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UNP No.63
Título : Ires y venires de la acción social
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios
Sección: Investigación
Fecha : Septiembre 12 de 2004

Ires y venires de la acción social

Celebrar las derrotas de la izquierda democrática es festejar el fracaso de la democracia misma", Archila. Fotografía de Guillermo Flórez.

El historiador Mauricio Archila indaga la trayectoria de los movimientos y protestas sociales a lo largo de 33 años. La investigación, condensada en un libro, lo hizo merecedor del Premio Alejandro Ángel Escobar, en la categoría de Ciencias Sociales y Humanas.

Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios

Los jóvenes colombianos nacidos en la década del 50 conforman una generación marcada por la violencia política, salpicada de un ambiente de lucha entre comunismo y capitalismo. Uno de ellos, Mauricio Archila, docente del Departamento de Historia de la Universidad Nacional, se internó durante diez años en los archivos del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) para auscultar lo que terminaría consignado en su libro Idas y venidas, vueltas y revueltas . Protestas sociales en Colombia, 1958-1990 . Sus reveladores y rigurosos análisis, por los que el jueves anterior fue reconocido con el Premio Nacional en Ciencias Sociales y Humanas Alejandro Ángel Escobar, permiten a sus contemporáneos, como a cualquier otro lector, entender nuestra segunda mitad del siglo XX. UN Periódico conversó con él.

UN Periódico: Usted habla de "indignación justa", ¿cómo ésta ayuda a explicar la naturaleza de los movimientos sociales?

Mauricio Archila: Las protestas no responden mecánicamente a situaciones de carencia absoluta de bienes, recursos y servicios, sino que se dan por una situación de injusticia, esto implica una mediación cultural. No es que la gente sienta hambre, o tenga una escasez, e inmediatamente se lance a la protesta, lo hace porque hay una distribución inequitativa de bienes y servicios.

UNP: ¿Cuáles han sido las demandas fundamentales?

MA: Hasta los años ochenta tienden a sobresalir las demandas materiales referidas al mundo laboral, como las peticiones salariales (no tanto estabilidad de empleo, ese fenómeno aparece más tarde). En el mundo campesino eran claros los reclamos por la tierra; por otra parte, los pobladores urbanos demandaban servicios públicos domiciliarios , principalmente agua y energía. A partir de los ochenta, sin que se produjera una ruptura marcada, aparecen peticiones más políticas y culturales, sobre todo referidas a derechos humanos . Y ya para los noventa y comienzos de 2000, el tema de los derechos humanos es el que marca la protesta social en Colombia.

UNP: ¿Cómo podría evaluarse el papel de los movimientos sociales?, ¿sólo han influido en asuntos puntuales o han obtenido cambios estructurales?

MA: Habría que ver las demandas planteadas por la gente y los indicadores de resultado . Cuánto fue el mejoramiento de los salarios, si se ha garantizado la estabilidad de empleo, qué tanto se ha superado la crisis humanitaria en Colombia. Sí creo que hay una situación relativamente crítica, y es que los movimientos sociales no han logrado mucho, grosso modo . Miremos el país que tenemos hoy y comparémoslo con el de 1958: tenemos mayores indicadores de violencia y la iniquidad está lejos de disminuirse. En cambio, aumentó la brecha de la pobreza, el indicador de indigencia, el desempleo... Podríamos hacer una pintura catastrófica de la situación, pero los movimientos sociales per se no buscan transformar revolucionariamente el país, como se diría desde el marxismo ortodoxo, sino que responden a las carencias e injusticias de la sociedad, y han logrado hacerlas visibles .

UNP: ¿Por qué la acción social colectiva en Colombia parece tan frágil frente a la de otros países?

MA: El libro desmiente ese estereotipo. Ha habido 9.981 registros para 33 años de protesta, eso quiere decir 302 protestas por año, un promedio de casi una por día. Claro, las cifras pueden engañar, el problema o la ventaja es cuando uno compara. En España se asesina a un personaje de la política y al otro día sale desde el presidente hasta millones de personas; eso, equiparado con la protesta de 13 madres comunitarias, acá, uno podría decir: "la gente aquí es más pasiva". Yo pondría a los españoles en Colombia a ver qué tan fácil es hacer una protesta. Hay que estudiar las condiciones concretas para poder valorar, no creo que haya una pasividad inherente. Sin duda influye la violencia, la pobre mediación de los partidos políticos y el que tengamos una débil izquierda democrática.

UNP: ¿Qué responsabilidad tienen las élites en los deficientes logros de los movimientos sociales?

MA: Las clases dominantes han sido poco inteligentes en crear y alimentar un Estado de bienestar o formas de solidaridad social. En el plano político han mirado con desprecio a los sectores subalternos. Aquí no ha habido populismo, tampoco una fuerza que le exija a las élites ceder un poco, ni una incorporación política profunda porque se desprecia al pueblo. Entonces no tenemos movimientos fuertes y, para acabar de completar, está el problema de la violencia. No voy a analizar si ésta genera orden o desorden, pero en el caso de los movimientos sociales es muy negativo el impacto que tiene: acaba la vida de dirigentes o los expulsa del país, destruye organizaciones o las arrodilla, pero con todo y eso en Colombia la gente no se queda callada y valientemente toma los riesgos de protestar.

UNP: ¿Qué se necesita para que la sociedad civil colombiana se fortalezca y sus protestas incidan en las decisiones políticas?

MA: No digo que los movimientos sociales tienen que tomarse el poder y hacer la revolución porque eso ya no está a la orden del día, pero sí serviría una especie de pacto en donde las élites le apuesten a la construcción de un estado social de derecho, como está en la Constitución. Esto implica cambios culturales, y nuevas formas educativas. Un buen acercamiento sería mirar qué es lo que la gente ha planteado a lo largo de los años para saber cuáles son las carencias de la sociedad. Para ello hacen falta canales que permitan expresar el conflicto y que se respete el derecho de la protesta, no se les criminalice, se les permita la organización y a los líderes se les proteja.

UNP: Las medidas del gobierno de Uribe Vélez, ¿no estarían propiciando, precisamente, el fortalecimiento de los movimientos sociales?

MA: Las políticas de seguridad democrática no están en el terreno de la construcción de sociedad civil y Estado fuertes. Pero de pronto las fuerzas armadas sí se van a fortalecer. Mi análisis es que la violencia no se resuelve con represión, porque ella no se generó por ausencia de policía o ejército. El conflicto colombiano no se puede resolver por la vía militar, sino en la esfera de lo político, por lo tanto habría que repolitizar la guerra. En el actual contexto sigue siendo difícil pensar que los movimientos sociales se puedan fortalecer, aunque estén contribuyendo a la construcción de una sociedad donde los conflictos no se resuelvan aniquilando al antagonista.

UNP: ¿Cómo se explica que cada vez sea más usada la represión de la protesta?

MA: Si entendemos el Estado como la famosa expresión weberiana del "uso legítimo de la fuerza", habría que complementarlo con la visión gramsciana que agrega que no es solamente coerción sino cohesión, consenso; a punta de garrote no hay estado legítimo en ninguna parte, éste tiene que hacer algo por la gente. Nuestro Estado ha recurrido más a la represión en ciertos momentos que a la cooptación o al intento de respuesta a las demandas sociales, pero ha habido sus matices. Hay un peligro en las políticas estatales de ver la protesta como un acto subversivo y, por tanto, entrar a aplicarle la misma lógica antiterrorista. Eso ilustra la poca inteligencia de las élites, porque si supieran discernir entre las demandas de la población civil y el fenómeno estrictamente insurgente, no le darían un tratamiento de guerrilleros a los actores sociales. No voy a decir que siempre se aplica así, pero sí tiende a predominar cuando los conflictos sociales son muy intensos.