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UNP No.54
Título : Laureano y Saúl
Autor : Herbert "Tico" Braun
Sección: Ensayo
Fecha : Marzo 7 de 2004

Laureano y Saúl

Herbert "Tico" Braun*

Según Herbert Braun, Laureano Gómez (derecha), relató alguna vez que el Presidente encargado, Roberto Urdaneta, (izquierda), usaba términos cuya evocación "no conducía sino a proteger la impunidad.
Foto: Archivo

Laureano Gómez no conoció a Saúl Fajardo, el jefe civil y militar de las guerrillas liberales en Yacopí, Cundinamarca, durante los primeros años de La Violencia. Seguramente Laureano no llegó a acordarse de su nombre, si es que alguna vez lo supo. Quizás el jefe supremo del Partido Conservador no estaba del todo enterado de lo que acontecía en los municipios y las veredas, aun cuando muchos colombianos estaban convencidos de que como presidente organizaba las matanzas desde su despacho. Lo que sí sabemos es que en 1954, en su destierro -como él decía- en Barcelona, y angustiado por el futuro de Colombia, llegó a preocuparse por los acontecimientos.

Nacido el 16 de octubre de 1914, el guerrillero "respondía a una modalidad de intelectual medio, que utilizaba toda oportunidad para brillar," relata en 1953 Jorge Vásquez Santos, en su alabanza a la guerrilla liberal de Yacopí, que tiene tanto de verdad como de ficción. "Como orador unificaba lo académico y lo popular… y para actuar en la Asamblea de Cundinamarca su agilidad mental hizo de él un expositor convincente y desenvuelto·". Y parece que tenía un temperamento similar al de Laureano: "Saúl tenía minutos de efusión desbordante, horas de cólera arrebatada, instantes de cordialidad; pasaban por su temperamento impositivo descargas eléctricas y corrientes de ternura". Su héroe era Bolívar. Cuando Saúl fue donde Jorge Eliécer Gaitán a informarle pormenorizadamente sobre el terror oficial en Yacopí, el caudillo le exigió pruebas "sin las cuales (dice), no era posible ni siquiera aceptable que fuera yo a indisponer a personas vinculadas con los altos poderes del gobierno." Saúl no se dejó atemorizar por el jefe. "Si no cree en la sinceridad de mis palabras Dr., le dije a Gaitán, entonces tampoco puede creer Ud. mismo en la autenticidad de las tesis en que se funda su campaña...!"

El 21 de febrero de 1948 aparece en Jornada, el periódico gaitanista, la siguiente nota de Saúl Fajardo, su corresponsal en Yacopí. "Los agricultores liberales Emilio Florido y Tobías Aguilar fueron muertos por los agentes al mando del alcalde de Muzo, Alfonso Hilarión... Hémonos dirigido, sin respuesta hasta el momento, al señor presidente Ospina, solicitándole la intervención del gobierno para contener tan irregulares hechos".

Alfonso Hilarión, el alcalde militar de Muzo, Boyacá, era un hombre sin mucha educación que también escribió sus memorias. Alfonso entendía que siendo Saúl corresponsal de Jornada, podía publicar en Bogotá lo que quisiera. "Tobías Aguilar y Emilio Florido enviaron al periódico Jornada una rectificación, alegando que estaban vivos...," escribe el alcalde. "Para Saúl Fajardo (…) fui el bandolero más famoso que pisara tierra boyacense." Pero no se dejó atemorizar. "Saúl Fajardo, Drigelio Olarte y Colmenares serán unos asesinos (les dijo a sus policías), pero les juro que frente a frente se acobardan ante uno de nosotros." El 15 de marzo de 1948, mandó un telegrama pidiéndole ayuda al presidente Ospina Pérez, el jefe de su partido. "Nos están asesinando! Vuestra excelencia envía un juez que instruye sumario contra mí, dizque por detenciones arbitrarias contra asesinos y otros supuestos delitos. No ha habido una bofetada aquí en Muzo contra los hombres del liberalismo y llega un juez corrompido que pasa por encima cadáveres conservadores asesinados, cierra ojos y oídos y sólo ve y oye acusaciones de asesinos contra suscrito."

Vásquez Santos relata que Saúl ansiaba ser guerrillero. "Actuaremos de primero y segundo", le dice a Drigelio Olarte. "Extrajo de su bolsillo un papel con el juramento del comunero José Antonio Galán. En nombre de dios, de mis mayores y de la libertad, ni un paso atrás! Siempre adelante! Y lo que fuere menester, sea!"

Laureano Gómez.
Foto: Archivo

Pero Saúl no logró sostener esas ganas de pelear. "Tres años de tragedia: saltos, asaltos y sobresaltos (...) habían puesto sombras en su espíritu, irascibilidad en su anterior capacidad de convivencia, alucinación en sus conceptos, búsqueda de la soledad como reacción colérica a lo que creía hostilidad de sus semejantes (...) A juzgar por sus íntimos, estaba entregado por entero a la tarea de redactar sus memorias, ordenar cartas, archivo político, relatos periodísticos de su intervención pública (...) Su diario era una obra de arte que había venido trabajando desde antes de ingresar a la guerrilla". Memorias y aventuras de un pobre diablo son los recuerdos de un hombre melancólico. El 12 de noviembre de 1951 le escribe a un amigo: "Estimado chirajo: Ante todo quiero advertirle, que el brazo lo tengo encalambrado de escribir. ¿Qué más hacer en esta soledad?"

El 20 de marzo de 1952, Saúl pide asilo en la embajada de Chile en Bogotá. El embajador Julio Barrenechea lo deja entrar, otorgándole un asilo temporal. Solo faltaba la aprobación de Santiago. El tres de abril la petición fue negada. La Cancillería en Bogotá argumentó que Saúl era un bandolero y no un guerrillero. Saúl había sido llamado a varios consejos verbales de guerra. Lo esperaban años de cárcel. El embajador renunció su puesto ahí mismo. "Embajador, no se vaya (le imploró Saúl). No me deje solo." A Saúl se lo llevaron a la cárcel.

"El caso recientemente ocurrido con Saúl Fajardo es elocuente," entonó el presidente Urdaneta Arbeláez en una conferencia leída desde el palacio presidencial. "El 11 de abril de 1950 se presentó este individuo a la cabeza de su cuadrilla en la vereda denominada ‘Alto de Ruedas…’ Y en la madrugada del 12, todos juntos, con Fajardo a la cabeza, asaltaron seis casas de gentes pacíficas que se entregaban tranquilamente al descanso." El presidente leyó los nombres y las edades de los 17 muertos, hombres, mujeres, y niños.

El viernes 5 de diciembre de 1952, aparece un titular en la primera página de El Tiempo. "Saúl Fajardo fue Muerto a Tiros en las Puertas de la Cárcel Modelo, el Martes. Un suboficial del ejército disparó sobre él cuando emprendía la fuga hacía el sur, según reza el comunicado oficial".

Cuando se dirige a sus compatriotas desde Barcelona, lanzándose en contra del ejército que lo derrocó, Laureano revela que siendo presidente desconfió de la información que le llegaba. Al leer los informes que salieron de Yacopí, y los telegramas que Saúl y Alfonso dirigieron a Ospina Pérez, bien nos podemos imaginar la confusión y el desconcierto de los mandatarios, y de los jefes de los partidos. Gaitán hasta dudó de Saúl. Laureano pensaba que desde las Fuerzas Armadas "de ninguna manera se aceptaba que el presidente pudiera recibir noticias distintas de las que se le preparaban especialmente". Y el "presidente recibía los rumores de desmanes con desconfianza, porque descontaba las calumnias y exageraciones divulgadas por los empresarios urbanos del bandolerismo". Laureano se refería a los jefes liberales.

Pero hay desmanes y desmanes. "La muerte violenta del sujeto a quien Chile negó el asilo diplomático, mediante el compromiso del gobierno de que no sería sometido sino a las leyes y a los tribunales ordinarios, y los incendios del 6 de septiembre de 1952 en Bogotá (de los diarios El Tiempo y El Espectador, y de las casas del ex presidente Alfonso López Pumarejo y del jefe Liberal Carlos Lleras Restrepo) revistieron especial gravedad porque los desmanes de las tropas hasta entonces sólo imputados en regiones distantes, sometidas al pleno control militar y por lo tanto inaccesibles a la investigación imparcial, habían ocurrido en las propias calles de Bogotá".

Laureano concluye: "El designado (presidente Urdaneta Arbeláez) hablando con el presidente (Laureano) sobre el primer caso, dijo que a su parecer había sido una eliminación por el método de la llamada ley de fuga". En labios del designado aparecieron los conceptos del `fuero militar,´el `conducto regular,´y los `reglamentos´ como fantasmas cuya evocación era en aquel momento siniestra, pues no conducía sino a proteger la impunidad." A Saúl lo eliminaron. Parece que Urdaneta estaba enterado de los hechos.

Si a Saúl lo mata Alfonso Hilarión, o un policía departamental, o un `chulavita´ en Yacopí, en vez de un militar en Bogotá, Laureano Gómez no se hubiera preocupado en Barcelona por lo que le pasó a un sujeto sin nombre.

* University of Virginia.