Los altos niveles de endeudamiento externo han acompañado a todas las crisis que aparecen. Estados Unidos es el mayor deudor del mundo con más del 95% de su PIB, US$ 11 billones.

Imaginechina

 

“... los años previos a los fenómenos de crisis están estrechamente relacionados con ciclos de auge u optimismo generalizado, adopción de procesos de liberalización y desregularización financiera, altas tasas de interés que incentivan el ingreso masivo de capitales especulativos de corta permanencia, euforia crediticia de alto riesgo, incremento en precios en activos que generan burbujas especulativas, excesivo endeudamiento externo público y privado, que al llegar al final del ciclo se suman a la fragilidad económica y bancaria de los países y terminan en colapsos cambiarios y/o bancarios”.

A propósito del actual colapso bursátil de Wall Street, los principales factores causales de riesgos en las crisis financieras de los últimos 30 años están relacionados con los cambios adoptados desde los años ochenta.

AFP

 

1De acuerdo con el Banco Internacional de Pagos, solo el 5% de los flujos de capital que se tranzan el mundo corresponden a actividades productivas. O sea el 95% corresponde a flujos de capital especulativo.

2Una crisis cambiaria se produce cuando, como consecuencia de un ataque especulativo contra la moneda de un país, se presenta una fuerte devaluación o el banco central vende grandes cantidades de reservas o eleva las tasas de interés para defender la moneda.

3Frente a una crisis financiera en un país emergente o en transición, los inversionistas internacionales generalizan la situación y retiran en manada sus capitales no solo del país en crisis sino del resto de países emergentes y los trasladan hacia “economías más seguras”.

4No deja de sorprender cómo un aumento tan pequeño en las hipotecas de alto riesgo (US$ 34.000 millones, que corresponden al 0.26% del PIB norteamericano) ha podido perturbar y afectar tanto al sistema económico y financiero mundial. Parte de la respuesta se encuentra en el casi inexistente capital de los agentes financieros para respaldar las operaciones que realizan (con un dólar respaldan US$ 33, como fue el caso de Bear Stearn y Carlyle Capital Group).

 

 

Crisis financieras, una historia sin fin

Desde la década del setenta, más de 120 crisis financieras y 45 bancarias se han presentado en particular en los países emergentes, generando volatilidad, incertidumbre e inestabilidad. Lo anterior significa que cada dos meses surge un evento de incertidumbre financiera o cambiaria en alguna parte del mundo.

William Ospina García,
Economista Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

La globalización financiera que actualmente conocemos tuvo su origen en los cambios al sistema monetario internacional que se dieron a partir de 1973: las tasas de cambio y de interés dejan de ser fijas y se convierten en variables.

Estos cambios abren una nueva y compleja era especulativa de orden global, que se nutre de los excedentes de liquidez del boom petrolero de los setenta, conformando un mercado de capitales altamente competido con novedosos e intrincados productos financieros que se potencian con las nuevas tecnologías y, en particular, con los procesos de liberalización y desregularización económica y financiera que los Estados nacionales adoptan desde finales de la década de los ochenta.

Así, con la aplicación de las recomendaciones del Consenso de Washington, se organiza un modelo especulativo mundial1: una mano invisible global gobierna las épocas de laxitud y bonanza, y el Estado,

que estorba en los años de euforia, aparece al final del clímax como el salvador y socializador de los desastres ocasionados.

A propósito del actual colapso bursátil de Wall Street, demos una rápida mirada a algunas crisis ocurridas en los últimos 30 años, en los cuales podemos encontrar, de manera reiterada, que los principales factores causales de riesgos, fragilidad e inestabilidad, están relacionados con los cambios adoptados desde los años ochenta.

Estas crisis se han presentado en especial en los denominados países emergentes; surgen del sector público y /o privado y se asocian a problemas cambiarios, balanza de pagos, monetarios y fiscales: de

deuda externa pública y privada, bancaria y/o bursátil. Sus efectos

pueden ser nacionales entre los diferentes sectores económicos, regionales entre países interrelacionados y globales porque afecta a empresas, sectores económicos y a países a escala mundial, a unos más que a otros, directa o indirectamente.

A continuación, veamos de manera resumida algunos fenómenos de crisis financiera y cambiaria que se han originado en los llamados países emergentes:

• América Latina (1982). El ciclo económico de los setenta, de abundante liquidez de petrodólares en los mercados de capitales y euforia crediticia, termina con la crisis de la deuda externa en 1982, dando inicio a la “década perdida” de América Latina. Crisis de Balanza de Pagos.

• México (1994-1995). Esta crisis surge después de un proceso de liberalización, desregularización financiera y privatización bancaria, incertidumbre sociopolítica, entradas masivas de capitales

internacionales, desbordamiento del crédito bancario de alto riesgo,

déficit en cuenta corriente, dolarización gradual y revaluación de su moneda. Tiene como resultado una abrupta y cuantiosa fuga de capitales y la flotación del peso mexicano. Esta crisis contagió a América Latina y otras economías. Fue detonante de la crisis argentina de 1995.

• Sudeste Asiático (1997-1998). Crisis cambiaria2 y financiera. Los tigres asiáticos, a diferencia de México, se caracterizaban por tener buen comportamiento macroeconómico de su economía, sin problemas fiscales y montos significativos de reservas internacionales. A este ambiente de auge se sumó un proceso de liberalización y desregulación financiera, y

a un importante aumento de las tasas internas de interés, ingreso de grandes sumas de capital internacional. La banca se endeudó en moneda extranjera y prestó en moneda nacional; se otorgaron créditos con bajos requisitos, dirigidos, en especial, hacia inversiones no productivas y de alto riesgo (bienes raíces y acciones); el 58.6% de la deuda externa era de corto plazo. Al final se gestaron burbujas especulativas con aumento excesivo de los valores de los activos bursátiles e inmobiliarios que terminaron en colapso cambiario y bancario.

• Rusia (1998). En un escenario de reformas y conformación de una economía de mercado, la debilidad de su economía y su sistema bancario fueron presa fácil del efecto contagio de la crisis asiática, del descenso

de precios del petróleo y otros productos básicos. Como resultado: fuga de capitales y desplome de las bolsas. Se declara la moratoria de pagos y

se devalúa el rublo.

• Brasil (1999). En su gestación, esta crisis está precedida de una liberalización y desregularización económica y financiera y considerable entrada de capitales extranjeros. A un alto déficit fiscal y descenso de

sus reservas internacionales se sumó la fuga de capitales como efecto contagio en manada3 de la crisis rusa que condujo a un colapso cambiario.

• Turquía (2001). Crisis cambiaria. Su situación previa se caracterizaba

por un severo déficit fiscal, ingreso de altos volúmenes de capitales, excesiva deuda externa (90% del PIB en 2001), ingreso de grandes cantidades de capitales externos. Resultado: fuga de capitales, desplome de la bolsa, crisis bancaria y devaluación de la moneda.

• Argentina (2002) Colapso económico, financiero, cambiario, político y social. El proceso de gestación de la crisis argentina, como la mayoría de las crisis cambiarias, estuvo precedida de procesos de liberalización y desregulación del sistema financiero y cuantiosas entradas de capitales internacionales. Un dólar fuerte, devaluación del real brasilero, la caída de los precios de los productos agrícolas y la restricción de fuentes de financiamiento internacional derivadas de la crisis rusa causaron un acelerado y pronunciado déficit de la cuenta corriente y con ella una profunda recesión a partir de 1999 que agravó los problemas fiscales.

De lo anterior se puede advertir que los años previos a los fenómenos de crisis están estrechamente relacionados con ciclos de auge u optimismo generalizado, adopción de procesos de liberalización y desregularización financiera, altas tasas de interés que incentivan el ingreso masivo de capitales especulativos de corta permanencia, euforia crediticia de alto riesgo, incremento en precios en activos que generan burbujas especulativas, excesivo endeudamiento externo público y privado, que al llegar al final del ciclo se suman a la fragilidad económica y bancaria de los países y terminan en colapsos cambiarios y/o bancarios.

Las causas y características de las crisis son similares y diferentes. Sin embargo, las distinciones entre crisis no resultan tan claras a la hora de las evaluaciones, porque las variables, que inicialmente detonan una crisis, terminan superponiéndose unas a otras.

Treinta años de aplicación de modelos de mercado no han traído estabilidad ni crecimientos sostenidos a las economías. Por el contrario, han sido la fuente principal de volatilidad, incertidumbre y de graves daños económicos, sociales y políticos. Resulta irónico, pero son precisamente los ciclos de bonanza y optimismo donde se gestan los desastres financieros que hemos visto. Como diría Hymán Minsky, el comportamiento de los ciclos es inherente al capitalismo, de la calma viene la turbulencia. La estabilidad es inestable.

Por último, aprovechando este repaso general y como complemento, veamos algunos aspectos comunes y diferenciadores que subyacen al actual colapso sistémico de Wall Street (2007). El crecimiento económico de los países es significativo en los periodos previos a la crisis. Aunque moderado, Estados Unidos también aplica. Se adoptan procesos de liberalización y desregularización de los sistemas financieros nacionales. En 1999 y 2004, todas las limitaciones regulatorias sobre la Banca y Wall Street fueron eliminadas. Se registran bajas tasas de interés que facilitan el incremento del consumo y el alto endeudamiento interno, principalmente para fines especulativos. La evaluación del riesgo crediticio es baja, nula o fraudulenta, sin controles adecuados.

Así mismo, el aumento excesivo de precios de bienes inmuebles y acciones que engendran burbujas especulativas (productos como el petróleo, los alimentos y otros se tranzan a futuro en las bolsas), que se autoalimentan con la entrada de altos volúmenes de capital internacional, crecientes y duraderos déficits fiscales que terminan en crisis.

Los altos niveles de endeudamiento externo han acompañado a todas las crisis que aparecen. Estados Unidos es el mayor deudor del mundo más del 95% de su PIB, US$ 11 billones. El riesgo de contagio sistémico vuelve a aparecer a la discusión como elemento intrínseco a las crisis financieras internacionales y esta vez desde los países del norte.

No obstante lo anterior, podemos identificar algunas diferencias respecto de las anteriores crisis. Entre ellas el colosal rol jugado por los nuevos y complejos productos financieros crediticios hipotecarios4, en particular

los de alto riesgo: “activos tóxicos”, en la gestación, desarrollo y consecuencias de la crisis.

Los problemas comienzan en el sector inmobiliario, que rápidamente terminan afectando a otros sectores económicos de Estados Unidos y posteriormente contagia todos los mercados financieros y económicos mundiales.

Hoy la fuente de inestabilidad se origina en la economía más grande

(25% del PIB mundial) y su moneda, el dólar, es patrón de referencia. Parece contradictorio que en estos momentos el dólar, en vez de depreciarse, se revalúe. Esto se explica en gran parte porque los dólares

y los bonos del tesoro se han convertido en el “refugio seguro” de los inversionistas, aunque la rentabilidad no pueda compararse con las que se obtienen en los ciclos de euforia.

A diferencia de las situaciones anteriores, los países emergentes no han sido los generadores de la situación, sino que, muy en principio, se han mostrado menos vulnerables, aunque las expectativas sobre el crecimiento mundial y los efectos sobre la economía real de los países comienzan a tomar fuerza y los pronósticos para el 2009 no son nada buenos para nadie.

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