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UNP No.63
Título : Venezuela después del revocatorio
Autor : Margarita López Maya
Sección: Internacional
Fecha : Septiembre 12 de 2004

Venezuela después del revocatorio

*Margarita López Maya

 

El 15 de agosto de 2004 se desarrolló el acto del Referendo Revocatorio Presidencial. Durante esas 24 horas, las mujeres y los hombres de Venezuela estuvimos en la mira de los pueblos del planeta. La gente de esta nación nos volcamos hacia las urnas en un clarísimo mensaje político de que habíamos aceptado el reto de medirnos democráticamente entre dos opciones. Cada uno de nosotros hizo un promedio de siete horas de cola, al rebasarse la logística planificada para el acto. En las elecciones de julio de 2000, 6 millones 600 mil venezolanos concurrieron a votar; el 15 de agosto de 2004 lo hicieron casi 10 millones, es decir más de tres millones de votantes.

El primer boletín oficial del 16 de agosto anterior mostró un resultado claro, que fue respaldado poco después por todos los observadores internacionales. La opción del NO triunfaba en una relación de casi 60-40; es decir, el pueblo había hablado claro: deseaba que el Presidente finalizara su período constitucional. Con la culminación del proceso revocatorio, la sociedad venezolana tiene la valiosa oportunidad de superar esta fase de la lucha hegemónica librada desde finales de 2001, y caracterizada por la utilización de estrategias insurreccionales para hacerse del poder por parte de las fuerzas de oposición. Estamos ante la puerta que nos conduce a un camino más democrático para desarrollar nuestra actividad política. Gracias a este "contacto con la realidad" de la relación de fuerzas que existe en el seno de nuestra sociedad, tenemos ahora la posibilidad de optar por un sendero de reconocimiento de los adversarios políticos como iguales, y para acordar sobre nuestras diferencias irreductibles los procedimientos democráticos para manejarlos. La ausencia (de la mayoría) de la representación de las fuerzas opositoras hoy en la sede de la Asamblea Nacional es síntoma de las dificultades que confrontan sus dirigentes para abrir esa puerta. Sin embargo, no perdemos la expectativa de que algunos de buena o mala manera -voluntaria o forzadamente- terminarán dando el paso.

La lucha hegemónica

La sociedad venezolana venía labrando, desde la masacre de El Amparo en 1988 y el "Carachazo" de 1989, un proceso, en parte reactivo y en parte orgánico, que reivindicaba la necesidad de un cambio profundo por una mayor justicia e inclusión social a través de la profundización de la democracia. Ese anhelo era anterior al proceso sociopolítico que llevó a Chávez al poder en 1998 y la alianza de fuerzas que entonces lo apoyaba, y que independiente de la suerte que éste corriera, sobreviviría.

Si bien los problemas de la sociedad venezolana eran de vieja data, también percibíamos dividendos positivos derivados de nuestra trayectoria social, en especial desde la democracia instituida en 1958. Con ese bagaje, negativo y positivo, debíamos avanzar en esta etapa inédita que nos tocaba. Nuestras más graves debilidades, provenían de la colonización, portadora de lacras de desigualdad e injusticia, que la república en casi 200 años no había superado. Esos problemas se potenciaron con el deterioro socioeconómico sostenido desde fines de los años setenta, y del cual aún no vemos salida. A esto, añadimos los funestos efectos de programas de ajuste y reestructuración económica de naturaleza neoliberal, que agudizaron la exclusión económica, social, cultural y política.

Pero así como desnudamos los defectos de construcción y desenvolvimiento de nuestra sociedad en el tiempo, también reconocimos el proceso de internalización de nuestros derechos como ciudadanos, que nos aportaron los actores de la democracia representativa, hoy llamada de "Punto fijo". Venezuela es hoy un caso paradigmático de democracia participativa en el mundo, porque ella se origina entre otras causas, de la democracia representativa previa, cuyo Estado entendió e inculcó en el pueblo, si bien no practicó a cabalidad, la democracia, entendiéndola tanto como un régimen de libertades públicas, con aspiraciones de igualdad y justicia social.

A lo largo de los años ochenta y noventa, los ciudadanos retiraron crecientemente su confianza y votos a nuestra democracia representativa y a sus actores hegemónicos. La incapacidad para encontrar respuestas creativas a la crisis, su creciente insensibilidad social ante el agravamiento de la exclusión de las grandes mayorías, su ensimismamiento en una realidad cada vez más reducida a sus entornos privados y privilegiados, impulsó un rechazo de la política y de los políticos que prevalecieron en esos años.

Un gobierno, dos países; retrato de la venezuela contemporánea.

Las obligaciones de cada quien

Amanecimos el 16 de agosto pasado reconociendo una vez más la entercada realidad. Somos una sociedad fragmentada en dos pedazos, cuyos límites se trazan desde una lógica de clase. Quien es pobre es chavista, pues allí tiene la esperanza de un cambio para él o para sus hijos. Si es de la clase alta, es antichavista, pues allí le prometen un imaginario occidental y moderno que es fundamentalmente blanco, anglosajón y con el cual se identifica. Las clases medias se inclinan por uno u otro polo, pero las más visibles y poderosas tomaron el camino de la oposición. Levantadas en los últimos 25 años en sus territorios urbanos incomunicados con los sectores populares, educados en sus colegios privados, buena parte de ellos católicos, graduados en universidades que hoy, aún las públicas, pocos estudiantes de origen humilde asisten a sus aulas. Rodeados por un entorno familiar y de trabajo afín, donde los pobres eran cada vez una especie más remota, optaron por confundir "su" realidad con "la" realidad, "su" país con "el" país. Los medios de comunicación se encargaron de acentuar esta perversión, sobre todo en estos últimos años, donde un mundo parcial y deformado se presenta ante nuestros ojos cada vez que miramos el canal 33, 4 ó 2. Mientras tanto, desde el canal 8, el canal del Estado venezolano, emerge otro país, lleno de ancestros mestizos y mulatos, pleno de diversidad cultural y pobreza, un país que estaba escondido y silencioso, y que ahora marcha triunfante por las calles porque es mayoría. ¿Cómo restañar la brecha que se ha abierto entre estos dos países? Presentaré a continuación algunos de los que considero son nuestros desafíos.

1. Si hemos de tener democracia en el siglo XXI debemos reconocer que ésta es el gobierno de las mayorías con respeto a las minorías. Creo que los resultados del 15 de agosto ilustran bien dónde está la mayoría. Hasta ayer nuestra democracia fue de élites, de minorías que, pactando entre sí, establecían las condiciones para un orden político que lograba controlar las mayorías a través de múltiples recursos. Hoy, si la democracia venezolana ha de ser sustantiva, profunda, de verdad, es de las mayorías. Y mientras los pobres sean la mayoría absoluta de esta sociedad, ellos escogerán el gobierno nacional. ¿Podrán las élites entender y aceptar esto?

2. El discurso del presidente Chávez ha sido exitoso en la medida en que ha sido clasista y revanchista. El resentimiento social de las mayorías excluidas por siglos, como las comunidades indígenas o pobres y/o empobrecidos más recientemente, encontraron en el verbo presidencial una voz que los representara. Ahora, es necesario reconocer que ciudadanos somos todos y todos debemos caber en este pedacito de territorio del planeta. El desafío de reconocer al otro sigue siendo una materia pendiente, sobretodo para el liderazgo y algunas de las bases de la oposición, que se niegan, pese a todas las evidencias empíricas, a reconocer que el otro no sólo existe sino que es su igual y "por ahora" es la mayoría. Es también de urgencia que el oficialismo abandone el discurso ramplón según el cual todo opositor es un "oligarca golpista".

3. El inmediatismo político de nuestros dirigentes, combinado con niveles intolerables de ignorancia y oportunismo, nos puso casi a las puertas de una guerra civil en abril de 2002. Ahora, el inmediatismo político de la Coordinadora Democrática ha llevado a sus bases en los últimos tres años por senderos que han conducido, más que a una "batalla final", a un suicidio político en primavera. Debemos superar de una vez por todas ese pensamiento improvisado y de mirada cortísima en el tiempo, y trazar estrategias inteligentes, que obedezcan a un horizonte utópico, que trascienda el día siguiente para prolongarse en el mediano y largo plazo. La política es uno de los oficios más difíciles en una sociedad, cuánto más cuando ésta tiene porciones enfermas por el miedo, la división y el rencor. Es hora de respaldar a nuestros políticos más serios y controlarlos para que nos representen responsablemente.

4. El gobierno de Chávez tiene la obligación ineludible de ponerse al frente del proceso de reconciliación. El Estado y las élites que actuaron en el pasado son los principales responsables de que hoy sectores de la sociedad se vean unos a otros sin reconocerse como iguales, sin temerse u odiarse. Se perdieron espacios de lo público invalorables para el aprendizaje de la convivencia ciudadana, se perdieron los espacios por excelencia donde desde la infancia recibimos referentes y valores comunes sobre la vida que hemos de compartir. Con acierto, el proyecto bolivariano se ha movido en dirección a recuperar la educación como derecho primordial de todo ciudadano. Pero debe verlo no sólo como herramienta para superar la exclusión de los excluidos de ayer, para conferirles una ciudadanía cada vez más plena, sino como el espacio por antonomasia donde han de recuperar su identidad venezolana y reconocerse como iguales en la diversidad.

5. Es también obligación recuperar las condiciones de convivencia democrática perdida en nuestras ciudades. Resultado de la globalización neoliberal, las ciudades latinoamericanas han profundizado su condición fragmentada, redibujándose los mapas urbanos para presentar, de una parte, enclaves articulados a los núcleos de la economía global, y de otra, espacios sin interés para esa economía, donde sectores mayoritarios quedaron abandonados a su suerte. El Estado, mientras tanto, se desentendió de sus obligaciones de seguridad ciudadana. Es desafío ineludible de alcaldes y otras autoridades locales atender a las ciudades para convertirlas en los espacios de encuentro. Nuestros parques, plazas, calles, deben recuperar su función pública, debe crearse en ellas condiciones que garanticen el ejercicio pleno de los derechos humanos a la totalidad de la sociedad y no sólo de una parcialidad de ella. En esta tarea tienen también un papel protagónico los sectores privados y las comunidades organizadas. Es imperativo despolarizar las gestiones locales, nuestras autoridades deben bajar el protagonismo político y fortalecer sus funciones como administradores y gerentes de los problemas básicos de la vida cotidiana. Los cuerpos de seguridad, pieza imprescindible para la vida en la polis, han sido en esta contienda ejércitos feudales puestos al servicio de las parcialidades políticas, produciéndose una máxima vulneración del derecho a vivir con seguridad que tenemos como ciudadanos. Así como debemos elogiar los esfuerzos recientes por llevar bienes culturales a quienes nunca tuvieron acceso a ellos, es menester que estas nuevas políticas tengan como objetivo explícito contribuir a la construcción de espacios de integración social.

En la figura del teniente coronel confluyen el líder mesiánico esperado afanosamente por las clases menos favorecidas y el sello autoritario de un hombre seducido por el poder.

6. La oposición enfrenta el considerable desafío de ponerse a derecho y reconstruirse a partir de sus fracasos y logros. Es menester dejar atrás la confrontación insurreccional. En mayo de 2003 gobierno y oposición, con los auspicios de la OEA, el Centro Carter y el Pnud, firmaron un acuerdo donde se comprometieron a encontrar una salida a la crisis política dentro de las pautas establecidas por la Constitución de 1999. Explícitamente, a respetar y seguir los referendos revocatorios y a buscar la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, que llevase adelante ese proceso. Estos pasos se consumaron y la realidad no es siempre la que queremos, sino la que es. Francamente, no pueden liderar quienes carecen del instrumental cognitivo adecuado para comprender la realidad que les rodea. Encuestas señalan que los líderes de la oposición están en el punto más bajo de su legitimidad. Quizá para muchos de ellos su tiempo político ya pasó, y estamos en la presencia de figuras fantasmagóricas que se resisten a salir del escenario. En todo caso, no tendremos la democracia sustantiva y sana que anhelamos, si buena parte de los líderes de oposición no cambia de actitud, o emerge un liderazgo de relevo, capaz de orientar esa otra Venezuela que está inconforme y, en algunos sectores, radicalizada contra el gobierno. Constituye uno de los puntos más inciertos, pero no hay vacíos de poder que no sean llenados. Es deber luchar porque el liderazgo emergente oficialista y de oposición sea democrático, realista e inteligente.

7. No puedo dejar de mencionar el desafío que tienen las élites profesionales, los intelectuales, los artistas, las universidades. ¿Cómo salir adelante cuando un grupo significativo de los sectores pensantes sigue ensimismado en un país que ya no existe? Creo que no faltaba ni una semana para el acto revocatorio, y una encuesta de la Universidad Central de Venezuela, a contracorriente de las tendencias generales de prácticamente todas las encuestas medianamente objetivas, dio una firme ventaja al SÍ. Lo cierto es que la actual disposición anímica de muchos de nuestros intelectuales, estropea sus instrumentales cognitivos para entender los profundos cambios generados por la globalización. También parece faltarle a muchos la humildad para reconocer malos cálculos y equivocaciones, o la disposición para ponerse al servicio de los cambios profundos. A ellos los exhorto a abrirse al debate de ideas, a la polémica, y sobre todo a la tolerancia con quien piensa de otro modo. Centrarse menos en exigencias de dinero y ofrecer más servicios a la sociedad en su totalidad y al Estado. Es en el seno de las universidades públicas donde deben formarse los médicos que necesitamos para Barrio Adentro, que se permita el ejercicio de los derechos económicos y sociales a los sectores populares. También necesitamos arquitectos, ingenieros y urbanistas para hacer ciudades integradas socialmente; economistas creativos, que no copien recetas, que el país es petrolero y constantemente se sale de todo esquema; necesitamos odontólogos, farmaceutas, internacionalistas, humanistas, que tengan la sensibilidad social para poner sus preciosos conocimientos al servicio de la difícil tarea de construir el país del siglo XXI.

8. El pueblo habló claramente y el 15 de agosto ratificó al Presidente para que culmine su mandato. Tras ese respaldo parece haber dicho que el proyecto de país que los bolivarianos proponen es el que considera más adecuado para orientar la reconstrucción de la nación. La mayoría parece valorar las iniciativas de este gobierno que aseveró que el centro medular de nuestros problemas estaba y sigue estando en la exclusión. Es un desafío de grandes proporciones mantener el timón del Estado firme y derecho en la vía hacia una profundización de la democracia participativa, no cediendo a las tentaciones autoritarias y despóticas propias de una institucionalidad débil y una cultura política democrática con múltiples carencias. Es también un desafío para el Presidente encontrar las palabras y los espacios para dialogar una y mil veces con quienes se les oponen, buscando el retorno a la convivencia pautada por las leyes. Y quizás, el mayor desafío es valorar y persistir en la tarea de construir las instituciones de la V República, aquellas que nos garanticen justicia e inclusión y que, independiente de los hombres y mujeres que tomen las riendas del Estado en sus distintos aparatos y poderes, nosotros estar tranquilos pensando en una sociedad que los respeta en la integridad de sus derechos humanos. Es un desafío a la altura de nuestra sociedad, que ha trabajado tanto en estos últimos años para construirse un futuro.

* Historiadora, profesora titular de la Universidad de Venezuela y coautora del libro Venezuela : confrontación social y polarización política, publicado en 203.