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UNP No. 84
Título : El cuerpo como escenario
Autor : Yino Castellanos
Sección: Arte
Fecha : Noviembre 27 de 2005

Diversos momentos del montaje La Sala, seleccionado entre los cinco mejores del festival "10MASDANZA", celebrado en Islas Canarias. Nótese la tensión corporal minuciosamente dosificada para las exigencias del montaje.

El cuerpo como escenario

Con creaciones como La Sala y La Mesa, ambas premiadas en certámenes de gran importancia, la compañía Cortocinesis se posiciona entre los grupos más destacados de danza contemporánea en el país. El itinerario empezó hace más de dos años en la Universidad Nacional y continúa con las conocidas dificultades que tienen los creadores en Colombia.

Yino Castellanos
Unimedios

Danzar no es bailar (...) La coreografía es como el cauce de un río.
Sonia Sajona, bailarina venezolana.

La historia de la danza contemporánea es la de una ruptura provocada por el cuerpo y el movimiento. Especialmente desde que Isadora Duncan -aquella norteamericana de principios del siglo XX, bailara descalza, y que con cautivante pasión fuera capaz de romper los rígidos esquemas clásicos- le diera una segunda oportunidad al cuerpo y su libertad para expresarse. Desde entonces, esta manifestación artística no ha dejado de crecer en busca de su identidad.

Varias influencias ha recibido Vladimir Rodríguez, director de la compañía Cortocinesis a lo largo de su trabajo, entre otras, la de la conocida técnica "volando bajo".

La sombra de la Duncan se proyecta en el trabajo de siete jóvenes que hace un par de años decidieron conformar la compañía Cortocinesis, que surgió del Grupo de Danzas Folclóricas de la Universidad Nacional. Entre ellos, Vladimir Rodríguez, su director, quien después de intentar con la filosofía y el diseño gráfico, se vio seducido por la fuerza del movimiento corporal y su proyección coreográfica.

Su trabajo evoca la contundencia del corto cinematográfico, donde los bailarines son capaces de exhibir total concentración y acople de sus intenciones en el escenario. Él define su propuesta como una que reivindica el formato pequeño y la resistencia corporal del bailarín. En consecuencia, La Sala no pasa de los quince minutos, en los que cuatro bailarines dotan de sentido un espacio en apariencia anodino y lo convierten en un escenario de movimientos vertiginosos y precisos para que cada danzante llegue al límite de su inteligencia corporal. En la obra se perciben historias fugaces y frágiles relaciones humanas: metáfora de la vida cotidiana condicionada por parciales equilibrios.

El espectador se pregunta: ¿cómo pueden alcanzar tal grado de coordinación en movimientos tan rápidos y jugando con apenas dos sillones y sus cuerpos? "La formación personal es muy importante porque permite apropiar varias técnicas para interpretar lo que requiere la obra", afirma John Edwin Vargas, bailarín. Él coincide con el resto del grupo en que lo más importante es profundizar en el principio de la danza: el movimiento. A partir de allí, la investigación, la disciplina y la mística juegan a favor de un producto cuya calidad ha sido reconocida en festivales de gran prestigio.

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La experiencia española

Uno de los certámenes más importantes de danza contemporánea en el mundo es el "10MASDANZA". Alrededor de cien trabajos son enviados en video desde varias partes del planeta con la ilusión de ser invitados a las Islas Canarias, en España, para participar de la fase final de selección de los diez mejores. La Sala fue distinguida entre las cinco propuestas con mayor calidad, lo cual confirma que la experiencia de Vladimir en compañías reconocidas como L' Explose, de Tino Fernández, aunada a la preparación constante de los bailarines, le ha permitido crear una compañía de danza contemporánea con un perfil definido, "en el que la inteligencia corporal del grupo y la investigación van dando la estructura de la obra, y la manera como va a quedar planteada", dice el director a propósito de su método de trabajo.

Éste le ha servido para "patentar" el piso móvil, una herramienta coreográfica y estilística que recoge varias de las influencias que ha recibido Rodríguez durante su formación y le facilita el trabajo de desplazamiento por el piso con énfasis en la concentración motora y gran exigencia muscular. A este respecto, Olga Lucía Cruz, otra de las integrantes de Cortocinesis, sostiene que la herramienta posibilita el reconocimiento en pequeños rangos del movimiento y la reinterpretación de la técnica personal para los requerimientos de la obra.

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Estas condiciones de investigación y disciplina han sido expuestas en creaciones más largas como La Mesa, que durante sus 55 minutos, exige del bailarín una apropiación del espacio y de su propio cuerpo. "Cuando bailamos perdura el mismo vértigo: el vértigo ante el poder de un grupo", afirma su director. Una sensación similar a la del par de moscas que copulan donde no deben y que plasman el sentido de la obra.

En todo caso, La Mesa, concebida como una "oscilación entre lo individual y lo colectivo", con cuerpos que parecieran obedecer a un invisible y poderoso dispositivo de relojería, fue premiada con la Beca de Creación para pequeño formato del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. El estímulo, aunque algo precario (diez millones de pesos) sirve para constatar el interés por la danza contemporánea en el país.

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Ahora son más de diez compañías las que investigan y producen obras de variada calidad en la ciudad, siempre con el cuerpo y el movimiento como referentes, aunque los formatos y narrativas varíen. "Es necesario persistir en la consolidación de una conciencia sobre el oficio de bailarín y la calidad de las propuestas independientes, como la nuestra", afirma Vladimir Rodríguez, quien conserva en la memoria de su cuerpo los rasgos, las tensiones y todo el conocimiento que como danzante y coreógrafo obtuvo en la Universidad Nacional. Ahora, con Cortocinesis, el panorama parece mucho más amplio que el que podrían divisar un par de moscas sobre una mesa.