AFP

 

1 “La verdad es que ya no existe algo que pueda ser llamado, en forma apropiada, sistema monetario internacional. Existe tan solo una colección de monedas nacionales, las cuales se relacionan entre sí sobre unas bases diarias en repuesta a una variedad de fuerzas económicas, políticas y sicológicas”. (Sweezy y Magdoff: 6)

 

2 “En esta época, los dólares poseídos en el exterior sumaban 53.300 millones, frente a solamente 10.500 millones de respaldo en oro poseído por Estados Unidos. El flujo de dólares hacia el exterior continuó hasta el punto que, a comienzos de 1973, existían 82.000 millones fuera de los EE.UU.” (Sweezy y Magdoff: 5).

 

3“ El Wall Street Journal estimaba para 1973 en US $ 268.000 millones los valores líquidos de corto plazo en poder de las “instituciones internacionales financieras privadas, y que la mayor porción del dinero está controlada por las compañías multinacionales y los bancos cuyos bases de operación están establecidas en los Estados Unidos” (Sweezy y Magdoff:)

 

4 Se le prestó entre otros a países como México y Argentina, para realizar dos mundiales de fútbol y de paso sostener la dictadura militar y el fracaso de los militares argentinos en la guerra de las Malvinas contra Inglaterra.

 

No es que el petróleo suba...
es que el dólar baja

Las precipitadas alzas en los precios del petróleo tienen con los pelos de punta a la economía mundial y su desenlace es aún impredecible, pues hasta tanto no toque fondo la devaluación del dólar no se detendrá la oleada alcista de los recursos petroleros y las consecuencias que su incremento acarrea en el resto de la economía mundial.

Luis Humberto Hernández,
Profesor de la Universidad Nacional y de la Escuela Superior de Administración Pública, ESAP

No es que el valor del petróleo esté subiendo: lo que pasa es que el precio del dólar está bajando, obligando a los dueños del petróleo a ajustar el precio de los hidrocarburos en correspondencia con la depreciación del dólar, con el atenuante de que las políticas que se vienen implementando por parte de las autoridades económicas norteamericanas, ponen al mundo al borde de una hiperinflación.

Contrario a lo que se piensa, el valor real del petróleo ha disminuido entre 1970 hasta el actual mes de marzo de 2008, así se vea aumentado su precio nominal en dólares. Eso lo comprendemos cuando nos referenciamos en el marco del patrón monetario internacional que predominaba antes de 1970, el cual estipulaba una relación de 35 dólares por una onza de oro Troy, base para el comercio internacional. Patrón que las autoridades norteamericanas rompen en 1970 y que es la causa que explica el desmadre actual que se presenta en la economía mundial. (Ver cuadro).

En el cuadro podemos ver cómo en 1970 con una onza de oro (35 dólares) se compraban 7 barriles de petróleo. En la actualidad (marzo de 2008) con la misma onza (1.000 dólares), se adquieren 10 barriles, es decir, 3 barriles más.

Eso significa que el valor real del petróleo ha disminuido y no aumentado como puede creer el sentido común; así, en términos nominales, es decir, en dólares, el precio del barril de petróleo haya aumentado en 95 dólares al pasar de 5 dólares en 1970 a 100 dólares en el 2008.

En otros términos, mientras en 1970 un barril de petróleo representaba el 14.2% del valor de una onza de oro, en el 2008 solo representa un 10%, es decir, 4.2% menos, así su precio en dólares haya aumentado en un 2.000% al pasar de 5 dólares a 100 dólares, precio nominal del petróleo en dólares pero no su valor real medido en la onza troy de oro. Por eso, el valor real del crudo ha disminuido en 1.5 dólares por barril de su precio en 1970.

El aumento del precio se da en proporción a la sobrevaloración del dólar, causada desde el momento en que las autoridades políticas y económicas norteamericanas rompen en los años 70 el patrón monetario internacional de Bretton Woods antes descrito, que regía el comercio a nivel mundial.

De hecho, la actual alza de los precios de los hidrocarburos es responsabilidad de las políticas inflacionistas o dolarizadas que caracteriza la economía norteamericana desde los años 70.

Por esta razón, la crisis que asiste en la actualidad a la economía mundial, y particularmente, a la norteamericana, no es de carácter coyuntural sino de vieja data, con características y consecuencias estructurales.

Los Fundamentos

Cuando en los 70 se rompe esa relación1 al equipararse el dólar frente al oro, los Estados Unidos ponen en su manos, o se inventan una mina de oro gratuita, “sacando oro” de la imprenta de la Reserva Federal (FED) con solo emitir billetes, con “el mismo valor” pero sin el sudor destilado por los trabajadores africanos cuando lo sacan de las minas de Sudáfrica o los colombianos de las de Barbacoas.

Esa política le dio el derecho a los Estados Unidos de pagarse, prestarse y financiarse sus gastos con moneda respaldada por el trabajo ajeno y no por el propio, en un mecanismo que ilustra John Nuller (Le Monde, junio 10 de 1990).

“Imagínese que todas las personas acepten en pago los talones girados por usted. Añada a eso que todos los beneficiarios de sus talones, repartidos por el mundo, omiten cobrarlos y se sirven de ellos como forma de moneda para cubrir sus propios gastos. Eso tendría para sus finanzas dos consecuencias importantes. La primera sería que si todo el mundo aceptara sus talones, usted ya no necesitaría usar billetes de banco, le bastaría con su talonario. La segunda consecuencia sería que, al revisar su extracto bancario, tendría la sorpresa de descubrir la existencia de un saldo de dinero superior al importe de la suma no gastada por usted. ¿Por qué? Por el motivo expuesto antes, a saber: que los cheques girados por usted circularían, sin ser jamás cobrados, pasando incesantemente de mano en mano. En cuanto a los resultados prácticos, serían los de poner a su disposición más recursos para consumir y para invertir. Cuanto más los otros usaran sus cheques como moneda, más abundantes serían los recursos suplementarios de que usted dispondría”.

Situación que los lleva en los años ochenta al delirio teórico y práctico del sueño económico capitalista, de enriquecerse especulando en las bolsas de valores sin necesidad de ser productores de riqueza alguna. “Apareciendo ganancias sin fundamento real, cuyos efectos desmoralizadores realmente se subestiman”, como afirmara el premio Nobel de economía de 1988, Maurice Allais.

Tenemos entonces una economía norteamericana que no tiene la capacidad suficiente para respaldar los dólares que emite, comportándose como cualquier paisano tercermundista que cree que la riqueza se crea emitiendo billetes y no como producto del valor del trabajo productivo, como lo demuestran los viejos cánones económicos. Parte de esa emisión de billetes hoy está guardada en una proporción de 5.6 billones de dólares, cuyos ahorradores no hallan cómo deshacerse de ellos (Whitney, 2007). Al hacerlo, podría generarse un aumento de precios, entre ellos, el del petróleo. Esa situación acarrea una súper-inflación a nivel mundial.

La ruptura del sistema monetario de Bretton Woods era producto del creciente y persistente déficit que acusaba la balanza de pagos de los Estados Unidos y que lo lleva a emitir dólares sin mayor respaldo, que recaen sobre las demás economías del mundo2. Esa emisión de dólares se hacía con el fin de mantener la guerra en Vietnam y Camboya, suplir el déficit comercial y satisfacer la demanda a raíz de la crisis petrolera de mediados de los años setenta, que conllevó el alza de los precios de 5 dólares barril hasta 35 y 40 dólares, significando que ahora se necesitaban más dólares para comerciar la misma cantidad de crudo, que era de 48 millones de barriles diarios (Hoy es de 84 millones). Un fenómeno denominado de la petrodolarización de la economía mundial que inundó las arcas de los bancos3, obligados desde entonces a buscar deudores a como diera lugar. (Davis, 1982.)

Lo contradictorio es que en la actualidad esa situación puede caer en un círculo vicioso sin fin, pues a mayor devaluación mayor precio del petróleo, irritando a la banca central norteamérica a emitirlos más devaluados. Afirmación que encuentra su razón en las medidas monetarias más recientes de la FED de liberar unos 200 mil millones de dólares para paliarle a los bancos la crisis hipotecaria.

Esa crisis hipotecaria no es otra cosa que la expresión en la coyuntura de esta situación estructural que venimos describiendo, como lo veremos más adelante.

La inundación de dólares en el sistema bancario conllevó en los años 70 la feria de préstamos para los países que quisieran endeudarse, no importando las razones que tuvieran para hacerlo4, desatando la crisis de la deuda en los años 80 y posterior proceso de privatización de los activos estatales que pasaron a manos de las corporaciones trasnacionales, como condición exigida por la banca mundial, al presionar el pago de una deuda propiciada y fomentada por ella misma de manera irresponsable.

Esa deuda, y por las mismas razones que se dio a nivel de los países en los años 80, se reproduce en la actualidad a nivel doméstico en los Estados Unidos, bajo la denominada ‘burbuja inmobiliaria’. Sus consecuencias serán más que elocuentes para nuestras economías, entre ellas el fantasma de la inflación que reaparecerá para quedarse, y no precisamente por causa del petróleo, ¡sino del dólar!

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