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Salvavidas a ciénaga del bajo Sinú

Los problemas de ampliación de la frontera agrícola y ganadera que se tomaron las riberas de la ciénaga del Bajo Sinú, así como la tala y pesca indiscriminadas, ahogan a este gran humedal del que viven gran parte de los habitantes de Córdoba. Gracias a un estudio de la UN, la zona fue declarada Distrito de Manejo Integrado, figura que permite tomar acciones para sancionar y salvaguardar este ecosistema.

David Calle,
Unimedios

Wadel Hernández prepara ‘pescao’ frito para venderlo en la carretera del municipio La Subida, en Córdoba. Él es una de las miles de personas que viven de los ‘frutos’ de la ciénaga del Bajo Sinú.
“Si a un pueblo le quitan la ciénaga le quitan media vida, a todas y todos nos sostiene. La alternativa es mejorarla, es el medio de subsistencia, es la única empresa”, asegura Hernández.
Sin embargo, este poblador sostiene que con la llegada de la represa Urrá disminuyeron considerablemente los peces, y que a esta situación se ha sumado la ocupación de terratenientes que utilizan agroquímicos para sus cultivos y el aumento de ganado que invade zonas ribereñas, especialmente en temporadas secas, transformando el ecosistema.
La situación en el Bajo Sinú está cambiando. Gracias a un estudio realizado por investigadores de la UN en Medellín relacionado con la conservación del ecosistema, se logró la declaración de la zona como Distrito de Manejo Integrado de Recursos, bajo el control administrativo de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge.

Esta se obtuvo en octubre de 2007, y fue el resultado del trabajo científico y la participación de la comunidad, que ahora comparte técnicamente “un espacio de la biosfera que, por razón de factores ambientales o socioeconómicos, se delimita para que dentro de los criterios del desarrollo sostenible se ordene, planifique y regule el uso y manejo de los recursos naturales renovables y las actividades económicas que allí se desarrollen”, como se define por ley un Distrito de Manejo Integrado de los Recursos Naturales Renovables.
Desde que empezó su implementación, hace 3 meses, se establecieron varias zonas de trabajo. Entre ellas la de Conservación y de Protección, que empezó a operar en el centro del complejo, ubicado entre Chimá y Cotorra. Otras áreas territoriales están dedicadas al desarrollo sostenible de la pesca, ecoturismo, e incluso en una de ellas se prohíbe la pesca, buscando la reproducción y posterior repoblamiento de peces en la ciénaga. De esta forma se garantizaría el sostenimiento en el largo plazo de este recurso tan preciado para los pobladores del sector.
Rafael Espinosa, biólogo marino y jefe de la División Ambiental de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), explicó: “Estamos en estos momentos conformando con los alcaldes, las comunidades y con las instituciones una estructura administrativa que nos brinde la posibilidad de conservar y proteger este humedal de manera comunitaria”.

Apoyo
de la comunidad

Un grupo interdisciplinario de investigadores de la UN en Medellín, liderado por algunos miembros del posgrado en Recursos Hidráulicos, entre ellos María Victoria Vélez, Jaime Ignacio Vélez, Ricardo Agustín Smith y Humberto Caballero, realizó un completo diagnóstico sobre la flora, fauna y aspectos socioeconómicos de toda la comunidad asentada alrededor del complejo cenagoso.
El análisis se constituyó en un ejercicio también para los pobladores. Muchos de ellos son conscientes de que gran parte de la problemática se deriva de su relación con la zona. Freddy Espitia, líder comunitario del municipio de Cotorra, reconoce que por la pesca indiscriminada, las especies que existían en abundancia, como el bocachico, la dorada y la picotea, han desaparecido poco a poco.
“Antes se pescaba con atarraya, con flecha, ahora con mantas de kilómetros y se pueden atrapar muchos en una de esas mantas. Pero no todos quedan buenos, cuando el pez se muere el agua se descompone automáticamente, se encuentra entonces cantidades de peces que no sirven y los botan”.
Para la comunidad indígena que se ha asentado históricamente en este territorio, el problema más grande tiene nombre propio: los terratenientes. Así lo dice John Bello, presidente de Asocabildos y habitante de Chimá.

“La mayoría de las tierras la tienen los terratenientes y ellos no la quieren soltar porque es medio de vida. Acá la agricultura es muy poca, se cultiva en la ciénaga, en época de verano, la patilla y el maíz. Ya en invierno los campesinos se dedican a la pesca”.
La ingeniera civil Paula Lizet Correa Velásquez, coordinadora general del proyecto por parte de la Universidad Nacional, explicó que durante todo el proceso investigativo, se hizo un trabajo de formación y educación ambiental a través de varios talleres. “De hecho, hubo una experiencia muy buena en Chimá, donde se presentaron estudiantes de bachillerato, quienes se mostraron muy interesados en todo lo relacionado con el humedal”, expresó Correa.

Riqueza natural

El complejo tiene aproximadamente 420 kilómetros cuadrados, está constituido por una gran cantidad de ciénagas y de caños, la mayoría de ellos interconectados, que lo convierten en un lugar ambientalmente importante. Los municipios de Lorica, Momil, Purísima, Chimá, Cotorra y San Pelayo tienen incidencia directa en el complejo cenagoso, aunque Montería, San Andrés de Sotavento y Cereté, entre otros, también obtienen los beneficios y sufren “coletazos” de los problemas que tiene el ecosistema.
Según resaltó Espinosa, se han registrado 37 especies de reptiles, 23 de anfibios, 186 de aves –muchas de ellas migratorias– y 35 especies de mamíferos. Además de bosques residuales, inundables, con abundante vegetación de ciénaga y rastrojo, más de 100 especies de plantas acuáticas.

Superando problemáticas

Paula Lizet Correa Velásquez argumentó que, según el estudio realizado, los factores que más afectan el complejo son: la ampliación de la frontera agrícola y ganadera, el proceso de urbanización, las grandes obras de infraestructura regional –como la vía Motería– Lorica y la central hidroeléctrica Urrá I–, la modificación del régimen hidrológico, la contaminación y la compactación del suelo.
“Urrá modificó el régimen hidrológico natural del río Sinú y por lo tanto del complejo, porque cambió la frecuencia de los caudales, sus duraciones y magnitudes”, dijo. Además, agregó que algunas de las zonas que antiguamente se inundaban hoy son potreros o fincas, a lo que se suma la sobreexplotación de la pesca, la caza de animales silvestres y la tala de árboles.
Para el biólogo marino Rafael Espinosa, el problema más grande es que la gente está asentada en la ciénaga. Explicó que las inundaciones se deben a que la gente está habitando en el espacio natural del río y que a ello se adiciona la contaminación y el vertimiento de aguas residuales al complejo.
“Estamos haciendo acciones administrativas contra personas que están haciendo obras de infraestructura como diques, que impiden la circulación de las aguas alrededor del humedal”, dijo Espinosa.
Esto implica sanciones pecuniarias y restitución del área intervenida. Hasta el momento van 35 informes, de los cuales unos 10 se convirtieron en actos administrativos sancionatorios por la violación a las normas ambientales del distrito de manejo integrado.
El jefe de la División Ambiental de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS) expresó que este trabajo en el complejo cenagoso es una prioridad para los próximos 10 años, y marca el inicio de otros proyectos que adelanta la UN para beneficio del ecosistema y los pobladores de este complejo hídrico tan importante para el territorio Cordobés.

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