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UNP No. 71
Título : Arrieras invaden campos y ciudades
Autor : Diana Manrique Horta, Unimedios
Sección: Medio ambiente
Fecha : Febrero 27 de 2005

Arrieras invaden campos y ciudades


La destrucción acelerada de los bosques y el desconocimiento de su biología son las principales causas de invasiones destructivas de hormigas arrieras, que como la ocurrida en el Valle del Cauca, pueden repetirse en otras regiones del país.

Las hormigas arrieras han sido consideradas como una de las cinco plagas más dañinas en siete países suramericanos.

Diana Manrique Horta, Unimedios

Zampopa en Guatemala; Bibijagua en Cuba; Sauva en Brasil; Parasol en Trinidad y Tobago; Coquis en Perú; Wee-wee en Honduras Británicas o Bachacho rojo en Venezuela no son precisamente los nombres de lugares paradisíacos de Latinoamérica. Se trata de algunas de las 71 formas de denominar a la hormiga arriera, uno de los insectos que más daño ocasiona al agro, en todo el trópico americano.

Colombia no escapa de su comportamiento devastador, especialmente sobre cultivos de yuca, hortalizas, cacao, pastos y cítricos, sus favoritos. Prueba de ello es la detección de 60 mil hormigueros en 35 de los 42 municipios del Valle del Cauca, que tras un estudio realizado en 2004, obligó a la Secretaría de Agricultura y Pesca del departamento a conformar a principios de este año un grupo de expertos, quienes tendrán como misión disminuir su impacto antes de seis meses.

"La situación es tan alarmante que cerca de 12'969.000 metros cuadrados de tierra tanto en zonas rurales como urbanas se encuentran afectados de diferente manera", asegura Juan Carlos Vergara Castrillón, jefe del Programa de Asistencia Técnica Directa Rural quien coordina la implementación del Plan de Manejo y Control de la hormiga arriera.

Para el entomólogo Francisco Javier Serna, de la Universidad Nacional de Colombia, la destrucción acelerada de los bosques ha hecho que las arrieras se desplacen a áreas más urbanizadas en busca de alimento, provocando invasiones y poniendo en riesgo, incluso, algunas edificaciones.

"Ellas son buenas reguladoras del bosque, sobre todo del follaje, podan las plantas y hacen que rebroten, es decir, de alguna manera moldean la vegetación, pero si su hábitat es cada vez más invadido por el hombre, las consecuencias con seguridad no se harán esperar", anota el investigador, quien adelanta un trabajo relacionado con la distribución de la arriera en Colombia.

Aunque la presencia de este insecto se convirtió en un problema preocupante en el Valle del Cauca, lo cierto es que más de la mitad del territorio nacional conoce su dañina actuación de la cual no escapan zonas como el Urabá antioqueño, el Eje Cafetero, los Llanos Orientales y la Costa Atlántica, así como los departamentos de Huila y Tolima.

Su fácil adaptación a diferentes ecosistemas, la compleja composición social y los millones de pérdidas que ocasiona al sector agrario han sido motivo de investigación por parte de entomólogos de la Universidad Nacional que como el profesor Serna, consideran que existe mucho desconocimiento alrededor de ella.

Hormigas astutas

Perteneciente a la tribu Attini, la hormiga arriera -cuya mayor representante en el país es la Atta cephalotes-, posee una organización compleja conformada por castas entre las que se encuentran obreras, jardineras, soldados, forrajeras, zánganos y reinas.

"La forma como funciona su actividad social no se ha descifrado en su totalidad por lo que no se ha encontrado tampoco un 'talón de Aquiles' para manejar su reproducción, la cual es tan alta que desborda cualquier cálculo", afirma el investigador Serna.

Se prevé, por ejemplo, que un nido maduro de hasta 80 metros cuadrados, es decir de dos años de antigüedad, puede llegar a estar compuesto por más de un millón de hormigas, capaces de destruir, en un año, hasta ocho toneladas de cultivos.

"Las consecuencias de una colonización de estas características son suelos sueltos y húmedos, pues para las arrieras esa tierra no es para cultivos sino para fabricar sus nidos subterráneos y producir el hongo del cual se alimentan utilizando la materia vegetal que cortan con sus poderosas mandíbulas", destaca el profesor.

Precisamente, su trabajo como cortadoras es otro de los comportamientos que les produce dolores de cabeza a los productores del país, ya que pueden devastar cultivos completos en una sola noche. "Si no fuera porque el que ha pagado los platos rotos he sido yo, les guardaría una admiración absoluta a la labor realizada por las arrieras", dice don José Cuevas, un productor de maracuyá, en el Valle del Cauca, quien fue víctima durante la cosecha pasada del arduo trabajo alimentario de estas hormigas, del cual todavía está contando las pérdidas.

Y es que los costos de controlar esta plaga hacen que las utilidades de los cultivos sean mínimas, pues aunque existen productos químicos cada vez más tóxicos para las arrieras y menos dañinos para el hombre y el ambiente, éstas han generado mecanismos de defensa altamente complejos.

Existe, por ejemplo, un producto llamado dodecacloro, el más utilizado para combatirlas. Envuelto en cápsulas diminutas o pelets, elaboradas con sustancias atrayentes --como jugo de naranja, se mimetizan entre los forrajes que las hormigas cortan como alimento con el fin de que las lleven hasta el nido y envenenen la colonia. Pero poseen la capacidad para detectar el químico, tras lo cual empiezan a sacar el alimento colectado y salvar a la mayoría de la población.

Así mismo, la reina está muy protegida en las cámaras centrales: a pesar de que se alimenta poco, recibe sus provisiones después de que éstas pasan primero por algunos controles. "En una palabra, si no 'engañamos' a quienes prueban primero los pelets, estamos perdiendo el tiempo, ya que la reina, es una máquina ponedora de huevos", cuenta el entomólogo Francisco Javier Serna.

Aunque el uso de pelets es la forma de control de las hormigas arrieras que se impone actualmente, todavía el desespero de los campesinos los lleva a utilizar métodos poco recomendados como explotar los nidos con gasolina, echarles estiércol y orines de animales e incluso de humano, o enredarlas en crin de caballo, que ubican alrededor de las plantas.

El profesor Serna y el ingeniero agrícola Juan Carlos Vergara coinciden en que la aplicación juiciosa de los productos es lo más efectivo para minimizar la acción destructiva de las arrieras, lo cual debe estar acompañado de estrategias a mayor plazo, en las que instituciones encargadas de la vigilancia y el control de plagas, academia y productores unan esfuerzos para buscar prácticas contundentes de manejo.