Tomado de: Barona Becerra, Guido, et al, Editores, Geografía Física y Política de la Confederación Granadina – Obra dirigida por el General Agustín Codazzi.

Cortesía CES

 

 

Codazzi, la Comisión Corográfica y la construcción de Nación

La Comisión Corográfica fundada por Agustín Codazzi no fue sólo un magno proyecto geográfico y cartográfico, se convirtió en la base del desarrollo de lo que hoy es Colombia. Así lo comprueba el historiador Efraín Sánchez, al develar el legado del militar italiano, que se tradujo en significativos aportes para la comunicación entre provincias y mejoras en la educación científica y técnica.

Efraín Sánchez,
Historiador y Sociólogo

Hoy la mayoría de los colombianos sólo conoce a Agustín Codazzi porque llevan su nombre el Instituto Geográfico de Colombia, un municipio del departamento del Cesar, dos picos de la Sierra Nevada de Santa Marta de 5.150 metros de altura, un batallón de ingenieros militares con sede en Palmira, un río, un mineral, una planta, etc.

Pocos saben qué fue la Comisión Corográfica (no confundir con coreográfica, que tiene que ver con la composición de los bailes), pero también deben ser muy pocos los que no hayan visto nunca un mapa de Colombia. Pues bien, para los que no lo sabían o no lo recordaban, Codazzi fue el geógrafo que levantó el primer mapa oficial –y el primer mapa sistemático– de Colombia a mediados del siglo XIX en una empresa que se llamó Comisión Corográfica.

Todo en torno a la Comisión Corográfica es extraordinario. No fue sólo un proyecto científico republicano. Fue el mayor proyecto científico realizado en Colombia antes del siglo XX –mayor que la Expedición Botánica de José Celestino Mutis en sus alcances y proyecciones científicas. No fue sólo un proyecto cartográfico, pues aparte de los mapas, que Codazzi consideró como “lo fundamental de la Comisión Corográfica”, llevó a cabo la primera descripción sistemática de la Nación en sus aspectos físicos y socioeconómicos, produciendo los textos de geografía que llevaron a decir a Alfred Hettner, una de las mayores figuras de la geografía internacional del siglo XX, que “a Codazzi siempre se le debe nombrar entre los más valiosos exploradores de la geografía de Suramérica”; dio fama a Manuel Ancízar, primer rector de la Universidad Nacional y autor de Peregrinación de Alpha, relato de las primeras expediciones y descripción de las primeras provincias exploradas por la Comisión Corográfica, y calificado por José María Samper como “uno de los más bellos y preciosos libros que se han escrito y publicado en Colombia”; tuvo una “parte botánica”, a la que dedicó su vida José Jerónimo Triana, quien recolectó cerca de 60.000 especímenes de unas 8.000 especies diferentes de la flora nacional, formando lo que hoy se considera como “la mejor y más importante colección botánica realizada en Colombia”; y para no abundar demasiado en esta lista, produjo una colección de láminas a la acuarela que hoy existe en la Biblioteca Nacional y que fue calificada con buenas razones por Lázaro María Girón como “obra... de valor inestimable, que guarda entre sus hojas joyas que son preciosas para Colombia”.

El lenguaje decimonónico utilizado para describir todas estas realizaciones puede traducirse a términos actuales, pero no pierde un ápice de su significado.

Proyecto global

Pero la Comisión Corográfica no fue sólo un proyecto científico. A mediados del siglo XIX Colombia era uno de los países más pobres de América y al tiempo, con las reformas que dieron lugar al radicalismo –libertad de los esclavos, libertad de prensa y de opinión, libertad en todo–, comenzó a pensarse en serio en las “mejoras materiales” que necesitaba la Nación para salir de su atraso.

Se discutieron cuatro estrategias fundamentales: abrir caminos para comunicar a las provincias entre sí y con los puertos; mejorar la educación científica y técnica; conocer cuáles eran, dónde estaban y qué magnitud tenían los recursos naturales del país; atraer inmigrantes extranjeros laboriosos para desarrollar la agricultura y las manufacturas. Todas las esperanzas en torno a estos proyectos se cifraron, en primer lugar, en la Comisión Corográfica.

Asombra el hecho de que una empresa de la magnitud de la Comisión Corográfica hubiera podido llevarse a cabo en un país como Colombia en el siglo XIX, prácticamente sin caminos, con las finanzas del gobierno en perenne emergencia, debiendo sortear al menos dos guerras civiles y las luchas de intereses partidistas, provinciales, locales e individuales.

En términos científicos era una empresa demasiado ambiciosa e irrealizable en las condiciones de la Nueva Granada. En algún momento se pensó en contratar algunos de los ingenieros franceses que llevaban a cabo entonces la Carte de la France, el mapa nacional más avanzado del mundo en ese momento. El proyecto que presentaron, basado en la construcción de una cadena trigonométrica entre Cartagena y Bogotá y que constituiría la línea geodésica fundamental de la Nueva Granada, no pudo caber en la cabeza de los legisladores y gobernantes granadinos.

Los franceses consideraban que la construcción de la mencionada cadena trigonométrica, que todavía no produciría mapa alguno sino sólo “sentar las bases de una buena carta topográfica”, habría de tomar al menos ocho años, siempre y cuando, claro, “se pueda operar en esta parte de la Nueva Granada con la misma seguridad y facilidad que en Francia”. Y como habría de operarse con la seguridad y facilidad de la Nueva Granada, la empresa bien habría podido tomar siglos (al menos el primer mapa de Francia tomó más de un siglo).

Legado de Codazzi

Codazzi había aprendido de los franceses sus conocimientos para el levantamiento de mapas durante las guerras napoleónicas, pero más importante aún, había ya llevado a cabo el primer mapa sistemático de país alguno de América, el de Venezuela, operando en condiciones de facilidad y seguridad más parecidas a las de la Nueva Granada que a las de Francia.

Por el lado de las finanzas, desde luego los padecimientos de Codazzi y sus colaboradores fueron inmensos, pero los recursos finalmente se sacaban de donde no hubiera. Se ha especulado demasiado sobre la supuesta fobia de los conservadores a apoyar un proyecto liberal y tradicionalmente se ha visto a Mariano Ospina Rodríguez como el villano de la Comisión Corográfica y a Tomás Cipriano de Mosquera como su héroe político.

En realidad, la Comisión Corográfica fue un proyecto suprapartidista, y en cuanto a estos dos personajes, las cosas fueron más o menos al revés. Ospina nunca dejó de manifestar su apoyo a la Comisión Corográfica, tanto de palabra como de obra, y tuvo que desautorizar varias veces a su secretario de Gobierno, Manuel Antonio Sanclemente, cuya desidia en cuanto a los pagos a Codazzi fue realmente astronómica. Mosquera, por su parte, quien en efecto dio comienzo a la Comisión Corográfica, se convirtió con el tiempo en su principal enemigo y llegó al punto de mandar destruir la Geografía Física y Política de los Estados Unidos de Colombia, que se publicó en 1863, y protagonizar un lance con Manuel Murillo Toro, que estuvo a punto de ser el detonante de una guerra civil, todo por un libro de geografía.

Construir una Nación significa muchas cosas y para la Nueva Granada en el siglo XIX este fue un proceso de muchas y complejas facetas. Una de ellas fue la creación de una imagen visual y mental del país sustentada en mapas, láminas a la acuarela y descripciones geográficas. Y también de una identidad nacional en un tiempo en que hasta lo más básico de la identidad, el nombre del país y sus lugares topográficos, cambiaban con extraordinaria frecuencia.

Finalmente, el gran interrogante que buscaba resolverse no era otro que el planteado en 1808 por Francisco José de Caldas, quien primero imaginó y dio forma, propósitos y sentido a la Comisión Corográfica, al convocar a “los hombres de luces” del virreinato para que trataran de dilucidar “qué es” este país.

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