Primer herbario del padre Pérez Arbeláez (1922-1929), quien redescubrió la Expedición de Mutis.

Cortesía José Luis Fernández Alonso

 

Tisii, nueva especie en peligro de extinción, descrita a partir de la lámina y el herbario de Mutis. Archivo del Real J. Bot. Madrid.

Cortesía José Luis Fernández Alonso

 

Este año saldrán dos nuevos tomos de la Expedición Botánica. El próximo se espera la edición de dos más.

Víctor Manuel Holguín/Unimedios

 

Datos reales

• La Real Expedición Botánica fue una tarea titánica para Mutis y sus colaboradores entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que aún hoy sigue arrojando datos valiosos para los científicos.

• En el Jardín Botánico de Madrid se conservan 5.393 láminas de la Flora del Nuevo Reino de Granada.

• 2.945 fueron realizadas en color y 2.498, en tinta.

• Fueron representadas aproximadamente 2.700 especies.

• El tamaño de la mayoría de las ilustraciones es de 53 x 34 centímetros.

• Estas cifras no incluyen numerosas láminas que Mutis solía enviar a otros naturalistas en Europa, principalmente a Carlos Linneo.

• 100 de las mejores ilustraciones fueron regaladas por Mutis a Humboldt.

• Se conservan 735 láminas pequeñas que contienen las “anatomías” o disecciones de flores, frutos y, a veces, inflorescencias, de las especies representadas en las láminas.

• Se conserva como parte de la colección iconográfica de la Expedición una serie diseños de plantas de Ecuador, debido a Francisco José de Caldas; además, 88 grabados que representan la germinación de varias plantas.

 

La Expedición, en imágenes

Los antecedentes históricos, los hechos, las frustraciones y los logros de la Real Expedición Botánica de Mutis serán presentados en el documental “Expedición botánica a la Nueva Granada: la expedición que aún no ha terminado”.

Este producto audiovisual, de 52 minutos de duración, fue realizado por la Universidad Nacional de Colombia, en el marco del bicentenario de la muerte del sabio José Celestino Mutis.

Un equipo de unas 20 personas participó en la producción, que mezcla ilustraciones, puestas en escena de recreación histórica con cerca de 25 actores y testimonios de importantes historiadores e investigadores expertos en el tema de la Expedición. Fue un año de intenso trabajo en locaciones como Mariquita (Tolima), Bogotá y Madrid (España).

 

Redescubrimiento
de la Expedición Botánica

Desde 1952, los gobiernos de Colombia y España trabajan en la publicación completa de la obra del botánico José Celestino Mutis. Un profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, que hace parte del proyecto, halló una curiosa carta que una paciente le escribió a Mutis y que fue reciclada por el botánico para envolver el fruto de un espécimen vegetal. Doscientos años después de la muerte de Mutis, la UN recuerda su invaluable legado.

Carlos Andrey Patiño,
Unimedios

El profesor José Luis Fernández Alonso es consciente de que la tarea no estará finalizada hasta dentro de 10 años: publicar el 100% de los hallazgos, representaciones pictóricas, muestras botánicas y documentos de la Real Expedición Botánica que hace 225 años emprendió José Celestino Mutis. Esta es una tarea en la que la Universidad Nacional de Colombia y el Real Jardín Botánico de Madrid están comprometidos de lleno.

Las largas horas invertidas por este docente español no cuentan cuando se trata de indagar en los documentos botánicos, en el que cada acercamiento augura una nueva sorpresa. Hace solo algunos meses en España, cuando se abrió una de las cajas donde reposaban muestras vegetales recolectadas hace 200 años, Fernández y miembros del Real Jardín Botánico verificaron el descubrimiento de una joya histórica.

“Fue maravilloso. Una mujer le dirigió una emotiva carta a Mutis pidiéndole que le ayudara en cuestiones de salud. El papel en el que escribió la dama fue reutilizado más tarde por el sabio para envolver una de las preciosas muestras de frutos y semillas de su colección”, dice el docente de la UN, que participará en un proyecto de catalogación e identificación de la carpoteca de Mutis (colección de frutos y semillas) en el Real Jardín Botánico, proyecto que dará a conocer una sección olvidada del herbario de la Expedición.

Doscientos años después, este hallazgo efectuado en Madrid en trabajos recientes de catalogación revela nueva información sobre Mutis como médico. “Es una pequeña muestra del diverso acervo de datos que entrega el estudio de la Expedición”.

Todo lo que tiene que ver con esta aventura está revestido de paciencia. Mutis esperó 20 años para que la Corona Española le patrocinara la Expedición. 33 años (1783–1816) duró la recolección, ilustración, identificación, catalogación y registro de las especies nativas hasta que la Revolución de los Comuneros y la reconquista española truncó el proyecto. Como si fuera poco, transcurrieron 130 años para que se recuperara del olvido este invaluable tesoro colombiano, que reposó sellado en las bodegas del Real Jardín Botánico de Madrid.

“Es increíble que este material haya llegado hasta nuestros días en tan óptimas condiciones de conservación. A ello ayudó, sin duda, el clima seco y relativamente fresco de Madrid. Hoy podemos estudiar muestras de hierbas de 200 años, muy bien preservadas”, dice Fernández mientras enseña una planta del género Solanum, disecada por Mutis y que reposa en el Herbario Nacional de la UN, en Bogotá.

Historia
de la recuperación

José Luis Fernández Alonso llegó a Colombia en 1986 en representación del Real Jardín, con la misión de seguir sacando a la luz pública la obra de Mutis y sus discípulos, aunando esfuerzos con botánicos colombianos que ya trabajaban en este empeño. Desde entonces, la UN es su casa, y el Instituto de Ciencias Naturales, el lugar donde sigue introduciéndose en la historia de la flora nacional.

Fechas, nombres, sitios y datos pormenorizados brillan en la explicación que Fernández hace, entusiasmado, sobre la historia de la Expedición Botánica y el posterior rescate de los documentos para su publicación.

“En los años 50 se firmó un acuerdo cultural entre España y Colombia, propiciado por el padre Enrique Pérez Arbeláez, para retomar el trabajo de la Expedición, en el sentido de publicar todos esos resultados que habían quedado inéditos en una gran colección de láminas, unos manuscritos inconclusos y un herbario bien preservado con muestras de la Nueva Granada y el Virreinato de Quito (Ecuador)”, explica el profesor Fernández.

Producto de estas iniciativas de Pérez Arbeláez nacieron en la década de 1930 en el Instituto de Botánica de la UN y el Herbario Nacional Colombiano. Años más tarde nació el Jardín Botánico José Celestino Mutis de Bogotá. “La Universidad es protagonista en este proyecto, porque fue en el Instituto de Ciencias Naturales donde se elaboraron los primeros manuscritos del proyecto Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada”.

Añade que en esa fase inicial participaron botánicos españoles como Rivas Goday y Fernández de Soto Morales y colombianos como Pérez Arbeláez y Lorenzo Uribe Uribe, que demarcaron el plan general de la obra y dieron a conocer las plantas de quinas inéditas de la Expedición y los tratamientos recientes de las primeras familias, las pasifloráceas y las begoniáceas.

Son cinco décadas de trabajo, con altibajos, en los que se han publicado 35 de los 52 tomos que se espera tenga la obra total de la Expedición. El docente español, natural del municipio de Encinas de Esgueva, en la provincia de Valladolid, considera que hoy se pasa por uno de los periodos más activos del proyecto, pues se cuenta con dos nuevos tomos recién publicados en el 2008 y se da por segura la publicación de otros dos en el 2009, con los que ya se inició el proceso editorial.

“Es apasionante acercarse a la parte humana de la Expedición, al conocer mediante la correspondencia y los diarios detalles de cómo trabajaban los pintores, los herbolarios y otros colaboradores, y las limitaciones que tenían. Al ver con qué pasión pormenorizaba Mutis la descripción de una hierba diminuta y la comparaba con las especies afines descritas por Linneo, a pesar de que a veces el tiempo no alcanzaba en medio de tantas y tan variadas obligaciones o compromisos”.

El botánico anota que, además, se describen sitios y plantas que siguen existiendo hoy: “adorote”, “azafrán criollo”, “gofecito”, “guacharaco”, plantas que los campesinos siguen denominando con los mismos nombres.

“Allí están las mismas riberas del río Gualí, la Mesa de Juan Díaz, la Quebrada Seca, en Honda, donde se ahogó Roque Gutiérrez, herbolario más diligente y querido por Mutis. Es admirable ver todo lo que lograron hacer, aunque esto no fuera suficiente para concluir y publicar el proyecto monumental en que se habían embarcado, describir con sumo detalle una de las floras más complejas del planeta, como es la colombiana”.

Nuevos hallazgos

José Luis Fernández hace parte de una larga lista de investigadores inmersos en la Expedición Botánica, labor en la que cada año florecen descubrimientos. “Aunque al principio pueda parecer un trabajo árido e inabordable por el tipo de información que se maneja, es muy gratificante cuando logra hilvanarse todo”.

La complejidad radica en que el trabajo de Mutis, en cierta medida, quedó incompleto. El sacerdote, catedrático, mineralogista, médico y botánico español murió el 11 de septiembre de 1808 en Santafé de Bogotá, y la Expedición quedó en manos de Francisco José de Caldas, Sinforoso Mutis y Jorge Tadeo Lozano. Era la época en la que se gestaba la independencia y muchos de los científicos del proyecto incursionaron en la revolución contra la Corona.

El resultado: el fusilamiento de personajes como ‘el Sabio’ Caldas; la interrupción intempestiva de la exploración; el envío a España, en 104 cajas, de todo el material vegetal; las láminas bellamente elaboradas sobre la flora nativa, y los pocos documentos escritos que se produjeron durante la Expedición. Todo guardado por casi siglo y medio.

“La información con la que se trabaja es muy críptica: diapositivas de las láminas originales recibidas de España; muestras botánicas originales de la Expedición que, a veces, no conservan todos los elementos diagnósticos necesarios de las flores y los frutos; manuscritos de la expedición en latín; otros están fragmentados o emplean una terminología, morfología y medidas clásicas para el siglo XVIII, con la que es necesario familiarizarse. Además, los nombres científicos citados en pocos casos se corresponden con la nomenclatura actual”, resume el investigador de la UN.

Se suma el hecho de que Mutis enfocó más sus esfuerzos a detallar gráficamente los descubrimientos botánicos, dejando en segunda instancia la elaboración de las descripciones morfológicas de las plantas en el papel. En este sentido, claramente “dio prioridad a la elaboración de unas láminas sumamente detalladas, que contaban con las disecciones de las flores y los frutos, de las que en un futuro pudieran extraerse las descripciones botánicas sin necesidad de volver al campo”.

Para la historia

Gracias al estudio de los registros botánicos de hace dos siglos, casi todos los años se descubren plantas que los expertos contemporáneos todavía no conocen. Además, “se puede considerar a la Expedición de Mutis como una fotografía de la vegetación de la época en los sectores de Colombia y Ecuador en donde se trabajó. Quedó plasmada una muestra muy importante de las plantas representativas de la flora local, en la que podemos evidenciar la presencia de algunas especies que hoy se encuentran al borde de la extinción, o que no han vuelto a ser encontradas”.

Cuando culmine este ambicioso proyecto editorial de la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, Colombia contará con una primera flora nacional concluida. Esta incluye unas 4.500 especies de Colombia y Ecuador, sumadas las especies representadas en las iconografías y las representadas en el herbario de la Expedición.

“Aunque la flora abarcada por la Expedición Botánica apenas representa 10% de las especies que existen en Colombia y Ecuador –unas 45.000, si consideramos plantas vasculares, musgos, hepáticas y líquenes–, sin duda constituye una muestra histórica de valor incalculable”, concluye el investigador

español.

Adentrarse en la Expedición Botánica de la Nueva Granada es sumergirse en la historia de Colombia, en un periodo en el que vivieron los próceres de la Patria, donde se comenzó a hacer ciencia local y donde la naciente Colombia pasó por las mentes de los naturalistas más brillantes de la época como el sueco Carlos Linneo y el alemán Alexander von Humboldt.

La Universidad Nacional de Colombia, en la segunda parte del siglo XX, entró a hacer parte de esa historia, reconstruyendo un capítulo vital de la ciencia colombiana.

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