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El médico, la segunda víctima

Un error en la cadena de atención clínica no solo perjudica al paciente, el médico también se ve afectado emocionalmente y carga con el peso de la ley.

Félix Enrique Blanco,
Unimedios

El ginecólogo Carlos Araújo* trabajaba en un hospital de primer nivel en un municipio cerca a Bogotá. Un día atendió a una paciente con cinco meses de embarazo a quien le habían diagnosticado amenaza de aborto la noche anterior.

En su revista a la sala de urgencias vio que la joven, de 20 años, sangraba y tenía dolores, por lo que solicitó una ecografía para establecer el estado del feto. Los resultados mostraban que el bebé había fallecido días antes de que la madre acudiera al hospital. Diagnóstico: aborto retenido con la muerte del bebé.

Araújo solicitó otros exámenes mientras continuaba con el proceso de aborto. Uno de ellos mostró que la sangre de la paciente no coagulaba bien.

Sin embargo, como el hospital no tiene banco de sangre, ni quirófanos grandes ni unidad de cuidados intensivos, y como además de ginecólogo Araújo es oncólogo, decidió que a la mujer no se le podía atender allí, por lo que iniciaron los trámites de remisión.

Muchas horas después, encontraron un centro hospitalario en Bogotá con disponibilidad para recibir a la joven. Según Araújo, en la ciudad continuaron el proceso para culminar el aborto.

Cuenta el doctor que en la madrugada del siguiente día, la paciente presentaba un abundante sangrado, por lo que decidieron llevarla a histerectomía y extraerle el útero, el cual fue enviado a patología.

La paciente se recuperó y continuó bajo el cuidado del doctor Araújo, quien a los seis meses recibió con sorpresa una denuncia de la Fiscalía local del municipio, en la que lo citaban a indagatoria como parte de una investigación.

Allí se entera que Medicina Legal, a partir de una muestra de la intervención quirúrgica, reconstruyó lo sucedido y determinó que el culpable de lo que pasó fue el ginecólogo del municipio y que su demora produjo el desmejoramiento en la condición de la paciente y la consecuente pérdida de su matriz.

A partir de este dictamen se basaron unos abogados para exigir una indemnización por lesiones personales que fue la acusación de la Fiscalía contra el médico.

Por su parte, Araújo dice que el patólogo de Medicina Legal desconoció la historia clínica de la paciente, no revisó la bitácora de llamadas a clínicas y hospitales de Bogotá y no tuvo en cuenta el sistema de referencia y contrarreferencia que no permite enviar un paciente a un centro asistencial a menos que este lo acepte y diga que tiene cupo.

Los procesos

Además del proceso abierto por la Fiscalía, el caso de Araújo es llevado al Tribunal de Ética Médica, que hace un análisis de la historia clínica y recibe sus declaraciones, los descargos y hasta la literatura médica o artículos para sustentar su diagnóstico y el manejo que le dio, en este caso, a la paciente.

El Tribunal de Ética Médica exonera al ginecólogo. Se acude a la opinión de un ginecobstetra legista y su conclusión es que el caso estuvo bien manejado. La Fiscalía, por su parte, apegada al dictamen del patólogo, sigue con el proceso penal.

Luego de cuatro años, el Tribunal de Cundinamarca dice que no hay mérito y ordena cerrar la investigación, pues todo estuvo apegado a la normatividad y declara que con el manejo se logró salvar la vida de la paciente.

Los sentimientos

“Yo ejerzo la docencia y les digo a los alumnos que jamás he visto un médico que con intención trate hacerle daño a un paciente”, dice Araújo para explicar sus sentimientos en medio de la investigación.

Narra que una de las cosas más duras fue cuando acudió a la Fiscalía y lo trataron de sindicado. “Yo le preguntaba a la funcionaria: ¿sindicado? ¿sindicado de qué? Y me decían que yo era el sindicado, para mí esa palabra tiene una connotación diferente, grave y lesiva”.

Agrega que inicialmente sintió rabia contra la persona que hizo la denuncia, luego trató de entender qué pasaba por la cabeza de ella y después entendió que los familiares de los pacientes afectados tratan de establecer lo que pasó y buscan un culpable ante la ira e impotencia por lo sucedido.

Cree que en este momento es cuando llegan personas con intereses diferentes y aconsejan buscando una remuneración económica. A su juicio, al final es lo que quieren, una compensación económica por la pérdida de un órgano o de una vida.

En una situación paradójica, el doctor Araújo siguió atendiendo a la joven al tiempo que proseguía su denuncia contra él.

“Uno tiene la incertidumbre sin saber qué va a pasar el día siguiente, cuando una persona puede tomar una decisión sobre mi vida. Es una situación que genera mucha angustia”, asegura el médico relatando lo que sentía durante el proceso.

Propone que el juzgamiento a un médico debe tener como punto de partida una investigación del Tribunal de Ética Médica, y a partir de allí seguir con los demás procesos, pues “uno comete un error y por un lado le hacen una investigación de tipo ético medico, una investigación penal y otra de tipo civil. Por un solo hecho se responde a tres acusaciones”.

* Nombre cambiado

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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

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