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UNP No.63
Título : Una ventana a la memoria
Autor : Marta Rodríguez
Sección: Arte
Fecha : Septiembre 12 de 2004

Una ventana a la memoria

La maestra María Elena Bernal (1947-2004) falleció el pasado 18 de agosto. Marta Rodríguez, artista y amiga, habla de su obra, plasmada en pintura, dibujo, grabado e instalación, que dan cuenta de su percepción aguda sobre el paisaje urbano y rural, transformados con su particular estética.

La vinculación de la maestra Bernal al Museo desde los años ochenta ayudó a fortalecer el área de educación; desde entonces, la participación activa de estudiantes de diferentes disciplinas se convirtió en frente de trabajo fundamental.
Fotografía de Guillermo Flórez.

Marta Rodríguez*

Desde que era una estudiante de Bellas Artes en la Universidad de los Andes, a María Elena Bernal le inquietaron los cambios de luz, la incidencia del color en las formas y en el espacio; así como se interesó por las múltiples relaciones que se establecen entre el lenguaje y la imagen. Este último aspecto y el interés por interactuar en el espacio real en el que habitamos, construido o natural, dinamizaron propuestas que vinieron a concretarse en sus diferentes proyectos, especialmente en Senderos.

En su época de estudiante, sus grabados y la serie de los Lockers , se convirtieron en una especie de hitos dentro de la escuela, por los sorprendentes juegos cromáticos y formales con los que dio cuenta de los prodigios de la luz. Sus maestros más influyentes fueron Carlos Rojas y Santiago Cárdenas por quienes profesó siempre un gran afecto y admiración; entre sus muchos proyectos estaba la realización de un ensayo sobre Carlos Rojas en el que ella hablaría del maestro desde su perspectiva de artista y discípula. Recién egresada de los Andes comenzó a desplegar una gran actividad en torno suyo: organizaba sesiones de dibujo con modelo en su casa, le encantaba discutir sobre distintas lecturas, leyó con atención sobre el fin de la pintura que se vaticinaba en los años setenta; organizaba tanto seminarios como paseos, pues fue una incondicional admiradora de la naturaleza. Miraba con entusiasmo el arte pop y como algunos de su generación, sintió una gran atracción por el arte conceptual. Su vanguardismo se evidenciaba tanto en su obra como en su actitud y manera de vestir; sin duda las minifaldas más cortas de la Universidad de los Andes las llevó María Elena con sus vistosas medias de color.

Sombra de árbol nocturna, 2003.
Cortesía de Mónica Sánchez Bernal.

Su primera exposición en la galería San Diego causó gran impacto, pues con una composición y una paleta osadas, fue una de las primeras en plasmar aspectos de la experiencia urbana al tratar el tema de los buses. A través de los vidrios y espejos retrovisores recorrió el espacio urbano y empezó a generar un juego complejo de formas y sentidos. Con una percepción aguda mostró las relaciones y oposiciones entre el bus y la calle; además puso en evidencia lo ambivalente que puede ser la oposición entre la figuración y la abstracción, y sobre todo creó armonías inusuales donde persistían fuertes contrastes, por ejemplo entre un tono verde y otro rosado. Desde entonces empezó a recorrer los espacios urbanos, puso atención en las señales de tránsito, en las esquinas, charcos y reflejos; trabajó tanto el paisaje urbano como el rural y fue una de las pioneras de la instalación, pues el uso del color y la composición no se limitaba a los motivos de la tela sino que se extendía sobre los muros de los espacios de exhibición.

En la década del 80, ingresó a la Universidad Nacional como profesora de los talleres de grabado de la Escuela de Artes Plásticas y posteriormente entró a dirigir el Museo de Arte y allí desplegó una intensa actividad, donde convirtió este espacio en uno de los lugares más dinámicos de la actividad artística de Bogotá. Allí abrió espacios para la reflexión sobre el arte y buscó la manera de integrar a los estudiantes a las actividades educativas del Museo. A partir de ese momento se convirtió en una promotora del trabajo de los estudiantes, creó el ciclo de exposiciones "Egresados recientes" y hasta sus últimos días fue la organizadora de múltiples proyectos en los que ella ejercía una forma de docencia participativa. También dedicó todo su empeño en la organización del archivo del Museo, hasta entonces inexistente. Todas estas tareas las emprendió con un entusiasmo tal que se convirtieron en el motivo de su vida. Frecuentemente se la veía recorrer la Universidad con un maletín lleno de apuntes, catálogos y libros, yendo de un lugar a otro mientras su mente ágil y su mirada perceptiva y aguda ideaban algún nuevo proyecto en el que se creaban relaciones tan variadas y complejas como lo fueron sus composiciones pictóricas. Hasta sus últimos días, con una voz emocionada, impartió instrucciones para que su labor no quedara interrumpida. María Elena tenía una gran capacidad de imaginar y soñar, varios de esos sueños en los que a través de un tejido complejo, se funde el arte y la vida, se fueron objetivando a través de su intensa e incansable actividad en la Universidad.

De la serie "Espejos retrovisores", 1979.

A lo largo de su trayectoria, María Elena trabajó pintura dibujo, grabado y en los últimos años realizó diversas instalaciones. Cuando ingresó a la Maestría de Artes Plásticas sustituyó el lienzo por el espacio real. Su primera aproximación la realizó en el pasillo de ingreso al edificio de Diseño Gráfico, donde observó una serie de cambios lumínicos que se suceden a partir de ciertas horas de la tarde, fenómenos que registró a través de fotografías; la forma como captura los diversos juegos de luz que proyectan sombras geométricas sobre el piso y las escaleras, recuerdan la mirada que ejercía en su obra bidimensional. Estos fenómenos perceptivos se aúnan a los sucesos de la Universidad con la instalación titulada "Ventana media luz". En la que conmemora la muerte del profesor Jesús Bejarano, acaecida en el edificio de Economía. En esta instalación, a partir de una intervención cromática en el lugar, preserva la luz de las 5:30 de la tarde, hora en la que mataron al profesor.

De estas experiencias in situ surgió el proyecto Senderos, el cual trabajó con el profesor Cristóbal Schlenker, y que actualmente involucra también el trabajo de los estudiantes y que genera diversas intervenciones en el campus. Un proyecto que apuntaba a "convocar la participación de diversos sectores de la Universidad para compartir sus experiencias, reflexiones e imágenes sobre lugares específicos". En este trabajo se empezó a traspasar lo disciplinar, aspecto que acrecentó en un proyecto de extensión iniciado en 1998, donde un grupo interdisciplinario interactúa con la comunidad de Armero Guayabal. En este trabajo se reflexiona sobre las

Enredo I, 1990.

condiciones del lugar determinado por la tragedia de la avalancha, que según sus propias palabras: "es un lugar de relaciones e interacciones (...) un lugar que nos convoca, aglutina, involucra".

María Elena siempre buscó ampliar y agudizar nuestra percepción ante la riqueza plástica que poseen algunos fenómenos cotidianos que ocurren bien sea dentro del recorrido de un bus, al transitar una calle o al habitar un paisaje. Su aproximación no era meramente formal, ella sabía que en esos recorridos confluyen experiencias individuales y colectivas que hacen parte de nuestra vivencia de los lugares, de allí la importancia de su proyecto Senderos donde plasmó, a través de hechos visuales, la memoria de esa Universidad a la cual se entregó sin reserva. Sin duda sus grabados, pinturas, instalaciones y murales enriquecerán nuestro paso fugaz por la vida.

* Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.