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UNP No. 84
Título : ¿Se afianzan los sistemas democráticos en Latinoamérica?
Autor : Giovanni E. Reyes
Sección: Internacional
Fecha : Noviembre 27 de 2005

A pesar de la llegada al poder de los partidos socialdemócratas en América Latina, la corrupción lesiona la democracia, como ha sucedido con los escándalos de Lula Da Silva en Brasil.

¿Se afianzan los sistemas democráticos en Latinoamérica?

La lectura a la práctica de la política, al manejo de los dineros públicos y a las inequidades sociales parece desnudar, mejor que el Latinobarómetro, lo que piensan los latinoamericanos del ejercicio de la democracia en sus países.

Giovanni E. Reyes
Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.

La respuesta en general sería sí. Esa es la percepción que tienen los ciudadanos respecto a sus propios países en el corto plazo, según lo da a conocer la más reciente publicación de Latinobarómetro, un centro encuestador de referencia mundial cuando se trata de estudios sobre la región.

Las conclusiones se basan en una encuesta realizada entre el 1 de agosto y el 18 de septiembre pasados, en 18 países latinoamericanos, en la que se incluyeron unas 20.000 personas. En total, la aprobación del sistema democrático en la región ha pasado de ser 36% en 2002 a 49% en 2005. Estos números pueden dejar satisfechos a más de algún político, pero son cifras generales. "El diablo está en los detalles" y este caso no es una excepción. Los países presentan datos contrastantes.

En cuanto a la aprobación de los gobiernos y los presidentes, los países que resultan más favorecidos son, en ese orden: Uruguay, Argentina, Colombia, Venezuela y Chile. Siendo las aprobaciones de 62% (Chile) a 72% (Uruguay).

Las razones para el apoyo varían. En Uruguay y Argentina se impone más la perspectiva de un futuro mejor, que los logros específicos de los gobernantes. El caso más representativo es el presidente uruguayo Tabaré Vásquez, con sus pocos meses en el poder.

Percepciones divergentes

En el caso argentino, el presidente Kirchner mantiene vivas las expectativas y no debe enfrentar hasta ahora la embestida de los grupos de choque peronistas, los de su propio partido. Su régimen ha sido un constante juego de maniobras en medio de la tormenta. Aún no ha finalizado la renegociación de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional.

Uribe en Colombia parece mantenerse hasta ahora sólido y podría ganar la reelección sin mayores obstáculos, salvo que de aquí a siete meses explotaran algunos temas espinosos. Esos son los asuntos que entusiastamente la oposición se empeña en afilar. El tema de la desmovilización de los paramilitares podría enredarse y el presidente parece confiar en que de noviembre a la elección del año entrante, se fortalezca más su percepción de hombre trabajador y respetuoso de las instituciones.

En Venezuela, continúa dando dividendos de aceptación el populismo del presidente Chávez, en medio de su "revolución del siglo XXI", y de la inundación de petrodólares. Tómese en cuenta que a los precios actuales del barril de petróleo, unos US $63, y considerando que Venezuela exporta 2,6 millones de barriles por día, el ingreso bruto que recibiría el gobierno de Chávez en función del precio de la cesta de petróleos del país, sería de US $4.8 millones por hora, 24 horas al día, 365 días al año.

En el plano político, Hugo Chávez quiere fortalecerse en la región aprovechando la debilidad de liderazgo regional del presidente Lula de Brasil. Utiliza para ello, su "oposición incendiaria" contra Estados Unidos, la compra de deuda externa de otros países como Argentina y Ecuador, y trata de hacer inversiones en sectores energéticos estratégicos de Colombia. Este último país será el más afectado por los cambios políticos en Caracas.

Lo que no se dice con suficiente fuerza es que el actual régimen del presidente Chávez, entrega concesiones muy favorables precisamente a transnacionales del "imperialismo". Ese es el caso de la cesión de derechos de explotación petrolera y de gas, de la Plataforma Deltana en el oriente del país. Las principales beneficiadas: Exxon y Chevron.

En Chile, los logros parecen muy enraizados en la disminución de la pobreza. Es el único país latinoamericano que redujo a la mitad la cantidad total de pobres que tenía en 1990. Es cierto que la inequidad aumenta en Chile, pero no es menos cierto que las oportunidades se siguen abriendo para muchos de los sectores excluidos. De continuar la tendencia, Michelle Brachelet, la candidata oficial, será la primera mujer presidente de ese país para 2006.

La mayor aceptación del sistema democrático se ve acompañada en Latinoamérica por el progreso que la población percibe en cuanto a reducir la corrupción. Es notorio que en Colombia, Uruguay, Venezuela y Chile se manifieste la mayor satisfacción en cuanto al control de mecanismos y funcionarios responsables de corrupción en las instituciones públicas.

Sin embargo también están las respuestas sombrías de parte de quienes se sienten defraudados por los sistemas democráticos. Esos son los casos de Perú, Ecuador, Nicaragua y Guatemala. Son países que también coinciden en tener una población que percibe altos niveles de corrupción pública. Allí también muchos grupos sociales concurren en reconocer la inoperancia de los sistemas judiciales.

Se trata de países con grandes conglomerados sociales subsistiendo en la marginalidad, en la lucha "a como dé lugar" de las economías informales, en el "rebusque" del sustento diario. Estas naciones, salvo el caso de Ecuador donde la crisis es más institucional y política, presentan una mayor vulnerabilidad económica externa. Los precios del petróleo que importan se han triplicado, la gasolina también es tres veces más cara y eso aumenta el costo de vida.

En Latinoamérica, un 44% de la población subsiste en condiciones de pobreza (cerca de 220 millones de personas) y un 19% debe enfrentar la pobreza extrema (casi 92 millones). Ese constituye el reto esencial de los sistemas políticos que se establecen en el área.

Problemas del poder

Los problemas en el manejo del poder incluyen dos aspectos básicos. Por una parte hacer que los partidos políticos sean instancias de intermediación social; es decir, que el ciudadano "de a pie" se sienta representado por esas organizaciones. Cuando eso no sucede, como en el caso de muchos parlamentarios, los políticos al no representar a nadie más, ni tener mayores controles sobre ellos, se terminan representando a sí mismos.

El otro problema político es el de la renovación. ¿Qué hacer cuando un gobernante no llega a ganarse la legitimidad concreta del poder, que la dan los resultados a favor de las mayorías? En Europa ese problema se ha enfrentado al separar el cargo de Jefe del Estado (presidente), del cargo de Presidente del Gobierno (primer ministro). En Latinoamérica esos esquemas no se ven realizables en el futuro previsible.

De manera más específica, la agenda del desarrollo latinoamericano sigue presentando los desafíos de disminuir la fuga de capitales, promover la inversión en recursos humanos, y atraer recursos que amplíen la oferta de trabajo. De esa manera las democracias no serían naves a la deriva. Los gobernantes pasarían a ser estadistas que resuelven problemas de fondo, más que administradores coyunturales de crisis permanentes.