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UNP No. 84
Título : La crisis andina de la democracia
Autor : John Crabtree
Sección: Ensayo
Fecha : Noviembre 27 de 2005

Los firmantes del Pacto Ético Electoral (PEE), en Perú, respaldan plenamente el compromiso asumido por 21 organizaciones políticas del país para celebrar en el año 2006 unas elecciones ejemplares.

La crisis andina de la democracia

Las élites políticas en el sur de los Andes -Bolivia, Perú y Ecuador- se enfrentan a una población inquieta con sed de un mejor gobierno y una sociedad.

John Crabtree*
Miembro investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford; autor de Peru under Gar­cía: Opportunity Lost (Ma­cmillan, 1992), Fujimori's Peru (ILAS, 1998), y Patterns of Protest: Politics and Social Movements in Bolivia (Latin American Bureau, 2005).

El 2005 ha sido un año de convulsiones políticas en América Latina. Solo durante las últimas semanas ha habi­do desacuerdos de alto nivel: protestas tumultuosas en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata (Argentina); la continuación de la serie de escándalos de corrupción que ha dividido al gobernan­te Partido de los Trabajadores del Brasil; evidencias de la in­tensificación de la prolongada guerra civil en Colombia; y una encarnizada disputa en­tre los presidentes de México y Venezuela, Vicente Fox y Hu­go Chávez.

Una de las zonas políti­camente más febriles es la re­gión del sur de los Andes, so­bre todo Bolivia, Perú y Ecua­dor, donde el rechazo público de los partidos tradicionales y sus líderes está generando nuevos desafíos al statu quo. Según el Latinobarómetro, una encuesta del continente, la insatisfacción con las ins­tituciones existentes es parti­cularmente notable en estos tres países.

Bolivia

De los tres, las elecciones presidenciales y del congreso están más próximas en Boli­via. Estaban programadas pa­ra el 4 de diciembre, pero des­acuerdos entre los diferentes departamentos sobre el nú­mero de representantes suyos en el congreso causaron una demora; ahora se celebrarán el 18 de diciembre.

 

Una de las característi­cas más notorias del reparto electoral es la ausencia de muchos de los partidos que han dominado el escenario político boliviano durante las últimas dos décadas y hasta más tiempo. Incluso es posible que el antes podero­so Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), un partido otrora disciplinado y bien organizado que triun­fó en la revolución de 1952, atraiga sólo un exiguo apoyo en los comicios.

Quien domina ahora la escena es Evo Morales, el lí­der de los trabajadores de la coca del país. La mayor parte de las encuestas de opinión le dan a él y a su relativamen­te nuevo partido Movimien­to al Socialismo (MAS) una cómoda ventaja. El partido de izquierda MAS ha crecido por causa del desencanto del pueblo ante el fracaso de la economía liberal en reducir la pobreza y la desigualdad. Los partidos tradicionales -el MNR, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y la Acción Democrá­tica Nacionalista (ADN)- son ampliamente repudiados por ineptos y corruptos.

Sin embargo, a Morales le pueden negar la presiden­cia, incluso si obtiene más votos que sus adversarios. La constitución boliviana estipula que si ningún can­didato logra la pluralidad (el 50% más uno) de los votos, el congreso elegido en las mismas elecciones escoge al presidente entre los dos candidatos con más votos. El principal contendor es el ex presidente Jorge "Tuto" Quiroga, quien tiene posi­bilidades de conseguir sufi­ciente apoyo en el congreso para impedir la presidencia de Morales.

 

De suceder esto, Boli­via puede caer de nuevo en la misma clase de protestas callejeras que provocaron la renuncia de dos presidentes recientes: Gonzalo Sánchez de Losada en octubre de 2003 y Carlos Mesa en junio de 2005. Morales cuenta con un fuerte apoyo de los diferentes movimientos sociales que se han convertido en los últimos años en actores claves de la escena política boliviana.

Es posible, por lo tan­to, que las elecciones del 18 de diciembre sean un hecho fundamental en el que los dos candidatos se habrán esforzado al máximo en dis­tanciarse de los partidos y los líderes anteriores. Se trata de figuras muy contrastantes. Morales, quien podría ser el primer presidente boliviano de pura ascendencia indíge­na, tiene una fuerte veta po­pulista. Ha tratado de fomen­tar un sentir nacionalista, en particular con respecto a los Estados Unidos, y ha desarro­llado vínculos estrechos con el presidente de Venezuela Hugo Chávez. Su discurso político está bastante a la iz­quierda del centro.

Con ocho elecciones na­cionales previstas para 2006, el año entrante promete ser un periodo políticamente más álgido en América La­tina.

 

Quiroga, quien fue vi­cepresidente a finales de la década del noventa y, duran­te un breve lapso en 2001 y 2002, presidente, es una figura mucho más conserva­dora, asociada con la clase de agenda que respalda el Banco Mundial. Pero desde 2002, ha tratado de distanciarse de su antigua identificación con el derechista ADN, liderado por el ex dictador Hugo Banzer. A principios de noviembre intentó romper sus vínculos con unos cuantos políticos tradicionales que antes se ha­bían unido a su campaña.

Perú

Las elecciones presiden­ciales en el Perú están previs­tas para abril de 2006, pero la campaña empezó hace ya tiempo. Bajo el sistema peruano, ningún candidato alcanza el 50% más uno de los votos, hay una segunda vuelta entre los dos candida­tos punteros.

Como en Bolivia, el elec­torado recela de los partidos políticos y hay una general desconfianza en las institu­ciones democráticas. En la década del noventa, el en­tonces presidente Alberto Fujimori se las arregló para perpetuarse en el poder de­nigrando de los ya desacredi­tados partidos. Los responsa­bilizó de la hiperinflación de finales de los ochenta y del crecimiento aparentemente incontenible de Sendero Lu­minoso, el grupo insurgente maoísta que produjo pánico en el país. El éxito de Fujimo­ri al estabilizar la economía y derrotar a Sendero le dio mucho apoyo público.

La fortaleza del dirigente cocalero Evo Morales se concentra en los departamentos andinos de La Paz, Oruro y Cochabamba , población mayoritariamente indígena y mestiza.

El derrumbe del ré­gimen de Fujimori en 2000 debido a grandes escándalos de corrupción, revivió a los acosados partidos tradicio­nales. Aunque estos dominan ahora el panorama electoral, apenas cuentan con un tibio apoyo y carecen de una real presencia organizada en la sociedad. Hay tres principa­­­­les contendores por la presidencia: Unidad Nacional, una fuerza de centroderecha con fuerte apoyo empresarial y liderada por Lourdes Flores; la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra), cuyo líder, Alan García, desea volver a la presidencia que ocupó entre 1985 y 1990; y un partido sin mayor cohesión, el Frente del Centro, que tiene como candidato al ex presidente interino Valentín Paniagua (2001-01).

Pero también hay dos importantes comodines en la baraja política. El primero es el mismo Alberto Fujimori, quien se catapultó a los titu­lares en el Perú al volver a Su­ramérica de su autoimpuesto exilio en el Japón. Ahora está detenido en Chile, pendiente de un pedido de extradición de Perú. Incluso si no puede presentarse como candidato en las elecciones -el congre­so le prohibió hacerlo-, cal­cula que su retorno le dará un ímpetu considerable a las campañas para el congreso de sus seguidores. Muchos peruanos se movilizan contra su retorno a la arena política, pero un bloque fujimorista fuerte en el congreso estaría en una buena posición para defender su rehabilitación.

El segundo comodín es la figura de Ollanta Humala, un ex oficial del ejército de derecha que aspira a desper­tar el resentimiento étnico a su favor. Humala, a quien to­davía le pueden impedir que sea candidato, se convirtió en un personaje conocido cuan­do perpetró un golpe militar que fracasó, en los últimos días del gobierno de Fujimo­ri. Las encuestas de opinión sugieren que tiene un fuerte apoyo en algunas zonas, y que no se puede subestimar su habilidad para sacar pro­vecho del desencanto con los principales partidos po­líticos.

Una reciente encuesta otorgó 40,2% de apoyo a la candidata oficialista Michelle Bachelet, pero los analistas auguran que ninguno de los aspirantes al Palacio de La Moneda, obtendría la mayoría absoluta en la primera vuelta.

Ecuador

La situación en Ecuador tal vez es más confusa que en Bolivia y Perú. Las eleccio­nes no están previstas sino para finales de 2006, pero el gobierno de Alfredo Palacio, quien asumió la presidencia en abril después de que Lucio Gutiérrez se viera forzado a huir al exterior, no tiene ma­yor apoyo del público. La po­lítica ecuatoriana es difícil­mente manejable y no existe una confianza en las élites políticas. El mismo Gutiérrez, un ex oficial del ejército, ha vuelto ahora al Ecuador y niega todas las acusaciones de corrupción. Él proviene de la política marginal y al principio de su gobierno tu­vo el apoyo de los poderosos movimientos indigenistas de tendencia izquierdista, pe­ro lo perdió cuando intentó hacer un trato con el Fondo Monetario Internacional, al imponer la austeridad fiscal.

La posición de Palacio se ha debilitado aún más a cau­sa del intenso conflicto con el congreso por sus planes de reforma de la constitución. A principios de noviembre, sufrió un desaire de las auto­ridades electorales que le ne­garon la convocatoria de un referendo para la elección de una asamblea constituyente.

Las perspectivas para 2006

Con ocho elecciones na­cionales previstas para 2006 (fuera de las elecciones en Honduras y Chile, así como en Bolivia, en lo que queda de 2005), el año entrante pro­mete ser incluso un periodo políticamente más álgido en América Latina. Prosigue una larga y dolorosa búsqueda de nuevos modelos e institucio­nes que puedan solucionar el problema de las profundas desigualdades estructurales en la región, con el telón de fondo de grandes cambios en la economía global. La única certeza es que allí habrá más sorpresas en el futuro.

Publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy. Traducción de Nicolás Suescún.