Maniobras militares ruso-venezolanas

Una amenaza para Colombia

 
 

Claudia Janneth Sánchez Rivera
Unimedios

La visita del presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, a Venezuela coincidió con la llegada el pasado martes de los barcos rusos que realizarán maniobras navales conjuntas en el mar Caribe. Estos barcos son el crucero a propulsión nuclear Pedro el Grande, el destructor Almirante Chebanenko, el tanquero Ivan Bubnov y el remolcador Nikolay Chiker, que abandonaron Rusia hace más de dos meses.

Carlos Alberto Patiño Villa, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, en diálogo con UN Análisis de UN Radio, aseguró que “luego de un periodo de cooperación de Rusia con Venezuela, en el cual el país suramericano ha obtenido gran material bélico, que no requiere para su defensa interna ni el mantenimiento de sus fuerzas militares, pero sí le da una gran capacidad ofensiva”.

“Este ejercicio militar es una parte importante de esa carrera armamentista venezolana, y para Rusia es una punta de lanza para hacer presencia en América Latina y profundizar la competencia por las esferas de seguridad de Rusia y Estados Unidos”, comentó Patiño.

El profesor afirmó que “este no es un conjunto de servicios militares cualquiera, como el que Venezuela hizo con Francia, sino que está en el contexto de una carrera armamentista donde Rusia es el proveedor venezolano. Además, la actual Constitución de Venezuela de 1998 abarca reclamos territoriales sobre Colombia en las zonas de La Guajira, Arauca y los Llanos Orientales. En esa medida y agregándole la acción agresiva contra el Estado colombiano por parte del presidente Chávez, se convierte en una amenaza”.

Colombia debería preocuparse por esa situación, porque el canciller de Rusia hace una gira por Latinoamérica para dar señales de una buena cooperación y para neutralizar a Colombia en cuestiones militares, lo que constituye una acción muy preocupante, pues si uno mira a través de la historia, siempre ese tipo de juegos van de la mano. El canciller hace su labor diplomática, mientras las presiones militares se hacen de manera contundente.

La reactivación de la cuarta flota estadounidense solo se dio hasta junio de este año, mucho después del inicio de la carrera armamentista de Venezuela, y en esa medida de alguna manera es una especie de acción preventiva. Debido a las relaciones de los Estados Unidos y Rusia, se ha creado un ambiente de tensión en el Caribe y en América Latina.

“Estos buques, que llegaron después de haber navegado 5.500 millas náuticas son insignias y están dotados de una gran cantidad de armamento y un equipamiento militar notorio, poniendo en jaque gran parte de las comunicaciones militares en Colombia, dado que un buque está habilitado para la guerra electrónica y la intercepción de llamadas militares. En esa medida, estamos en un juego de alcance global y es sorprendente que no haya una preocupación y una actuación más contundente de la Cancillería colombiana demostrando que si bien hay un mejoramiento de la seguridad interna en el país, la seguridad externa y estratégica sigue siendo desconocida”, indicó el analista.

“Los rusos vinieron para quedarse y no están como ‘boy scouts’, pues Rusia ha encontrado su identidad y nacionalismo de gran potencia marcada y se dio cuenta de que Latinoamérica es un territorio propicio para su marco de acción, por lo tanto no está dispuesta a renunciar a él”, concluyó el profesor Patiño.

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