendo al propio Wilson, quien afirma que Mutis es un colombiano nacido en Europa) en tal forma y con tal pasión que no dudó en venir a Colombia no sólo para atender la inauguración de la Cátedra Colombia Biodiversa, sino para visitar y conocer la ciudad de Mariquita, cuna de la Expedición Botánica por varios años. Es sobre esta breve, pero intensa visita que se escribe esta nota.

Gracias a las gestiones de Cristian Samper, Secretario General (E) de la Smithsonian Institution; Camila Botero, de la Fundación Alejandro Ángel Escobar, y otras personas e instituciones, el profesor Wilson visitó por primera vez a Colombia para iniciar una serie de conferencias magistrales de la Cátedra, con el tema Los desafíos para la conservación de la biodiversidad.

Es inevitable asociar la figura del profesor Wilson, el hombre de la biodiversidad, con Colombia, uno de los cinco países más ricos en el mundo en diversidad de seres vivos (para lo cual se acuñó la palabra Megadiverso). Una de las exigencias de Wilson fue muy clara: visitar Mariquita, en Tolima, lugar donde Mutis y sus colaboradores pasaron varios años. Tal visita se realizó con éxito, gracias a varias personas que ofrecieron total apoyo. Los frutos de esta “peregrinación” pueden tener alcances mayores a nuestras expectativas.

Tras varias horas de viaje (y soportar uno de los típicos “trancones” de carretera) se llega a Mariquita, pequeño y acogedor pueblo donde la palabra prisa no es bienvenida. Nada más terminar el almuerzo se visita no una, sino tres casas. “Aquí vivió Mutis, aquí trabajó Mutis, por aquí se montaba las plantas ...” Los historiadores del pueblo ilustraban y orientaban al séquito heterogéneo de científicos, periodistas, camarógrafos y curiosos. La casa de Mutis es amplia y posee cuadros y datos útiles. El profesor Wilson, como buen entomólogo, toma nota de todo con minuciosa atención. Cada gesto y movimiento es seguido por los flashes de las cámaras. Al final del día, una corta visita al bosque del acueducto. El motivo: hormigas.

Aunque la colección de plantas es la principal actividad que llama la atención de la Expedición Botánica (al fin y al cabo por eso se llama así, “botánica”), la creación y desarrollo de esta empresa contemplaba la historia natural en un sentido amplio, lo cual incluía animales. Parte de los mismos eran las hormigas, uno de los grupos de insectos más comunes en la Región Neotropical. Las hormigas son protagonistas de nuestros bosques. Son muchas en número de especies (más de 3.000 descritas desde México hasta Argentina y unas 1.000 descritas para Colombia; muchas sin describir) y de individuos (una sola colonia puede llegar a tener de miles a millones de habitantes). Más allá de estos datos, las hormigas son elementos clave en la estructura y dinámica de nuestros ecosistemas: su presencia influencia y modela la existencia de otros animales y las plantas. Por esto Mutis y sus discípulos también se fijaron en estos pequeños habitantes de Nueva Granada y los coleccionaron. Desafortunadamente estas hormigas se perdieron, como tantos otros frutos de colección de la expedición.

 

La pasión de Wilson

Mutis y las hormigas. Estas son las dos palabras claves para entender la pasión de Wilson por este personaje, que verdaderamente podría catalogarse como un innovador y auténtico científico en la Nueva Granada, quizás también en todo el Nuevo Mundo. Las investigaciones, consultas y otras pesquisas de Wilson podrán arrojar sorpresas, como ofrecernos una dimensión de un personaje que quizás nosotros (o algunos de nosotros) hemos pasado por alto.

Las “hormigas perdidas” de Mutis pueden, de alguna forma, recuperarse visitando los sitios en donde los coleccionistas de la Expedición anduvieron. No es tarea fácil; los bosques se han talado, los paisajes han cambiado, algunos puntos no son de fácil acceso. Además, no sabemos exactamente qué tanto coleccionó el equipo de Mutis. Sin embargo, algo de lo que hay ahora puede ser representante de la fauna de aquellas épocas, y colecciones en el área podrían acercarnos a las hormigas de tan ilustre naturalista.

El segundo lugar visitado en Mariquita transcurrió en un bello paisaje de la finca Jabirú, cuyos amables propietarios, Pablo y María, abrieron las puertas al profesor Wilson, Cristian Samper y el autor de estas líneas. Una corta expedición, con la guía de Camila Pizano nos lleva a un parche de bosque donde se observan y nombran algunas de las hormigas. Wilson explora el suelo, las ramas, los troncos caídos. Surgen nombres científicos. Una Pheidole por aquí, una Pachycondyla por allá. En estas ramas unas Camponotus; en otras merodean las agresivas Azteca. En el suelo las “autopistas” de las cortadoras de hojas, Atta, hormigas que sin duda observó Mutis. El buen ojo del profesor capta una rama con nódulos de una planta, la varasanta (o palosanto). Cristian, ducho en botánica, baja la rama y el nódulo arroja otras hormigas, las Pseudomyrmex de dolorosa picada.

El regreso a Bogotá trae otra sorpresa. Una porción del camino descubre a Wilson la cordillera andina, el valle del Magdalena, el mismo río y algunos parches de bosque. Esto emociona al profesor, quien nunca antes había disfrutado estos paisajes. El día no ha terminado, pero Wilson se ha convencido que Colombia, llena de contrastes, es un país “fácil de amar”. Rico en culturas y gentes, muchas de ellas bondadosas, como los habitantes de Mariquita o la señora de las mandarinas. El paladar del profesor se deleita con la papaya, los patacones, las almojábanas, la yuca y otros tesoros de nuestra cocina.

Las hormigas de Mutis son un capítulo de una aventura literaria nueva del profesor Wilson, cuyo último libro se llama La Creación. La reivindicación de José Celestino puede venir de afuera, de un escritor prolífico y muy leído, quien puede colocar al naturalista granadino en una perspectiva mundial.

Qué mejor momento para esta visita, ahora que se aproxima la celebración de los 200 años de la muerte de Mutis. Doscientos años después otro ilustre naturalista recorre algunos de sus pasos, se deleita con alguno de sus productos, contempla una parte de su periplo y suela con un tributo. El profesor Wilson nos contagia de su entusiasmo; ahora queremos saber más.

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