Víctor Manuel Holguín/Unimedios

 

 

 

Apuesta por recuperar bosques originarios

El Grupo de Restauración Ecológica de la UN desarrolla un proyecto para recuperar el bosque altoandino, en los alrededores del embalse de Chisacá, al sur de Bogotá, con apoyo de un convenio interinstitucional. La iniciativa busca restaurar áreas con plantas invasoras. Los resultados son esperanzadores para volver a tener bosques originarios.

Carlos Andrey Patiño,
Unimedios

En la apacible vereda El Hato, en la localidad de Sumapaz, al sur de Bogotá, da la impresión de que el paisaje hubiera sido el mismo por años: el panorama lo dominan bosques de pinos y cipreses, potreros, así como un llamativo follaje denso, extendido por kilómetros, y compuesto por un arbusto alto con flores amarillas al que los campesinos llaman ‘espino’.

Sin embargo, nada de esto pertenece al paisaje original y constituye una alteración radical a la flora, fauna y vegetación autóctonas, en una zona declarada Reserva Natural del Distrito Capital. A los ojos de los biólogos y ecólogos del Grupo de Restauración Ecológica de la Universidad Nacional de Colombia (GREUNAL), en Bogotá, en estas áreas se puede restaurar el ecosistema original.

El embalse de Chisacá, que surte de agua al 10% de la población capitalina, se ubica en la vereda El Hato. En los alrededores de este espejo de agua, investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado del Departamento de Biología de la UN desarrollan un proyecto en el tema de restauración ecológica.

El grupo comenzó a desarrollar una serie de investigaciones con el propósito de crear estrategias para recuperar los bosques. “Superamos la primera etapa de forma exitosa y ahora entramos en la segunda con el apoyo de la Secretaría Distrital de Ambiente, el Acueducto de Bogotá y el Jardín Botánico”, indicó Orlando Vargas Ríos, profesor del Departamento de Biología y director del GREUNAL.

Trabajo verde

Las plantaciones de especies exóticas como el pino, aunque hermosas, alteran la dinámica hídrica y las propiedades del suelo. Entretanto, el ‘espino’, que parece inofensivo y bonito, es una de las peores plagas vegetales del mundo. En Bogotá invade extensas zonas de alta montaña, como los Cerros Orientales y los alrededores del embalse de Chisacá. Mejor conocido como retamo espinoso, su nombre científico es Ulex europaeus y fue introducido en la región hace aproximadamente 50 años.

“Una parte de las investigaciones busca el control del Ulex. Hay experimentos que comienzan a arrojar resultados importantes controlándola en fase de plántula, a través de la conformación de doseles de especies nativas de rápido crecimiento o con sombra artificial. Las otras investigaciones se centran en el proceso de restauración ecológica en plantaciones de Pinus patula, formando claros experimentales o aprovechando los claros formados por la caída de árboles”, explica el profesor Vargas.

La solución, a simple vista, parece fácil, pero hay que superar muchas restricciones ambientales y sociales para restablecer las dinámicas naturales. Las biólogas Liliana Corzo y Luisa Pinzón explican que recuperar el bosque, que alguna vez existió en las zonas bajas del páramo de Sumapaz, es una tarea ardua. “En la actualidad existen reductos mínimos de ese bosque, que no progresan por la invasión de Ulex y porque la tierra es pobre en sus compuestos”.

Investigaciones aplicadas

Liz Alejandra Ávila, estudiante de Biología, desarrolla su trabajo de grado en Chisacá. Su tarea consiste en generar las condiciones biológicas óptimas para que las plantas originarias vuelvan a prosperar.

“Todavía no podemos establecer un bosque primario, es difícil, debido a que en estos bosques predominan especies como los encenillos, árboles de muy lento crecimiento si no tienen las condiciones ambientales adecuadas. Lo que hacemos en las parcelas de restauración es experimentar con especies vegetales nativas de rápido crecimiento que pueden mejorar las condiciones del suelo y crear un microclima que permita proteger a las especies más frágiles”, relató la estudiante.

Las especies pioneras de rápido crecimiento como arbolocos, chochos y camargos son con las que trabajan los investigadores y estudiantes para comenzar la repoblación de especies nativas. “La importancia de restaurar el boque nativo es garantizar la sostenibilidad de servicios ambientales como el agua, en esta región de gran importancia hídrica”, aseguró el profesor Vargas Ríos.

Por eso, es clave el papel que desempeñan, desde otro ángulo de la investigación, los estudiantes Olga León y Adriana Marcela Díaz, de maestría, y Diego Cabrera y Laura Franco, de pregrado. El propósito de todos es ensayar múltiples estrategias para la restauración ecológica, para lo cual la investigación básica y aplicada es fundamental.

Olga investiga cómo la luz afecta el crecimiento del retamo (Ulex europaeus), Diego determina cómo la calidad del suelo afecta el crecimiento de una de las plantas utilizadas para darle sombra al retamo espinoso y retardar su crecimiento, mientras Laura está estudiando la biología y ecología de la planta pionera verbesina, con resultados sorprendentes en su crecimiento.

Por su parte, Adriana comienza a comprobar que con los “chochos” (Lupinus spp, otra planta autóctona) se le pueden quitar nutrientes, darle sombra y retrasar el desarrollo del peligroso retamo espinoso. Es el conjunto de estos estudios científicos el que abrió el camino para que el Convenio entre el Acueducto de Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente apoyara el trabajo del Grupo de Restauración Ecológica de la UN para iniciar el proceso de recuperación del casi inexistente bosque andino, en el embalse de Chisacá.

Cambios

“Es contradictorio que en áreas creadas para la protección del recurso hídrico, como la de Chisacá, no haya un bosque original, sino pinos y plantas invasoras. Tenemos muchas expectativas. Esperamos que sea un proyecto que tenga apoyo constante”, indicó la bióloga Liliana Corzo.

Es por todo este trabajo que recientemente la Fundación Alejandro Ángel Escobar otorgó el Premio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible 2008 al profesor Orlando Vargas, por los trabajos del GREUNAL. A la estudiante Adriana Díaz le entregó una de las becas Colombia Biodiversa en la categoría de maestría, como apoyo al trabajo que desarrolla en Chisacá.

Un aspecto vital del trabajo ha sido la participación de la comunidad local. Los investigadores destacan el apoyo de los habitantes de la vereda El Hato y de los sectores aledaños. Vicente Vela, campesino del lugar, sostiene: “Viendo lo que hacen estos muchachos uno entiende la importancia del proyecto. El ‘espino’ (Ulex europaeus) nos tiene invadidos, es muy difícil de erradicar, y mire cómo estos jóvenes lo han podido controlar en las parcelas”.

Una conciencia igual es la que se quiere hacer prevalecer no solo en Chisacá, sino en todos los sitios donde la ampliación de la frontera agrícola, la introducción de especies vegetales exóticas y la falta de planeación para cuidar los bosques primarios y secundarios acaban con la naturaleza nativa.

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