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Se cuentan por miles los colombianos con graves problemas de desnutrición, como la carencia de hierro, calcio y vitaminas causantes de retrasos severos en el crecimiento, bajo rendimiento escolar y mínima resistencia a las enfermedades infecciosas.

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El hambre oculta del país

Las cifras son dicientes: en el 58 por ciento de los hogares rurales colombianos un miembro de la familia se acuesta sin comer. Y en las ciudades, el número llega a 35 de cada 100 familias. La profesora Sara del Castillo afirma que pese a estas cifras oficiales no hay una política de Estado para enfrentar el problema.

Sara E. Del Castillo M.
Coordinadora Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la UN

 

Después de más de tres décadas de no contar con información producida por una institución estatal, en el 2005, el ICBF hizo para Colombia la Encuesta Nacional de Situación Nutricional, Ensín.

Una de las cifras más dolorosas es la de la desnutrición crónica, retraso de la talla respecto a la edad, de niños menores de 5 años, que alcanza el 12%. En niños de 1 y 2 años, que hacen parte del nivel de Sisbén 1, es mayor, con un 17,2%. En la zona rural con 17,1%, cifra dos veces mayor, comparada con el 9,5% para la zona urbana.

Otro aspecto importante es la deficiencia de micronutrientes, la llamada Hambre Oculta, que hace referencia a las carencias nutricionales de hierro, calcio y vitaminas causantes de retrasos severos en el crecimiento, bajo rendimiento escolar, mínima resistencia a las enfermedades infecciosas, mortalidad materna y perinatal.

Las cifras Ensín-2005 muestran que el 33,2% de los niños menores de 5 años y el 37,6% de niños de entre los 5 y los 12 años de edad presentan anemia por deficiencia de hierro.

Las cifras son mayores en la zona rural, en el nivel 1 del Sisbén y en la región Atlántica: con 39,1%, 47,7% y 45,1%, respectivamente. Estas cifras están dentro del nivel alto en América Latina.

En este grupo de riesgo se encuentran también las madres gestantes. De cada 100 mujeres, 44 tienen anemia, una deficiencia que si no es tratada oportunamente genera consecuencias graves que pueden comprometer la vida tanto de la mujer como del bebé. La mayor prevalencia se encontró en las mujeres entre los 13 y los 17 años, que corresponde a las madres adolescentes, un aspecto que no se ha tenido en cuenta en las acciones que se diseñan para esta población, considerada prioritaria para el país.

La deficiencia de Vitamina A se acentúa en la población rural del país, con un porcentaje de deficiencia que alcanza el 9,37%, comparado con un 4,38% para el área urbana.

Mala nutrición
El mayor determinante de estos resultados es el consumo de nutrientes básicos. En Colombia, el 63,7% de las personas presenta deficiencia en la ingesta de energía y el 16% supera las cifras recomendadas. La prevalencia de deficiencia en la ingesta de energía fue mayor para la zona rural y el nivel 1 del Sisbén. Los mayores porcentajes de individuos en riesgo de deficiencia de ingesta de energía se presentaron en la región Atlántica, con el 75,3%, Amazonia y Orinoquia, con el 72,8%, y la pacífica, 70,3%.

En cuanto al consumo de proteínas en Colombia, la deficiencia fue de 36% y la cifra aumentó a partir de los 14 años, en donde alcanzó un 43,1% en los hombres y 50,1% en las mujeres. La proporción de individuos en riesgo fue mayor en el Sisbén 1, con 49,7%, y en el área rural, con 48,5%. Las regiones Atlántica y Pacífica duplicaron las cifras arrojadas en Bogotá, con un 44,2%, 43,5% y 23,8%, respectivamente. Los departamentos con mayores prevalencias de deficiencia fueron Vaupés, 65,3%; Cauca, 58,4%, y Chocó, con 57,1%.

Los resultados para calcio muestran que el 85,8% de la población no consume suficientes cantidades de este micronutriente y, a partir de los 12 años, aumenta al 90%. Cifras dramáticas, si se tiene en cuenta que el calcio está presente en la leche y en todos sus derivados.

El hierro está presente en carnes rojas y se encontró que, entre los 14 y 18 años, la población que no consume suficientes cantidades de este micronutriente alcanza un 33,2% de deficiencia en la ingesta. Cifra muy elevada que ratifica los riesgos nutricionales de la población adolescente.

Alimento para todos
Estas cifras son el resultado del consumo de una dieta poco variada en las familias colombianas. Esto se debe no sólo a los inadecuados hábitos, sino en especial a la falta de ingresos que permitan el acceso a una dieta adecuada, que incluya alimentos de todos los grupos en las cantidades necesarias para mantener un buen estado nutricional. Entre ellos, frutas, verduras, carnes y lácteos, que son las de mayor costo en el mercado.

Sin embargo, a más de dos años de conocidos los impactantes resultados de la Ensín-2005, no hay por parte de las entidades estatales una respuesta que se compadezca con la situación.

La Ensín midió además la vulnerabilidad alimentaria y muestra que en el 58,2% de los hogares rurales del país un miembro de la familia se acuesta sin comer y en los hogares urbanos, 35 de cada 100.

Cifras que, al relacionarse con los resultados del estudio sobre mortalidad por desnutrición en Colombia, realizado por la profesora Nubia Ruiz, del Instituto de Estudios Urbanos de la UN, en el 2004, muestran cómo Chocó, Nariño y Boyacá son los sitios en donde más niños se mueren de hambre.

La mortalidad por desnutrición como causa básica en Colombia fue de 6,5 defunciones anuales por 100 mil habitantes en el periodo 1998-2004.

El análisis que hace el estudio deja ver que en las zonas del país es donde hay mayor mortalidad por desnutrición en Colombia, leído en términos de probabilidad de morir por hambre, coinciden claramente con las zonas donde hay mayor incidencia de los grandes megaproyectos de minería, petróleo y agroindustria.

La respuesta estatal ha sido siempre un ejercicio limitado. Entiende su obligación de garantizar el derecho a la alimentación sólo con la oferta de programas de apoyo alimentario y, sin embargo, esas únicas respuestas políticas, centradas en acciones compensatorias, tampoco están cumpliendo sus objetivos.

La Presidencia de la República creó el programa Familias en Acción, una iniciativa del gobierno para entregar subsidios de nutrición a niños menores de siete años y un subsidio escolar a niños entre 7 y 18 años que pertenezcan a las familias del nivel 1 del Sisbén. Su cobertura en términos de beneficiarios es baja, a pesar de que hace presencia en un alto porcentaje de los municipios más pobres del país.

Sin embargo, no hay un compromiso nacional que incida de manera contundente en la problemática y se aplaza de manera sistemática.

En contraste, se aprueban acciones que atentan contra el acceso a los alimentos, como en la Reforma Tributaria del 2007, en la que, según el artículo 33, se grava el 10% a los alimentos de la canasta básica, limitando aún más el acceso de las familias con menores recursos económicos a una alimentación nutricionalmente adecuada.

En relación con la ausencia de micronutrientes, que provoca el Hambre Oculta, no hay estrategias, ni directrices. El responsable del tema es el Comité Nacional de Micronutrientes, Codemi, integrado por el Ministerio de la Protección Social, el ICBF, Instituto Nacional de Salud y el Instituto Nacional de Medicamentos y Alimentos, Invima.

Esta denuncia fue presentada ante el Congreso de la República por el Obsan, para llamar la atención sobre el problema de seguridad alimentaria en las zonas rurales del país, donde, como ya se dijo, casi el 60% de las familias reconoce que uno de sus miembros se va a la cama sin comer.

 

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