Pese a las extensas salidas a dos de los océanos más importantes del planeta, Colombia no le ha dado la suficiente importancia a esta ubicación geoestratégica. En la imagen, el famoso buque colombiano Gloria.

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Colombia necesita de una estructura académica, a falta de la institucional, para el estudio sistémico de los problemas oceánicos. En la foto, una playa de Providencia.

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Colombia en sus mares

Los mares son espacios de libertad, de responsabilidad y de misterios. En el caso de Colombia, los espacios marítimos bajo su jurisdicción son casi equivalentes en extensión al territorio emergido y con acceso a dos de los océanos más importantes del planeta. Sin embargo, ¿qué tanta importancia le ha concedido la institucionalidad del país a sus mares?

Antonio J. Rengifo L., PhD,
Profesor de Derecho Internacional
Universidad Nacional de Colombia

Desde los orígenes de la civilización humana, los mares han estado ligados a la historia, la cultura y el desarrollo de los pueblos. En la antigua Grecia, Tales de Mileto puso de presente que “el agua es la madre de todas las cosas”.

En la historia de la civilización, todos los pueblos que han alcanzado poderío o predominio, con la excepción del Imperio Mongol, lo hicieron apoyándose en el mar o en el elemento fluvial. Esta constatación tiene plena validez hoy y la tendrá aún por muchos años para la estrategia militar, fundada sobre la capacidad para desplegar rápidamente fuerzas a teatros exteriores de operaciones.

Los mares son espacios de libertad, de responsabilidad y de misterios. La vocación marítima está determinada por la visión que los pueblos tienen de sus espacios oceánicos y la relación que logran establecer con ellos. Esa visión ha sido y es poderosa en unos pueblos. Está ausente o es débil en otros. El mar no es simplemente un paisaje. Simboliza la experiencia de la eternidad, de la nada y de la muerte: es “un sueño metafísico”, en la bella expresión del escritor Thomas Mann. No tiene edad. En ello radica su misterio, su encanto y su fuerza.

Recursos

En los mares tuvo origen la vida sobre nuestro planeta. Los mares proporcionan sustancias para medicamentos, materias primas, recursos naturales vivos y no vivos, alimento altamente nutritivo. Ríos gigantes surcan todos los mares trasportando enormes masas de calor para mantener los equilibrios climatológicos del planeta.

La diversidad genética, biológica y química de los océanos es de lejos mucho más grande que la de los continentes.

En las profundidades oceánicas se preservan formas de vida insólitas, algunas bajo condiciones de alta toxicidad y falta de oxígeno, de imposible ocurrencia en los espacios emergidos. Los mares son el ecosistema de invertebrados de formas múltiples, peces de colores maravillosos, algas, bacterias planctónicas, picofitoplancton de diámetro inferior a un micrón y hongos, todos de utilidad para el desarrollo de nuevos medicamentos en la industria farmacéutica.

El océano posee inmensos recursos utilizables en farmacología. El 50% de las moléculas marinas patentadas en farmacología son anticancerosas. Por ahora, una sola ha sido comercializada. Su extracción y desarrollo presenta enormes dificultades.

Una parte del futuro energético del mundo podría encontrarse en el fondo de los océanos en forma de hidratos de metano, recursos gigantescos aun más importantes que todas las reservas de gas, carbón y petróleo que guardan los mares.

Pero el mundo oceánico, que cubre el 70% de la superficie de nuestro planeta, aún en buena parte por descubrir y comprender, es un patrimonio colectivo frágil y amenazado.

Amenazas

El rol de los océanos como regulador térmico está amenazado por el efecto invernadero. El riesgo de elevación del nivel de los mares, sustentado hoy científicamente, tendrá efectos devastadores en deltas y litorales, pudiendo poner en riesgo a considerables extensiones de países que se encuentran por debajo del nivel del mar. El efecto invernadero podría perturbar las corrientes oceánicas, lo cual contribuiría a bajas considerables de temperatura en la parte norte del planeta.

Los océanos reciben agresiones continuas de desechos industriales, nucleares, químicos y de hidrocarburos, al punto de convertirse en vertederos planetarios. La liberalización económica exacerbada acentúa la impunidad de aquellos que utilizan los mares como basureros.

La explotación excesiva de los océanos amenaza las reservas alimenticias y energéticas de un patrimonio que pertenece a la humanidad, comprometiendo los derechos de las generaciones futuras. Tan solo ocho países en el mundo, que disponen de alta tecnología, se benefician del 80% de los recursos pesqueros, llevando a un punto sin retorno las posibilidades biológicas de reproducción de varios ecosistemas, sin generar ninguna compensación a cambio por su utilización.

El desarrollo del sector marítimo continúa su dinámica: los intercambios marítimos, al favor de la tecnología de los contenedores, supera los seis millardos de toneladas al año, lo cual explica la competencia de los armadores y el impulso a la modernización de puertos, como condición imprescindible para los procesos de integración económica.

Frente a los peligros que amenazan a los mares, se está operando una toma de conciencia planetaria sobre la necesidad de preservar y conocer mejor los océanos. En 1994, entró en vigencia la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, de la cual hacen parte, en la actualidad, más de 140 países. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró a 1998 como el Año Internacional de los Océanos.

Nuevas leyes y políticas públicas tratan de mitigar las contaminaciones y las agresiones a los litorales, en los cuales se encuentra el 37% de la población del planeta. Nuevas organizaciones internacionales ejercen competencias sobre los mares para coordinar, en una perspectiva global, los esfuerzos individuales de los Estados, promoviendo a la vez nuevos estándares y programas de cooperación internacional.

En el sueño metafísico, los mares son un misterio comparable al misterio del hombre: “¿Quién es el mar, quién soy?; lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía”, escribió Borges. Para la ciencia, los mares siguen siendo un vasto universo aún por explorar, comprender y preservar.

Importancia científica

A partir de los años 80 del siglo pasado, la comunidad internacional consolidó la distribución espacial de los océanos a escala planetaria, proceso que se produjo a favor de desarrollos tecnológicos para la exploración submarina y de nuevos descubrimientos sobre la vida y funcionamiento de los océanos.

El preámbulo de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, en vigencia desde el 16 de noviembre de 1994, establece que “los problemas de los espacios marinos están estrechamente relacionados entre sí y han de considerarse en su conjunto”. Aunque plasmado en un instrumento jurídico de importancia y cobertura mundiales, ese precepto recoge el consenso casi unánime de la comunidad científica internacional.

En efecto, como lo reconoce la Agenda 21 (Cap. 17) y en particular el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, la fabricación de sistemas de observación por satélite y de diversos instrumentos innovadores han facilitado en gran medida la recopilación y la difusión de datos oceanográficos, que permiten a los científicos entender y prever las variaciones físicas, químicas y biológicas que tienen lugar en los océanos del mundo y aplicar ese conocimiento para atender necesidades sociales.

Esos esfuerzos cuentan con el apoyo del Sistema Mundial de Observación de los Océanos (SMMO), de cuya coordinación se encarga el Grupo Internacional de Coordinación de la Unesco, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Consejo Internacional de Uniones Científicas (CIUN). Esos desarrollos científicos internacionales corresponden al enfoque sistémico (comprehensive approach) como esencial para la investigación académica y salvaguarda de los océanos.

Hay que señalar, además, que en torno al precepto antes mencionado sobre interconexión de los problemas oceánicos, gira la política mundial de los océanos, el derecho internacional del mar, sus instituciones globales y toda la cooperación internacional en esa materia específica.

No está por demás afirmar que la investigación científica para la protección del medio ambiente marino, la gestión y el uso sostenible de los recursos oceánicos, el funcionamiento de los regímenes jurídicos y las instituciones globales con competencias oceánicas, debe recurrir a disciplinas que incluyen prácticamente todas las áreas del saber.

Son esos factores a tener en cuenta si se pretende abordar un enfoque sistémico para la investigación científica sobre océanos que facilite a Colombia una presencia más sólida en los escenarios internacionales donde se sigue produciendo el reparto geográfico de los mares para el presente siglo.

Situación
en Colombia

Es ya casi un lugar común afirmar que Colombia es un país que ha vivido de espaldas al mar (país altamente centralizado, enclavado en sus montañas andinas), situación paradójica si se tienen en cuenta factores tales como las extensas salidas (casi 3.000 kilómetros) a dos de los océanos más importantes del planeta y el rol activo de la diplomacia colombiana en los años 70 durante las negociaciones de la Tercera Conferencia Internacional sobre el Derecho del Mar.

Es preciso recordar, además, que los espacios marítimos bajo jurisdicción de Colombia son casi equivalentes en extensión al territorio emergido.

Sin embargo, los mares han sido los grandes olvidados de la institucionalidad en Colombia. Esta situación permite, de primera mano, hacer una constatación y establecer una necesidad inmediata y urgente para Colombia.

En primer lugar, es preciso afirmar que la investigación científica sobre océanos en Colombia ha estado sectorializada, centrada en la biología, la seguridad (Armada Nacional y Dimar), el medio ambiente y la prevención de riesgos (principalmente tsunamis). Ello a pesar de algunos esfuerzos de Colciencias y de varias universidades, entre ellas la Universidad Nacional de Colombia, con una Maestría en Estudios del Caribe, abierta a lo antropológico, social y cultural.

Sin embargo, ha faltado precisamente el marco institucional desde el Estado, carencia que se explica con cierto desdén de las élites tradicionales en Colombia por los océanos, que apenas empiezan a aparecer, no sin pena y dificultad, en los documentos sobre nuestra política exterior. Tampoco ha sido fácil la promoción de ese marco institucional desde la academia.

En segundo lugar, conviene expresar, precisamente, la urgencia para Colombia de una estructura académica, a falta de la estructura institucional, para el estudio sistémico de los problemas oceánicos.

Colombia no ha logrado integrar sus territorios oceánicos al desarrollo nacional. Si consideramos que “el tercer milenio será marítimo”, los mares deben ser parte imprescindible de una concepción geopolítica total, renovada y “resueltamente abierta a la posmodernidad desafiante”, que debe traducirse en investigación y trabajo académico con enfoque sistémico.

La escasa vocación marítima actual de Colombia y su nivel de desarrollo no pueden constituirse en excusa para sustraerse a los desafíos que presentan los mares a nuestro país. Países próximos al nuestro, como son Chile y Brasil, han logrado mantener una presencia importante en la escena internacional en materia de océanos. Las opciones de futuras alianzas están abiertas para Colombia.

La sectorialización que ha caracterizado en el pasado la investigación sobre mares y océanos impone la creación, para nuestro país, de estructuras académicas con capacidad para abordar el estudio sistémico de mares y océanos, en consonancia con los enfoques de la comunidad científica internacional y con las características específicas del medio oceánico.

Existen en Colombia alentadores destellos de luz en el horizonte. Desde los años 60, se ha consolidado una tradición de investigación en Biología Marina, con una masa crítica de investigadores en plena actividad, varios de ellos desarrollando en la actualidad programas de doctorado en el exterior.

En tercer lugar, existen esfuerzos institucionales desde el Estado para el desarrollo de los océanos, que se materializan en la adopción de una Política Nacional de los Océanos, el apoyo a la construcción naval, el desarrollo de infraestructura portuaria, la adopción de legislación interna y las respuestas a los compromisos adquiridos mediante tratados internacionales y requerimientos de organizaciones internacionales.

En cuarto lugar, existe también en Colombia una “toma de conciencia”, cada vez más creciente en los sectores académicos, en parte reflejo de una toma de conciencia planetaria respecto de la urgencia para responder a los desafíos que presentan los océanos en los comienzos del siglo XXI.

Es como consecuencia de los procesos expuestos brevemente que la Universidad Nacional de Colombia, conjuntamente con las Universidades de Antioquia, Magdalena, Valle, Jorge Tadeo Lozano, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi–IGAC, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras–Invemar y la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla”, ha emprendido la difícil tarea de crear un programa de doctorado en Ciencias del Mar, poniendo a disposición los recursos necesarios para ese fin.

La justificación final para la creación de ese programa radica en la perspectiva real de intensificar la investigación científica de los océanos desde un enfoque sistémico, que permita a Colombia, en lo interno, una mayor integración de los océanos al ordenamiento territorial y al desarrollo del país y, en lo externo, una mayor presencia institucional en sus mares, con inserción eficaz en las dinámicas regionales de integración Caribe y Pacífico, desde una interpretación crítica de los procesos de globalización en materia de mares y océanos.

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