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UNP No.63
Título : Bogotá busca un nuevo aire
Autor : Yino Castellanos, Unimedios
Sección: Ciudad
Fecha : Septiembre 12 de 2004

Bogotá busca un nuevo aire

Todos los vehículos que se someten a ajustes mecánicos y sincronización reducen en al menos un 15% las emisiones contaminantes.
Fotografía de Guillermo Flórez.

La tradicional humareda que opaca el cielo bogotano, producto de un parque automotor mal cuidado, se está convirtiendo en un serio problema ambiental que afecta negativamente la calidad de vida de los capitalinos. Así lo evaluó el Programa de Investigación en Tránsito y Transporte (PIT), de la Universidad Nacional.

Yino Castellanos, Unimedios

La controversia desatada en algunos círculos de opinión por la aplicación de las normas que sancionan a los conductores que no posean el certificado de gases para los vehículos que circulan a diario en Bogotá, poco espacio dejó para discutir las evaluaciones técnicas que ilustran de manera detallada el tema.

Se olvida, por ejemplo, que Colombia hace parte de la iniciativa Aire Limpio en Ciudades de América Latina, un programa coordinado por el Banco Mundial para las capitales del continente, que busca concientizar a los conductores y a las autoridades ambientales de cada país sobre la necesidad de controlar las emisiones de gases contaminantes por fuentes móviles, pues, al menos en Bogotá, éstas le aportan a la capital el 65% de su carga contaminante.

No es entonces por capricho que desde hace tres años el Programa de Investigación en Tránsito y Transporte (PIT), de la Universidad Nacional, venga trabajando en esta problemática, con el desarrollo del Programa de Monitoreo y Control de Emisiones por Fuentes Móviles en Bogotá. Esto en coordinación con el Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente (Dama) hace 16 meses; la Secretaría de Tránsito y Transporte de Bogotá y la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá.

El trabajo del PIT ha consistido, entre otras labores, en la realización de los operativos en la vía, la recopilación y análisis de la información obtenida, el diseño de cursos de capacitación para el personal que realiza los operativos, y otras actividades de acompañamiento y gestión, como la implementación de soportes técnicos para las campañas de concietización y pedagogía del Dama y para la revisión y ajuste de la normatividad.

El equipo de trabajo para los operativos se compone de cuatro integrantes: un agente de policía, un operario técnico (normalmente un ingeniero mecánico) y dos guías cívicos, todos dispuestos en siete unidades móviles dotadas con los bancos o analizadores de gases y los instrumentos para la toma de las muestras en el lugar. Estas son recogidas mediante la realización de la prueba estática para la medición y análisis de gases de combustión provenientes del exhosto de los vehículos y se realiza en marcha lenta, en condiciones de velocidad mínima.

Cabe anotar que para el tercer convenio que el PIT celebró con el Dama, se ubicaron puntos de monitoreo y control en 291 direcciones de la ciudad, y se superó en un 50%, (en algunas semanas), la meta de 1.000 revisiones semanales. Estas se concentraron en los principales corredores viales de la ciudad como las avenidas de las Américas, Boyacá, Ciudad de Quito, Ciudad de Cali y la Autopista Sur, entre otros.

¿Parque automotor?

 

Del millón doscientos mil vehículos que aproximadamente circulan a diario en Bogotá, el programa ha revisado, en los meses que lleva operando, 66.028 automóviles y encontró que el 38,26% son rechazados por exceder los límites máximos permisibles (LMP) de gases contaminantes establecidos en las resoluciones vigentes: la 160 de 1996 y la 556 de 2003, expedidas por el Dama. Los porcentajes de rechazo son de 37,64% para vehículos a gasolina y 38, 39% para los diésel.

"Los LMP son establecidos mediante tablas siguiendo criterios técnicos, como la vida útil del auto, el modelo del motor y la capacidad tecnológica del mismo", afirma la ingeniera Deysi Rodríguez del PIT, quien agrega que es muy difícil discriminar cuáles contaminan más, si los particulares o los vehículos de carga o de transporte público, aunque estos últimos, con motor diésel son altamente rechazados, mientras los vehículos particulares a gasolina, debido a la falta de mantenimiento, envenenan el aire en alto grado.

Más allá de sectorizar a los culpables, es necesario enfatizar que se trata de un problema generalizado, especialmente grave en las zonas suroriental, suroccidental y del centro de la ciudad, ya que en las dos primeras coinciden un número elevado de población y asentamientos industriales con altos niveles de congestión vehicular, mientras en el centro circula cerca del 80% de las rutas de transporte público de la ciudad.

De esta manera, los resultados que ha arrojado el programa revelan una situación crítica, especialmente a causa del material, en partículas, del humo que se libera a través del exhosto de los vehículos diésel, y con concentraciones preocupantes de monóxido de carbono e hidrocarburos para los automóviles a gasolina.

Este paulatino envenenamiento del aire, que para el monóxido de carbono supera el 30% de los límites admisibles, no solo afecta la salud respiratoria de las personas expuestas a la acumulación de gases en la atmósfera, consecuencia del material particulado, sino la vida emocional de los conductores de transporte público, que cumplen hasta 14 horas de jornadas laborales, como lo señala la ingeniera Rodríguez.

Sin embargo, a pesar del oscuro panorama, la gestión de las instituciones distritales para mitigar los impactos que genera la contaminación, parece bien encaminada. Fe de esto, es la preocupación por crear una conciencia entre los conductores de revisar el estado de los motores de sus autos, en términos de sincronización y ajustes mecánicos, al menos cada seis meses; las jornadas sin carro; la expedición de normas más restrictivas; y claro, la vinculación con entes universitarios que asesoren integralmente al Distrito en el diagnóstico, monitoreo y solución del problema.

Las cifras del último convenio realizado por este programa del PIT, que dirige el ingeniero Néstor Sáenz, indican los avances en la toma de conciencia sobre el problema. Así, en un 12% se mejoró el cumplimiento de la norma con respecto a agosto de 2003, y se logró, al menos en parte, que el tema se incluyera con firmeza en el debate público.

"Disfrutar de un aire limpio no es un privilegio, es una cuestión de salud pública que debe llamar la atención de todos", concluye la ingeniera Deysi Rodríguez; "los resultados se revertirán cuando la cultura del mantenimiento de los autos y la aplicación de las normas nos ayuden a apreciar la necesidad de respirar nuevos aires".