Según la EAAB, en un año, en el humedal de Jaboque, se recogió un volumen de basura que podría haber llenado todo el Estadio El Campín.

Fotos: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

 

Los humedales son fundamentales para que el río Bogotá descargue sus aguas, cuando se excede el nivel. Sin embargo, la contaminación de este afluente puede afectar a la fauna y la flora, si no hay vigilancia sobre el tema.

 

Alerta en humedales de Bogotá

Mientras el interés de la población se desvía a megaproyectos de infraestructura, la degradación de los humedales de Bogotá le va ganando al paso lento de las políticas de recuperación del Distrito, pues lo ambiental parece no ser prioridad. Expertos de la UN alertan sobre la amenaza que sufren estos espacios verdes. La Empresa de Alcantarillado y la Secretaría de Ambiente hablaron sobre el tema.

Magda Páez Torres,
Unimedios

Para los indígenas Muiscas, humedales como el de Jaboque eran sitios sagrados, casi santuarios, dignos de su respeto y protección. Hoy, esos lugares venerados por los nativos se han convertido en espacios profanados por la contaminación y algunos programas distritales que se han adelantado, de manera errónea, para su recuperación.

Aunque las entidades responsables de su saneamiento argumentan que, ahora, hay otra concepción en las mejoras, y critican decisiones previas al 2005, los daños son latentes. La demora para responder a la solución de problemas que tienen su origen en el pasado y empeoran en el presente amenaza la biodiversidad.

Según la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, EAAB, esto se debe en gran medida a que el presupuesto del Distrito para estas labores, pese a haber aumentado, sigue siendo insuficiente.

Un recorrido por tres de los 13 humedales de Bogotá –Juan Amarillo, Jaboque y La Conejera– permitió vislumbrar los problemas existentes e identificar fortalezas de áreas protegidas por la comunidad en relación con algunas decisiones del gobierno local, que podrían haber causado graves daños. Este es el caso del humedal La Conejera.

Dificultades como el vertimiento de aguas residuales, conexiones erradas del alcantarillado, basuras y otros temas de tiempo atrás, como el dragado, ya han tenido efectos en la fauna y la flora y aún son una amenaza clara.

Basura en abundancia

Entrar a Jaboque es encontrarse de frente con la realidad de muchos humedales de Bogotá: la contaminación. Residuos de todo tipo (plástico, papel, cartón y hasta caucho) forman parte del entorno, en especial, de los espejos de agua, que comparten con alguna de la fauna y la flora.

Como lo señaló Juan David Escobar, ingeniero hidráulico de la Empresa de Acueducto de Bogotá, en este humedal se recogió, en un año, un volumen de basura que podría haber llenado todo el Estadio El Campín. No obstante, la Gerencia Ambiental de la EAAB dice que la responsabilidad en este tema compete a organismos de control como la Personería y la Contraloría, que tienen la facultad para hacer cumplir las normas.

“Hay algo difícil de controlar que es la cultura humana y eso toma tiempo. La Secretaría tiene una oficina de participación y gestión ambiental, desde la que se llevan a cabo muchas tareas de educación ambiental, para crear una conciencia alrededor de la protección de los humedales”, dijo Camilo Flórez, jefe de la Oficina de Ecosistemas y Biodiversidad de la Secretaría de Ambiente.

La pregunta es cuánto podría durar una campaña de sensibilización y por qué no adoptar otras medidas mientras las personas adquieren una cultura de cuidado.

Las basuras son un problema ocasionado por individuos y empresas. Hay quienes arrojan un residuo, que sumado a otros se van acumulando, y hay empresas que descargan su basura en estos sitios, maximizando los efectos.

“Tenemos problemas con Corabastos. Nos bota todos los residuos al humedal La Vaca. Se han comprometido en varias reuniones con la Personería y la Contraloría a solucionar el problema, pero no se ven las actuaciones”, dijo Ricardo Gómez, director de Gestión Ambiental de la EAAB.

Como opinó el profesor Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias Naturales de la UN, se necesita controlar los asentamientos humanos, debe existir una clara delimitación de lo que es la cubeta con el espejo de agua y en la zona de ronda del humedal hay que implementar mecanismos de protección, como mallas.

“Estos humedales hay que incorporarlos a la comunidad, para que los pueda disfrutar. Para eso, hay que elevar su calidad ambiental”, recomendó el docente del Instituto de Ciencias Naturales de la UN. Eso sí, enfatizó en que los humedales no pueden convertirse en parques, con ciclovías y cemento.

De acuerdo con la Oficina de Ecosistemas y Biodiversidad de la Secretaría de Ambiente, es muy difícil ejercer vigilancia sobre humedales tan grandes como Jaboque, que tiene 150 hectáreas. La idea, dijeron, es hacer cerramientos con mallas, para que los recicladores, los perros y quienes contaminan el humedal no puedan ingresar tan fácilmente.

No obstante, indicaron que no se ha implementado, porque es muy costoso hacerlo, y que por ello se está acudiendo a entregar a fundaciones la administración de los humedales. El proceso aún no se ha hecho efectivo en todos.

Alcantarillado y aguas residuales

Los 13 humedales de Bogotá, de alguna forma, presentan problemas de aguas residuales y conexiones erradas, que en su mayoría, según la EAAB, se deben a la acción de habitantes de barrios ilegales aledaños. La solución parece lenta, pese a que este es uno de los primeros pasos en el proceso de restauración.

“Si no se soluciona el problema de vertimientos de aguas residuales a la ronda de los humedales, nunca se va a mejorar la condición biológica de estos”, sostuvo el profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, Orlando Rangel.

De acuerdo con la Gerencia Corporativa Ambiental de la EAAB, el problema del alcantarillado en los humedales viene de conexiones erradas o alcantarillados provisionales.

En la medida en que la empresa pudo ir legalizando la cobertura de esos barrios, dentro del proceso de legalización de Planeación Distrital, afirmó Escobar, ingeniero hidráulico de la EAAB, se les fueron construyendo las redes de servicios oficiales.

“Hoy casi podemos decir que un 99 por ciento de las redes aledañas a los humedales están construidas en alcantarillados separados. Eso no quita que haya una serie de conexiones erradas, tanto del alcantarillado sanitario, como el pluvial, y viceversa”.

Estas conexiones erradas han hecho que a los humedales que solo deben llegar aguas lluvia lleguen también algunos caudales de aguas residuales. Este es un problema generalizado que, en menor o mayor proporción, está afectando a todos los humedales de Bogotá.

“Hay que controlar que a estos humedales les entren aguas lluvia y no aguas servidas. Mientras no se controle la fuente de contaminación directa, no va a haber posibilidad de restauración”, aseveró el profesor Rangel.

Así mismo, agregó que esta dificultad está cambiando las condiciones ecológicas y biológicas, y está aumentando la materia orgánica, los contaminantes, las bacterias coliformes, que atentan contra la salud.

Según la Gerencia Corporativa Ambiental de la EAAB, orientando al manejo de este problema, se está adelantando un proyecto piloto en el sector de Niza. “Lo que se va a hacer en este momento es la identificación de esas conexiones erradas, por lo menos para la cuenca del humedal de Córdoba. El paso siguiente es la eliminación de esas conexiones”, indicó Sergio Rodríguez, biólogo de la EAAB.

Sigue el dragado

Uno de los métodos a que se ha apelado en el proceso de recuperación de humedales es el dragado. Un ejemplo claro de ello es Juan Amarillo, donde se hizo una operación generaliza de este tipo, dejando al sitio como una laguna, sin vegetación, y rodeada de cemento.

Aunque la política con respecto a este tema ha variado e incluso acciones como la de Juan Amarillo son reprochadas por la EAAB y la Secretaría Distrital de Ambiente, en pequeñas zonas se siguen haciendo dragados, pues el Acueducto argumenta que no hay otros mecanismos para restaurar estas áreas y que siempre se trata de afectar lo menos posible la biodiversidad.

En las zonas dragadas, una de las más afectadas es la vegetación y, de la mano, los animales que habitan en ella. “Es necesario retirar los lodos. Pero lo hacemos con medidas de mitigación de impacto, de tal forma que la afección, si se da, es de grupos poblacionales muy pequeños”, dijo Alejandra Garzón, ingeniera civil de la EAAB.

Así, de manera indirecta, reconoce la Gerencia Ambiental que el dragado, aunque sea de forma mínima, termina afectando la fauna y la flora. Pero ellos privilegian sobre esto los beneficios generales que se reciben. ¿Se podrá explorar otro mecanismo? Aseveraron que no.

“La idea que se tiene de restaurar los humedales eliminando vegetación o dragando va en contra de la diversidad de fauna. Se rompen las características biológicas del ecosistema”, aseveró el biólogo, profesor la Universidad Nacional, Enrique Zerda.

Biólogos del Acueducto justifican que la idea es crear diferentes ambientes, unos con flora y otros sin ella, y sostienen que los espejos de agua sin vegetación resultan necesarios para la vida de otras especies.

Qué de la fauna y la flora

La naturaleza cumple un ciclo perfecto. Unas especies dependen de las demás para vivir. Por tanto, si algunas desaparecen, las otras se vuelven vulnerables. “Las aves dispersoras de semillas hacen que la vegetación se mantenga. Un caso parecido es el de los polinizadores. Por ejemplo, los curíes tienen sobrepobladas algunas zonas de la Sabana de Bogotá, debido a la extinción de predadores naturales como búhos y águilas”, expresó el profesor Zerda.

Para los seres humanos también representa un peligro, pues muchas enfermedades se han desarrollado por la destrucción de hábitats naturales. Por ejemplo, la incidencia de afecciones pulmonares en los niños, en las zonas periféricas de los humedales. Es decir, hay una relación muy estrecha entre la vida del hombre, la vegetal y la animal.

Aves como el cucarachero de la sabana y la monjita, que habitan en humedales, se encuentran, según el profesor Zerda, en peligro de extinción. El pato zambullidor andino ya se extinguió. Por tanto, se requiere proteger los espacios donde habitan.

“Lo ambiental no es prioridad”

La Gerencia Ambiental de la Empresa de Acueducto de Bogotá reconoció que se han cometido varios errores en el proceso de recuperación de humedales, pero destacó que es un proceso en el que se está aprendiendo. Lamentablemente, los daños ambientales son poco reversibles y un error puede marcar hitos en la biodiversidad mundial.

Hay conciencia, por parte de las autoridades en este tema, de que las necesidades son muchas y apremiantes, pero la Gerencia Ambiental de la EAAB aseguró que el presupuesto es insuficiente para suplirlas todas o ir más rápido en el tratamiento.

“El Distrito debería estar trabajando por todos los humedales de la región, que no son solo los de planicie, sino también los de montaña y media montaña. Es tan difícil operar en ese sentido con respecto a las legislaciones que tenemos, que apenas estamos empezando a trabajar los de planicie”, afirmó Byron Calvachi, biólogo de la Empresa de Acueducto.

Lo irónico radica en que el Plan de Ordenamiento Territorial actual exige la recuperación de los humedales a la EAAB. Representantes de la empresa reclaman el dinero para hacerlo.

“Tenemos escasez de recursos. Eso es definitivo. Entonces, los recursos con que se cuenta se destinan para lo más apremiante, que es prestarle servicio a la gente o suplir necesidades de alcantarillados. Si sobra plata se destina a los humedales”, señaló el ingeniero Escobar.

Y es que, al parecer, en Colombia tampoco en materia ambiental se cumple la normatividad existente. Por ejemplo, el director de la Gerencia Ambiental cuestiona dónde está el 1 por ciento que establece la Ley 99 para la compra de predios, con el objeto de hacer mantenimiento en nacederos de las partes altas.

Tal vez, como lo afirmó el biólogo Rodríguez para el Distrito todavía lo ambiental no es prioridad. “Se ha invertido mucha plata, pero aún sigue siendo insuficiente”.

El presupuesto de la Secretaría de Ambiente y el de la EAAB para este cuatrienio suma cerca de 20 mil millones de pesos, de acuerdo con Flórez, de la Secretaría de Ambiente. No obstante, sigue siendo insuficiente.

“Por ejemplo, en un sector de La Vaca que se recuperó, podemos hablar de una inversión cercana a los 5 mil millones de pesos, y son solo 5 hectáreas. En otro humedal, si pudiéramos hacer todas las adecuaciones posibles, podríamos hablar de 20 mil ó 40 mil millones de pesos”, explicó el representante de la Secretaría.

Es decir, el presupuesto de ambas instituciones podría gastarse solo en la recuperación de un humedal como Jaboque, que cuenta con 148 hectáreas. ¿Y qué pasa con los demás?

¿Dónde están
los responsables?

La Empresa de Acueducto de Bogotá señaló que su función en cuanto a los humedales es el mantenimiento, la recuperación y la conservación hídrica y biótica de estos. Por ende, al interrogarles sobre los efectos ambientales de algunos trabajos y situaciones, como las basuras, que no dejan avanzar la recuperación, ellos responsabilizan, principalmente, a la Secretaría de Ambiente como la autoridad ambiental suprema.

Como señaló el biólogo de la Empresa de Acueducto, las entidades relacionadas con los humedales necesitan una transformación interna, como la del Acueducto, para dar respuesta a este problema. “Las alcaldías locales, por ejemplo, no pueden responder a lo ambiental, porque no tienen la capacidad. Requieren una transformación interna para tener una oficina dedicada a este tema. Lo mismo en entidades como la Secretaría Ambiental y la Policía”, dijo Calvachi.

Y es que la atención oportuna de las dificultades resulta fundamental, ya que la degradación de los ecosistemas va aumentando con el paso del tiempo y, así mismo, las situaciones que los afectan.

El mismo Acueducto reconoce que problemas como los barrios ilegales van creciendo de manera decidida. “Según registros del año 2000, en el humedal de Techo había 19 casas construidas dentro del lecho del humedal. Si no hay acciones, en pocos años vamos a tener todo el lote construido, pues hay espacio para 200 casas más”, afirmó Gómez.

Agregó que en casos como éste es que la autoridad ambiental debe intervenir, exigiéndole a la misma Alcaldía Local y a la Policía que actúen.

Con respecto a ello, el Jefe de la Oficina de Ecosistemas y Biodiversidad de la Secretaría de Ambiente expresó que “el tema de los humedales no es solo de la EAAB y de la Secretaría, sino del Distrito, y que otras entidades tienen competencias. “Nosotros somos la cabeza de la parte ambiental, pero hay muchas acciones policivas que dependen de las alcaldías locales y de la Secretaría de Gobierno. No es un tema de una sola entidad”, enfatizó.

Eso sí, Flórez reconoció que se han cometido errores también por parte del Acueducto. “Por ejemplo, en Jaboque la estrategia del manejo hidráulico no ha sido muy exitosa. Hay un sistema de rejillas que acumula basura, pero la tasa de acumulación es más alta que la de retiro (porque se retira cada dos o tres días), cuando hay lluvias toda la basura va a esos canales, que se tapan y provocan inundaciones. Ahí se ven los problemas de las obras de ingeniería”, y añadió que se deben hacer correcciones.

Y mientras todos “se lanzan la pelota”, la alerta en los humedales se acrecienta. En el 2005 se estableció una política distrital de humedales, pero, ahora, parece que falta un direccionamiento desde la administración para un trabajo unificado, ya que la amenaza a la biodiversidad de estos espacios aumenta de forma progresiva.

Qué se recomienda

De acuerdo con el profesor Rangel, lo esencial es que exista un programa continuo, que no cambie con las administraciones. “Debemos proteger lo que hay, tratar de recuperar las zonas que se puede y tomar medidas para mirar cómo se mitigan las áreas completamente afectadas”.

“Son situaciones que dependen de decisiones políticas. El asunto es quién toma esa decisión política. Claro, plata se ha gastado, y bastante, en algunos casos mal invertida, ahora se necesita desarrollar unas actividades que redunden en una verdadera recuperación de los humedales”, sostuvo Rangel.

El docente de la UN agregó que el deterioro de los humedales significaría una gran pérdida de espacios verdes para los seres humanos y, además, un área fundamental para que el río Bogotá descargue sus aguas, cuando estas se excedan. Estos, para él, son espacios que una vez se recuperen pueden contribuir en la calidad de vida de la ciudad, como aulas ambientales y lugares de esparcimiento.

Para el profesor Zerda, es necesario asumir una conciencia ecológica con referencia a humedales, pues estos espacios son ecosistemas de una variada biodiversidad, que podría verse afectada con medidas equivocadas.

Las necesidades se conocen. También la urgencia de su tratamiento. No obstante, los argumentos abundan a la hora de reclamar acciones. La alerta verde está encendida, no desde hoy, sino desde muchos años atrás, solo que con el paso del tiempo se va haciendo más notoria.

La naturaleza no acepta excusas y poco supera equivocaciones. Tal vez, el día que el verde haya desaparecido sí habrá presupuesto para la creación de espacios artificiales, en donde, con animales de juguete, el hombre pueda ir a recrear lo que un día fueron los humedales.

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