Nedstat Basic - Free web site statistics .

UNP No. 84
Título : Atención de desastres: sin reglas claras
Autor : Juan Carlos Ortega Bermúdez
Sección: Ciudad
Fecha : Noviembre 27 de 2005

Pese a la experiencia acumulada en atención de desastres, el desafío está en fortalecer las estrategias antes y no después de las tragedias.

Atención de desastres: sin reglas claras

Al revisar las tragedias de Armero, Popayán y el Eje Cafetero, una suerte de intereses políticos se mezclan con el dolor de las víctimas. A pesar de los logros institucionales, Colombia debe avanzar en los aspectos financiero y jurídico de la atención de desastres.

Juan Carlos Ortega Bermúdez
Ex gerente zona de reconstrucción, Universidad Nacional de Colombia en Armenia.

Desde el sismo de Popayán, el país ha consolidado una institucionalidad en el tema de prevención de desastres en la que es reconocida en Latinoamérica. Ciudades, como Bogotá, Manizales, Pereira cuentan con sólidos diagnósticos para prever las estacionalidades del peligro y las formas de reacción ante un fenómeno natural.

El avance en la prevención, sin embargo, presenta una notoria asimetría con el de la atención de desastres. En este último, el desarrollo ha sido mínimo y en cada evento se repiten la mayor parte de los errores cometidos en el pasado.

Los estudios de María del Rosario Saavedra con respecto a los desastres de Armero y del eje cafetero; los presentados por Gustavo Wilches sobre Popayán y Armero; así como el análisis del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional con respecto al Eje Cafetero, evidencian características similares en la deficiente atención de desastres que se repetirán en los hechos venideros, básicamente por la preponderancia de la hora política y los intereses privados sobre la necesidad de los afectados.

En efecto, todo gran desastre se convierte en una oportunidad política. El Gobierno Nacional, los poderes regionales y la oposición enfilan baterías en busca de espacios de fortalecimiento político. Este hecho inicia una serie de compromisos entre los que más dan y los que más solicitan, en nombre de los afectados; quienes, por demás no se enteran con la misma velocidad, ni de lo que les dan, ni de lo que solicitan en su nombre.

Gerencia de desastres

Una vez sucedido el fenómeno, ante la falta de rigor en las reglas del juego y en la premura de los hechos, los gobernantes prometen soluciones desarticuladas, que al final se cobran y tienen un efecto considerable sobre el fisco, que en últimas recurre al crédito o a crear impuestos para cumplir las promesas mal formuladas.

La oposición, por su parte, se encarga de aumentar sin dolor el número de afectados y de presentar las solicitudes en su nombre, sin confrontar la veracidad de los datos.

Todo se traduce entonces en un complejo entramado de intereses políticos y económicos que encuentran en el desastre la oportunidad de fortalecerse siempre en nombre de los damnificados.

Ante la débil institucionalidad de las normativas de la atención, los estudios evidencian las siguientes coincidencias:

Todo gran desastre trae consigo un flujo especial de recursos necesarios para la reconstrucción de la zona afectada, a causa de esto se inicia una lucha por la coordinación y la participación en su ejecución. Esto sucedió en Armero y en el Eje.

En este caso, se impone la supremacía del Gobierno Nacional que ha creado organismos especiales como Resurgir o el Forec para la ejecución de los recursos, que dependen directamente del Presidente de la República. En últimas, la hora política de la reconstrucción es ganada por el presidente de turno frente a los políticos regionales.

En consecuencia, las oficinas nacionales, regionales y locales de atención de desastres están aisladas del proceso (más en el Eje Cafetero que en Armero) y su experiencia sobre las zonas y sus habitantes no es tenida en cuenta. De acuerdo con las declaraciones que se ofrecieron en su momento, esas oficinas son consideradas débiles para asumir la coordinación que les demandan los hechos y, a pesar de las condiciones especiales con que las reviste la Ley 919 de 1989, tienen limitaciones jurídicas para enfrentar con eficacia las decisiones gerenciales de la atención de desastres.

Dado el flujo de recursos extraordinarios que reciben las zonas, se crea un falso imaginario de prosperidad, pero una vez finalizadas las tareas de reconstrucción suele quedar un vacío, con impactos negativos en el corto y mediano plazo. En Armenia, en dos años, se inyectaron recursos de inversión que en épocas normales recibiría en 12 años. A pesar de esto, no se incorporaron estructuras económicas que mantuvieran un nivel de desempeño económico mejor al que se presentaba en 1999, en el momento del sismo; por el contrario, el Quindío ostenta hoy la mayor tasa de desempleo del país, 20%.

El flujo de dinero permitió, tanto en Armero como en el Eje, la construcción de obras de infraestructura sobredimensionadas para las posibilidades de mantenimiento de los entes regionales.

Excesos costosos

Una de las consecuencias más importantes se encuentra en las soluciones de vivienda. Éstas se construyen con altos niveles de funcionalidad, pero sin tener en cuenta quiénes van a vivir allí. De acuerdo con Saavedra, a diez años de entregadas las viviendas en Armero, se presentó un gran movimiento inmobiliario que les permitió a los beneficiarios vender su vivienda por el 50% del costo de construcción. En el caso del Eje Cafetero, en particular en Armenia, donde las universidades Nacional y del Quindío realizaron encuestas y en donde se ha hecho seguimiento especial, se evidencian transacciones por valores que oscilan entre el 20% y el 40% del costo de construcción.

Una buena parte de los nuevos barrios se construyó en áreas desarticuladas de los movimientos urbanos, sin equipamiento educativo ni de salud, lo que los ha desmembrado de su cotidianidad y ha motivado en buena medida el traslado de los hogares a su zonas de origen en alto riesgo y en condiciones de vulnerabilidad, pero que les resuelve el ingreso y el acceso a servicios sociales.

La conclusión, es la necesidad de consolidar reglas del juego claras para la atención de desastres, que retomen las experiencias del pasado, vigorizando los aciertos y eliminando los errores. En este sentido, hay que incorporar los avances en la prevención y fortalecer un sistema de prevención y atención con herramientas jurídicas y financieras definidas, con la suficiente capacidad organizacional para evitar los protagonismos coyunturales que afectan finalmente al fisco y no solucionan de fondo el problema.

Se espera que la hora política se aproveche, y bajo procedimientos precisos afronte los hechos y evite los excesos de todas partes.

Artículo relacionado: Desastre con aprendizajes firmes