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UNP No.63
Título : Ulises de James Joyce: el fin del heroísmo masculino
Autor : Colin MacCabe
Sección: Literatura
Fecha : Septiembre 12 de 2004

Ulises de James Joyce: el fin del heroísmo masculino

El 16 de junio de 2004 fue el centenario de Bloomsday, el día en que se desarrolla Ulises , la novela de James Joyce. Hubo celebraciones en todo el mundo: una fiesta secular donde personas de todas las lenguas y ciertamente de todas las literaturas se unieron para conmemorar un solo día.

 

Colin MacCabe*

¿Pero qué exactamente conmemora ese día? No la muerte de un
dios, o la liberación de un pueblo amenazado por un ángel vengador, ni siquiera el establecimiento del gobierno de los justos. Creo que los estudiosos en general están de acuerdo en que señala la primera cita de James Joyce con Nora Barnacle, su futura esposa. No fue la fecha en la que se conocieron, ni el momento en que Dante vio a Beatriz. Tampoco es la fecha en la que se consumó su amor después de que huyeron a Europa, una fecha que Joyce, no muy caballerosamente, reveló a su hermano en una tarjeta postal. Pero fue, o por lo menos hay razón para pensarlo, la fecha de su primer beso. Al decidirse por un beso y no por un momento más convencional de triunfo masculino, Joyce socava, como a lo largo de todo el texto, la idea del heroísmo masculino.

Muchas culturas han producido poemas épicos heroicos y extensos relatos -a menudo escritos en el paso de lo oral al alfabetismo- sobre mundos en los que la unidad básica es el clan o el hogar reunidos en torno a un guerrero individual. En la historia europea, los poemas épicos más importantes son la Ilíada y la Odisea de Homero. Es inevitable que Joyce, que se crió en el Dublín del "renacimiento gaélico", también se topó con los poemas épicos gaélicos que tanto promovieron W.B. Yeats y Lady Gregory, y en particular la historia de Cuchulainn, el mayor de los Caballeros de la Rama Roja.

Está de moda ver la herencia cultural europea como parte de un proceso político de dominio que la vuelve sospechosa y que su "desfile de estrellas" es en el mejor de los casos producto del azar de la batalla, y en el peor un arma mortal en una guerra más prolongada. Pero cualquiera que haya apreciado las diferentes tradiciones épicas puede fácilmente reconocer que las obras griegas tienen un poder, tanto descriptivo como narrativo, que justifica plenamente su mayor prestigio. El capítulo inicial de Mímesis de Erich Auerbach evoca sutilmente un mundo homérico de intensa descripción plástica. Pero aunque Joyce tiene la misma intención de transmitir la realidad sensorial de Dublín en un día de junio de 1904, sus métodos no son homéricos sino tomados de todos los recursos de la novela europea del siglo diecinueve.

Ulyses plantea una crítica a los fundamentos culturales que desde Homero hasta hoy han animado a los guerreristas de todas las pelambres.

El guerrero en la cama

T.S. Eliot, en una famosa reseña publicada en The Dial en 1923, aclamó al Ulises como el mayor de los textos modernos y comparó a Joyce con Albert Einstein, descubridores ambos de métodos revolucionarios. Para Eliot, el empleo de Joyce del texto homérico era una forma de organizar la experiencia contemporánea según una norma que garantizaba el orden y la significación.

Es solo una norma lo que el mito del Grial le da a La tierra baldía , el material informe al que Eliot le había estado dando vueltas en la cabeza durante seis años, pero al que solo le encontró forma al leer Ulises . Pero es interesante anotar que el poema de Eliot en realidad usa la estructura del mito del Grial y que termina con un momento de dominio masculino convencional:

"La barca respondió alegremente a la mano, experta en vela y remo El mar estaba en calma, tu corazón habría respondido alegremente, al ser invitado, latiendo obediente a manos que lo gobernaran"

Así es como llega a su conclusión La tierra baldía , pero es dudoso que Molly Bloom fuera de esas que esperaban una invitación, y mucho menos latiera obediente "a manos que la gobernaran". Cuando Joyce conoció a Nora ya había escogido su gran modelo basado en el gran tema de Ibsen de las relaciones cambiantes entre los sexos. La teoría dramática se convirtió en práctica doméstica al aceptar Nora la creencia de Joyce de que las relaciones entre los sexos no debían ser gobernadas por las instituciones, y luego probó su propia creencia de que no debía ser gobernada por Joyce.

La relación llegó a su crisis más productiva cuando Joyce vivía en el número 7 Eccles Street en agosto de 1909 y se convenció de que Nora le había puesto los cuernos cinco veranos antes. Reaccionó como cualquier macho europeo ortodoxo, pero en el proceso desechó los últimos lazos que tenía con los ideales convencionales de la masculinidad.

No hay duda de que Joyce estaba más que dispuesto a rechazar estas formas de dominio dada su condición, como irlandés, de súbdito colonial. Eliot bien podía seguir identificándose con los héroes, tanto marciales como artísticos, de su cultura; pero, para Joyce, no se trataba de su cultura. Y si Patrick Pearse y Yeats sólo le podían ofrecer a Cuchulainn, la desventaja era que las habilidades bélicas más o menos agotaban su condición de héroe.

La Odisea se convierte en el texto guía de Joyce no a causa de sus vívidas descripciones, y mucho menos del orden o importancia de los episodios sino porque, como muy pronto lo reconoció Joyce mismo, las hazañas de Ulises eran al mismo tiempo más y menos que las de un guerrero. Incluso su más famoso golpe maestro, el caballo de Troya, no era un épico hecho de armas sino un ejemplo de vulgar astucia.

La mujer siempre estuvo en el centro de la reflexión joyceana. detalle de una fábrica de insumos para armas, en 1916.

Escribiendo en medio de la violencia

Se olvida con frecuencia que el texto de Joyce fue escrito entre 1915 y 1922. No es un libro de 1904, en el último momento de supremacía europea e inglesa, sino de la "gran guerra" de 1914-1918 que destruyó a Europa y del "Easter Rising" y sus consecuencias que expulsaron a los ingleses de la mayor parte de Irlanda, paralizando al país por medio siglo. Si el texto está dedicado a un tema, lo está a la deconstrucción del héroe en todas sus formas, desde la narrativa hasta la sexual. En ningún aspecto es más evidente esto que en su rechazo de todas las formas de violencia, que para el texto son equivalentes. El nacionalismo y el patriotismo son las dos caras de la misma, repulsiva, moneda.

Por supuesto que la Odisea misma no rechaza la violencia: Odiseo es rey de Itaca a causa de su destreza marcial, el texto realza de vez en cuando sus hazañas de fuerza y termina con su matanza de los pretendientes. Pero Joyce encontró que estos eran los episodios más difíciles de trasladar a Ulises . Le contó, por ejemplo, a Frank Budgen sobre el momento en que finalmente se dio cuenta de que el episodio de la matanza de los pretendientes correspondía al capítulo de Penélope, en el que Molly rechaza a todos los que tienen pretensiones fálicas a cambio de un beso a su marido, el beso que todo nos lleva a pensar es aquel en el que piensan todo el día tanto Bloom como su esposa.

Cuando primero empecé a estudiar a Joyce en 1971, lo hice al servicio de un credo revolucionario que veía en sus textos la llave para revelar los secretos de la ideología burguesa y todas sus represiones. Cuando primero vine a Brasil en enero de 1986 con ocasión del centenario del nacimiento de Joyce, había abandonado la mayor parte de ese credo. Pero fue en Brasil y con los brasileros -recuerdo en particular a Nora Thielen- que vi el valor de Joyce como literatura , como

La violencia inusitada de la primera guerra mundial, llevó al dublinés a denominarla "la gran guerra".

un texto capaz de promover una comprensión de máxima complejidad. También empecé a comprender que cualquier idea de una clave estaba vinculada a esas formas fatales de pensamiento europeo que han vinculado el conocimiento al dominio absoluto.

Ulises de James Joyce es nada menos que el esfuerzo por "desescribir" esa ecuación, una ecuación trazada con los símbolos de dominio masculino y desigualdad económica. Y esa desescritura no se acaba nunca, sus llaves están dadas pero cada lector o lectora tiene que volver a hacerlas para sus propios candados. Desde Kosovo hasta Irak, la "gran guerra" retorna para perseguirnos bajo la forma de la "guerra contra el terrorismo". Si mi comprensión de Ulises ha cambiado en los treinta años que llevo enseñando, es porque el "libro azul de Eccles" (como lo llamó Joyce en El despertar de Finnegan ) parece cada vez más pertinente en un mundo donde la renuncia a la violencia parece cada vez más difícil y más necesaria, incluso, que en 1922.

* Profesor distinguido de Inglés y de Cine en la Universidad de Pittsburg, y de Inglés en la Universidad de Exeter, Inglaterra. También es editor de Critical Quarterly . Publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy . Traducción de Nicolás Suescún.